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Lista de cine

Lista de películas de la distribuidora Golem

(2016) | 113 min. | Drama Tráiler
Inteligente y exquisita adaptación de la novela y luego obra de teatro "L'homme que j'ai tué" de Maurice Rostand, llevada casi 75 años antes al cine por el alemán Ernst Lubitsch. Supone una auténtica obra de madurez del francés François Ozon, un cineasta importante sin duda, con joyas en su filmografía como En la casa, pero al que suele pesar en su filmografía una atmósfera malsana y perversa, y el detenimiento excesivo en la sexualidad. Aquí acierta asumiendo la historia original sin perder un ápice de personalidad, pero con sutileza y decidida capacidad de riesgo. De este modo su propuesta es mucho más universal y de largo alcance de lo que acostumbra. Ha terminado al fin la Primera Guerra Mundial, y los habitantes de los países en conflicto tratan de restañar heridas, aunque éstas siguen abiertas, demasiadas muertes, demasiado odio. A una pequeña localidad alemana llega un misterioso francés, Adrian Rivoire, que visita una tumba en el cementerio, ante la mirada vigilante y discreta de Anna, la novia del ahí recordado, Frantz Hoffmeister, muerto en combate. El recién llegado es visto con recelo los lugareños, incluido el doctor Hans, padre de Frantz, para él cualquier francés es el asesino de su hijo. Pero Adrian resulta ser un amigo de Frantz de su época parisina en la preguerra, que les trae consuelo a él, a la madre Magda, y a Anna, con sus recuerdos. La intimidad con la familia crece, es como si hubieran recuperado al hijo y novio muerto, pero algo turba a Adrian, que no parece estar en paz consigo mismo. No conviene desvelar mucho más de la trama de Frantz, que depara unas cuantas sorpresas, pues a diferencia de Samson Raphaelson y Lubitsch, Ozon y su coguionista Philippe Piazzo cambian el punto de vista y se reservan cierta información crucial, además de prolongar la narración con algunos giros inesperados y muy bien traídos, lo que procura no solo cierto suspense sino, y sobre todo, también una mayor carga de profundidad a la entera propuesta. En primer plano, por supuesto, tenemos una historia de amor truncado, una mujer por un hombre, unos padres por su hijo, junto a un posible recambio. Pero ello está trenzado con las huellas de la guerra en los vencidos y en los vencedores, lo que en el conjunto ayuda a componer un cuadro poderoso y creíble de la naturaleza humana, con sus odios y rencores, patriotismo mal entendido, celos y susceptibilidades. Resulta un interesante ejercicio comparar las versiones de Lubitsch y Ozon, por ejemplo resulta muy semejante el poderoso pasaje de Hans invitando a sus amigos a una cerveza, pero en ambos filmes hay un momento interesante, el de la confesión, sólo que los personajes que acuden al sacerdote se invierten, una curiosa variante sobre el mismo tema, acudir a un consejero espiritual en momentos de zozobra interior. La película habla de perdón, de desesperación, de poner a mal tiempo buena cara, de compasión, de segundas oportunidades, de clasismo y hasta de arte, qué bien está introducida la música y la pintura. La película cuenta con cuatro grandísimos personajes, y resulta difícil señalar a alguien como "el mejor", aunque supone una gratísima sorpresa la desconocida Paula Beer, junto al más visto Pierre Niney, y los veteranos Ernst Stötzner y Marie Gruber. La fotografía en blanco y negro de Pascal Marti, con puntuales y nada caprichosas incursiones en el color para determinadas evocaciones, es preciosa. También resulta muy adecuada la banda sonora compuesta por Philippe Rombi.
8/10
(2014) | 118 min. | Comedia | Drama Tráiler
Una familia de cuatro miembros –el matrimonio formado por Tomas y Ebba y sus hijos pequeños Harry y Vera– se disponen  pasar cinco días de vacaciones en una estación de esquí en Los Alpes franceses. Tomas trabaja demasiado y esos días podrán ser la oportunidad de verse más, de convivir más estrechamente. El tiempo es espléndido, el sol brilla y la nieve es perfecta. Pero mientras comen un día en la terraza del hotel, una avalancha de nieve se cierne sobre ellos. Cuando todo ha pasado y se comprueba que no ha habido daños, Ebba constata sorprendida que su marido ha salido corriendo y en décimas de segundo ha abandonado a sus hijos y a ella a su suerte. Original película nórdica centrada en una potente crisis matrimonial que explota inesperadamente desencadenada por un hecho singular: la avalancha que les da un susto de muerte a los protagonistas. Desde luego, este elemento sirve al interés del director para mostrar al espectador la puntita del enorme iceberg de problemas que ya inundaba la relación entre Tomas y Ebba (unos Johannes Kuhnke y Lisa Loven Kongsli perfectos en sus papeles). Pero, sobre todo, la avalancha y sus consecuencias se revela como una lograda metáfora de las reacciones humanas, a veces tan imprevisibles y quizá irracionales, que a la postre pueden determinar nuestro futuro. Los seres humanos, viene a decir el sueco Ruben Östlund, somos poca cosa, tremendamente vulnerables al instinto –esa “fuerza mayor” del título–, presas muchas veces de reacciones puramente animales o planas que pueden arrastrarnos casi inconscientemente. La postura sensata sería entonces aceptar esa limitada realidad de nuestras vidas y, por tanto, dirigir una mirada humilde y comprensiva hacia las miserias de los demás, a las que todos estamos expuestos. Se habla por tanto de la necesidad de comprender, pero también de aceptarse, de perdonar. Y en el film que nos ocupa adoptar o no ese enfoque puede suponer la reconciliación o el divorcio, a la vez que el punto de vista de los hijos se revela clave para conseguir la ansiada unidad familiar. Östlund ofrece en este sentido un precioso y sutil desenlace. Fuerza mayor es a veces una película desconcertante debido al tono que adopta. Por momentos hay una enorme tensión y parece cernirse una tragedia tremenda sobre la historia, muy del estilo nórdico, para luego ofrecer escenas tragicómicas, bien resueltas –como la vivida por el amigo barbudo y su pareja– o detenerse en pasajes de gran contenido dramático, como el patético ataque de ansiedad en el hotel. Y dentro de una gran sobriedad formal, el director dota a la película de una inmejorable atmósfera, por momentos muy inquietante, reforzada por una bellísima y nublada fotografía nival de las montañas alpinas, un elegante uso de la cámara y unos pasajes musicales de Vivaldi de enorme expresividad, perfectamente escogidos.
6/10
(2011) | 90 min. | Comedia
Gianni es un cincuentón prejubilado, casado y con una hija, dominado por su anciana madre. Lleva en Roma una aburrida existencia sin alicientes. Los días pasan entre la resignación de lo que le toca, y la presión de su amigo Alfonso para que engrase su "motor", teniendo alguna aventura amorosa. De modo que, inútilmente, con modos de "viejo verde", no deja de fijarse en ninguna de las mujeres atractivas que se cruzan en su camino. Agridulce comedia minimalista, preñada de elementos cotidianos, del autor de Vacaciones de ferragosto, con la que comparte su condición de pequeña película. De nuevo es Gianni Di Gregorio director, guionista y protagonista, y ha vuelto a contar con Valeria de Franciscis para interpretar a su madre. El film acaba resultando algo reiterativo, el espectador acompaña durante 90 minutos a Gianni en el callejón sin salida donde se encuentra atrapado, y no hay demasiadas variaciones. La posible crítica social a temas tan actuales como el no saber asumir la propia edad, la obsesión por el sexo, la falta de compromiso en las nuevas generaciones o la poca fortaleza de las supuestas relaciones sólidas de los mayores, queda diluida por la completa falta de horizontes de que adolece la cinta.
4/10
(2019) | 107 min. | Drama Tráiler
Mathilda, humilde trabajadora en periodo de pruebas de una tienda de ropa que odia su trabajo, da a luz a Gloria, su primera hija, para alegría de su marido, Nicolás, conductor autónomo de Uber. La madre de Mathilda, la limpiadora de oficinas Sylvie, decide avisar al abuelo, Daniel, que acaba de salir de la cárcel, donde ha permanecido tanto tiempo que ella rehízo su vida con el conductor de autobuses Richard, con el que llegó a tener otra hija, Aurore, ahora ya también adulta. A esta última es a la única de la familia a la que parece irle bien, gracias a la tienda de su novio, el poco escrupuloso Bruno, que compra y vende productos de segunda mano a desfavorecidos. Oh, sorpresa, Robert Guédiguian vuelve a ambientar una película en su Marsella natal, repitiendo con su compañía estable, encabezada por su esposa, Ariane Ascaride, y Jean-Pierre Darroussin y Gérard Meylan. Sigue siendo interesante su discurso, esta vez en torno al valor del sacrificio, cuando está destinado a sacar adelante a la familia. Como buen cineasta de izquierdas habla de la explotación capitalista, y de las dificultades para sobrevivir trabajando muchas horas por un salario bajo, y poder conciliar con la crianza de un bebé. Pese a todo, el viejo idealista ha llegado a la conclusión de que mantener la rebeldía juvenil quizás no lleva a un buen puerto, pues se corre el riesgo de acabar envidiando a quien sigue un camino quizás más convencional, y más duro, pero que se ve recompensado con sacar adelante a los suyos. Incluye también una crítica a quienes imponen las huelgas, amparados por la inmunidad que ofrece el cargo de delegado sindical, pero intimidan a quienes legítimamente no quieren seguirla. Y se ponen de manifiesto la degradación de los valores morales, y los peligros de las drogas o de usar el sexo como moneda de cambio. Por supuesto, el autor de Marius y Jeannette sigue siendo un maestro a la hora de dirigir a los actores; a los de siempre posiblemente les haya dado pocas indicaciones, se nota que saben de sobra lo que se espera de ellos. La mejor, como cabe esperar, Ascaride, ideal como abuela coraje, que fue justamente recompensada con la Copa Volpy a la mejor actriz en Venecia. Se luce en una escena en la que su personaje confiesa una revelación inesperada. También demuestran nivel los más jóvenes, Anaïs Demoustier, Robinson Stévenin y Lola Naymark, con los que Guédiguian también había trabajado previamente. Pero esta vez el marsellés pincha un poco, en comparación con su media habitual. No acaba de hacer que funcione un guión artificioso que ha coescrito con Serge Valletti, con el que había colaborado ya en algunos de sus últimos trabajos. Da la sensación de que ambos tenían en mente cómo querían acabar el film, así que todo conduce a un desenlace forzado. Los diálogos no resultan naturales, y a veces la acumulación de desgracias que sufre alguno de sus personajes llega a producir el efecto contrario al perseguido, no logra aumentar el dramatismo sino que incluso produce risas. En concreto, ocurre en un momento con un autobús y unos policías. Otros fragmentos no parecen creíbles, por ejemplo que una de las hijas pida ver un vídeo erótico que ha grabado…¿su hermana?
5/10
(2016) | 93 min. | Aventuras | Comedia | Drama Tráiler
El adolescente Maik vive en un hogar desestructurado, hay problemas serios en casa. La madre ingresa en rehabilitación para superar su adicción al alcohol, lo que el padre aprovecha para irse de “viaje de negocios” con su secretaria. En tal tesitura, el chico hace amistad con Tschick, un chaval de su edad de origen ruso, recién llegado al colegio, y que demuestra tener un espíritu "libre", lejos del adocenamiento actúa a su aire, de un modo a veces ciertamente heterodoxo. Ambos consiguen un automóvil y partirán a ver mundo, un auténtica experiencia iniciática para experimentar algo parecido a la libertad. Adaptación de una novela del alemán Wolfgang Herrndorf, fallecido en 2013 por un tumor cerebral. Precisamente su deseo era ofrecer una obra vitalista, la descripción de las andanzas aventureras de dos adolescentes, al estilo de las imaginadas por Mark Twain para Tom Sawyer y Huckleberry Finn, pero en el ambiente actual de desconcierto postmoderno. La firma el cineasta de origen turco Fatih Akin, un director que demostró su solidez narrativa en filmes como Al otro lado y Soul Kitchen. Acorde con su contexto contemporáneo, no faltan en la narración las crisis identitarias y un superficial hedonismo, que socavan parcialmente temas a priori interesantes como la necesidad de tener y cultivar a los amigos, o la atracción por el otro sexo, el romántico primer amor. Akin rueda bien, la estructura del film es correcta, y los dos desconocidos protagonistas ofrecen buenas interpretaciones.
6/10
(2019) | 137 min. | Drama Tráiler
Terrible película basada en dolorosos hechos reales, el abuso sexual de menores por el padre Bernard Preynat, que él mismo admite, y la acusación de encubrimiento de su obispo en Lyon, el cardenal Barberin, que niega categóricamente. Está hábilmente estructurada siguiendo a tres víctimas, de protagonismo consecutivo, y cuyo modo de encajar la agresión va de mejor a peor: Alexandre, brillante profesional, está casado, tiene cinco hijos y mantiene su fe; François derivó al ateísmo, pero ha podido formar una familia y pasar página; mientras que Emmanuel ha desarrollado claras patologías. La denuncia del primero en el obispado y una respuesta insatisfactoria dispara el procedimiento civil, con más denuncias y la formación de una asociación de víctimas. François Ozon, director y guionista, tiene en su filmografía dos títulos muy notables, Frantz y En la casa, pero el resto es irregular, también por su inclinación hacia las tramas malsanas que abordan situaciones complejas y personajes psicológicamente desequilibrados, perdidos en mil traumas y obsesiones. Aquí, en la estela de Spotlight, se ciñe por primera vez a sucedidos auténticos, abordando un tema de rabiosa y triste actualidad, los casos de pederastia en la Iglesia que siguen copando la primera plana de los medios. Al poco de presentar su película en el Festival de Berlín, donde fue reconocida con el Gran Premio del Jurado, un tribunal de civil declaraba a Barberin culpable de obstrucción a la justicia, condenándole a ocho meses de prisión, polémica sentencia que ha sido recurrida y sobre la que deberá pronunciarse una instancia superior. No es éste el lugar para indagar sobre todos los detalles del caso, pero me permito incluir este enlace para quien desee más información. No deja de ser curioso que Ozon, conocido por el tono morboso y sexualmente explícito de gran parte de su cine, dé un giro de 180 grados con un enfoque contenido en esta turbia historia anclada en la realidad, procurando abordar los hechos con rigor y calculada ambigüedad, ofreciendo con buen pulso dramático el punto de vista de los distintos personajes y procurando ser delicado en los pasajes que podían ser más escabrosos, aquellos en que se evocan los abusos. De este modo se pueden entender las distintas posiciones, y el daño tremendo que puede seguir al escándalo, incluida la pérdida de la fe, por la inconsecuencia entre las palabras de Cristo, escuchadas y predicadas, y el modo en que se percibe que son encarnadas en la propia vida, por parte de unos pastores que deberían dar buen ejemplo y guiar a las ovejas que se le han confiado, si tomamos al pie de la letra las palabras de Jesús en que describe el ministerio de sus discípulos. Resulta poco menos que imposible ser ecuánime ante un vidrioso film como éste, sobre todo si el espectador parte de posiciones inamovibles. Inevitablemente, dejará mal sabor de boca al fiel católico, por los propios hechos descritos y el terrible daño sufrido por las víctimas, por el uso como arma arrojadiza que algunos harán de la película para atacar a la Iglesia –algunos no entienden, al hablar de “la institución”, que para un creyente la Iglesia la forman todos y cada uno de los fieles unidos a Cristo, no se trata de una “estructura”–, y porque el caso de Lyon y otros han cobrado una enorme fuerza simbólica, amplificados por la caja de resonancia mediática que incluye internet y el propio film Gracias a Dios; reconocido por todos el horror de los casos de sacerdotes pederastas, la carga de la duda se arroja sobre los hombros de sus superiores, si supieron manejar la situación cuando tuvieron conocimiento de ella, si deberían haber denunciado la situación inmediatamente, etcétera. Y hasta puede entenderse que en río tan revuelto las creencias más hondas del creyente devoto puedan sufrir más de una conmoción. Ayuda de modo clave en el buen funcionamiento fílmico del trabajo de Ozon su esfuerzo por retratar seres humanos cercanos, ninguno se convierte en burda caricatura, ya sean víctimas, padres, familia, el sacerdotes pederasta, el obispo, la psicóloga de la diócesis, abogados y funcionarios de la justicia. El cineasta galo era consciente de que haría un daño letal a su obra dotarla de un tono tosco y panfletario, y quizá él mismo ha entendido que debía ser lo más justo posible, sabiendo que llegaría a las salas con el caso todavía en estudio en los tribunales. Y así, aunque pueden parecer incompletos algunos rasgos de ciertos personajes, o que se incide demasiado en un modo de acoger a las víctimas burocrático o calculador, en general se aprecia un interés sincero por ofrecer un retrato creíble de lo que es un relato ficcionado sobre hechos reales. También se advierte el esfuerzo de un enfoque honesto al apuntar que no sólo en la Iglesia ha habido abusos –el caso de la mujer de Alexander–, o las discrepancias que surgen, en el modo de encarar su actuación ante la opinión pública, en el mismo seno de “La Parole Liberée”, la asociación de víctimas, incluso con cotilleos sobre otros cuando están ausentes. Las debilidades de unos y otros, el asomo del odio, el rencor y la incapacidad de perdonar, el arrugarse porque se desea recuperar una vida normal, ayuda a vislumbrar que nadie es un héroe de una pieza en esta triste historia. Por supuesto el elenco actoral ayuda que el espectador vea ante sus ojos personas y se conmueva con sus cuitas, y a tal efecto hacen un buen trabajo, entre otros, Melvil Poupaud, Denis Ménochet, Swann Arlaud y Éric Caravaca, víctimas, y con menos peso, Bernard Verley, el padre Preynat, François Marthouret, el cardenal Barberin, y Martine Erhel, la psicóloga Régine Maire.
7/10
(2005) | 108 min. | Drama
El francés Lauren Cantet abandona los temas laborales que tan bien ha sabido abordar (Recursos humanos, El empleo del tiempo) para describir el turismo sexual que realiza un grupo de mujeres maduras en el Haití de Papa Doc de la década de los 80. Como dos de ellas se encaprichan del mismo hombre, Legba, un joven negro y guapo, se desatan los celos. Estamos ante una película triste y sórdida, sobre mujeres desamoradas. Cantet se queda al margen, no juzga a sus personajes, pero sus acciones y la incapacidad de asumir con valentía sus propias vidas sólo pueden calificarse de patéticas.
4/10
(2017) | 107 min. | Drama Tráiler
Deprimente película del austríaco Michael Haneke, que sigue instalado en el nihilismo de su anterior film Amor, del que Happy End –irónico título, no puede ser de otra manera en el caso de este director– podría considerarse como una especie de secuela o spin-off –repiten dos de sus personajes y se menciona una escena crucial del otro film–, aunque por supuesto, se puede visionar de modo completamente independiente. En su acabado formal no es tan redonda, e incluso tiene elementos, la fustigación de la hipocresía a la hora de tratar a los inmigrantes, casi al final, un tanto postizos. Sigue las evoluciones de una familia burguesa, los Laurent, tres generaciones. Un accidente de obra en un negocio familiar obliga a la actuación rápida de Anne (Isabelle Huppert), la hija, ante la torpeza manifiesta de su hijo, y la edad avanzada del octogenario patriarca George (Jean-Louis Trintignant), algo senil. Mientras el otro hijo, Thomas (Mathieu Kassovitz) se ve obligado a ocuparse de su hija adolescente, a la que nunca ha hecho mucho caso, despues de que su ex mujer intente suicidarse. El panorama que pinta Haneke es desolador: el amor brilla por su ausencia, y sólo cabe el egoísmo de procurar por uno mismo, y de actuar con fría racionalidad, también en lo relativo a disponer de la propia vida, el suicidio es una opción en cualquier edad y circunstancia que uno debería poder acometer sin cortapisas. Las vidas vacías, tan extendidas en un Occidente en decadencia, se muestran sin concesiones, con el patetismo del chateo sexual, la insinceridad y el corazón congelado, no hay espacio para el amor, tal vez a la postre el título de Amor también fue en su día irónico. La escena de la conversación entre abuelo y nieta, que tiene su correlato en la complicidad de uno y otro en el final, resulta tremenda, un subrayado de que no hay esperanza para lo viejo y lo nuevo, el ser humano no tiene remedio.
6/10
(2016) | 88 min. | Drama Tráiler
La brusca sacudida de una vida anodina. Hedi es un joven tunecino, al que le encanta dibujar, pero que en vez de desarrollar su talento artístico trabaja de comercial en una empresa automovilística. Está próximo a casarse, pero en este, como en tantos otros puntos, no parece manejar las riendas de su existencia, otros le han planificado la boda, él se deja llevar por lo que dicta su madre. Pero en vísperas del enlace, los acontecimientos se encadenan, y harto se refugia en un hotel, con la excusa de estar secundando los planes de sus jefes para captar nuevos clientes. Mientras gandulea, conoce a una mujer, Rym, que trabaja en el equipo de animadores del establecimiento, para entretener a los turistas. Y por una vez siente algo, y puede que hasta sea capaz de contrariar el rumbo que le habían marcado hasta entonces. Cinta sencilla de planteamiento, sobria y hábilmente ejecutada, sobre la madurez tardía tras un período en que todo el entorno ha ejercido una función castradora, de anulamiento de la voluntad, incapaz de tomar decisiones con un mínimo de riesgo. Aquí tenemos a la madre y el hermano, el peso de las tradiciones ancestrales, el trabajo deshumanizado, localizados en un Túnez al que los atentados han vaciado de turismo, pero alterando las circunstancias, la historia podría desarrollarse en cualquier lugar, la mediocridad y la presión ambiental conforman por desgracia, un patrimonio universal. El film fue premiado en Berlín por la dirección novel de Mohamed Ben Attia y la actuación de Majd Mastoura, y no se antoja disparatado el doble reconocimiento. Mastoura sabe encarnar la pasividad que busca subterfugios, y que acaba estallando, matices que la sabia dirección de Ben Attia sabe recoger. Se agradece el realismo, la idea es mostrar que el protagonista ha movido por fin el avispero que nunca osó tocar, pero lo que ocurrirá después dependerá de ulteriores decisiones que el film, sabiamente, omite. No es que la cinta no concluya, que lo hace, pero a la vez sabe dejar abierto el panorama posterior, como ocurre en la vida misma.
6/10
(2016) | 126 min. | Biográfico | Drama Tráiler
No estamos ante un biopic al uso, aunque Terence Davies ofrece sin duda una visión muy completa de la poetisa estadounidense Emily Dickinson (1830-1886). El cineasta británico tiene la virtud de hacer viajar al espectador en el tiempo, nos introduce en una época y contexto sociales, sin manipular con una visión contemporánea y anacrónica. Y, paradoja, encuentra lo que su alma sensible de artista tiene en común con Dickinson, la búsqueda de la belleza en un mundo a veces desagradable, y la rebelión contra las religiones organizadas para optar por una versión personal de la búsqueda de la trascendencia: no por casualidad Davies al presentar su película decía ser un ex católico al que Dios había ayudado a llevar a buen término su trabajo. Y la escena de arranque, en que Dickinson va a contracorriente en una escuela evangélica de señoritas, sería un ejemplo de esa conexión. La película, de gran riqueza antropológica y estéticamente muy bella, sigue al personaje, omnipresente no sólo físicamente, sino con sus poemas, muy bien insertados en la narración con la voz en off de la protagonista, interpretada con maestría por Cynthia Nixon. Y sorprende cómo esta mujer de gran carácter, nunca se casó y vivió cuidando a sus padres. El marco de la narración, la casa familiar de Massachusetts, con los encuadres y la iluminación, es un personaje más, de poderosa presencia, Davies siempre ha sido un gran creador de atmósferas, ya desde sus primeros y grandes títulos personalísimos Voces distantes y El largo día se acaba. Y allí, en ese lugar, vemos a Emily, destilando ingenio, logrando gracias a la influencia paterna que le publiquen en un periódico, en un mundo de hombres. La relación con sus dos hermanos, con el nuevo pastor de la iglesia, con una amiga que sigue el camino del matrimonio. La autoexigencia personal de la poetisa está muy bien reflejada, y también su sufrimiento, por la enfermedad personal y ajena, pero también por los defectos que observa en los demás, y que la aproximan a la intolerancia, no soporta ver bajezas morales en los otros, aunque sus reacciones tampoco resulten ejemplares. 
6/10
(2007) | 97 min. | Drama
Yusuf, poeta establecido en Estambul, que regenta una tienda de viejo, retorna a su pueblo para enterrar a su fallecida madre. Allí se entera de que su madre ha vivido los últimos años acompañada de su joven prima Ayla. Ella le comunica que debe hacer el sacrificio de un carnero, para cumplir una promesa de la difunta, que no tuvo tiempo de realizar. Primera película de trilogía que Semih Kaplanoglu dedica al personaje del poeta Yusuf, con el que obviamente se identifica. Con un tempo deliberadamente pausado, el film plantea el retorno a las raíces, y la existencia de un cordón umbilical con la propia madre que nunca se acaba de cortar. Pocas cosas ocurren en este poético y lacónico film que habla de la transición entre estilo de vida rural y modernidad, donde son muy importantes los silencios, y en el que  abundan los pasajes crípticos -¿qué pasa entre Ayla y el misterioso electricista?-, y los elementos simbólicos –el huevo aplastado, y su recuperación final, que remite a los orígenes; el perro ladrador y la luna ocultada por las nubes...-.
6/10
(2012) | 102 min. | Drama Tráiler
Chloe es una joven ginecóloga canadiense que por motivos innombrados, tal vez huyendo de la mediocridad acomodaticia e insatisfactoria de Occidente, trabaja en un dispensario médico de Naciones Unidas para refugiados palestinos, en los territorios ocupados por Israel. Comparte piso con una soldado israelí, y todos los días le toca pasar los puestos de control para dirigirse al trabajo; allí, en la otra zona, ha hecho mucha amistad con la familia de una paciente embarazada, cuyo esposo está pendiente de una sentencia judicial. Una muestra más del pujante cine canadiense francófono, debida a Anaïs Barbeau-Lavalette, directora y guionista. Se trata de una arriesgada mirada al conflicto que no cesa, Israel y Palestina, donde la cineasta introduce al espectador en la narración con una circunstancias dadas por sentadas, de modo que sólo pasado un rato empiezan a encajar las piezas del puzzle, se puede entender a tal o cual personaje, e incluso ya hacia el final, cobrará sentido el misterioso arranque. En cualquier caso Barbeau-Lavalette sale airosa del reto de entregar un film coherente. Otra cosa es la visión pesimista, donde dominan el conformismo o la rabia entre las partes en conflicto, como si no hubiera más salida que la aceptación del estado de cosas o la violencia. Resulta bastante gráfica la imagen del niño que viste con su traje de Supermán, que vagando por un vertedero con su madre para reciclar chatarra y ganarse la vida, se diría la imagen del ser humano vencido por la "kriptonita" de una situación demasiado envenenada. Así las cosas, la mirada foránea de la protagonista encarnaría la impotencia de una buena voluntad que no puede cambiar las cosas, y que incluso se encuentra con el enfado y la brusquedad de aquellos a los que pretende ayudar.
6/10
(2002) | 130 min. | Drama
Un pintor abandona la ciudad de México D.F. para dirigirse a una zona rural. Una vez allí, tiene previsto suicidarse, pero antes se aloja en la casa desvencijada de una viuda, de raza india. Su sobrino ha heredado esa casa, y ha decidido derrumbar los muros para llevarse las piedras, y emplearlas para otra construcción. Durante el tiempo que el pintor pasa con la anciana mujer, desarrolla una insana atracción sexual hacia ella, que le llevará a proponerle que se acueste con él. Debut en el largometraje del cineasta mexicano Carlos Reygadas, que es también guionista, productor, e incluso interpreta un pequeño papel de cazador. Pocas operas primas son tan reveladoras, pues en este film ya están presentes las señas de identidad del realizador, tanto la sordidez que predomina en Batalla en el cielo, su siguiente película, como la fuerza visual y algunos de los temas de Luz silenciosa, su mejor película hasta la fecha, y en la que demuestra una mayor madurez. Ambas giran en torno al tema de la muerte, y contienen sendas filmaciones prodigiosas de un atardecer. En las dos películas está presente el tema de la religión, en este caso a través de la contraposición entre el ateísmo del pintor y la devoción ingenua, pero sincera, de la señora que le acoge. Reygadas se distingue por su estilo austero, que recuerda al cine de maestros como Dreyer y Ozu, en sus largos planos tan contundentes como sugestivos. Momentos como el plano secuencia final, que recorre una vía del tren, embelesan a los cinéfilos más exigentes. Muestra también una gran habilidad para introducir en sus imágenes fragmentos magistrales de música clásica, como “La pasión según San Mateo”, de Bach. Su obra acaba teniendo un gran valor documental, que muestra la vida rural en el país azteca, y las costumbres de sus gentes. Sus intérpretes, algunos aficionados, actúan con una gran naturalidad. Pero el film tiene un tono cercano al surrealismo –cuando le preguntan al protagonista qué le trae por el lugar, éste responde, así como quien no quiere la cosa, que se va a suicidar, y su interlocutor ni se inmuta–. Algunos diálogos son incomprensibles, y no se entiende muy bien qué aportan al conjunto algunas secuencias. Tampoco está del todo claro por qué el film se titula Japón. En busca de llamar la atención a través de la polémica, Reygadas narra con una sordidez extrema la relación sexual entre el protagonista y la mujer sexagenaria, en un momento muy incómodo que no dejará a nadie indiferente, y que da al traste con algunos hallazgos del realizador.
4/10
(2013) | 90 min. | Drama
Las andanzas de Isabelle, una joven de 17 años, ritmadas por las cuatro estaciones de un año. La todavía menor de edad vive con su madre Sylvie, su hermano adolescente Victor, y su padrastro Patrick, a su padre biológico lo ve muy de vez en cuando, pues reside en el extranjero. Muy consciente de su belleza física, en verano Isabelle pierde la virginidad, y en otoño se prostituye sin que su familia lo sepa, amasando una respetable suma de dinero. Con la llegada del invierno y la consiguiente primavera, asomarán las consecuencias de estos actos, que hacen temblar, hasta cierto punto, los cimientos del burgués hogar familiar, y se apuntará a una relativa madurez de la chica. François Ozon es un guionista y realizador con oficio, al que le gustan las historias algo retorcidas que exploran las pulsiones oscuras de personajes supuestamente respetables, casi siempre de clase media, y en ellas hace especial hincapié en unas inclinaciones sexuales que se suelen salir de lo convencional. Con este planteamiento sus películas inicialmente mostraron un interés reducido -Bajo la arena, Swimming Pool-, aunque a veces lograba destacar por sus repartos -8 mujeres-, hasta alcanzar un dominio de la puesta en escena que logró su máxima expresión en En la casa, adaptación de la obra de teatro de Juan Mayorga. Con Joven y bonita, sigue su línea de historias extremas con gran carga sexual, donde el virtuosismo narrativo no logra ocultar las carencias antropológicas. Choca desde el principio la personalidad de la protagonista –la hasta hora desconocida Marine Vacht–, que no muestra jamás un rasgo que no sea profundamente egocéntrico, y cuyas motivaciones en su aventura de prostitución nunca quedan del todo claras, más allá de un lánguido aburrimiento y del deseo de experimentar el placer y la aventura, dejando de lado cualquier consideración moral, aquello es puro nihilismo, no hay espacio para la amistad, el amor romántico o familiar, no digamos por otros seres humanos. Y al igual que ocurría en En la casa, a los padres sólo les cabe la sorpresa por la deriva vital que ha tomado su hija, sin un ejercicio serio por interrogarse acerca de cómo las cosas han podido discurrir del modo en que lo han hecho.  
5/10
(2016) | 116 min. | Comedia | Drama
Las películas colectivas que reúnen cortos de diversos directores son irregulares casi por definición. Kalebegiak, o sea, "Caleidoscopio", un proyecto impulsado con ocasión de la capitalidad cultural de San Sebastián, no es la excepción. Una docena larga de cineastas de la tierra, algunos veteranos, otros supuestas jóvenes promesas, hacen propuestas muy diferentes: algunas tienen su gracia, otras son una tontadita, y el resto son completamente prescindibles. Si hay que destacar alguna historia, nos quedamos con "La ballena real" de Julio Medem, con Marta Etura como la reina María Cristina dispuesta a avistar una ballena, y que acabará en el agua; el corto-gag de Borja Cobeaga, acción trepidante de una ambulancia con broma inesperada; y "Los Angeles Observer", del bastante desconocido Luiso Berdejo, la inesperada amistad que surge en Los Ángeles entre un ladrón y un anciano por la conexión San Sebastián. Es reconocible en "Txintxorro" a Gracia Querejeta, que involucra a tres niños que hacen una embarcación para navegar. Daniel Calparsoro se pone con el testimonio de una víctima del terrorismo en el aula de un colegio, e Imanol Uribe hablando de los indigentes. Del resto, el "Septiembre" del arranque es impactante, pero unisituacional, juega demasiado con el pescador y su inminente ahogamiento, sin lugar para que el relato avance. Mientras que el narcisismo de "Narciso" llama la atención por su simple narcisista existencia, delirante, no por el interés o la habilidad narrativa; y su alto voltaje sexual hacen que una película que deberia aspirar a llegar a todos los públicos, no sea recomendable para los más jóvenes.
5/10
(2011) | 129 min. | Drama
Por lo visto Kiseki, el título original del film, significa en japonés "milagro". No sabemos si la película tiene en sí es también un milagro, pero en cualquier caso sorprende la habilidad del director nipón Hirokazu Koreeda para trabar una historia profundamente emocionante con unos elementos tan sencillos. Koichi y Ryu son dos hermanos, chavales que viven en distintas ciudades porque sus padres se han separado recientemente. Él ha retomado su carrera musical, ella se ha establecido en casa de sus padres. La ocurrencia de que el tren bala que va a unir sus ciudades puede ayudar a reconstituir la armonía familiar -la romántica e infantil idea de que expresar un deseo mientras se ve el momento justo en que se cruzan los trenes en sus respectivas direcciones me retrotrae a El rayo verde de Eric Rohmer- llevará a los chicos a tramar un plan para reunirse con sus amigos en un punto donde puedan ser testigos de ese mágico instante. Koreeda construye una película que toma lo mejor de un maestro como Yasujiro Ozu -se puede pensar en su clásico Cuentos de Tokio pero también en títulos con niños como He nacido, pero... y Buenos días-, y sabe pintar a la perfección personajes de tres generaciones, abuelos, padres e hijos, con sus virtudes y defectos, de un modo muy creíble. En Kiseki (milagro) destaca el desparpajo de los hermanos, uno más maduro e introspectivo, el otro hiperactivo y aparentemente despreocupado, pero al que también afecta la ruptura familiar. No podemos dejar de citar el emocionante momento en que un matrimonio de ancianos acoge a toda la pandilla de niños, una escena verdaderamente genial.
8/10
(2019) | 101 min. | Drama Tráiler
En un hospital con pocos recursos de Riad, la doctora Maryam afronta como puede en su día a día las reticencias de algunos pacientes masculinos, sobre todo de edad avanzada, para ser atendidos por una mujer. Cuando pretende coger un vuelo para un congreso médico en Dubai, se le impide embarcar porque su permiso de viaje ya no es válido. Debe renovarlo su padre, pero éste se ha ido de gira con su grupo de músicos, con el que actúa sobre todo en bodas. Sólo puede recurrir a su primo hermano Rashid, funcionario que se ocupa de inscribir a los candidatos a la alcaldía. Para que su secretaria le deje verle, deberá rellenar una solicitud, fingiendo que quiere presentarse a las elecciones. Haifaa Al-Mansour fue la primera mujer que dirigió en Arabia Saudí, donde hasta hace poco ni siquiera estaban permitidos los cines. Tras su experiencia internacional con la irregular Mary Shelley, que tenía como protagonista a Elle Fanning, vuelve a rodar en su país natal, con un film más en la línea de su notable debut, La bicicleta verde, que explora con sencillez, tono amable y elementos cercanos a la comedia las dificultades de las mujeres para dedicarse a profesiones tradicionalmente masculinas en el mundo árabe. Se nota que la historia tiene muchos paralelismos con su propia vida, como ocurría en su ópera prima. Pese a que el film viene a concluir que los cambios culturales llevan su tiempo, impera cierto optimismo a la hora de apostar con que la sociedad irá solventando las injusticias poco a poco, pero de forma irrevocable, siempre y cuando personas brillantes empujen hacia delante. Al-Mansour apuesta por la sencillez argumental, dando sobre todo importancia al desarrollo de los personajes. Esto permite un buen trabajo del reparto, sobre todo de las actrices protagonistas, las debutantes Mila Al Zahrani, como la llena de determinación Maryam, Nora Al Awadh, su hermana comprensiva, la fotógrafa de bodas Selma, y Dae Al Hilali, la menor, Sara, llena de prejuicios.
6/10
(2018) | 155 min. | Thriller | Drama Tráiler
Una especie de guía que atiende al nombre de Verge interroga sobre su vida a Jack, asesino en serie obsesionado con la limpieza, que le cuenta cinco momentos claves de su carrera criminal. Ingeniero, pero enamorado de la arquitectura, está convencido de que sus asesinatos son obras de arte, por lo que acumula cadáveres en una cámara frigorífica, al tiempo que construye la casa de sus sueños. Genio renovador del cine, y único vanguardista auténtico vivo, pero también provocador nato, Lars Von Trier sólo puede rodar desatinos u obras maestras. En esta cinta, más cercana a Anticristo, que a Melancolía, por citar dos ejemplos, parece psicoanalizarse a sí mismo y justificarse, usando como alter ego al psicópata protagonista, con el que comparte muchos elementos, pues se trata de un personaje inteligente, culto, con sentido artístico, pero también prepotente, retorcido, sádico, atormentado y sobre todo misógino, todos los personajes femeninos que aparecen son víctimas, que el personaje central define como “mujeres estúpidas”, pese a ser un film que se estrena en plena era #MeToo. A veces parece estar burlándose de los espectadores, con un humor negro muy particular, pues cabe citar que el cineasta vetado en Cannes –le perdonaron para exhibir esta cinta– por confesar que entendía a Adolf Hitler, utiliza como confesor de Jack a Bruno Ganz, al que se recuerda sobre todo por dar vida al dictador nazi en El hundimiento. En un momento dado, ambos hablan incluso sobre Albert Speer, el arquitecto del Tercer Reich. Visualmente apasionante, como toda la obra del danés, rodada con la cámara libre, marca de la casa, esta catarsis para ahuyentar sus demonios puede interpretarse como una metáfora de la relación del artista con la moral; Von Trier argumentaría que éste puede saltarse todas las normas, también ofender a quien sea, si eso resulta conveniente para su trabajo. Es más, parece concluir que no cree en el arte creado con amor, sólo le parece gloriosa la oscuridad. Pero bajo su apariencia densa –con citas al pianista Glenn Gould, al pintor Eugene Delacroix, al escritor William Blake, etc., y una interminable reflexión sobre la luz, las sombras y los negativos fotográficos– La casa de Jack no deja de ser un ejercicio de estilo autocomplaciente, cínico, de duración desmesurada, que espantará a los espectadores más sensibles, ya que la violencia parece seguir la estela del austriaco Michael Haneke en Funny Games, llevándola mucho más allá del límite de lo tolerable por el espectador. Resultan difícilmente soportables incluso para los espectadores más experimentados en truculencia, segmentos como la cacería de la madre con sus niños, la amputación de pecho, y hasta la mutilación de un pato. Resulta obligado reconocer el convincente trabajo de Matt Dillon, como sabelotodo desquiciado, muy alejado de los seductores que le encumbraron en los 80. Ganz vuelve a brillar, hasta puede recitar diálogos presuntuosos con aparente normalidad. Como en Nymphomaniac –también estructurada como una confesión de la maldad pasada –, Von Trier vuelve a contar con Uma Thurman, que da vida con profesionalidad de nuevo a un personaje episódico, una dama a la que se le ha averiado el coche.
4/10
(2014) | 136 min. | Drama
La anciana Taki ha muerto en su casa, sola. Quien mejor la conocía era su sobrino nieto Takeshi, que la visitaba frecuentemente. Allí descubrió que su tía abuela escribía sobre su vida, y el joven Takeshi iba leyendo ávidamente cada capítulo... Resulta que Taki llegó muy joven a Tokio desde un pueblo del norte. En la ciudad recaló como criada en una preciosa casa de las afueras, situada en una colina, y cuyo tejado de color rojo la hacía muy especial. Taki fue feliz allí, sirviendo a la familia Hirai: la guapa señora Tokiko, su marido y el pequeño Kyoichi. Son los años previos a la II Guerra Mundial, cuando Japón lucha en la guerra contra China. La vida en la casa era sencilla, pero cambió con la visita del señor Itakura, un diseñador que trabaja en la empresa de juguetes del Sr. Hirai. Yoji Yamada es un humanista. Su mirada es honda y sencilla. A sus 83 años –edad a la que rodó este film– mantiene una envidiable lucidez a la hora de narrar sus historias. Relatos pausados, cotidianos, ya se trate de películas que uno imaginaría de acción, como El ocaso del samurái o  The Hidden Blade, o de títulos claramente intimistas, como la reciente puesta al día de Yasujiro Ozu en Una familia de Tokio. Más parecida a esta última es La casa del tejado rojo, por su falta de grandilocuencia, por su acercamiento tremendamente tierno al corazón de las personas, por su aliento poético y su enorme carga de nostalgia, del valor de las vidas de tantas personas que han amado y sufrido. A partir de la novela de Kyoko Nakajima, el propio Yamada coescribe el guión y lo traslada a la pantalla con un simplicidad tremenda, pero mimando la esencia de la historia. El modo en que a veces hace esto recuerda al último John Ford, cuando lo que adornaba la escena era para él lo de menos. Así, prácticamente todo el film está rodado en interiores y los pocos exteriores que hay son únicamente los imprescindibles –esas llegadas del señor Itakura subiendo las escaleras, el bombardeo, la playa final, etc.–, y no le importa repetir una y otra vez, muy orientalmente, movimientos y actitudes de los personajes, especialmente de unas maravillosas actrices, Haru Kuroki (cuya composición de Taki es de una dulzura infinita) y Takako Matsu (la señora Tokiko). Ocurre con Yamada que el espectador puede tener la sensación de no estar contemplando gran cosa, no más que sucesos cotidianos, miradas y conversaciones, y es verdad que las más de dos horas de metraje pueden resultar algo excesivas. Sin embargo, la sutileza de Yamada emerge finalmente con fuerza poderosa para mostrar los hondos acontecimientos que pueden desarrollarse y tomar cuerpo debajo de lo aparentemente más banal. El desenlace así es de una emoción genuina. El corazón humano es una fuente inmensa de sentimientos, de amor y de dolor, aunque permanezca herméticamente cerrado durante años.
7/10
(2017) | 107 min. | Drama Tráiler
Tres hermanos se reúnen en la casa familiar –situada en una preciosa cala cerca de Marsella– cuando el padre de ellos sufre un ataque por el que queda aparentemente inconsciente, ajeno a la realidad. Por un suceso del pasado, Angèle –ahora actriz de renombre– no visitaba el lugar desde hacía veinte años, cosa que le reprocha su hermano Armand, que se quedó allí al cuidado de su padre y al frente de un modesto restaurante. Joseph, por su parte, ha llegado con una joven conquista, Bérangère, aunque la falta de conexión entre ellos habla a las caras de que la relación se ha terminado. Una película muy Guédiguian. El director francés sigue fiel a sus principios, a sus conflictos, a sus personajes. Es decir, a toda una generación occidental desilusionada que en su juventud abanderó la utopía comunista, la lucha contra el patrón y el burgués acomodado, la repartición equitativa, y que ha visto cómo las cosas se han mantenido inalterables. Esa búsqueda de la paz en la tierra, sin asideros más allá de esta vida, se escapa. Y el tiempo pasa y las ilusiones se van desvaneciendo, sólo quedará entonces esa nostalgia del tiempo pasado, de esa época alegre y romántica de deseos irrealizables por los que se estaba dispuesto a jugarse el futuro. Robert Guédiguian se mira en esos personajes de sus películas, que siempre son los mismos y que vienen a ser un islote en medio del océano del mundo moderno. Su corazón no ha cambiado y mira atrás con nostalgia intentando alcanzar algún fleco suelto del pasado. Pero hay también una rendida y sincera comprensión de lo ocurrido: “Tú razón es de derechas, tus sentimientos de izquierdas –hace decir a un personaje, que concluye:–, como todos”. Con muchos elementos en común con Las nieves del Kilimanjaro, el director marsellés de origen armenio cuenta una vez más con todo su equipo de intérpretes, encabezados por su mujer Ariane Ascaride y por Jean-Pierre Darroussin, a quienes se suman otros habituales como Gérard Meylan o la más joven Anaïs Demoustier. Con maestría sabe hacerlos cercanos, accesibles, e introducir en el guión los conflictos de cada una, de cada uno, traumas o tragedias, dudas o tristezas con las que han de lidiar en crisis interiores, pero sabe hacerlos progresar, avanzar, incluyendo diálogos realistas, sonrisas y lágrimas, ternura y solidaridad, y eso aunque muchas situaciones o tristes decisiones no parezcan demasiado verosímiles. La casa junto al mar es una película hermosa –aunque no del todo alegre– también por el emplazamiento elegido por el director, una preciosa e idílica cala abierta al mar y a la luz del mediterráneo en donde a cualquier espectador le gustaría perderse.
6/10

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