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Lista de cine

Lista de películas de la distribuidora Festival Films

(2010) | 102 min. | Comedia | Drama
El director lucense Jorge Coira debutó en el largometraje con El año de la garrapata, y tiene una amplia experiencia en series televisivas como Pelotas o El comisario. Cuando inició la pre-producción de ésta, su segunda película de cine, decidió proponerle que interpretara a uno de los protagonistas a Luis Tosar, aprovechando que el actor se hizo gran amigo suyo cuando ambos eran compañeros en un instituto de Lugo. A Tosar le interesó tanto el proyecto que no sólo le dijo que sí, sino que acabó convertido en coproductor. El film se estructura en tres partes que transcurren en las respectivas comidas básicas del día: el desayuno, la merienda y la cena. Entrecruza las andanzas de diversos personajes de Santiago de Compostela. Un músico callejero recibe la inesperada llamada de la mujer que fue el amor de su vida, pero que finalmente se casó con otro con el que tiene un hijo, una chica prepara una prueba para entrar como cantante en una orquesta, un homosexual que vive con su pareja ha invitado a comer a su hermano, un macedonio se busca la vida por las calles de la ciudad, dos tipos se emborrachan desde primera hora de la mañana, un actor de moda espera que desayune con él una atractiva joven... Rodada a base de improvisaciones, Jorge Coira creó los personajes, se reunió con los actores para asegurarse de que entendían sus motivaciones y sus conflictos, y posteriormente les dejó inventar cómo se comportarían éstos. Consigue un gran realismo en las interpretaciones, gracias a esta técnica, y a la calidad de actores como el citado Tosar, la impagable Esperanza Pedreño, Sergio Peris-Mencheta y especialmente Pedro Alonso, protagonista de la serie Padre Casares, que se luce con el personaje del actor, en espera de una cita que se resiste a llegar. Rodada en sólo nueve días, Coira no parece albergar grandes pretensiones, y su obra es irregular porque algunas historias se quedan en meras anécdotas. Pero 18 comidas, que empieza como una comedia intrascendente, logra crecer por momentos y acumula fragmentos de cierto dramatismo, casi siempre en torno al tema de la desorientación vital en la sociedad moderna. La esposa que le confiesa a su marido que no sabe si dejarle porque se siente infeliz, y el hombre que por su forma de pensar se siente incapaz de soportar jamás la homosexualidad de su hermano son quizás las piezas de mayor interés de este puzzle.
5/10
(2017) | 91 min. | Drama Tráiler
Un día de agosto de 1945, cuando la II Guerra Mundial está concluyendo, tras el lanzamiento de las dos bombas atómicas. En un pueblecito próximo a Budapest los vecinos se preparan para la boda del hijo de un importante funcionario local. Pero pronto circula la noticia de que han llegado al lugar dos judíos, con grandes baúles, lo que desata el pánico. ¿Y si son legítimos herederos de aquellos a los que denunciaron a los nazis para ocupar sus propiedades? El realizador húngaro Ferenc Török acumula largometrajes en dos décadas en activo, aunque trabajos como Senki szigete y Magyarország 2011 no son muy conocidos fuera de su país. En 1945 aborda el Holocausto en su país, dos años después de El hijo de Saúl, de su compatriota Lászlo Nemes, ganadora del Oscar a la película de habla no inglesa, también sobre esa temática. Se centra en una cuestión bastante espinosa, pues para quienes se han lucrado económicamente de la desgracia ajena, el fin de la contienda puede no ser una buena noticia. Para reflexionar sobre las consecuencias del sentimiento de culpa, Török elige la vía de la elegancia, con una sugerente fotografía en blanco y negro, y un reparto muy coral, tanto es así que el periplo de algunos de los numerosos personajes sólo aparece insinuado, y se echa de menos que el film se detenga más en ellos; de la misma forma apenas se aborda que los nazis hayan sido sustituidos por los rusos, no menos totalitarios. Quizás también resulta todo un tanto negativo, pocos vecinos están exentos de pecado, hasta el sacerdote parece ocultar algo. A su favor cuenta con un solvente grupo de actores, desconocidos a nivel internacional, pero que le sacan jugo a sus personajes, pese a que no abundan los diálogos. De ambientación lograda, se ha cuidado también la rigurosidad histórica. El realizador apuesta por ir incrementando el suspense sobre lo que va a ocurrir; en este sentido a veces recuerda al cine de Alfred Hitchcock. Además, acaba convirtiéndose en un alegato en contra de los prejuicios xenófobos, en clara alusión al auge del nacionalismo actual en Hungría.
7/10
(2014) | 110 min. | Comedia Tráiler
Carlos Iglesias, popular actor, sobre todo por la serie Manos a la obra, acertó con su debut en la realización, Un franco, 14 pesetas, film inspirado en sus propios recuerdos cuando sus padres emigraron a Suiza. Reincidió en la misma temática con la decepcionante Ispansi (Españoles), en torno a niños madrileños acogidos por la Unión Soviética tras la Guerra Civil, cuya cansina voz en off se recuerda con desagrado años después de su visionado. Ahora, el director e intérprete ha rodado una secuela de su ópera prima. 2 francos, 40 pesetas recupera a Martín, y a su familia, protagonistas de aquélla, seis años después de su regreso a España, cuando la crisis energética hace estragos. El pequeño Pablo ha cumplido los 18, y viaja con un amigo a los alrededores de Uzwill, el pueblo de Suiza donde vivió con los suyos una larga temporada. Sus progenitores también acaban allí, cuando reciben la noticia de que el viejo amigo Marcos, que sigue en ese país con su antiguo trabajo, se dispone a bautizar a su segundo retoño. No logra ni de lejos la frescura de su antecesora, como si Carlos Iglesias hubiera agotado sus sugerentes y sentidas anécdotas en torno a la época y el choque de culturas. 2 francos, 40 pesetas no consigue recuperar el toque entrañable de sus personajes, y rompe constantemente el tono amable del original, por su continuo recurso al sexo. Aunque intenta centrarse en la crítica social de la época, con alusiones al blanqueo de capitales en Suiza que hoy en día sigue estando –desgraciadamente– de actualidad, lo cierto es que 2 francos, 40 pesetas fracasa por completo, al estar compuesta por situaciones alocadas carentes de inspiración, que acaban siendo una torpe imitación del cine de Luis García Berlanga. Se trata de un film muy coral cuyos intérpretes parecen esforzarse, pero aún así no logran salvarlo ni siquiera en momentos puntuales.  
3/10
(2009) | 117 min. | Acción | Biográfico | Drama | Thriller Tráiler
La veterana directora canadiense Kari Skogland, forjada en series y telefilmes, lleva al cine la historia real de Martin McGartland, un hombre que logró infiltrarse en el IRA, y que hoy en día vive oculto, con otra identidad, acogido al programa de protección de testigos. La propia Skogland se ha encargado de escribir el guión, a partir de un libro sobre el personaje, escrito por Nicholas Davies y Martin McGartland. La cinta causó cierta polémica durante su proyección en el Festival de Toronto, porque una de las actrices, Rose McGowan –cuyo padre es irlandés–, realizó unas dudosas declaraciones en las que aseguraba que podía entender que la gente se volviese violenta en Irlanda del Norte. La directora y los productores de la cinta se distanciaron de estas opiniones, y aseguraron que no reflejaba lo que quieren contar. Cualquiera que vea la película puede comprobar que tienen razón. 50 hombres muertos tiene lugar a finales de los 80, en los años duros de los enfrentamientos entre católicos y protestantes en Irlanda del Norte, ocupada por el ejército británico. Por aquel entonces, Martin McGartland era un muchacho desempleado, que sobrevivía en Belfast vendiendo prendas robadas. Mientras sigue viviendo en casa de su madre, una mujer de carácter, McGartland tiene un romance con una joven a la que deja embarazada. Tras un encontronazo con la policía, Fergus, un agente especial de la policía, le propone aprovechar su potencial para contactar con el IRA, para que le pase información... A Skogland le falta la brillantez para la puesta en escena de Jim Sheridan y otros grandes directores que han tratado el tema del terrorismo irlandés. Además, no puede disimular los inevitables tópicos del género de infiltrados, que remiten a películas de Martin Scorsese y otros directores. Pero es una cinta honesta cuyo punto fuerte son las interpretaciones, sobre todo por parte de Jim Sturgess, que confirma el talento que demostró como protagonista de 21: Black Jack. Le secundan el siempre brillante Ben Kingsley –el agente que le recluta– y  la citada Rose McGowan, muy convincente –lo cortés no quita lo valiente– en su interpretación de una glamourosa pero implacable líder del IRA. Aún más interesante que la historia policíaca es la subtrama relativa a que el protagonista tenga que sacrificar el poder llevar una vida normal con su familia, para poder cumplir su cometido.
6/10
(2017) | 90 min. | Thriller

De regreso a casa, Jun-young contempla un accidente en la carretera. Una de las víctimas es su propia hija. A partir de aquí, la escena se le repite, como un fatídico loop, como un trauma del que no puede escapar. Con la ayuda de un paramédico que ha perdido a su mujer, Jun-young intentará salvar lo inevitable, y salir de esa funesta jornada, que se reitera como una versión perversa del día de la marmota.

(2017) | 98 min. | Biográfico | Drama Tráiler
Acercamiento a la figura de Lyndon Baines Johnson, que ambicionaba llegar a la presidencia de Estados Unidos, aunque nunca pudo imaginar que su sueño se cumpliría tras la pesadilla del asesinato de su predecesor, John Fitzgerald Kennedy, a quien servía como vicepresidente. Mueve la cámara Rob Reiner, un director apagado en los últimos tiempos, tras sus incontestables éxitos de los 80 y 90 con Cuenta conmigo, La princesa prometida y Misery. El film compone un retrato positivo del personaje, ofreciendo trazos de su estatura política a partir de una estructura narrativa que pivota sobre el desplazamiento de la comitiva presidencial que llegó a Dallas el 22 de noviembre de 1963. Así, se alternan imágenes del viaje en coches descubiertos –JFK iba en el primero con Jackie, LBJ en el tercero con su esposa Bird– con diversos momentos de la carrera política del protagonista: sus luchas políticas cuando es el líder de la mayoría demócrata del Senado, su postulación como candidato presidencial, la aceptación de la vicepresidencia con John Kennedy, sus esfuerzos por templar gaitas con el senador sureño Richard Russell a la hora de avanzar en la implantación de los derechos civiles, las desavenencias profundas con Bobby Kennedy... La narración es clásica y funciona, sirve para proponer temas como el liderazgo político, la habilidad en el toma y daca, sacar una cosa, ceder en otra, la importancia de no dejarse llevar por las manías y fobias, la necesaria unidad nacional en tiempos de crisis. Se beneficia de un buen reparto donde nadie desentona, y en que brilla un actor que no deja de mejorar, Woody Harrelson, que en su composición de Johnson recuerda a ratos al gran Spencer Tracy. También está bien Michael Stahl-David en el antipático papel de Boby, o Richard Jenkins como el senador que se siente en parte traicionado. Aunque su presencia sea secundaria, también destacan Jennifer Jason Leigh como la esposa de LBJ, y Jeffrey Donovan en el siempre difícil papel de JFK.
6/10
(2009) | 96 min. | Drama Tráiler
Pequeña gran película alrededor del drama de Oriente Medio y la inmigración. Muna es una mujer de mediana edad, madre de un adolescente, Fadi, divorciada por culpa de su infiel marido. Palestina cristiana, se gana bien la vida como empleada de banco, pero su vida en Cisjordania es dura, está en marcha la construcción de un muro de la vergüenza, y cada día debe atravesar humillantes puestos de control. Cuando le surge la oportunidad de emigrar a Estados Unidos, espoleada por Fadi, se lanza a la aventura. Ambos marchan a Illinois, donde son acogidos en casa de una hermana de ella, Raghda, que lleva viviendo allí 15 años.   La guionista y directora Cherien Dabis se inspira en su propia familia para contar las dificultades de integración de los árabes en Estados Unidos, debido a la invasión de Irak, que pone a los inmigrantes de esta etnia bajo sospecha. Más que cine político, lo que hace Dabis es contar una historia profundamente humana, sobre la importancia de los lazos de sangre, y el cultivo de la esperanza ante las dificultades. En tal sentido hace una composición soberbia la protagonista, Nisreen Faour, que entrega un personaje inasequible al desaliento, siempre con la sonrisa en el rostro, que no se viene abajo cuando su optimismo choca con las dificultades del mundo real. Está muy bien descrita, sin estridencias, la relación madre-hijo, y con los parientes americanos. Pero también el maleamiento a que conduce Occidente -las drogas, las tonterías que cometen los adolescentes en grupo...-, la posibilidad de una coexistencia pacífica y en concordia entre personas de orígenes diferentes. Se agradece además que no se caiga en el victimismo, y que se muestre a personajes estadounidenses -que en algún momento de sus vidas también han sido inmigrantes- ayudando a los recién llegados.
6/10
(2013) | 90 min. | Thriller | Drama
El desconocido realizador 'indie' Jeremy Saulnier (hasta ahora con un único largometraje, Murder Party, en su haber) da la campanada gracias al buen recibimiento crítico de Blue Ruin, dirigido, escrito y fotografiado por él. Obtuvo un premio paralelo, el de la FIPRESCI, en la sección Quincena de Realizadores, del Festival de Cannes, y ha abierto a su autor las puertas del cine de mayor presupuesto. Una de las principales virtudes de Blue Ruin es su sabia dosificación de los puntos básicos de la trama, por lo que conviene adelantar poco. Tiene como protagonista a Dwight, un indigente que vive al margen del mundo, en un coche destartalado, y ocasionalmente se cuela en alguna casa ajena para poder tomarse un baño. Una agente de policía local le advertirá de que ha salido de la cárcel el culpable de que su vida se fuera al traste... Podría haberse tratado de la enésima cinta del año sobre el sinsentido de la venganza y la espiral de la violencia, pero Saulnier logra encontrar un camino propio. Su gran baza consiste en que se centra en los actos irracionales del protagonista, un hombre a quien la desesperación le impide seguir el camino más adecuado, y que comete frecuentemente errores que pueden ocasionar su propia perdición. En este contexto, Blue Ruin resalta que la preocupación por el destino de los seres queridos puede llevar a la barbarie absoluta. El cineasta se arriesga encomendándole el atípico personaje central al actor Macon Blair, hasta ahora sólo presente como secundario en películas de escaso éxito y alguna serie. Pero resulta ser todo un descubrimiento, alejándose por completo de los tópicos tipos duros habituales de filmes en la misma línea. Le acompañan actores igualmente poco populares, pero sumamente capaces. Saulnier dirige con gran fuerza, y logra que apenas se note su falta de presupuesto. Su estilo recuerda en cierta medida al del danés Nicolas Winding Refn, sobre todo en la brutalidad con la que firma los actos de violencia. En Blue Ruin utiliza muy bien los elementos simbólicos, como las fotos de su pasado que el personaje central quiere destruir porque no se reconoce en ellas y sobre todo su omnipresente vehículo, convertido en una ruina, como la vida de su propietario, y que no se sabe muy bien hacia dónde le conduce.
7/10
(2019) | 90 min. | Terror Tráiler
Tras divorciarse, Sarah se va a vivir con su hijo, Chris, a una aislada zona rural de Irlanda, en busca de una vida tranquila. Pronto descubrirá en el bosque cercano a su casa un agujero enorme que parece no tener fondo. Una noche, el niño desaparece entre los árboles, pero cuando por fin regresa, su comportamiento ha variado, hasta el punto de que empieza a sospechar de que no se trata del mismo. El éxito de Hereditary y Un lugar tranquilo ha puesto de manifiesto que en el terror funciona mejor describir lentamente a los personajes al viejo estilo, que los excesos sangrientos. Se agradece que navegue en esa dirección el debutante realizador irlandés Lee Cronin, que obtuvo críticas positivas cuando estrenó su cinta en el Festival de Sundance de 2019. Compone alguna escena sobrecogedora, y logra el ritmo adecuado. Además, tiene buena mano con los actores, sobre todo con la desconocida fuera de Irlanda Seána Kerslake (Can’t Cope, Won’t Cope) –la madre–, y el chaval James Quinn Markey, habitual de la serie Vikingos. Quizás se echa de menos la ambición componer algo más que un típico film de terror, ahondando en el drama familiar. Y si bien se entiende perfectamente a la progenitora, se pinta al retoño con pocas pinceladas, no pasa de ser el típico chico que echa de menos a su padre, y poco más. Además, el film tiene la mala fortuna de estrenarse poco después de dos películas de infantes malvados, The Prodigy, que abordaba una historia bastante similar, y El hijo, con la que también tiene puntos en común.
5/10
(2017) | 102 min. | Comedia | Thriller | Drama Tráiler
Final de la Segunda Guerra Mundial, campo de refugiados, judíos supervivientes del Holocausto, en Frankfurt. Todos sueñan con abandonar el país de sus pesadillas, Alemania, y el destino ideal sería Estados Unidos. Pero para salir del país hace falta un permiso, y contar con un mínimo de capital. En tal tesitura, David Bermann parece el compañero de viaje ideal, cara a trazar un plan: es un hombre espabilado, con mucha labia, y que nunca ha perdido el sentido del humor, ni siquiera con la tragedia recién vivida. De modo que logra formar un equipo de hombres que recurriendo a la picaresca, venden ropa de cama a alemanes incautos con mil y una artimañas. Y empieza a contar con un importante fondo de ahorros, pero Bermann tiene el problema de que está siendo investigado por las autoridades de ocupación americanas, a través de la oficial Sara Simon, pues tienen serias sospechas de que jugó un papel de colaboracionista con los nazis. Adaptación de un par de novelas de Michel Bergmann, también guionista, que juegan con la idea de basarse bastante en la realidad, lo que no se ajuste con exactitud a los hechos, se nos asegura, se le parecerá bastante. El director Sam Garbarski se esfuerza por dar con el equilibrio entre drama y comedia, tan necesario en las tramas sobre el Holocausto; hay que medir las bromas -y éstas tienen importancia, pues son las que salvaron el pellejo a Bermann durante la guerra-, y se corre el riesgo de ofender a alguien, pues algunas actitudes muestran el antisemitismo de los alemanes corrientes. Por otro lado, logra crear intriga, pues se asienta como columna vertebral de la narración la sombra de la duda, no estamos seguros del todo acerca de si el pillo Bermann llegó a algún grado de connivencia con los nazis, y el interrogatorio de de Sara, al que se le añade un elemento de juego seductor, resulta ser un buen recurso. La película se ve con interés, aunque no es perfecta. Hay muchos personajes, quizá demasiados, y unos cuantos quedan desdibujados, incluso da la impresión de que ha habido que meter tijera en la sala de montaje, para dejar el metraje en una duración razonable. El reparto está bien, especialmente el protagonista Moritz Bleibtreu, que resulta creíble como judío, y la menos conocida Antje Traue, su interrogadora.
6/10
(2009) | 74 min. | Drama Tráiler
Leila, una asesina convicta, ha conseguido el indulto, pero debe hacer servicios sociales en la iglesia rural de Jacob, un pastor luterano ciego. Allí le toca leer y escribir la correspondencia del clérigo, tarea que acomete con fuerte escepticismo, ella se encuentra completamente desengañada acerca la condición humana, y la ayuda y oraciones que los autores de las cartas piden no le conmueven en absoluto. Interesante pequeña película finlandesa, que con apenas tres personajes indaga en las honduras del espíritu humano. Frente a enfoques hollywoodienses que pintarían sin excesiva sutileza el gratificante camino de la redención, Klaus Härö y su coguionista Jaana Makkonen pintan con realismo las distintas formas de intermediación que protagonizan Leila (que lee y escribe las cartas), Jacob (que dicta y reza a Dios) y el cartero (que trae y se lleva las misivas), y logra una inesperada aproximación entre los tres, sobre todo Leila y Jacob, ninguno es de piedra en sus respectivas convicciones. Aunque hay algún aspecto confuso en la narración –en un momento dado se nos despista acerca de la procedencia de las cartas–, domina el pulso firme, con una mirada muy nórdica donde la dureza no impide la esperanza. Los actores hacen grandísimos trabajos, especialmente Kaarina Hazard y Heikki Nousiainen.
7/10
(2017) | 71 min. | Terror | Thriller Tráiler
Esther tiene razones para sospechar que Robert, su esposo, la engaña con otra. Cuando le sigue en su coche, descubre que se trata de un peligroso psicópata que rapta a una prostituta, a la que traslada a una finca alejada de la gran ciudad. Pese a su limitadísimo presupuesto, el debutante Ángel L. González Martínez logra capturar la atención del público, con un ritmo ‘in crescendo’. Acierta al crear tensión manteniendo la elegancia, sin recrearse en secuencias violentas. Ha compuesto un reparto formado por tres efectivos actores, que sostienen el film en solitario, prácticamente en un escenario único. Destaca el trabajo de Susana Abaitua (Sé quién eres), carismática actriz que da vida a la secuestrada y que promete dar que hablar en el futuro, aunque sus compañeros dan la talla. Habla del shock que supone descubrir que no se conoce bien a quien se tiene más cerca. Por desgracia, al guión le falta dibujar mejor a los personajes, aunque sea con unas breves pinceladas, sobre todo al villano, del que no se sabe absolutamente nada, salvo que no le funciona muy bien la cabeza. Por esta razón, el espectador se lleva la sensación de que está viendo un corto alargado, de setenta y cinco minutos que se podían haber quedado en diez. Por otro lado, al guión le falta un poco de frescura, todo parece mil veces visto en diversas cintas de asesinos, y la reacción final del villano no acaba de resultar del todo creíble.
4/10
(2015) | 97 min. | Ciencia ficción | Drama Tráiler
David, ejecutivo en una empresa de publicidad, vive con su novia Juliette, monitora de yoga, pero la relación pasa por una crisis. En su empresa Ben es el encargado de lanzar un producto estrella, el Augmenta, un dispositivo encaminado a que los clientes creen su propia realidad virtual gracias a unas gafas especiales. Ben se servirá de ellas para establecer “lazos” con una compañera de trabajo por la que se siente atraído. Fallido debut como director, guionista y actor de largometrajes del californiano Benjamin Dickinson, que entrega una especie de parábola futurista acerca de los peligros de la vida urbanita y tecnológica, hábitat adecuado para fabricar personas infelices y superficiales, masas de “smart people” incapaces de esconder su insatisfacción vital, por mucho que las pastillas, el alcohol, el sexo (real o virtual), el yoga o el colegueo facilón y divertido intenten disimularlo. No es que la idea de fondo sea mala, pero el guión de Dickinson quiere ser moderno y acaba resultando convencional, mientras que narrativamente es un tanto pretencioso y acusa serios defectos, entre ellos cierta confusión inicial, un desarrollo banal de los conflictos y la falta de empatía con los personajes. Al cabo de una hora, el espectador asistirá a la función con asumido aburrimiento. Está claro que Dickinson ha echado el resto en el aspecto formal de Creative Control. Rodado casi por entero en blanco y negro, la fotografía y los marcados contrastes son atractivos (aunque también inevitablemente artificiales), y destacan algunos bellos planos, como el ascenso en la escalera de caracol, por poner un ejemplo. Pero en general, en ese acabado preciosista también domina una exagerada posproducción (música, ralentizaciones, fragmentación de pantalla), lo cual sólo ayuda a constatar el desequilibrio entre guión e imagen. Los correctos trabajos del reparto, sobre todo de Nora Zehetner (Brick) y del propio Dickinson, quedan lamentablemente muy en segundo plano.
3/10
(2016) | 101 min. | Romántico | Drama Tráiler
Una película entrañablemente dolorosa, y que en muchos espectadores hará evocar experiencias comparables en su entorno. Basada en hechos reales, narrados en un libro por uno de sus protagonistas, St John Greene. Describe el modo en que una familia, los Greene, y sus parientes y amigos, afronta la enfermedad y la muerte, que forman parte de la vida. Todo gira alrededor del cáncer de pecho diagnosticado a Kate, casada con Singe, y madre de dos niños, Reef y Finn. La familia ya sabe lo que es lidiar con esta enfermedad mortal, pues el mayor de los hijos, Reefe, también ha padecido un cáncer, y le daban muy escasas probabilidades de superarlo, y a pesar de ello ha salido adelante. Ahora las previsiones son más optimistas, el cáncer se supone que es tratable, pero la medicina no es una ciencia exacta y las cosas van a empeorar. En el ínterim Kate se prepara para lo que pueda venir, y lo mismo quiere hacer con su familia, que sepan aceptar su previsible muerte y seguir adelante con sus vidas. Por eso les propone una serie de metas, con post-its y mensajes de texto, ideas inspiradoras de una felicidad a lo que no deben dejar de aspirar, para cuando ella ya no esté. Niall Johnson, director y guionista –recientemente ha coescrito el guión de Un día más con vida–, maneja con delicadeza lo que es, sobre todo, una gran historia de amor, en la vida y en la muerte. En tal sentido hace pensar en otro dos filmes rodados en inglés con directores españoles sobre el tema, Mi vida sin mí y Vivir para siempre, dirigidos respectivamente por Isabel Coixet y Gustavo Ron. El cineasta sabe atrapar el modo en que el amor guía siempre las acciones de los personajes, cuando la tentación es dejarse hundir por un sufrimiento paralizante; y aunque el visionado del film puede hacer derramar abundantes lágrimas, resulta contenido, no es burdamente manipulador. De modo que resulta emocionante cómo se dibuja un amor duradero, que se remonta a la adolescencia, ese flechazo en la pista de patinaje, que luego continúa con la formación de una familia, y la lucha y la asunción de las contradicciones, la alegría de los hijos y el dolor, también físico, náuseas y mareos, de la enfermedad. Todo se cuenta con un realismo integrador, donde se viene a decir que cuando hay un sentido que viene dado por el amor, las pruebas más difíciles pueden acometerse; incluido el después, la ausencia, el recuerdo, las conversaciones y visitas a la tumba, el cicatrizar de las heridas, las nuevas experiencias que se incorporan a la vida. Los niños aportan una interpretación muy natural, mientras que Rafe Spall y Emilia Fox saben encarnar muy bien a la pareja protagonista, su amor maduro, y el miedo a una muerte cuya proximidad cuesta aceptar. También lo hacen bien Ross McCormack y Sophie Simnet en sus sublimadas y románticas versiones juveniles, y los secundarios, donde destaca la amiga que ha sido testigo de su amor, interpretada por Elaine Cassidy.
6/10
(2013) | 84 min. | Drama
Pasca, cuarentón, ex boxeador, malvive ahora trabajando de sparring en un gimnasio de Vallecas, en Madrid. Vive con su hermano Toni, atado a una silla de ruedas debido a un accidente. El mejor amigo de Pasca es otro ex boxeador, Fonsi, que se ha dado a la bebida y está a punto de perder a su familia. La vida de Pasca es pobre de perspectivas, parece un callejón sin salida. Pero la imprevista irrupción de Adela, una chica dicharachera y vitalista, supondrá una bocanada de aire puro en la gris existencia de Pasca. Más que correcto drama español dirigido por David Marqués (Aislados) –en colaboración con Rafa Montesinos–, quien firma su mejor trabajo hasta la fecha. Marqués retrata personajes perdedores, de baja extracción social, pero mantiene el equilibrio a la hora de alejarse de tópicos y extremismos que alejen su historia de la realidad. Los personajes de Dioses y perros resultan creíbles, personas que luchan cada día por salir adelante, con serios traumas afectivos, problemas económicos, laborales, familiares. Sin embargo no hay regocijo en ese triste estado de cosas sino un claro optimismo acerca del futuro y de la capacidad de los seres humanos de elegir el buen camino, por muy lamentable que haya sido su pasado. Falta quizá algo más de enjundia en la trama, momentos que aporten mayor fuerza y redondeen el conjunto, pues el espectador tiene la sensación de que algo gordo va a pasar y ese algo no acaba de llegar con la contundencia esperada. Esto tiene que ver probablemente con el look ambiental del film, muy similar al de Alacrán enamorado; sin embargo, al contrario que ese film, Marqués opta por el drama realista, más centrado en problemas cotidianos, y deja de lado la acción más cinematográfica. Por otra parte, aunque hay grosería verbal, los diálogos están cuidados, bien escritos, a menudo con toques de humor, bordados por un actor que demuestra que es mucho más que una cara bonita. En efecto, gran parte del apañado resultado de esta película es la presencia de Hugo Silva, que encarna a un personaje ricamente perfilado, sufriente, que le va como anillo al dedo, más alejado del estilo frívolo y canalla que emplea en otros papeles.
5/10
(2019) | 101 min. | Fantástico | Comedia Tráiler
Película rarita que ofrece una indigesta mezcolanza de religión y sexo. El director Gabriel Mascaro (Vientos de agosto) recrea un Brasil distópico –aunque la acción tenga lugar apenas unos pocos años después del rodaje, en 2027– en donde la religión ha ido tomando cuerpo en la sociedad hasta desplazar a otro tipo de tradiciones, de modo que el carnaval ha desaparecido y ahora la fiesta principal es la del llamado Amor Supremo. El guión cuenta la historia del matrimonio formado por Joana y Danilo. Ella trabaja de funcionaria, donde se excede en su cometido administrativo con la intención de tratar de recomponer matrimonios que desean divorciarse, mientras que él fabrica coronas de flores para entierros. Joana y Danilo no tienen hijos pero lo desean profundamente y ponen todos los medios que se les ocurren para conseguirlo. Con una sociedad en donde planea la idea de la segunda llegada del Mesías, seguimos los esfuerzos y estrategias del matrimonio por tener un niño, pues el embarazo se resiste. Y es aquí donde el estupor se adueña del espectador al observar los singulares caminos tomados por los protagonistas para tan loable intención: la asociación/secta –el Divino Amor del título– en donde los acólitos se reúnen para rezar, interactuar y mantener encuentros sexuales; las visitas al pastor en el centro automovilístico, donde se dispensan los consejos como si de gasolina se tratase; las sesiones de luz en los genitales… Son elecciones conceptuales que dan lugar a múltiples imágenes bizarras, surrealistas y muchas veces sumamente impúdicas que rompen continuamente el supuesto tono serio de la historia. La excentricidad de la propuesta viene acompañada por una puesta en escena realista, sin referencias futuristas e incluso con una fotografía de tonos tristones, salvo cuando entran en juego los colores rosas y las luces de neón, de aire retro y kitsch. De fondo, no cabe duda de que la sesgada y negativa visión de la religión por parte Mascaro va en connivencia con las innumerables sectas evangélicas que inundan el país sudamericano. El trabajo de la actriz Dira Paes es meritorio.
2/10
(2016) | 97 min. | Comedia | Drama
Jerusalén. Los miembros de una comunidad de judíos sefardíes acuden al bar mitzvah del nieto de Zion y Ettie, uno de los matrimonios más queridos. Durante la ceremonia se derrumba el balcón donde se congregan las mujeres, lo que trae como consecuencia que la esposa de Menashe, el anciano rabino, tenga que ser ingresada, y que éste sufra un shock. Acaba convirtiéndose en nuevo líder espiritual del grupo el rabino David, ortodoxo convencido de que las señoras tienen que cumplir reglas extremas de pudor, que causará una conmoción cuando pretenda destinar el dinero recaudado para recomponer la terraza caída a una nueva Torá… Cautivadora ópera prima en el largometraje del israelí Emil Ben-Shimon, hasta ahora dedicado íntegramente a la televisión, que se esfuerza por ofrecer planos imaginativos. El relato se centra en el poder de la gente sencilla, con ayuda de sus convicciones religiosas, para hacer frente al fanatismo, y a las discriminaciones. En este sentido, se contraponen dos visiones distintas del judaísmo, la de quienes lo vinculan a los valores familiares, a la compasión y al amor, y la de los que se obsesionan con cumplir preceptos extremos, aunque puedan hacer mella en la convivencia. Sus denuncias de las desigualdades de género están tratadas con un tono amable y enorme inteligencia, lo que refuerza su contundencia. El guión es obra de Shlomit Nehama, ex esposa del realizador, hasta ahora especializada en programas infantiles, que se ha inspirado en su propia experiencia en el barrio de Bucharian. Describe a sólidos personajes, representativos de los ciudadanos corrientes, desbordados ante el ascenso del extremismo. Esto permite el lucimiento del extenso reparto, pues sorprenden tanto ellas como ellos, aunque todos sean poco conocidos, al menos fuera de su país. Por citar a una actriz, sorprende la fuerza de Evelin Hagoel, vista en Gett: El divorcio de Viviane Amsalem, aquí líder del sector femenino.
7/10
(2014) | 90 min. | Drama Tráiler
Una pequeña localidad, con no más de treinta o cuarenta almas que viven desperdigadas en torno al lago de Kenozero, al norte de Rusia. La conexión de esas gentes rudas y pobres con el mundo exterior se produce a través de los viajes diarios que el cartero Lyokha realiza diariamente a la ciudad, a través de las aguas del lago, a bordo de su lancha. Galardonado con el León de Plata en el Festival de Venecia, el director ruso Andrei Konchalovsky (Siberiada) ofrece aquí una de sus películas más contemplativas, con pocas concesiones para el gran público. De marcado aire costumbrista, con una levísima trama de ficción y narrativamente muy sobria, prácticamente se recrea durante hora y media en ofrecer a los espectadores los naturalistas parajes en torno al gran lago de Kenozero, de subyugante belleza, en donde viven una serie de personajes. El hilo conductor es el protagonista Lyokha, cartero y recadero de la localidad, que conoce a todo el mundo, y por medio del cual, a través de sus trayectos, sus idas y venidas, entrevemos las existencias de los vecinos, las casas de madera desperdigadas, entramos en ellas, observamos cómo se levantan, cómo se saludan escuetamente, cómo malviven en una gran pobreza generalizada, cómo la soledad del hogar sólo se rompe con la sempiterna compañía del televisor. Hay también en El cartero de las noches blancas una denuncia del miserable modo de vida de estas gentes sencillas, cuyas penalidades ahogan frecuentemente en vodka, lamentable lacra de la comunidad. La soledad reina por doquier, con cierto conformismo ante el peso de la existencia. Pero ante esa visión más pegada a la tierra, no evita el guionista y director incluir imágenes hechizantes, con una gran carga nostálgica, donde abruman los recuerdos, la búsqueda del amor o el espacio para el misterio... Retazos del anhelo de felicidad que reina en el ser humano.
5/10
(2017) | 100 min. | Comedia Tráiler
Hay amores que matan. Y aficiones acérrimas que pueden poner en peligro el amor y la familia. Es lo que le ocurre a Pedro que lleva su pasión por el fútbol a extremos insospechados. No se trata sólo que de que sea el típico hincha que sigue a su equipo a todas horas, es que es capaz de estar viendo a altas horas de la madrugada un partido de un equipo de fútbol de quinta regional, y hasta se juega la vida en su empeño. Es mucho lo que su esposa Verónica y sus dos hijas adolescentes deben aguantar, y llega el momento en que la primera debe declarar “hasta aquí hemos llegado”. Aparece como posibilidad muy real la ruptura, y Pedro comenzará a ponerse las pilas de un modo muy singular, acudiendo a reuniones de alcohólicos anónimos. Comedia argentina agradable aunque irregular, todo resulta muy exagerado, y aunque el disparate es una opción no desdeñable a la hora de abordar el género, hay que tener cuidado para no caer en lo grotesco. Marcos Carnevale (Elsa y Fred, Corazón de león), que coescribe la película con el actor Adrián Suar (Me casé con un boludo), no da con el justo equilibrio, quizá porque su compañero de escritura de guión se concede demasiado protagonismo y, admitámoslo, sus registros son algo limitados. La idea de mostrar el seguimiento del fútbol como una adicción, y su posible curación con técnicas parecidas a las que se usan ante la dependencia de sustancias, podía haber dado más juego, aunque ciertamente algunos gags son divertidos.
5/10
(2019) | 94 min. | Ciencia ficción | Thriller Tráiler
Sorprendente creación distópica de un trío virtualmente desconocido, los guionistas David Desola y Pedro Rivero, y el director Galder Gaztelu-Urrutia. Aunque habían trabajado en alguna producción de interés, sobre todo Psiconautas, los niños olvidados, nada hacía prever el “pelotazo” que ha supuesto El hoyo, no sólo por su triunfo en el Festival de Sitges con el premio a la mejor película, sino porque cautiva en cualquier certamen internacional donde se programa, como ha ocurrido en Toronto. El planteamiento es sencillo, y remite a otros títulos como Cube, pero está muy bien desarrollado, y con los suficientes elementos para hacer progresar la acción hasta un desenlace, que quizá puede parecer algo brusco, pero que resulta coherente y satisfactorio. Con propósitos desconocidos, alguien, “la Administración”, ha diseñado un plan, una sociedad, el hoyo, en el que participan personas voluntariamente, a cambio de algo, tal vez un “título homologado”. Los que ingresan en el hoyo, se despiertan por parejas en un nivel, el que les designan, no se sabe siguiendo qué criterio. En el nivel cero se prepara un espléndido banquete, donde hay comida suficiente para que se alimenten todos los que integran esta suerte de experimento social. Pero ocurre, como en la vida, que los de arriba se aprovechan, comen más de la cuenta, de modo que la comida y su apetitoso aspecto mengúa, a medida que desciende de nivel. Estar en un nivel muy bajo supone no tener casi qué comer, y pensar en otras formas de conseguir alimento lo que incluye el canibalismo. La trama se centra en Goreng, que ha elegido como elemento que llevar consigo, el único que le permiten, un ejemplar de “El Quijote”, lo que dice mucho de su personalidad, frente a otros que han escogido un arma u otro objeto supuestamente más útil. Compartirá nivel con Trimagasi, anciano experimentado que ya lleva algunos meses en el hoyo, y que se maneja con un particular código ético, mientras mina la confianza y principios quijotescos de su compañero. Es cierto que una vez planteada la trama, la película que dirige Gaztelu-Urrutia sigue derroteros algo previsibles en lo que supone bajadas y subidas de nivel, y nuevos compañeros, además de excesos sanguinolentos. Pero el conjunto atrapa la atención del espectador, y sirve como fábula social, en que se nos invita a la esperanza, siempre hay alguien revestido de rasgos mesiánicos que puede incentivarnos ante una panorama existencial deprimente. El cineasta maneja imágenes poderosas de las profundidades y las alturas, o de esa mesa que desciende, y cuyo espléndido festín pronto puede convertirse en un conjunto de despojos donde sólo el hambre puede invitar a comer de ahí. Los actores, todos desconocidos menos Antonia San Juan, están bien, hay que destacar los trabajos del protagonista, el televisivo Ivan Massagué, de un Emilio Buale relegado a secundario desde la lejana Bwana, y el veterano que supone un verdadero descubrimiento Zorion Eguileor.
6/10

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