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Lista de cine

Lista de películas de la distribuidora Sony

(2015) | 123 min. | Drama Tráiler
Una auténtica película-experiencia que, al seguir a un célebre funambulista, conecta aún más con los orígenes del cine, cuando las películas era una espectáculo de feria que debía asombrar al público mostrando lo que nunca había soñado ver antes. Basada en hechos reales, describe la peripecia del francés Philippe Petit que él mismo narró en su libro “Alcanzar las nubes”, y que dio pie al documental ganador del Oscar Man on Wire. Tiene el enorme mérito de trasladar al espectador la sensación de estar ante el mismo reto que afrontó el protagonista el 7 de agosto de 1974, su paseo suspendido en el vacío sobre un cable tendido entre unas Torres Gemelas, revividas para la ocasión por obra y gracia de unos asombrosos efectos visuales, cuyo poder crece aún más gracias al Imax en 3D. Robert Zemeckis es un cineasta que siempre ha sabido usar con talento de los efectos visuales, tanto para contar historias fantásticas, véanse las de la trilogía Regreso al futuro, como para hacer creíble lo increíble, los encuentros de aire realista con personajes históricos de Forrest Gump. Siguiendo esta segunda línea, consigue algo semejante a lo que logró Alfonso Cuarón con Gravity en lo relativo a los viajes espaciales. Entrega una película intensa, bien llevada, verdadera proeza técnica, con un Petit que ejerce también de coro-narrador desde un punto tan insólito como la Estatua de la Libertad, contagiando el entusiasmo por hacer realidad su sueño. Joseph Gordon-Levitt atrapa con su interpretación la pasión del protagonista. Ayudado en el guión por el desconocido Christopher Browne, y con una estupenda fotografía del genial Dariusz Wolski, el aspecto visual del film, con el protagonismo de París y Nueva York, es fantástico. Toda la narración está armada para el gran momento del paseo de las Torres Gemelas, concebido como un golpe al estilo de las clásicas películas de robos, en que hay que tener en cuenta todos los detalles, pues se trata de lograr la hazaña clandestinamente. Y el mérito es que lo que antecede a este largo clímax interesa, incluido el aprendizaje de la profesión de equilibrista de la mano de Papá Rudy Omankowsky –Ben Kingsley, secundario de lujo–, el acompañamiento femenino de Annie, la formación de un equipo y los diversos preparativos. Todo se encuentra servido con un maravilloso sentido del ritmo.
7/10
(2014) | 101 min. | Comedia Tráiler
Doug Harris es un buen tipo, pero su físico y su dificultad para relacionarse, han sido siempre un hándicap en su vida. Por eso cuando su guapa novia acepta su propuesta matrimonial no sale de su asombro. La dificultad vendrá a la hora de invitar a sus amigos, pues la verdad es que no tiene ninguno. Por casualidad, contactará con Jimmy Callahan, un tipo autodenominado “Gurú de las bodas”, experto en hacer de padrino de bodas para gente desconocida con el mismo problemilla que Doug. Por una suculenta suma de dinero, Jimmy aceptará ser “el mejor amigo” del novio y reunir a una pandilla que les acompañe en su enlace matrimonial. Debut en la dirección de Jeremy Garelick, quien también se ha encargado de escribir el guión junto a Jay Lavender. El resultado es una de esas comedias locas estadounidenses, que mezclan el humor zafio y gamberro, con un tono de fondo de buen rollo y camaradería entre amigos, con cierta moraleja de fondo. Podría haber sido peor, pues aunque se recrea en chistes soeces, la cosa no llega a los extremos desagradables y groseros de parte del cine de Judd Apatow o de la saga American Pie, aunque sin duda bebe de esa tradición. El planteamiento inicial es ocurrente y funciona. Algunas escenas tienen especial gracia, como el particular vocabulario de la empresa o la comida con los familiares, y hay momentos ridículos en que la risotada no podrá evitarse. Los actores Josh Gad (Jobs), en su rol típico de buen tipo, patoso y sin atractivo, y el cómico Kevin Hart (En qué piensan los hombres), con su estilo estridente, componen correctamente a unos personajes que no hacen más que lograr medianamente su objetivo: hacer reír.
4/10
(2019) | 90 min. | Terror Tráiler
Tory y Kyle Breyer, granjeros, están desesperados porque no consiguen dar a luz a un hijo. Un día cae un misterioso artefacto cerca del lugar en el que viven. Cuando acuden a investigar, descubren que se trata de una especie de vehículo tripulado por un bebé, aparentemente normal. Conforme crece, Brandon no sólo nunca se pone enfermo sino que manifiesta capacidades sobrehumanas, cada vez más sorprendentes. Lo malo es que al llegar a la adolescencia, comienza a comportarse de forma bastante extraña. James Gunn ha tratado la figura de los superhéroes con la saga iniciada con Guardianes de la galaxia, y en su comedia menos conocida Super. Ahora produce un film de terror que parece inspirarse en la historia de Superman, pero que ofrece un inquietante giro a la misma: ¿qué hubiera ocurrido si el niño recogido en la tierra por una pareja de humanos no hubiera sido tan bondadoso como el kryptoniano Kal-El? El guión está escrito por Brian y Mark Gunn, hermanos de James, mientras que la realización ha recaido en manos del joven David Yarovesky (The Hive). Resulta bastante inquietante por su crudo retrato de esta etapa de crisis que atraviesan todos los humanos, lo que da que pensar: qué alivio que en la edad del pavo los chicos no tengan las capacidades extraordinarias del protagonista, por su culpa podrían desviarse del buen camino. Quizás se excede en crudeza en algunos puntos del relato, y el desenlace resulta previsible. Al menos, Elizabeth Banks (Tori) y el jovencísimo Jackson A. Dunn (Vengadores: Endgame) llevan a cabo aceptables interpretaciones.
5/10
(2009) | 122 min. | Aventuras | Fantástico Tráiler
El doctor Parnassus presenta en Londres su espectáculo de feria, que consiste en un espejo mágico que traslada a quien lo desee a otra dimensión, en la que se hacen realidad sus deseos. Parnassus viaja con su hija Valentina, que según asegura él va a cumplir 12 años, aunque en realidad se aproxima a los 16. El padre sabe que está a punto de pasar a ser propiedad de Mr. Nick –en realidad el mismísimo demonio–, con el que hizo un pacto años atrás. A cambio de la juventud y la inmortalidad, Parnassus le dará sus hijos a Mr. Nick en cuanto éstos lleguen a los 16. Cuando Mr. Nick se presenta a por la chica, Parnassus hace una apuesta con él. Para poder ganar y quedarse con su hija contará con la ayuda de Tony, un tipo que se esconde de unos rusos que le persiguen. Al visionario director Terry Gilliam no le acompaña la suerte. Tras los problemas que dieron al traste con el rodaje de The Man Who Killed Don Quijote, en este film tuvo que afrontar la inesperada muerte del protagonista, Heath Ledger, que acababa de interpretar al Joker en El caballero oscuro. Finalmente optó por mantener las secuencias que llegó a rodar Ledger y sustituirle cada vez que su personaje, Tony, se adentra en el espejo y se transporta a otro mundo. Se prestaron a ello los actores Johnny Depp, Colin Farrell y Jude Law, que donaron el salario a la hija de Ledger. Parece que llegó a rodar con Ledger las suficientes imágenes como para que los cambios de actor no sean demasiado bruscos, por lo que la jugada no le ha salido del todo mal. Destaca el carismático Johnny Depp, aunque su breve intervención sabe a poco. Como es habitual en su filmografía, Gilliam ofrece imágenes deslumbrantes y sugerentes. Visualmente apabullante, y rica en referencias a clásicos del género fantástico como “Alicia a través del espejo” o “Fausto”, es cierto que esta fábula fantástica se excede en surrealismo, y le falta describir mejor a los personajes y lograr hacerlos atractivos. Esto aleja al film del gran público, y reduce su alcance a los apasionados de Gilliam y a quienes busquen un tipo de cine diferente. Pero es muy superior a la fallida Tideland, el anterior trabajo de Gilliam, y  por momentos recuerda a la potencia visual de Brazil y los mejores trabajos del ex Monty Python. Sugiere una reflexión sobre el escapismo, la fantasía y también la responsabilidad personal, pues los personajes acaban recogiendo lo que ellos mismos han cosechado. También tienen su interés sus críticas al cinismo en el mundo de las organizaciones benéficas, pues el personaje de Ledger aspira a ser reconocido como un abnegado filántropo únicamente por la gloria que esto le proporciona, no porque tenga ningún interés en ayudar a los demás.
6/10
(2010) | 118 min. | Acción | Aventuras Tráiler
Un tipo solitario camina por una carretera. A ambos lados se divisa un interminable paisaje, desolado, polvoriento. El mundo, tal y como lo conocemos, ha desaparecido. No hay nada, ni siquiera lo más necesario, y el agua y el alimento escasean. Todo desprende una luz cegadora, blanquecina, y el mundo parece no tener más color que el de la caliza. Pero la carretera es peligrosa y el viajero pronto se ve asaltado por unos bandidos. Mala suerte... para los bandidos. El misterioso caminante se muestra como un luchador implacable, mortífero con su enorme y afilado machete en la mano. El hombre sigue su camino hacia el oeste, impertérrito; por las noches se detiene, lee un rato de un libro que lleva consigo, un libro antiguo de pastas de piel, y luego duerme. Al despertar reemprende la marcha, siempre hacia el oeste. Un día entra en un pueblo de paso y se dirige al bar para beber agua. El lugar es regentado por un tal Carnegie, cacique insensible que domina el pueblo y lleva años buscando un libro muy especial. Carnegie sabe que con las palabras de la Biblia tendrá poder para someter a las personas. Muy pronto se dará cuenta de que el libro que busca está en poder del forastero... Lo primero que llama la atención de esta película es la cantidad de puntos en común con The Road (La carretera). Al igual que en la magnífica pelicula de John Hillcoat, también aquí un cataclismo ha hecho cenizas el planeta, el sol cegador ha quemado la vida sobre la tierra; el protagonista también se dirige incansable hacia una dirección, en este caso el oeste; la hostilidad entre las personas reina por doquier, nadie se fía de nadie; hay canibalismo, etc. Sin embargo, es sobre todo en la ambientación y en la puesta en escena en donde El libro de Eli parece deudor de la obra de Cormac McCarthy, en esa agresividad del entorno que aporta la fotografía de Don Burgess y que hace que el mundo sea irrespirable y que la esperanza sea el bien más anhelado. En El libro de Eli el argumento se despliega como si de un western se tratara, un western futurista, claro, pero que responde a la perfección a algunos parámetros del género (el solitario sin hogar, viajero incansable, el pueblo receloso, el sheriff-jefe sin escrúpulos, la chica, la persecución...), el cual se mezcla luego con la acción trepidante y la temática post apocalíptica con temas de fondo que invitan a la reflexión. Esta amalgama no siempre funciona del todo, a veces desconcierta, y también hay momentos en que el ritmo se precipita demasiado o se ralentiza sin motivo, al igual que se insertan escenas un poquito tramposas. De todas formas, el resultado es satisfactorio y más que entretenido. Y desde luego se trata de uno de esos filmes que, con planteamiento simple, sugieren muchas cosas. Llama mucho la atención el audaz guión del debutante Gary Whitta, porque no es normal encontrar en un film de estas características un planteamiento tan directamente religioso, decididamente cristiano aun con sus generalidades. Por eso puede comprenderse la película como una parábola con un evidente significado más allá de la pura acción. El film deja caer que el desastre fue provocado por fanatismos religiosos, y que esa corrupción siempre será un peligro, pero a la vez remacha con decisión la presencia de Dios entre los hombres, la realidad del pecado (“he dedicado tanto tiempo y esfuerzo en cuidar y conservar este libro que he olvidado vivir según sus reglas”, dice el protagonista) y afirma rotundamente el poder de la fe para superar todos los obstáculos y devolver la libertad y la esperanza a la humanidad. Los hermanos, Albert Hughes y Allen Hughes, responsables de filmes como Desde el infierno o Dinero para quemar, logran un producto más que digno gracias también a la poderosa presencia de Denzel Washington, quien está formidable en el papel protagonista (para el que aprendió expresamente artes marciales), y a su oponente Gary Oldman, en uno de esos papeles de psicópata violento (El profesional (León), Homicidio en primer grado) que tanto domina.
6/10
(2018) | 110 min. | Terror | Thriller Tráiler
Mónica, abogada, y Álex, policía, viven en una ciudad costera y están separados, él arrastra un problema con el alcohol que dificulta la convivencia. Clara, su única hija, diabética, vive con la hiperprotectora madre. Y por vicisitudes de la vida, la chica cae en un coma profundo, del que sólo existe una oportunidad de entre un millón para despertar. La desesperada Mónica aceptará el pacto que le ofrece un enigmático y siniestro personaje, la vida de su hija a cambio de un precio que deberá pagar a su debido tiempo, so pena de hacerse realidad su peor pesadilla, en caso de no cumplir con lo adeudado. Y en efecto, Clara despierta. Cinematográficamente el diablo está de moda, aunque su presencia argumental en filmes actuales suele reducirse a las tramas hiperexplotadas de posesiones y exorcismos. La que nos ocupa tiene la originalidad de recuperar la idea de “vender el alma al diablo”, que literariamente ha dado pie a joyas como el “Fausto” de Johann Wolfgang von Goethe o “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde. Además, hay claros valores de producción, que no tienen nada que envidiar en vistosidad al cine estadounidense, lo que se nota en el arranque del levantamiento de un supuesto cadáver, la ambientación del puerto, o en la escena del accidente de automóvil, bien resuelta. David Victori, guionista de Hijo de Caín y Segundo origen, debuta en el largometraje demostrando su habilidad para crear una atmósfera inquietante, tiene momentos muy conseguidos, como esa especie de viaje que Mónica realiza a los infiernos, casi en estado cataléptico, acudiendo de noche a una nave industrial dejada, nunca mejor dicho, de la mano de Dios. En cambio el guión, donde comparte créditos con Jordi Vallejo, se demuestra más convencional y arrítmico, sobre todo a la hora de definir a los personajes, que exceptuada alguna presencia secundaria, se reducen a tres, madre, padre, hija, al diablo se le saca poco partido: se pintan con rasgos muy básicos, y el trío Belén Rueda –con un look de melena pelirroja lisa inusual en la actriz–, Darío Grandinetti y Mireia Oriol, poco puede hacer más allá de poner cara de sufrimiento intenso, angustia o estrés, sus dramas interiores se antojan distantes y poco dramatizados. También en la revelación de algunos datos del pasado que resultan difíciles de aceptar y están metidos con calzador, o en el desenlace, que se quiere sorprendente e impactante, pero no lo es.
4/10
(2009) | 101 min. | Terror
La recién divorciada Susan, madre de tres hijos, conoce por casualidad a David en un supermercado. David parece un tipo encantador, atento y sincero, y pronto congenian. En muy poco tiempo, él entra a vivir en la casa de la familia y se hacen preparativos de boda. Sin embargo, cuando al final del curso regresa de su internado el hijo mayor, Michael, pronto muestra su desconfianza por el recién llegado, pues nadie parece saber nada de su pasado. El director Nelson McCormick, que ha dirigido sobre todo episodios de series de televisión, como The Closer o Prison Break, logra un producto de terror apañado, pero no consigue huir de lo convencional. El film sigue los patrones del 'psicópata en casa' al dedillo y es poco original. Además está plagado de lugares comunes, de reacciones o dudas tan tardías que son poco creíbles, por no hablar de las apariciones inesperadas de David, un tipo que surge detrás de los pobres habitantes de la casa sin hacer el menor ruido, como si fuera un fantasma. Con un poco de música tenebrosa, subidas inverosímiles de volumen en el momento preciso o el retumbar de unos cuantos truenos, los sustos para el espectador son casi seguros, pero están tan preparados como las patatas del Burger King. El actor Dylan Walsh (Nip/Tuck: a golpe de bisturí) sabe hacer de tipo siniestro e inquietante y está en su papel, mientras que el joven Penn Badgley (Gossip Girl) tiene bastante gancho y puede fraguarse un buen futuro por delante.
4/10
(2010) | 106 min. | Romántico | Comedia Tráiler
Zoe es una guapa treintañera a la que piensa que se le está ‘pasando el arroz’, debe hacer algo para ser madre. Y como no ha conocido al ‘hombre de su vida’, en vez de pensar en el matrimonio recurre a la inseminación artificial de un donante de esperma anónimo. Pero justo ese día conoce a Stan, un joven fabricante de quesos que es una monada. Al principio sus caracteres chocan, pero surgirá el flechazo. Lo que coincide con la inesperada noticia de que, a la primera, Zoe se ha quedado embarazada. Lo que no sabe cómo comunicar a su amado. Cuatro años llevaba la cantante Jennifer López sin hacer una película. Y lo cierto es que su faceta de actriz allá por 2006 cosechaba fracasos tan sonoros como Ciudad del silencio y El cantante. Quedaban lejos los días en que parecía que sabía actuar –Mi familia, de 1995, su mejor trabajo– o al menos hacer comedias romanticonas resultonas –Sucedió en Manhattan, de 2002–. Ahora, en su ‘regreso’, parece que ha querido celebrar su maternidad de gemelos con ese tono de comedia romántica. Sin ánimo de ser aguafiestas, la película resulta fallida de cabo a rabo. ¿Por dónde empezar la retahíla de errores en que consiste el film? Parece que la trama va de guerra de sexos, pero no es así. Se supone que Stan es granjero, hombre conocedor de la biología, pero se siente incómodo en el ginecólogo. Hay una chica celosilla por ahí, pero aparece y desaparece según conviene. Hay un grupo de madres solteras orgullosas, sólo para justificar una estúpida escena partera. Hay una ridícula almohada sin la cual parece imposible conciliar el sueño. La protagonista trabaja en una tienda de animales igual que podía trabajar en la NASA. El protagonista fabrica quesos igual que podía diseñar bombillas. El protagonista va a la universidad por las noches igual que podía tocar una banda de rock. Hay una escena de un papá contando a Stan las maravillas y sinsabores de paternidad, metida con calzador. En fin, detengamos la enumeración y digamos que falta cohesión y lógica interna a la narración, es todo un conjunto de viñetas sin demasiada gracia. Y lo curioso es que para su ‘rentrée’ la López ha optado por una guionista gris –una tal Kate Angelo– y un director un poquillo menos gris –Alan Poul, cuyos anteriores trabajos televisivos en Roma y A dos metros bajo tierra, no parecen casar mucho con el tono blandito de este film–. En fin, siempre le quedará cantar, de hecho se escuchan sus gorgoritos en temas como “What Is Love?”.
2/10
(2013) | 131 min. | Acción | Thriller
Los tiempos cambian, nos igualan, nos “equalizan”. En 1985 el antiguo espía reconvertido en justiciero detective privado Robert McCall era blanco y británico, y le ponía cara y alma en una serie televisiva Edward Woodward. Casi 30 años después sus andanzas dan el salto a la gran pantalla en El protector (The Equalizer), una película que es puro Hollywood, producción adrenalítica y muy violenta de Sony, con el afroamericano Denzel Washington asumiendo el rol principal. Su McCall es un tipo sin pasado, que trabaja en Boston en una gran superficie del bricolage. Para sus compañeros en un buen colega, que les ayuda desinteresadamente, pero que también guarda las distancias, nadie sabe nada de él. Por las noches acude invariablemente a cenar un restaurante de esos que están abiertos las 24 horas del día, los 7 días se la semana, con un libro, el saber no ocupa lugar, maneja una lista de 100 títulos, y ya va por el 91. Siempre coincide en el lugar con Teri, una joven prostituta, que sueña con grabar un disco, pero que está atrapada en las redes de la mafia rusa. Y se produce la conexión humana, Robert conversa con ella, no la juzga ni la desprecia, tampoco le vende moralina, aunque sí le transmite la idea de que uno puede cambiar si se lo propone. Una paliza descomunal que la envía a la Unidad de Cuidados Intensivos –Teri no se dejó maltratar por uno de sus clientes, y sus jefes quieren con ese escarmiento enviar un mensaje a sus compañeras de oficio–, saca McCall de su rutina habitual. Vuelven a la primera línea sus habilidades de inteligente hombre de acción del pasado, lo que supone un choque brutal con los gángsteres rusos. La primera escabechina sólo será la punta del iceberg de la guerra que está en marcha. Viendo el film de Antoine Fuqua, no puedo uno por menos de pensar en que el director ha vuelto a tomar como objetivo la Casa Blanca. Después de convertir en malos a los norcoreanos en Objetivo: La Casa Blanca, toca el turno a los mafiosos rusos en lo que se diría una reedición de la Guerra Fría en los tiempos que corren. Al fin y al cabo Obama está librando (o no librando, pues no sabe muy bien qué hacer) una nueva Guerra Fría con la crisis de Ucrania y la Rusia de Putin, así que ahí está la metáfora, Denzel Washington es el nuevo Barack Obama que pone orden dentro del caos. El personaje protagonista tiene algo de 007, también por la oscuridad de su pasado, aunque el guión de Richard Wenck busca hacerle más humano, que se pueda empatizar con él, algo a lo que el actor ayuda, y mucho. Y sin embargo, también hay una frialdad en su precisión a la hora de ejecutar sus planes, parece en el fondo un superhéroe sin debilidades, parte del suspense se esfuma porque en sus acciones parece casi sobrehumano, tenemos la certeza de que va a poder con todos los terribles villanos, donde el que se lleva la palma es Teddy, encarnado bien por Marton Csokas. La función actoral es para Washington, pero hay papelitos bien servidos para secundarios de lujo, Chloë Grace Moretz, Bill Pullman y Melissa Leo. E incluso para algún desconocido como Johnny Skourtis, en un personaje al estilo Hugo de Perdidos. La película es entretenida y desengrasante, pero previsible en su desarrollo y mil veces vista. Carga además la gráfica violencia, Fuqua parece que se da cuenta en algún momento, y en el previsible asesinato de una mujer, en que nos preparamos para las escenas desagradables de rigor, el hombre pisa el freno y parece estar diciendo “Tranquilos, que por esta vez os las perdono”.
6/10
(2005) | 122 min. | Bélico | Drama Tráiler
Andrew Niccol es un cineasta con guiones interesantes y tramas de entidad. Él dio los argumentos de El show de Truman a Peter Weir (la invasión televisiva de la intimidad), y de La terminal a Steven Spielberg (un hombre sin patria internado en un aeropuerto). Como director abordó la manipulación genética y la fecundación artificial (Gattaca) y la creación de una actriz digital de cine (S1m0ne). En El señor de la guerra el tema es muy serio, y lamentablemente a Niccol le va un poco grande. El film sigue la pista a Yuri Orlov, un traficante de armas de origen ucraniano, al que no le importa el uso que los demás hagan del material que maneja. Él sólo quiere enriquecerse, conseguir a la mujer que desea, y disfrutar del lujo como pueda. A la vez tiene un estilo de vida aventurero, todo un subidón de adrenalina. E intenta conciliar todo con una vida familiar imposible, pues se basa en la mentira y la falta de confianza. Varias cosas pesan en la película. La omnipresente voz en off de Nicolas Cage es una de ellas. Tampoco ayuda el personaje de Ethan Hawke, un agente del FBI monolítico, o la esposa, Bridget Moynahan, cuya actitud de ‘ojos cerrados’ resulta poco creíble. De todos modos una idea atractiva, de rabiosa actualidad, un ritmo trepidante y un buen acabado visual, ayudan a hacer llevadero el visionado de la cinta. Domina en el planteamiento un modo cínico y al tiempo simple de ver las cosas, pero no se esquivan ciertas consideraciones morales. Las cosas son como son, pero ‘vender el alma’ pasa factura, viene a decir Niccol.
6/10
(2011) | 87 min. | Cómic | Fantástico Tráiler
Adaptación de una novela gráfica de Hyung Min-Woo. Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha estado enfrentada a los vampiros. Los humanos que han escapado de sus colmillos viven en gigantescas macrociudades dirigidas por la Iglesia, que entrenó a unos particulares sacerdotes para combatir a las hordas de vampiros. Finalmente, los vampiros fueron derrotados y encerrados, y los sacerdotes han quedado relegados a trabajos menores. Pero uno de estos sacerdotes se entera de que han reaparecido unos extraños vampiros que han secuestrado a su joven sobrina en una zona desértica remota –la Tierra está devastada y se ha convertido en un gran desierto–. Aunque su superior, Monseñor Orelas, se lo prohíbe, tratará de encontrar a la chica con ayuda del novio de ésta y una antigua compañera sacerdotisa. Paul Bettany, un gran actor, tiene cierta tendencia a escoger proyectos con cierta carga anticlerical. Quien diera vida al famoso monje albino Silas, de El código Da Vinci, protagonizó también Legión, un cómic que no convenía tomarse demasiado en serio, pero en el que interpretaba a un particular arcángel Miguel que se arrancaba las alas y desafiaba a Dios. Ahora, Bettany vuelve a ponerse a las órdenes del realizador de esta cinta, Scott Stewart, en una cinta en la misma línea, totalmente irreal y 'palomitera', pero de la que en cierto modo se entresaca cierta crítica hacia la jerarquía eclesiástica. En El sicario de Dios, el obispado controla y manipula a la población, dirigiendo una especie de sociedad autoritaria, pero sin embargo los sacerdotes cazavampiros –que vendrían a simbolizar a los curas de a pie– son arriesgados guerreros que se sacrifican para salvar a la humanidad. Si dejamos de lado este delirante trasfondo crítico, lo cierto es que el film sólo pretende ofrecer una sucesión de secuencias de acción y sobredosis de efectos especiales. Nada es original, pues se diría que todo es un batiburrillo de numerosas fuentes, como las películas de Sergio Leone, Drácula, Blade Runner, Mad Max, Juez Dredd, Centauros del desierto y muchas otras cosas. Y sin embargo, el film funciona porque proporciona las dosis de espectacularidad que se esperan, y por su dinámico montaje. Además, los diálogos tipo tebeo y sus personajes arquetípicos y exagerados tienen cierto encanto.
5/10
(2016) | 86 min. | Histórico | Comedia
La realizadora ‘indie’ Liza Johnson apenas ha tenido repercusión internacional, aunque su film Return, con Michael Shannon, participó en la Quincena de Realizadores, del Festival de Cannes, en 2011. Ahora, repite con el mismo actor en una reconstrucción de cómo pudo haber sido la reunión en la Casa Blanca del presidente Richard Nixon con Elvis Presley, el Rey del Rock and Roll, que tuvo lugar el 21 de diciembre de 1970. La foto oficial del encuentro tuvo una enorme repercusión mediática. El guión, en el que curiosamente ha intervenido el actor Cary Elwes (La princesa prometida), por primera vez en estos menesteres, ofrece una versión delirante y deformada, pero bastante fiel a los hechos reales, desclasificados casi cuatro décadas después de que ocurrieran, en 2007. Preocupado por el avance del movimiento hippy y el comunismo, Elvis piensa que puede echar una mano, si le conceden una chapa de agente federal. Para conseguirla, se planta en la puerta principal de la Casa Blanca, en Washington, en compañía de Jerry, amigo y colaborador, con una carta para el presidente, y pidiendo una cita con él. La noticia desconcierta a Bud Krogh, consejero presidencial y asesor de Nixon, aunque acaba proponiendo al mandatario que le reciba, para mejorar su imagen pública. Éste no lo ve demasiado claro… La realizadora imprime un tono satírico, y algo alocado, pero mantiene cierta amabilidad, hasta el punto de que rehúye algún aspecto sórdido, como la adicción a las drogas del roquero. Está lograda la ambientación de la época, con detalles como numerosas imágenes televisivas del momento. A pesar de la ligereza del conjunto, resulta ameno, con secuencias que provocan carcajadas, como la demostración de kárate del rey a su anfitrión, o cierta simpatía, en el caso del encuentro con ciudadanos negros en un restaurante. Ambos personajes centrales comparten que están en decadencia, el músico porque The Beatles le han quitado su puesto, el político por el problema de la guerra de Vietnam. Ni Michael Shannon, ni Kevin Spacey se parecen físicamente a Elvis o a Nixon. Pero resultan meritorios sus retratos a base de imitar sus gestos, sobre todo el del segundo, en un registro más paródico que el de actores como Anthony Hopkins (Nixon), Frank Langella (El desafío. Frost contra Nixon) o un desafortunado John Cusack (El mayordomo). Están bien secundados por Alex Pettyfer (Jerry) y Colin Hanks (el consejero Krogh).
6/10
(2012) | 109 min. | Ciencia ficción | Drama Tráiler
Segundo largometraje escrito y dirigido por el sudafricano Neill Blomkamp también adscrito al género de la ciencia ficción, como su ópera prima, la sorprendente District 9, rodada tras una trayectoria de varios años como cortometrajista. La acción transcurre en el año 2154, cuando la mayor parte de la población vive en condiciones infrahumanas en la Tierra, gobernada por una élite despótica. Los pocos que pueden permitírselo viven a lo grande en Elysium, una estación espacial segura llena de urbanizaciones de gran lujo, y con el mejor sistema sanitario que quepa imaginar. A cambio de ser transportado ilegalmente allí, el desafortunado Max acepta la misión de secuestrar a un rico que visite el inframundo en que se ha convertido la Tierra por motivos de negocios; la idea es extraerle de su cerebro datos de sus cuentas bancarias. Algo no saldrá como se esperaba. Superior a otras superproducciones veraniegas, que anteponen la espectacularidad al contenido, Elysium está repleta de reflexiones de interés sin que por ello se descuide la acción, verdaderamente trepidante. Sobre todo, insiste en la crítica a la segregación de los individuos del primer film de Blomkamp, que era una clara metáfora del apartheid que se vivió en su país. En esta ocasión, todo está presentado de forma tan realista que parece plausible, pues por ejemplo la zona rica se llama Elysium, término que designa en inglés a los Campos Elíseos de París, mientras que en la paupérrima superficie de la Tierra y concretamente en Los Ángeles domina la presencia de latinos, que hablan en español. El film aborda temas como el despotismo a la hora de ejercer el poder, la solidaridad y la dignidad de cada persona, y el sacrificio, todo ello sin resultar pedante en ningún momento ni inaccesible para el público 'palomitero'. Además, Blomkamp aprovecha que cuenta en su primera cinta estadounidense con un presupuesto elevado, lo que le permite un diseño de producción vistoso y efectos especiales de primera. El aspecto de los robots, armas y naves resulta lo suficientemente fresco, frente a tantas producciones insulsas y convencionales que dominan las carteleras. No resulta sorprendente a estas alturas que tanto Jodie Foster –cada vez más selectiva en sus apariciones en la pantalla– como Matt Damon realicen trabajos de altísimo nivel. Pero además, el film cuenta con un elenco muy bien ensamblado de secundarios de diversas nacionalidades ideales para sus personajes, sobre todo el también sudafricano Sharlto Copley, protagonista de la anterior cinta del realizador, que en Elysium realiza un trabajo excepcional en un registro muy diferente, como villano psicótico. También brillan el estadounidense William Fichtner en el rol de ejecutivo de una megacorporación, la brasileña Alice Braga como amiga latina del personaje de Damon, el compatriota de esta última Wagner Moura (protagonista de Tropa de elite) como un contrabandista-pirata algo cínico pero carente de maldad, el tremendamente expresivo Diego Luna en el papel de inseparable socio del personaje central y la pequeña Emma Tremblay, que debuta como una niña enferma de leucemia.
7/10
(2017) | 86 min. | Aventuras | Animación | Comedia Tráiler
Gene es un emoticono de los de carita amarilla. Su gesto es el de un displicente “bah!”, pero cuando se dispone a debutar en el smartphone de un chaval llamado Alex, Gene se hace un lío con sus gestos y provoca que Alex envíe un emoticono con una variada colección de muecas. Alex interpreta que el móvil se ha estropeado y solicita la ayuda del servicio técnico. Antes de que sea demasiado tarde para todos, la jefa de los emoticonos decreta entonces que los antivirus aniquilen el emoji defectuoso. Gene conseguirá escapar con ayuda de “choca esos cinco” y en su periplo conocerán a la hacker “rebelde”. La búsqueda de ideas para lograr el éxito y el favor del público da como resultado que se lleven a cabo proyectos como Emoji, la película. Su planteamiento es bastante peregrino, pues el director Tony Leondis (Igor), al frente también del equipo de guionistas, imagina el mundo que hay dentro de los móviles, un universo en donde viven los emoticonos (o emojis), que cumplen sus funciones dentro de lo que se viene a llamar textópolis (el teclado), un espacio amigable que comparte el interior del móvil con otros más misteriosos en donde se emplazan las diferentes aplicaciones. La trama está concebida como una aventura clásica, un cúmulo de situaciones en donde el protagonista Gene y sus amigos son perseguidos implacablemente por los antivirus que intentan aniquilarles. Hay tiempo para los peligros, la amistad, el heroísmo y el amor, así como para incluir numerosos gags, graciosos y sencillos, dirigidos al público infantil. Sin embargo, los protagonistas no resultan especialmente carismáticos y algunas decisiones (la ínfima importancia que se da al protagonista humano, los agotadores padres del protagonista o el horrible doblaje) restan interés al conjunto. Lo mejor es el modo de concebir los lugares por donde se mueven los emoticonos, como los enormes hangares con las aplicaciones, y secuencias como la del Candy Crush o la de las ondas del Spotify. También destaca la imaginación con que se introducen algunos elementos: el espacio VIPS para los emoticonos favoritos, la habitación con las apps obsoletas o las apariciones del correo spam, entre otras muchas.
4/10
(2017) | 110 min. | Thriller Tráiler
  Traumada por la muerte en accidente de coche de su hermanita, cuando ella conducía, la estudiante de medicina Courtney Holmes se ha obsesionado con averiguar qué espera al ser humano después de la muerte. Pondrá en marcha un experimento para el que enreda a cuatro compañeros: Jamie, que no ha aceptado su responsabilidad en un embarazo, Sophia, arrepentida de haber humillado a una compañera de instituto, Marlo, que se siente culpable del  fallecimiento de un paciente durante sus prácticas, y el escéptico pero brillante Ray. Todos ellos se someterán a un estado de muerte clínica, inducida mediante parada cardíaca durante unos minutos, para luego ser reanimados. Remake de Línea mortal, dirigida en 1990 por Joel Schumacher, que no era demasiado brillante, pero tenía una premisa interesante, y un buen plantel de jóvenes protagonistas, entre ellos Julia Roberts justo después de consagrarse con Pretty Woman, y Kiefer Sutherland. Este último aquí vuelve a aparecer brevemente, como un médico que bien podría ser el mismo que interpretara entonces, aunque no se aclara nada al respecto, y le han envejecido demasiado con maquillaje. Se agradece que el guión actualice para el público de hoy los conflictos, y que trate de resultar positivo, centrándose en los sentimientos de culpa y los procesos de redención de los protagonistas. Por desgracia, el sueco Niels Arden Oplev, que obtuvo el BAFTA a la mejor película extranjera con Los hombres que no amaban a las mujeres, parece no haberse entendido en inglés con los actores, pues no resultan convincentes, a excepción de dos desaprovechados actores, que pese a su esfuerzo no logran salvar la película, Diego Luna –que refleja muy bien la transición hacia las dudas metafísicas de su personaje– y Ellen Page –que empezó su carrera muy bien siendo casi una niña para después no dar una con los papeles que elige–. Se intenta que las secuencias post-mortem eviten las referencias religiosas del original, por lo que acaban siendo más insulsas, aparte de que están realizadas con unos efectos visuales menos convincentes que los de 27 años antes. Además llegan a resultar ridículos sus sustos, casi todos con sonidos, de subproducto de terror barato, y su voz en off final, explicando la moraleja por si alguien no la ha captado.  
4/10
(2019) | 161 min. | Comedia | Thriller | Drama Tráiler
Año 1969. Rick Dalton es un actor venido a menos, el show televisivo que protagonizaba, un western, ha sido cancelado, y tiene problemas con el alcohol. Mantiene una estrecha amistad con Cliff Booth, el especialista que le dobla en las escenas de riesgo, que ahora ejerce para él de chófer y chico de los recados. Éste le aconseja que escuche los consejos del productor Marvin Schwarzs, que le recomienda que emprenda la aventura europea de los spaghetti-western. Antes debe rodar un film como villano. Con su casa linda la del prestigioso cineasta Roman Polanski, cuya esposa, la actriz Sharon Tate, espera un bebé. Vibrante canto de amor al cine escrito y dirigido por Quentin Tarantino, es quizá su película más nostálgicamente romántica, lo que no impide la presencia de sus clásicas señas de identidad: comedia y drama intensos, y la violencia paródica, aunque más rebajada de lo habitual en él. Destacan el medido guion y los ingeniosos diálogos, con un maravilloso dominio del “tempo” narrativo y la duración de las escenas, el cineasta ha sabido corregir los desequilibrios que se advertían en su anterior film, Los odiosos ocho. No resulta exagerado afirmar además que Tarantino no teme a nada ni a nadie a la hora de arriesgar y liberarse de las cadenas de lo políticamente correcto, por ejemplo en la mirada a la contracultura, o en el sorprendente desenlace. Toda la narración está sembrada de detalles encantadores que harán la delicia de los cinéfilos, con los rodajes, los clips promocionales, la visita a las salas de cine, las fiestas de Hollywood, la ilusión de verse en pantalla, las fotos con los fans, los decorados de los grandes estudios y la irrupción de la televisión. Dentro de un reparto con mucho grandes actores en pequeños papeles, están muy bien trazados los dos principales personajes masculinos, una relación mágica, con uno a la sombra del otro. Leonardo DiCaprio hace una fabulosa interpretación como actor en declive, las escenas con la niña en el rodaje de un western poseen enorme fuerza; también desprende un brillo especial Brad Pitt, que recuerda en algunos momentos a Jeff Bridges con su sonrisa levemente irónica, son fantásticos los momentos que comparte con la menor Pussycat (Margaret Qualley), que trata de seducirle y le introduce en la comuna hippy, el otro elemento que sirve para unir a unos personajes ficticios, con el horror de la Familia Manson. Por su parte, Margot Robbie compone casi con trazos impresionistas a Sharon Tate, ilusionada con su matrimonio, su maternidad, su carrera de actriz y la posible traslación a la pantalla de “Tess, la de los d’Urberville”, la novela de Thomas Hardy.
8/10
(2009) | 98 min. | Acción | Thriller Tráiler
Cliff y Cydney están de luna de miel en inaccesibles paisajes de ensueño en Hawai. Lo que coincide con los crímenes de una pareja de chiflados no identificada, que asesina a recién casados. En tal tesitura van a conocer a dos parejas, y ambas no parecen estar demasiado en sus cabales. ¿Será una u otra la responsable de los horrendos asesinatos? Serie B de David Twohy, responsable de Pitch Black y su secuela, Las crónicas de Riddick. El director y guionista no engaña a nadie en sus modestas pretensiones, ofrecer un entretenido thriller con muchos de sus elementos típicos, tensión, falsos sustos, pistolas y cuchillos con sus heridas correspondientes, y edénicos baños sin ropa. Aunque es reiterativo, y cansan las conversaciones supuestamente ingeniosas -Cliff es guionista de cine, y uno de sus acompañantes fue veterano en Irak-, se las arregla en cierto momento para dar un vuelco a la trama: quizá tal sorpresa sea algo tramposa, pero es lo que hay. El reparto es resultón, con Steve Zahn y Timothy Olyphant en el capítulo masculino y Milla Jovovich y la chica de Perdidos Kiele Sanchez en el femenino.
4/10
(2019) | 99 min. | Terror | Thriller Tráiler
Seis personas son invitadas a participar en un misterioso juego con la posibilidad de ganar un cuantioso premio económico. Sin saber de qué se trata, serán convocadas en un edificio y los cuatro hombres y dos mujeres se conocerán en una sala de espera. Pronto se darán cuenta de que han quedado allí encerradas y sólo encontrarán la salida a base de ir reuniendo las pistas ocultas en la estancia. Sus vidas están en juego. Entretenimiento banal dirigido por Adam Robitel, responsable de Insidious. La última llave, cuyo agobiante planteamiento de varios individuos encerrados en un espacio cerrado que han de ir pasando pruebas si quieren sobrevivir remite a títulos como Cube o la española La habitación de Fermat (la escena inicial parece sacada del film de Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña). El problema de Escape Room es que después de atravesar una o dos estancias, el desarrollo del guión resulta inevitablemente muy reiterativo y además el hallazgo de las pistas es en la mayoría de los casos altamente casual e inverosímil. El film procura enriquecer la trama al dar algunos datos sobre la vida de los participantes, pero lo cierto es que acaba siendo pura información de relleno y no se explotan convenientemente las capacidades de cada personaje. Hay que reconocer, no obstante, un esfuerzo de producción en la invención de los escenarios, llenos de enigmas y trampas. Algunos funcionan especialmente bien, como la sala de billar; otros son totalmente fallidos, como la habitación psicodélica. De entre el reparto destacan especialmente tres nombres: Taylor Russell (Blackwood), Logan Miller (Zombie Camp) y Deborah Ann Woll (Daredevil).
4/10
(2010) | 110 min. | Romántico | Acción | Comedia Tráiler
Nicole y Milo se casaron tremendamente enamorados, pero aquello duró poco. Ella se dedicaba en cuerpo y alma al periodismo de investigación, y sus caracteres empezaron a chocar. El resultado fue el divorcio, y él perdió su puesto en la policía, de modo que acabó trabajando como 'cazador de recompensas', lo que consiste en trabajar para un tercero, y capturar a personas sobre las que pesa una orden de 'busca y captura' por no presentarse ante la justicia. Ése va a ser justo el caso de Nicole, que metida en una exclusiva de tipo criminal, no ha comparecido ante la juez. De modo que le toca a su ex marido detenerla. Lo que tal vez sirva para que surja de nuevo la chispa del amor. Andy Tennant es un director especializado en comedias románticas. Ninguna es del todo memorable, pero resultan razonablemente 'apañadas' Por siempre jamás y Hitch. Aquí demuestra de nuevo su escaso fuste, pues la parte de intriga no casa bien con la de puro enredo. Eso sí, cuenta con una pareja que desprende simpatía y química, y a la que se le da bien el género, la que componen Jennifer Aniston y Gerard Butler. Ellos son los que aguantan una trama mal hilvanada, con su carisma pero también con el recurso algo trillado de su 'sex appeal'. Hay pasajes graciosos -la entrada en el club de golf es tronchante-, pero también torpeza manifiesta -el paso por 'El Rincón de Cupido' es una muestra de algo prometedor a lo que no se saca todo el rendimiento-. También llama la atención una serie de personajes secundarios que, a pesar de su potencial cómico, parecen metidos 'con calzador', o para ser más exactos, 'con teléfono móvil'.
5/10
(2015) | 110 min. | Terror
Han pasado nueve años desde que una extraña plaga que convertía a las personas en peligrosos infectados acabara prácticamente con la humanidad. Sin razón aparente, las amenazadoras criaturas han desaparecido, por lo que Patrick vive aislado pero con cierta tranquilidad, con la pequeña Lu. Pero en las inmediaciones reside Jack Tercer largometraje de Miguel Ángel Vivas, tras Reflejos y Secuestrados, aunque se trata del primero que rueda en inglés. Con esta adaptación de la novela “Y pese a todo”, de Juan de Dios Garduño, intenta emular los grandes éxitos del cine de zombies e infectados, cuando está de moda la serie The Walking Dead. En España se ha demostrado un enorme talento para el terror en títulos como Los otros o [Rec], pero a Miguel Ángel Vivas –coproducido por Francia y Hungría– le falta la frescura de ciertos realizadores patrios, pues aquí todo remite a Soy leyenda, a cualquier película de zombies estrenada anteriormente, o a films sobre el fin del mundo como la española Fin. A Extinction le faltan secuencias de tensión logradas, pues en gran parte del metraje parece que tiende hacia el drama humano, centrándose en las relaciones entre personajes. Pero éstos tienen escaso interés, no están bien construidos, y el desarrollo narrativo se antoja muy poco coherente, además de que está resuelto con unos flash-backs que resultan agotadores. Jeffrey Donovan realiza un trabajo correcto, así como la pequeña Ahna O’Relley. Pero Matthew Fox no parece capaz de superar su encasillamiento como médico de Perdidos. También desentona la española Clara Lago, que aunque interpreta en inglés no puede evitar remitir a 8 apellidos vascos.
4/10

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