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Lista de cine

Lista de películas de la distribuidora Altafilms

(2013) | 91 min. | Thriller

Ken y Zoe son una pareja cerca de los 40 que se conocieron hace 8 años en la habitación 88 de un hotel. Allí intimaron, se enamoraron y decidieron emprender una vida juntos. En los inicios, la relación era muy pasional, no exenta de sensualidad y sexualidad, rozando a veces lo bizarro. La creación de la pareja fue intensa, impulsiva y lo único que importaba era la efusividad del deseo y el sentimiento. En esa habitación y durante una larga estancia crearon su nido de amor y perversión que les llevó incluso a engendrar un hijo. Ken y Zoe eran una pareja enloquecida a la que poco le importaban las reglas del exterior, más allá de los muros de la habitación 88.

(2012) | 102 min. | Comedia
Un guardia urbano romano que pone orden a la circulación, por así decir, introduce un ramillete de historias que transcurren en la ciudad eterna: el arquitecto famoso americano, que recordando sus años mozos en Roma, se topa con un compatriota estudiante de arquitectura, y es testigo de sus devaneos amorosos; la pareja provinciana de recién casados, que en la gran urbe se pierden y enredan, ella conoce a un famoso actor, él recibe la visita inesperada de una prostituta; la turista americana que se enamora y compromete con un italiano, y a la que vienen a ver sus padres, él promotor musical que encuentra un tenor donde menos lo espera; y finalmente el padre de familia y gris oficinista que un día se convierte en alguien famoso sin que exista razón objetiva alguna para ello. Sigue Woody Allen su periplo fílmico por ciudades europeas, tras Londres, Barcelona y París le llega el turno a Roma. Con su ritmo habitual de una película al año, el cineasta neoyorquino da muestras con A Roma con amor de sus virtudes y defectos. Su nueva película no es redonda, ni mucho menos, dista de la perfección lograda con Midnight in Paris. Aunque justo es reconocer que Allen confiesa siempre no estar satisfecho con el resultado de sus filmes, que salvo excepciones en la mayoría detecta fallos. En el film que nos ocupa, esto es muy claro. En el haber de Allen está el saber trenzar los diversos hilos narrativos, la construcción de personajes con un acertado reparto, ciertas ocurrencias que introduce con prodigiosa naturalidad y encajan bien, lograr que parezca que todo ocurre en poco tiempo. ¿Los problemas? Ciertos estereotipos italianos que evidencian demasiado la mirada foránea, las bromas de comedia de alcoba no las maneja con el necesario desparpajo. El complejo de no perder comba con la mentalidad actual, del que es botón de muestra el monólogo de Ellen Page sobre su experiencia de una relación lésbica. La reiteración en lo que al principio suponían hallazgos: la idea de la ducha del personaje de Woody Allen, las servidumbres de la fama que padece Roberto Benigni, el embarazo que produce en los que le rodean el descaro de Penélope Cruz. Ver una película de Woody Allen siempre tiene interés, y en tal sentido A Roma con amor no es la excepción. Pero es cierto que se trata de un trabajo que se diría hecho con desgana, con el piloto automático, y que poco aporta a su filmografía, a excepción de que supone un reconocimiento más de que Woody se hace mayor, la petición de su personaje a Judy Davis de que no le psicoanalice resulta muy elocuente. Aunque el tema de la fama sea abordado a la italiano, desde una óptica que retrotrae a Federico Fellini y La dolce vita, lo cierto que es que Allen ya lo había tratado en Celebrity.
5/10
(2010) | 83 min. | Drama Tráiler
Debut en el largometraje de ficción del actor mexicano Diego Luna. Cuenta la historia de Abel, un niño de nueve años, de comportamiento disfuncional, que ha estado ingresado dos años en un hospital. De vuelta a casa con su madre y sus dos hermanos -el padre se marchó casi al tiempo de enfermar el chico-, tiene inicialmente un comportamiento cercano al autismo. Pero pronto cambia su actitud, y empieza a comportarse como un adulto, adoptando el rol del padre ausente. Madre y hermanos le siguen la corriente, para no agravar su estado, pero el inesperado regreso de Anselmo, el progenitor, complica las cosas. Curioso film de resultados desiguales. Hay que reconocer al primerizo Diego Luna dominio de la narración cinematográfica, sabe aguantar cierta lentitud en los primeros pasos de la historia, hasta que ha entregado todos los elementos para su correcta comprensión. Además, dentro de la dramática situación que se presenta, sabe aliviarla con desahogos humorísticos, propiciados por ese comportamiento de persona mayor de Abel, representado con gran desparpajo y seriedad por el niño Christopher Ruiz-Esparza. En general, hay que decir que Luna demuestra ser un buen director de actores, los personajes desprenden en sus manos autenticidad. De todos modos, hay cosas que chirrían. Se hace necesario aceptar el punto de partida algo increíble del “niño grande”, al que todos siguen la corriente. Y se juega en el filo de la navaja con ese compartir lecho de madre e hijo. Pero quizá lo más tramposo es el clímax, esa piscina donde Abel y su hermanito corren riesgo de morir ahogados, y que es un truco de birlibirloque deslizado para propiciar el no demasiado sorprendente desenlace: aunque técnicamente desarrollado con brío, en la estructura narrativa no deja de ser un recurso facilón.
5/10
(2012) | 105 min. | Drama Tráiler
Julián forma parte de un grupo de neonazis –una especie de familia adoptiva, pues su verdadero hogar es un infierno–, aunque su pensamiento intelectual no es excesivamente elaborado. La amistad con Luis y las arengas de Solís, el líder que nunca se mancha las manos, alimentan sus prejuicios, pero lo que de verdad desearía es llegar a ser un gran boxeador. Después de que sus colegas monten una bronca monumental en el gimnasio que entrena, es invitado a no regresar. Pero vuelve de noche a disculparse, y el gerente del local le readmite, lo que no agrada para nada a Carlomonte, el entrenador. El chico se esfuerza, y encuentra una “familia” aún más atractiva ahí, e incluso para su sorpresa empieza a verse atraído por una chica mulata, Alyssa, que se ocupa de limpiar el local. Carlos Bardem coescribe en Alacrán enamorado el guión que adapta su propia novela, y asume un papel, el del perdedor entrenador Carlomonte. Ha contado con el respaldo en la producción de su archifamoso hermano Javier Bardem, que también interpreta un personaje menor. Tras la cámara un director prometedor, Santiago Zannou, que filma su cinta más comercial de planteamiento, tras El truco del manco y La puerta de no retorno. No es Alacrán enamorado una gran película. Su condición de fábula paradójica sobre las distintas caras de los prejuicios resulta un tanto obvia, y abundan los pasajes reiterativos de lo que parece un relato breve muy alargado. Tiene actores guapillos, Álex González y Miguel Ángel Silvestre, pero eso no basta, resultan demasiado monolíticos en su desconcierto y rabia vitales. El amor casi animal de Julián por Alyssa lo es todo menos romántico, y hasta la bienintencionada crítica a las actitudes xenófobas puede verse lastrada por la presencia de Javier Bardem, actor que precisamente por sus posicionamientos políticos, realizados públicamente con acritud, genera rechazo en gran parte del público español.
4/10
(2011) | 98 min. | Western Tráiler
  Mateo Gil, coguionista habitual de Alejandro Amenábar en títulos como Tesis o Ágora, debutó como realizador en 1999 con el thriller Nadie conoce a nadie. Más de una década después vuelve a ejercer como director de largometraje, en un proyecto que sigue pudiéndose calificar como cine de género, aunque esta vez su cinta es mucho más ambiciosa, pues se trata de un western, y además, uno de esos que pueden calificarse como "de hechuras clásicas". Para hacer el salto mortal más difícil todavía, Gil invoca el nombre sagrado de Dos hombres y un destino, un gran clásico del género, pues su film es una especie de curiosa secuela tardía. Según se aclara al comienzo, investigadores lograron encontrar la tumba donde se supone que fueron enterrados los forajidos Butch Cassidy y Sundance Kid tras su supuesta muerte durante un enfrentamiento con el ejército boliviano. Pero sus cuerpos no estaban allí. En Blackthorn, un envejecido Butch Cassidy ha aprovechado que fue dado por muerto junto con Sundance, pero que en realidad ambos lograron escapar, para permanecer escondido durante 20 años sin que la justicia le busque. Pero se entera de que ha fallecido una mujer con la que tuvo un idilio en el pasado, fruto del cual nació un niño, y Cassidy decide volver a Estados Unidos con él. Por el camino se encuentra con Eduardo Apocada, ingeniero español que ha robado una gran cantidad de dinero de la mina en la que trabajaba, y que es perseguido. A pesar de los enormes riesgos tomados por Mateo Gil, y de que no resiste la comparación con el film de George Roy Hill, su cinta funciona. No es capaz de hacer grandes alardes de dirección, pero la cinta está bien llevada, y aunque no cuenta con una producción impresionante, su reconstrucción de los comienzos del siglo XX es lo suficientemente aceptable. Gil ha contado con un gran reparto. Se luce el legendario Sam Shepard, interpretando a Cassidy, y llevándoselo a su terreno, en lugar de imitar al insuperable Newman, lo que hubiera sido un error. Curiosamente, resulta ser un excelente contrapunto el irregular Eduardo Noriega, que realiza uno de sus mejores trabajos y hasta demuestra un enorme sentido del humor riéndose de cierto anuncio televisivo suyo muy popular. Noriega brilla en la versión original con sus diálogos en inglés y español. También es necesario mencionar a Magaly Solier (Amador) en un pequeño papel, y sobre todo a Stephen Rea, sorprendente como cónsul honorario borrachín. Llama la atención que a pesar de ser uno de los guionistas españoles más reputados, en esta ocasión Gil parta de un libreto ajeno, que supone el debut de Miguel Barros, autor del documental Los sin tierra. El texto tiene bastante calidad, en su recuperación de los temas clásicos del western, como el compañerismo, la libertad y sobre todo la moral y la justicia. Trata además la cinta sobre el regreso a las raíces, la necesidad de compañía y la búsqueda de una familia. Además, incluye muchos elementos que apasionarán a los amantes del western, como la referencia a la agencia de detectives Pinkerton. Haya sido buscado o no, existe en la cinta un subtexto metacinematográfico muy interesante. El viejo forajido podría interpretarse como un símbolo del cine clásico, de ése que ya no se hace, porque los tiempos han cambiado y ahora todo vale con tal de ganar dinero.  
6/10
(2009) | 116 min. | Deportivo | Comedia | Drama Tráiler
Simpática película de Ken Loach, con su guionista habitual Paul Laverty. Sigue a Eric, un cartero algo deprimido por su vida personal: su segunda mujer le ha dejado, y sus dos hijastros son unos jovenzuelos irresponsables que le van a meter en líos; por otra parte, la hija que tuvo de su primer matrimonio le pide que cuide a su bebé, lo que va a propiciar el reencuentro con la esposa original, Lily, a la que abandonó en un auténtico ataque de pánico. En efecto se casaron jóvenes, cuando ella quedó embarazada, y la presión paterna de que estaba arruinando su vida propició la deserción. Ahora sólo cuenta con el apoyo de sus colegas carteros, amigos de verdad... y del mismísimo futbolista Eric Cantona, que a modo de amigo imaginario, le da consejos para enderezar su rumbo. Supone una auténtica novedad que Loach incorpore un elemento casi mágico a su cine. Porque Eric Cantona, interpretado por sí mismo, deviene en una especie de ángel de la guarda, con función comparable a la que ejercía el de la clásica ¡Qué bello es vivir!. El fútbol se convierte en metáfora de cómo debe abordar Eric sus problemas, en tal sentido tiene importancia la confesión del jugador de que el momento del que se siente más orgulloso en su carrera deportiva, es aquel en que dio un pase de gol a un compañero. Dicho lo anterior, hay que decir que director y guionista no renuncian al realismo y naturalismo típicos de su cine, que se ven sobre todo en las conversaciones entre los amigos carteros. Quizá no acaban de casar del todo las dos historias principales -la segunda oportunidad matrimonial y los problemas con matones de los hijastros-, pero la presencia de Cantona sirve de puente que disimula el problema. El desenlace, aunque sea un poco de vodevil, tiene su gracia, es capaz de provocar la sonrisa amable y resulta optimista.
6/10
(2009) | 105 min. | Documental Tráiler
Continúa el director Michael Moore con su empeño de arreglar Estados Unidos denunciando todo aquello que él considera nefasto para su país. Si en anteriores filmes arremetió contra la Asociación Nacional del Rifle (Bowling for Columbine), contra el presidente Bush (Fahrenheit 9/11) y contra el sistema sanitario norteamericano (Sicko), ahora el orondo ímpetu de su dardo acusador recae sobre algo tan concreto como el capitalismo. El documental ilustra algunos males del sistema capitalista (responsable de la crisis económica mundial iniciada en 2008) con diversas situaciones y hechos ciertamente injustos, y sazonados con entrevistas a los damnificados, enterados, etc. A realidades terribles aunque conocidas –sueldos miserables y préstamos abusivos para los universitarios, embargo de casas por los bancos, pérdida másiva de empleos sin derecho a indemnización, etc.– se suman y recogen otros usos empresariales que ponen los pelos de punta, como el de la existencia en Estados Unidos de empresas cuyos contratos les hacen beneficiarias de los seguros de vida de sus empleados. Este sistema lleva a la paradoja de que para las empresas los trabajadores tienen mayor valor muertos que vivos. El colmo. Junto a ello, también Moore habla de puros casos de corrupción, como el del internamiento de menores en reformatorios debido a acuerdos corruptos entre jueces y empresas privadas, etc. Pero ya sabemos de qué pie cojea Michael Moore. Es un tipo listo, valiente y cómico a su modo, pero también le está pasando factura el hecho de creerse en posesión de la verdad. Sólo parecen ser válidos su opinión y sus razones y eso acaba minando su credibilidad. Y lo que más llama la atención de este documental es que el cineasta parece no distinguir entre corrupción y capitalismo. Para Moore, el término ‘capitalismo’ debe ser equivalente a ‘robo’, ‘engaño’ y ‘extorsión’. Creo que nadie en su sano juicio niega que el sistema capitalista sea un excelente calvo de cultivo para que los poderosos exploten a los débiles, pero el cineasta de la gorra obvia el hecho de que igual puede ocurrir (y de hecho ocurre) en cualquier otro sistema político y social cuando son los hombres los que se corrompen. El problema es el hombre y no el sistema. Pero Mr. Moore parece ignorar eso y acusa una y otra vez al sistema, al mundo financiero, a las empresas (si no son cooperativas, claro) con su cerrazón característica, sin matices, sin excepciones, como si un empresario, un director de banco o un agente de bolsa no pudieran ser honrados y al mismo tiempo ganar dinero. Espoleado por las trágicas consecuencias de la crisis mundial, el cineasta de Michigan deja claro que el capitalismo –con Wall Street y George Bush a la cabeza– es el mal. Pero al bien, por supuesto, no se le ocurre llamarle socialismo, sino democracia (la palabra mágica, impoluta y perfecta, estandarte para tantos demagogos). Por la naturaleza de la narración, la película no es demasiado entretenida. Corrupción, injusticias, dramas personales y familiares, lobbys poderosos en las altas esferas... Queda poco campo para la creatividad del cineasta y en general al film le falta algo de emoción. En este sentido, resultan originales aunque de dudoso gusto las palabras inventadas puestas en boca de Jesús a traves de las imágenes de la película Jesús de Nazaret. Pero es que el católico Moore quiere también dejar claro que la Iglesia está en contra del capitalismo, y así lo apuntala con algunas entrevistas a sacerdotes y obispos... Más adecuados son algunos gags bastante logrados, como la inclusión de la ‘voz en off’ tipo El padrino, doblada sobre el anuncio de un préstamo bancario, o esa idea estrambótica de precintar un emblemático edificio de Wall Street como si fuera el lugar del crimen.
5/10
(2010) | 165 min. | Biográfico | Drama Tráiler
La historia de Ilich Ramírez Sánchez, alias Carlos, el famoso terrorista revolucionario venezolano, que tuvo en jaque a policía y servicios secretos de todo el mundo durante dos décadas, entre 1974 y 1994. Rodada por Olivier Assayas (Las horas del verano) como una miniserie televisiva de 6 horas de duración, también cuenta con un montaje para estrenar en salas de cine de casi 3 horas, que es el que aquí comentamos. Al estilo de la reciente R.A.F. Facción del Ejército Rojo, la película sigue con frío estilo documental la enigmática trayectoria de Carlos, un personaje muy comprometido con llevar a cabo la revolución a escala planetaria, con unos planteamientos de corte marxista donde el individuo no cuenta, las vidas son prescindibles en aras al bien colectivo. De modo que le vemos contactando con terroristas palestinos, ejecutando su primer atentado, y con planteamientos de soldado que cumple órdenes pero piensa por cuenta propia cuando debe afrontar acciones casi suicidas. Una de las más espectaculares, que ocupa gran parte del metraje, es la del secuestro de los ministros del petróleo de la OPEP en Viena, y su traslado en avión a Argel. La apuesta de Assayas es por la mirada objetiva y bien documentada que no juzga. Muestra a un Carlos convencido de lo que hace, pero claramente sobrepasado y manipulado por otros en sus erráticos atentados, que evidentemente no van a cambiar el mundo. Destaca el realismo violento con que se muestra todo, gran mérito del director es que el espectador tiene la sensación de ser testigo directo del modo de funcionar del protagonista. Puede sobrar algún elemento exhibicionista del creíble Edgar Ramírez, aunque sea con el propósito de mostrar su evolución física, le vemos en plena forma física, y también en un estado del lamentable abandono. Se echa en falta un poco más de atención al lado humano del personaje, apenas llegamos a saber que Carlos tiene una hijita, y desconocemos si verdaderamente ha amado a alguien plenamente, o si su único amor, por así decir, ha sido la causa revolucionaria.
6/10
(2009) | 95 min. | Drama Tráiler
Salvador García Ruiz sigue con su afición a adaptar novelas españolas. Firmó el guión de Territorio comanche, según la obra de Arturo Pérez-Reverte, ha dirigido Mensaka -según la novela de José Ángel Mañas- y El otro barrio -basado en Elvira Lindo-, y ahora le toca a una obra de Almudena Grandes. Todo con el patrocinio productor de Gerardo Herrero, y curiosamente, por una pendiente donde el interés de cada obra es inferior a la anterior.El film, situado en los años 80, describe el peculiarísimo trío amoroso conformado por tres estudiantes de Bellas Artes. Marcos es impotente, María José -llamada simplemente Jose- es frígida, y Jaime es el que puede solucionarles estos problemas. La trama, realmente, no tiene más. Allí los tenemos a tres, desnudos la mayor parte del metraje, diciendo mil y una tonterías como si fueran cuestiones la mar de trascendentes. Los padres de Jose no se enteran de qué va la fiesta, los de Jaime simplemente no existen, por así decir, y los de Marcos apenas los vemos fugazmente en una exposición. Que nadie piense que aquí se reflexiona sobre la inspiración artística, o sobre las complejas relaciones amorosas. No, aquí todo es impostado, pura carnalidad, sentimientos vacíos, y diálogos que se quieren “fundamentales” aunque están simplemente rellenos de una auténtica nada. Da idea del narcisismo de los personajes la declaración de uno de ellos que dice "estoy enamorado de nosotros", algo insólito cuando lo habitual es estar enamorado de otro, no de uno mismo. Dan pena los jóvenes actores, que “pasan por el aro” de interpretar sus escenas eróticas: de algo hay que vivir, parecen pensar. Pero resulta difícil pensar que este insoportable, interminable film, vaya a hacer algo para aupar sus carreras.
2/10
(2009) | 86 min. | Romántico Tráiler
París. Corren los años previos a la I Guerra Mundial, o sea el período comúnmente conocido como la Belle Époque. Léa de Lonval es una cortesana, que ha vivido toda su vida mantenida por hombres poderosos con los que mantenía relaciones sexuales. Con el tiempo ha conseguido una posición económica desahogada y ya no necesita ejercer. Un día, Léa desayuna con Madame Peloux, antigua rival, también retirada, que acude acompañada de Chéri, su joven hijo. Le pide a Léa que inicie al chico en las artes sexuales. Ella acepta, pero al final se enamora de él. Ambos mantienen una relación que va viento en popa hasta que la madre del mancebo consigue prometerle con una rica heredera, lo que despierta los celos de Léa. Más de 20 años después de Las amistades peligrosas, el director Stephen Frears reune al guionista Christopher Hampton, y a la actriz Michelle Pfeiffer, en otra traslación literaria. Esta vez, se adaptan dos novelas, “Chéri” y “El final de Chéri”, escritas por Colette, la famosa autora de Gigi. Chéri tiene muchos puntos en común con aquella legendaria adaptación de la obra de Choderlos de Laclos, pues gira en torno a personajes que utilizan sus encantos y los sentimientos para ascender en el escalafón social. También muestra la factura que su falta de escrúpulos les acaba pasando. Sin embargo, el trío ya no tiene la misma chispa de épocas pasadas. Es cierto que los tres hacen bien su trabajo. Así, Michelle Pfeiffer resulta convincente en un registro no exento de dificultad, pues es una mujer entrada en la madurez que vuelve a sentirse en la flor de la vida por su relación con un joven (en la línea de Kate Winslet en El lector). Por su parte, la dirección de Frears es muy académica, y Hampton ha escrito un correcto libreto al que quizás le sobra una voz en off que se hace pesada. Cuenta con una notable dirección artística, ya que la reconstrucción de la época es impecable. Los decorados son bastante convincentes, y los vestidos que luce la actriz principal impresionantes. Los secundarios tienen bastante nivel, sobre todo Kathy Bates, como la rival de Pfeiffer, que ha perdido con el tiempo su belleza física, y el joven Rupert Friend, que fue el príncipe Alberto en La reina Victoria. Pero es un film frío, con el que el espectador no empatiza, excesivamente premioso. Todo resulta demasiado previsible y convencional. Sin duda, está bastante alejada de las mejores obras de Frears.
4/10
(2010) | 98 min. | Drama Tráiler
La vida es ruido y furia, y en último término no significa nada. Woody Allen encierra su película en esta cita shakespeareana leída en clave nihilista, para mostrar la patética existencia de una serie de personajes, perpetuamente insatisfechos, y cuyos anhelos, cuando se cumplen, conducen a la frustración, por lo efímero de los mismos. Ellos son Alfie y Helena, un matrimonio maduro que se acaba de divorciar. Él se niega a aceptar su ancianidad, y acabará uniendo su vida a una supuesta actriz, que ejercía la prostitución para redondear su sueldo. Ella, angustiada, acude a una farsante adivina, Cristal, que le dice lo que quiere oír. Están además Sally, la hija única de Alfie y Helena, que trabaja en una galería de arte, cuyo matrimonio con Roy, médico trocado en escritor no marcha bien. Ambos alimentan fantasías de otras posibles relaciones, ella con su jefe, él con la musicóloga vecina de enfrente. En la segunda producción de Mediapro de una película de Woody Allen, el cineasta neoyorquino acierta en no ambientar su historia en España –error de bulto en Vicky Cristina Barcelona, pues Allen no ha captado la idiosincrasia hispana–, de modo que vuelve a Londres. Y algo de coincidencia hay con su otra película londinense Match Point, su descorazonadora y cínica visión de los avatares humanos, donde sólo cuenta el azar, y donde la capacidad para contruir la felicidad resulta muy escasa. Sin apenas espacio para el humor, Allen se permite una pirueta con tirabuzón, por así decir, la ironía de que la adivina estaría acertando en sus predicciones, para luego lanzar la carga de profundidad de que ni en broma va a permitir tal salida a la resolución de su trama. Woody Allen cuenta con un reparto magnífico, todos están perfectos en sus respectivos roles. Es cierto que sigue dando vueltas a sus temas de siempre, pero caramba, lo hace con un increíble talento. La escena de la ventana de Josh Brolin, que sugiere que vuelve a estar como al principio de la película, es de una asombrosa inteligencia. De nuevo tenemos tipos humanos tremendamente egoístas, que buscan únicamente su personal felicidad, llama la atención en tal sentido la total ausencia de acciones desinteresadas en ninguno de los personajes.
7/10
(2011) | 128 min. | Drama | Romántico
Un chaval negro e indigente, al que bautizan como Heathcliff, es acogido por los Earnshaw, una familia de campesinos –el padre viudo, y sus hijos Catherine y Hindley–, que vive en los páramos de Yorkshire. Aunque Hindley desprecia a Heathcliff, Catherine es su inseparable compañera de juegos, y en sus libres correrías por el campo nace un amor apasionado, que no cesa de crecer. Pero un incidente lleva a Cathy a conocer a los Linton, unos vecinos de buena posición, de los que forma parte el apuesto Edgar. Y se producirá cierto distanciamiento.Cumbres borrascosas (Wuthering Heights) es una adaptación de la novela de Emily Brontë, numerosas veces adaptada al cine y la televisión, entre otros por el gran William Wyler. Una sorprendente Andrea Arnold, al que uno no esperaría ver adaptando esta romántica obra, coescribe y dirige una versión que lleva a su terreno, adoptando una óptica naturalista que encaja con su filmografía previa, pero que la aleja un tanto del original. No obstante tiene gran mérito su capacidad de condensación, pues básicamente recoge con ayuda de Olivia Hetreed los mimbres de la novela de la Brontë.El enfoque Arnold incide en la relación casi obsesiva que liga a los protagonistas, pero la mirada es fría, naturalista y austera, con poco espacio para los emociones, algo que acentúa un reparto de actores no demasiado carismáticos, lo que conduce a que sus personajes parezca que tienen hielo en las venas. La idea es mostrar como unos y otros ven dictadas sus acciones por cierto determinismo social, sólo roto, y hasta cierto punto, por una pasión más fuerte que los convencionalismos. Falta una mirada más amplia, que conceda espacio a la libertad y el ejercicio de las virtudes, respetando, o al menos comprendiendo y aceptando, las acciones del otro.Muchas decisiones estéticas van en la línea de configurar una historia opresiva, dura y fatalista, sin concesión alguna al sentimentalismo. Ahí está el decantarse por un encuadre casi cuadrado, de 4:3, con planos casi siempre muy cerrados, incluso cuando son generales, de paisajes, tenemos lomas y valles que se repliegan sobre sí mismos. La música está ausente en Cumbres borrascosas (Wuthering Heights), y dominan los sonidos de la naturaleza, el viento que no cesa, el ruido de la lluvia. Los colores son apagados, y en los planos abundan los elementos realistas, el lodo, los animales, las habitaciones mugrientas. Nada es idílico en el marco donde se mueven los personajes. Y no deja de ser chocante convertir a Heathcliff en africano, dar a Hindley, con su cráneo afeitado, un cierto aire de skin-head, o poner en su boca palabras groseras poco brontianas.
6/10
(2006) | 75 min. | Animación
El coruñés Miguelanxo Prado es un viejo conocido de los aficionados al cómic. Sus trabajos publicados en revistas españolas como Cimoc, Creepy, Zona 84 y Cairo son auténticas obras de arte. Su trabajo ha repercutido a nivel internacional, e incluso llamó la atención del mismísimo Steven Spielberg, que le escogió para diseñar la versión animada de Men in Black, que llamaba la atención por sus dibujos innovadores. Ahora Prado debuta como director con este largo de animación, un género que no termina de cuajar en España, a pesar de que cada vez se cultiva con mayor asiduidad. Prado muestra en este film una fascinación por el mar que recuerda a los trabajos de Hugo Pratt, el dibujante que más parece haberle influido. Como ocurría en ‘Trazo de tiza’, su cómic más conocido, Prado prima las imágenes, y parte de un argumento  sencillo, repleto de elementos liricos y evocadores, muy cercanos al surrealismo. La historia guarda paralelismos con el mito de Ulises y Penélope. Sigue los pasos de un pintor que sueña con encontrarse con medusas, sirenas y otras criaturas marinas, por lo que se enrola en un barco como marinero. Mientras tanto, su amada le espera tocando el violonchelo en una lujosa mansión, que ocupa casi por completo una pequeña isla en medio del mar. Prado sale airoso de un proyecto arriesgado, dirigido claramente al público adulto, que no tiene precedentes en nuestro país. Sus dibujos están hechos al óleo, en plena era de la animación digital, con una sensibilidad artística exquisita. Esto compensa ampliamente la falta de presupuesto, pues Prado no ha podido permitirse una animación prodigiosa y sorprendente. La historia está narrada sin palabras, con el único acompañamiento de la música de Nani García, interpretada por la Orquesta Sinfónica de Galicia. Gustará mucho más a los incondicionales predispuestos a disfrutar de los dibujos de Prado que al gran público, pues está más cerca del videoarte que del cine convencional.
4/10
(2011) | 100 min. | Drama
Tres mujeres, tres épocas, tres historias tamizadas por el dolor en tierras de Aragón. En la montaña, junto a Canfranc, en los años 20, una frágil e inocente Violeta vive con su abuelo; en los 40, en el campo de las Cinco Villas, a Inés le toca padecer las consecuencias de la represión política, de que es víctima su marido; finalmente en los 70, en que se adivina el cambio de régimen, a la apocada Luisa, que reside en Zaragoza, le diagnostican un cáncer, puede ser la ocasión de descubrir lo que es la libertad. Debut en el largometraje de la zaragozana Paula Ortiz, guionista y directora, que aborda una ambiciosa trama donde se entrelazan las vicisitudes de las tres protagonistas, con continuos saltos temporales, “de una ventana a otra”. De tu ventana a la mía es un film introspectivo, que busca atrapar el alma femenina, demasiado autoconsciente de su búsqueda de la belleza a lo Víctor Erice o al temprano Juanma Bajo Ulloa, abundan en él los silencios y los cuidados planos sostenidos que invitan a la contemplación, el paisaje, rural y urbano, es un personaje más en la historia. Con un magnífico elenco de actores, que saben lo que es la contención, Ortiz tiene la virtud de ser evocadora de las penalidades femeninas, una mirada al dolor y a la fuerza de la mujer sin grandes alharacas ni reivindicaciones chirriantes, aunque quizá lo que cuenta acaba siendo demasiado leve, le falta un punto de la buscada emoción.
5/10
(2012) | 96 min. | Comedia | Drama
Para su segundo largometraje como realizadora, 2 días en París, Julie Delpy se había inspirado claramente en Antes del amanecer y Antes del atardecer, donde no sólo era la protagonista, sino que también aparecía acreditada como guionista. Puesto que los filmes de Richard Linklater han tenido continuidad (está en marcha la tercera entrega), no parece del todo extraño que Delpy haya querido también continuar la trama de su obra más conocida en su faceta como directora. Por contra, desconcierta bastante que narrativamente e incluso en el tono, Dos días en Nueva York tiene poco que ver con su predecesora, hasta el punto de que nadie la hubiera relacionado con ella de tener otro título y con un nombre distinto para la protagonista. En todo caso, Dos días en Nueva York recupera al personaje de la propia Julie Delpy, Marion, francesa establecida en Estados Unidos. Pero se ha divorciado de Jack (Adam Goldberg no aparece en todo el metraje), así que vive con el hijo que tuvo con él, y con un nuevo novio, Mingus (Chris Rock), un afroamericano. La paciencia de Mingus se verá puesta a prueba con la visita del padre, la hermana y un ex novio de Marion, todos ellos estrafalarios a ultranza. Ahora el cabeza de cartel masculino es nada menos que Chris Rock, que saltó a la fama por el show televisivo "Saturday Night Live", y aunque ha incursionado con gran dignidad en el cine independiente (Persiguiendo a Betty), es mucho más conocido por 'comedietas' como De incompetente a presidente, Niños grandes o De vuelta a la Tierra. ¿Pretendía Julie Delpy llevarse a Chris Rock a su terreno de autora europea? Quizás eran ésas sus intenciones iniciales, pero realmente ha logrado lo contrario, que Rock la arrastre a ella al terreno de las comedias americanas más simplonas. Algunos gags, como en el que se explota que el nombre del protagonista, Mingus, rima con "cunnilingus", o el del cepillo de dientes usado no se sabe muy bien cómo en una relación sexual, son dignas del repertorio de cualquier cómico yanqui especializado en humor grueso (del propio Rock, Eddie Murphy, Martin Lawrence o Adam Sandler). Algún detalle tiene su gracia y los actores están bien dirigidos. Pero su mensaje, en cierta medida positivo, en torno a la importancia de hacer un esfuerzo para mantener el compromiso, acaba diluyéndose del todo por pasajes sumamente disparatados (todo lo relacionado con una vecina a la que la protagonista miente es un buen ejemplo). Repite incidentalmente Daniel Brühl, mientras que Vincent Gallo aparece brevemente interpretándose a sí mismo.
4/10
(2010) | 105 min. | Comedia | Drama Tráiler
Susana y Marcos son dos hermanos de edad madura, cercanos a los sesenta. Ambos son solteros y viven en Buenos Aires, y mientras que él se dedica a la orfebrería, ella se las apaña con trapicheos inmobiliarios. Los dos son muy distintos: Susana es arrolladora, incapaz de estar callada o de dejar que los demás hagan su vida en paz; Marcos, por el contrario, es un hombre tranquilo, incluso apocado, que ha vivido toda su vida con una gran dependencia de su madre. Y precisamente el mundo de ambos cambia cuando la madre muere. Ahora sólo se tienen el uno al otro, pero la relación será difícil. El argentino Daniel Burman (Todas las azafatas van al cielo) ha ido haciéndose poco a poco con una filmografía muy personal, que a menudo recoge temas de fondo en torno a diversas crisis de identidad. Aquí trata el tema de la soledad en edad adulta. Por primera vez parte de material escrito previamente, la novela de Diego Dubcovsky "Villa Laura". Sin embargo, mientras que en otras películas como El abrazo partido o Derecho de familia, la puesta en escena convencional, el ritmo pausado y aun tedioso, y la casi ausencia de dramatismo, eran compensadas por el interés de la historia y el realismo de las cuestiones planteadas, en Dos hermanos no ocurre lo mismo: lo que cuenta apenas atrapa. Es más, resulta aburridísimo. Y ni siquiera el ligero remonte final logra que el conjunto sea satisfactorio. Por eso es una pena que se echen a perder las magníficas interpretaciones de la pareja protagonista, sobre todo la del espléndido veterano Antonio Gasalla.
4/10
(2012) | 103 min. | Comedia
Tercer trabajo del realizador argentino Diego Kaplan, poco conocido fuera de su país, aunque allí obtuvo un enorme éxito con la serie televisiva Son o se hacen, que al parecer compartía el tema central de este film, la desorientación sexual y afectiva de las parejas modernas. También tiene muchos elementos del ingenioso vodevil llevado al cine por Fernando Trueba Sé infiel y no mires con quién, que confrontaba a dos matrimonios, uno 'moderno' y otro conservador, este último tentado por las supuestas ventajas de la vida alegre de los primeros. En Dos más dos, Diego –médico cardiovascular de éxito– y Emilia, padres de un adolescente, conforman un matrimonio tradicional. Pero sus mejores amigos, Richard –también facultativo, socio de Diego– y Betina les confiesan que ellos son 'swingers', lo que significa que practican el intercambio de parejas, con fines meramente sexuales. Resulta que se han fijado en ellos, por lo que quieren saber si están interesados al menos en acudir a una fiesta con otros 'aficionados' a este asunto, a ver si se animan a participar... Diego, un hombre bastante centrado y equilibrado, se niega tajantemente, pero su mujer parece atraída por la proposición, lo que llevará al caos. Aunque Dos más dos tiene un fondo reflexivo, éste se expone de forma un poco artificial, en la línea de aquéllas comedias moralistas con Alfredo Landa, donde siempre triunfaban los sentimientos profundos y conyugales por encima de la ocasional cana al aire, que no llevaba a ningún sitio, pero que sin embargo se vendían como peliculas 'picantonas'; o de las películas de Adrian Lyne, que al fin y al cabo repetían el mismo esquema, pero abusando del morbo en pantalla. Al cineasta Diego Kaplan, el dramatismo a la hora de mostrar las consecuencias del desenfreno no se le da tan bien como la parte estrictamente cómica, donde destaca el actor Adrián Suar, curiosamente más versado en tareas de producción de numerosos títulos, entre ellos El hijo de la novia, y también como guionista. Suar muestra grandes cualidades para el género cómico y destila una gran humanidad como tipo normal desbordado ante la dificultad de resistirse a las locuras que contempla a su alrededor, una realidad muy a la orden del día. El resto del reparto –con mucho tirón en Argentina pero escaso fuera de allí– está a la altura, y Dos más dos se puede calificar como técnicamente impecable, por lo que funciona como entretenimiento ligero.
5/10
(2012) | 104 min. | Drama
La Francia pirenaica ocupada, en los años de la Segunda Guerra Mundial. El anciano escultor Marc Cros compone su obra en el campo, en una cabaña, lejos del mundanal ruido. Antaño su musa era Léa, su esposa; pero ahora encuentra la inspiración en Mercè, una joven española huida de los campos de refugiados de la guerra civil, a la que concede abrigo y dinero a cambio de que pose desnuda para él, en busca de atrapar y plasmar en piedra la idea perfecta para una obra maestra. Fernando Trueba aúna fuerzas con el octogenario guionista Jean-Claude Carrière, quien ha desarrollado su carrera junto a cineastas de la talla de Luis Buñuel, Volker Schlöndorff, Milos Forman o Louis Malle. La idea de El artista y la modelo es recoger con la precisión del entomólogo el trabajo del artista, idealmente abstraido de los avatares históricos de su tiempo, para crear algo bello y hermoso a partir de una modelo. Rodada en blanco y negro, sin partitura musical y con sonidos naturales muy trabajados, se procura ante todo la sobriedad, con una parsimonia no apta para todos los espectadores. Por ello no se nos aturulla con detalles innecesarios sobre los personajes, de modo que las apariciones de un miembro de la resistencia, los niños curiosos, la sirvienta de pueblo, el marmolista, o el oficial alemán, están muy medidas; incluso da la sensación de que con el cura los coguionistas se han mordido la lengua para no distorsionar el dibujo del edén donde el artista crea. Y pese a todo... Jean Rochefort hace un gran trabajo actoral en El artista y la modelo, el intérprete se encuentra en plena forma con sus 82 años. La historia exige los desnudos de Aida Folch, y es evidente que no hay gratuidad en las escenas al efecto, la idea es mostrar la belleza del cuerpo femenino en esa chica sencilla que inspira, sin empalagos o buscando la comercialidad. Los pasajes de la modelo posando y el artista creando se repiten hasta la extenuación, pueden cansar, aunque sea con la intención de envolver al espectador en una determinada atmósfera. Algunas piezas encajan mejor –el alemán que no responde al estereotipo–, otras no tanto –el fugitivo del maquis–. ¿Puede permanecer impertérrito el artista ante su modelo? ¿Hay en la vida algo más para el artista que crear arte? ¿Se puede ser buena persona sin comprometerse? Algunas de estas preguntas aletean en el film, suavemente, y sin respuesta clara; y tal vez así deberían haber permanecido, planteadas sin el brusco final, inesperado, casi irracional; o tal vez demasiado racional, pero definitivamente sin eso tan importante llamado amor.
6/10
(2012) | 95 min. | Drama
El libanés Ziad Doueiri trata de dar en El atentado, a partir de una conocida novela editada en Francia de Yasmina Khadra, su visión sobre la violencia en Oriente Medio. Y ello contando la tragedia personal en primer plano de Amin Jaafari, un médico árabe, perfectamente integrado en Israel, quien a pesar de sus orígenes es aceptado socialmente, incluso recibiendo un importante premio. Pero su optimismo de que la suya podría ser pronto una simple muestra más de una convivencia pacífica entre judíos y árabes se desmorona cuando se produce un terrible atentado suicida, con casi dos decenas de muertos, la mayoría niños. Amin es interrogado duramente por la policía, pues todo apunta a que fue su esposa, supuestamente cristiana, quien llevaba las bombas adheridas a su cuerpo. El director de West Beirut nos ofrece en todo momento en El atentado la mirada de Amin, que va de la incredulidad unida al dolor iniciales, al deseo de saber y buscar culpables, lo que supone un auténtico descenso a los infiernos. La película es interesante, lo que cuenta Doueiri atrapa. Las escenas oníricas con la esposa no descolocan. Tienen sentido esas conversaciones con los terroristas y los que les apoyan, con el clásico discurso “tú no lo puedes entender”, que cierra cualquier posibilidad en un diálogo que no sea la aceptación de lo que dice el otro. La mayor parte de la indagación en que consiste en El atentado funciona bien, aunque hay peros, la poco cristiana conversación con el sacerdote en la iglesia, y un final que se precipita de modo no del todo convincente, la visita a la zona cero y la conversación con la compañera del hospital. En cualquier caso El atentado es una película estimable, que muestra la alta complejidad del enfrenteamiento árabe-israelí y sus componentes fundamentalistas, pero también de sentimientos de opresión y frustración.
6/10
(2009) | 98 min. | Thriller Tráiler
Gerardo Herrero tiene mucho más prestigio como productor (El hijo de la novia) que como director, a pesar de que entrega un título al año, algunos de interés, como Las razones de mis amigos y El principio de Arquímedes. Especializado en drama, en su último trabajo, Que parezca un accidente, se había pasado a la comedia, y ahora entrega un thriller, que adapta una novela del uruguayo Hugo Burel. Adalid de la coproducción hispanoamericana, Herrero ha rodado una película que curiosamente parece más argentina que otra cosa. Los actores son de allí, y está rodada en Buenos Aires. Nadie que desconozca al director pensará que es un español. El punto de partida recuerda en cierta medida al de Extraños en un tren, el magistral film de Alfred Hitchcock que adaptaba la novela de Patricia Highsmith. En un aeropuerto, Eduardo López, joven ejecutivo de una aseguradora, casado y con dos hijos, conoce casualmente a un tipo, el enigmático Raimundo Conti, mientras ambos esperan a que salga su avión a Buenos Aires. A partir de ese momento, Conti asedia continuamente a López, llamándole al trabajo, insistiendo en verse con él, etc. Como es habitual, Gerardo Herrero escoge muy bien el material que se trae entre manos. En esta ocasión, se trata de un film que habla de la ambición y de la falta de escrúpulos en una sociedad cada vez más competitiva. No faltan las críticas a la reestructuración salvaje de las multinacionales, que aprovechan la excusa de la crisis para recortar plantilla a diestro y siniestro. Todo da que pensar, y es bastante loable una película española que tiene algo que decir. El modelo serían las películas de cine negro clásico que aprovechan una historia policial para hacer crítica social. Sus dos actores protagonistas son excepcionales. El “tour de force” entre los argentinos Miguel Ángel Solá y Leonardo Sbaraglia es lo mejor del film, y están muy bien secundados. Sin embargo, Herrero es incapaz de crear tensión y la atmósfera de thriller que pretende. El guión se estanca por completo tras el arranque, y reitera diversos encuentros entre el personaje de Solá y el de Sbaraglia que no aportan nada nuevo. Por otro lado, el giro final se adivina a la legua, y es bastante artificioso, lo que perjudica bastante al conjunto.
4/10

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