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Lista de cine

Lista de películas distribuidas en DVD por eOne

(2018) | 130 min. | Histórico | Bélico | Drama Tráiler
Adaptación del libro “Horse Soldiers”, de Doug Stanton, que recrea la primera operación encubierta de Estados Unidos en Afganistán, post 11-S. El capitán Mitch Nelson ha conseguido un puesto de oficina, que le permitirá estar más tiempo con su familia. Pero cuando sobrevienen los atentados que conmovieron al mundo en 2001, solicita que le manden con sus antiguos hombres al frente, para combatir a los talibanes y desmantelar la organización terrorista Al Qaeda. Al mando de once soldados deberá buscar al general Dostum, un señor de la guerra uzbeco, con el fin de ayudarle a tomar Mazar-i-Sharif, ciudad de enorme importancia estratégica. Nicolai Fuglsig, reportero gráfico nacido en Dinamarca, se inició como realizador mientras cubría la guerra de Kósovo, cuando grabó metraje del que sacó un documental de 15 minutos. Tras el poco conocido largometraje de ciencia ficción Exfil, vuelve al terreno bélico con esta producción de Jerry Bruckheimer, especializado en filmes con mucha acción, por norma general ligeros y superficiales, como Dos policías rebeldes. Esto explica que se haya puesto el énfasis en las secuencias de combate, que están resueltas con la suficiente espectacularidad, y cierto realismo, se nota que el realizador conoce cómo es una guerra. El guión, en el que está involucrado nada menos que Ted Tally, oscarizado por El silencio de los corderos, se anota algunos tantos, por ejemplo al hablar de sacrificio patriótico, en militares capaces de dejar temporalmente a sus familias para acudir a la llamada del deber. Está bien resuelta la secuencia que recurre al humor para resumir la desorientación del ejército estadounidense en suelo afgano, cuando el uzbeco llama al enemigo, en plan Gila. En España se verá con cierta simpatía y esbozando una sonrisa que nuestra Elsa Pataky, unida a Chris Hemsworth, interprete aquí a su abnegadísima esposa en la ficción. En el reparto destaca Navid Negahban, conocido como el terrorista Abu Nazir de Homeland, que dota de cierta complejidad a Dostum, movido por la venganza, y los todoterreno Michael Shannon y Michael Peña, capaces de insuflar vida a personajes poco desarrollados por el guión. Por lo demás, el citado Hemsworth parece Thor con subfusil, y el resto de secundarios están desdibujados. Desentona sobre todo Numan Acar, un mulá de opereta exageradisímo al frente de los villanos.
5/10
(2019) | 119 min. | Bélico | Drama Tráiler
La Gran Guerra. En territorio francés, ocupado por los alemanes. El general británico Eninore encomienda a los soldados Schofield y Blake una importante misión. Deben atravesar el territorio enemigo, teóricamente despejado, para entregar a MacKenzie, comandante de otra división, una contraorden: la paralización del ataque que tenía previsto, pues en caso contrario, los mil seiscientos hombres que tiene a su cargo, incluido un hermano de Blake, caerán en una trampa y serán exterminados. En su octavo largometraje como realizador, Sam Mendes parece haber rodado la antítesis de su anterior incursión en la temática bélica. Si Jarhead, el infierno espera, de 2005, retrataba sobre todo a soldados descerebrados, que sólo pensaban en obscenidades y manifestaban poco apego a sus lazos familiares, aquí se recurre a dos protagonistas honrados, y afectuosos, que se convierten en auténticos héroes, pese a que hacer lo correcto a veces vaya en su contra. Como consecuencia, su mensaje en contra de las guerras resulta más sólido, unos jóvenes de buen corazón como sus personajes no merecen estar viviendo un auténtico infierno, pasando continuamente junto a cuerpos destrozados. Inspirado por el recuerdo de su abuelo, al que dedica el film, el propio Mendes ha escrito un guión sin fisuras junto a Krysty Wilson-Cairns –forjada en la serie Penny Dreadful, donde él ejercía como productor ejecutivo– que muestra que la Primera Guerra Mundial fue peor que la Segunda, mucho más recreada por el cine, porque aún se podían ver los ojos de los adversarios. Al estilo de La soga o Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia), el film está rodado en teoría en un único plano-secuencia. Todo indica que se ha hecho un poco de trampa, un par de momentos bien permiten haber cortado (sobre todo el desvanecimiento de uno de los soldados), pero el espectador tiene la sensación de que está viendo una cinta rodada del tirón. De hecho está acreditado como editor nada menos que Lee Smith, habitual asistente de Christopher Nolan en títulos como Dunkerque, otro de los más sobresalientes filmes del género de los últimos años, que esta vez se ha ganado a pulso el título de montador más sigiloso de la historia audiovisual. Habrá ayudado mucho a representar la función casi sin interrupciones la enorme experiencia teatral de Mendes, que triunfó como director de escena antes de pasar al cine con American Beauty, pero aún así impresiona mucho su cinta, porque no transcurre precisamente en un espacio limitado, sus personajes principales recorren toda la trinchera británica, para pasar después a campo abierto, a una aldea de la campiña, etc. Como resultado, el espectador no tiene la sensación de contemplar el relato desde fuera, sino de estar en medio de los acontecimientos, parece que los personajes pueden caminar hacia cualquier punto, y que se saldrán de un decorado, ni dejarán atrás a los extras. Resulta increíble la sincronización de intérpretes para estar siempre en el lugar justo, pero también la de aviones e incluso de ratas, y nada parece calculado, sino casual. También se supera a sí mismo otro ilustre técnico, Roger Deakins, director de fotografía habitual de los hermanos Coen, con el que casi siempre rueda también Mendes, que no sólo logra transmitir claustrofobia cuando la ocasión lo demanda, pues otras veces muestra escenas de masas, por ejemplo una carga de los soldados. En un momento de la historia del cine donde los efectos visuales por ordenador han avanzado tanto que pocas veces se consigue sorprender al espectador, Mendes deja boquiabierto a cualquiera, con más de un fragmento de pericia técnica asombrosa, como la del personaje enterrado entre rocas, el agua, el avión que se estrella, etc., donde no se adivina dónde acaban los gráficos, y empiezan a actuar actores de verdad. Otras veces uno se pregunta cómo habrá conseguido Deakins mover su cámara, para conseguir tomas inauditas. En esta coyuntura, lo tenían muy difícil los jóvenes relativamente desconocidos Dean-Charles Chapman (Juego de tronos) y George MacKay (hijo mayor de Viggo Mortensen en Captain Fantastic) para lograr empatía con sus personajes, apenas descritos, porque se pretende que sean representativos de cualquiera de los combatientes en el trágico conflicto. En caso de fracaso y que al espectador le importase poco lo que les ocurriera, todo el esfuerzo técnico no valdría para nada. Pero aprueban con nota, sobre todo MacKay, que sería un digno ganador del Oscar. Les apoyan actorazos que muestran su carisma, pero en apariciones bastante breves, que casi parecen cameos, como Colin Firth (Eninore), Benedict Cumberbatch (Mackenzie) o Mark Strong (un oficial que ofrece un importante consejo). Si Alfred Hitchcock admitió haber concebido Extraños en un tren a través de la imagen de los espectadores de un partido de tenis, mirando de izquierda a derecha la evolución de la pelota, mientras uno de ellos miraba fijamente a uno de los jugadores, 1917 tiene también un momento icónico. Un pelotón de soldados carga hacia el frente enemigo, al más puro estilo de Senderos de gloria, de Stanley Kubrick, mientras un hombre les atraviesa perpendicularmente, corriendo al otro flanco, necesitado de encontrar a quien les envía a la muerte.
8/10
(2017) | 93 min. | Acción | Fantástico | Thriller
Travis Conrad es un asesino a sueldo, uno de los mejores hombres de Wetzler, importante hombre de negocios, mafioso sin escrúpulos. En una misión Conrad caerá muerto, sin embargo sus socios usarán una técnica revolucionaria para devolverle la vida, con la intención de conseguir algo que sólo puede darles Conrad. Pero sólo tendrá 24 horas para cumplir su misión. Correcto producto de acción, con leve elemento de ciencia ficción, en donde, sin embargo, entre tanta persecución, explosión y tiroteos, no se escapa el bajo presupuesto del proyecto. Aun así el guión sobrevive mínimamente y se saca buen partido al tema de la redención del criminal. Cuenta además con la presencia de actores de cierto calado, entre ellos el protagonista Ethan Hawke, en uno de esos papeles tan suyos de desquiciado atormentado. Junto a él destacan Liam Cunningham como el mafioso y un ya talludito Rutger Hauer en un jugoso papel.
4/10
(2018) | 106 min. | Thriller | Drama Tráiler
Crónica de a crisis internacional que tuvo lugar entre los días 27 de junio y 4 de julio de 1976, cuando un grupo de terroristas, principalmente del Frente de Liberación Palestino, secuestró un avión de Air France con 260 pasajeros y desvió su rumbo hasta Entebbe, ciudad de Uganda. Desde allí exigieron la liberación de presos palestinos por parte de Israel; de lo contrario ejecutarían a los rehenes. El director brasileño José Padilha (Tropa de élite, Narcos) sabe a la perfección lo que es narrar operaciones militares y consigue salir airoso (quizá por los pelos) con 7 días en Entebbe, a pesar de asumir plenamente dos importantes premisas que pueden hacer naufragar cualquier película de este tipo. Por un lado, hay que contar hechos ya conocidos cuyo desenlace alcanzó importante relevancia internacional, y por otro, el guión de Gregory Burke ('71) se ciñe prácticamente a lo esencial –secuestro, retención en el aeropuerto y operación de rescate–, de modo que se deja estrecho margen para la ficción, si bien hay lógicamente invención en las conversaciones, tanto las del gobierno israelí como las provenientes de los secuestradores, junto con algunos mínimos mimbres que buscan que el espectadores se implique más en la trama, como las que vienen a expresar las dudas personales en ambos bandos, secuestradores, soldados, políticos. Tampoco se pone el énfasis en la acción (mucho más escasa de lo previsible), lo cual podría haber ampliado fácilmente el arco de público objetivo. Desde el punto de vista histórico, tiene especial interés el tira y afloja en el gabinete israelí, entre el entonces presidente Isaac Rabin, dudoso con la intervención armada, y su Ministro de Defensa, Shimon Peres, ajeno a cualquier negociación y decidido partidario de la respuesta militar. Ambos sienten que viven momentos críticos y sus personajes son veraces, muy bien interpretados por el más diplomático Lior Ashkenazi y su oponente Eddie Marsan, ajeno a palabras ambiguas a la hora de mostrar su opinión. Visualmente la película es correcta, sobria, y logra trasladarnos a los turbulentos años 70, una época de revueltas antisistema, de sentimientos románticos y revolucionarios que entre otras cosas derivó hacia el antiimperialismo todavía hoy vigente, del que la llamada causa palestina era su mejor estandarte. Es la historia de los dos secuestradores alemanes interpretados por Daniel Brühl, en un papel reflexivo que le cuadra a la perfección, y por una metamorfoseada Rosamund Pike.
6/10
(2016) | 129 min. | Thriller Tráiler
Secuela de Ahora me ves..., entretenida película de acción y sorpresa que mezclaba el mundo de la magia con el thriller policiaco. En este caso, se retoma la historia de los protagonistas un año después. Tras asombrar al mundo, hacer justicia contra los corruptos y dar con un par de narices al FBI, el grupo de los llamados “Jinetes” lleva tiempo en la sombra, algo que empieza a molestarles. Pero coincidiendo con la llegada de un nuevo fichaje, la dicharachera Lula, el jefe Dylan Rhodes –aún camuflado en la policía– planeará un espectáculo para acabar con una empresa tecnológica que juega y hace dinero con la intimidad de las personas. Sin embargo, algo saldrá mal y Los Cuatro Jinetes serán secuestrados y trasladados a Macao. No funciona esta película pese al presumible atractivo de la temática y al estupendo reparto que contiene. Quizá el listón estaba muy alto, o quizá el gran problema es que ya no hay ninguna sorpresa para el espectador a la hora de impactar con los trucos y parafernalias pirotécnicas y luminosas al estilo David Copperfield, a la sazón coproductor de la película. Es más, hay claramente un abuso en este aspecto, de modo que amparados en los efectos especiales, la trampa en pantalla está servida y cualquier cosa parece posible. Pero el director Jon M. Chu no ha sabido darse cuenta de que de esta manera el interés por el destino de los personajes se esfuma completamente, pues está claro que todo es una ilusión y el conejo acabará saliendo de la chistera. Se podría subsanar tal lacra con una historia inteligente, imaginativa, pero inexplicablemente el guión de Ed Solomon olvida la seriedad y se convierte en simple excusa para acumular escenas “mágicas”. Y como ni siquiera los personajes tienen la presencia del primer film, se llena ese vacío con una palabrería confusa, un ritmo desenfrenado y unos espectáculos de malabarismos que a fuerza de insistir acaban agotando hasta el extremo, como la larguísima y tonta escena del robo del chip, un número circense totalmente ridículo. Tampoco hace un favor al film el toque de comedia –especialmente con la aparición de ese cargante gemelo que hace posible el doble papel de Woody Harrelson–, aunque es verdad que sí tiene su gracia haber contado con Daniel Radcliffe (sin duda de lo mejor de la película) para encarnar al malvado magnate que quiere aniquilar a los magos, oh paradoja. También aportan empaque, es cierto, los veteranos Michael Caine y Morgan Freeman, e incluso tiene su punto la presentación del nuevo fichaje femenino, Lizzy Caplan, que sustituye a la Isla Fisher de la primera parte. En fin, Ahora me ves 2 es un entretenimiento correcto, pero bastante vacuo, que acaba haciéndose largo por su ligereza.
4/10
(2013) | 115 min. | Thriller Tráiler
Durante un espectáculo en Las Vegas, un grupo de magos denominado Los cuatro jinetes teletransporta desde el escenario a un tipo elegido al azar entre el público a su banco en Francia para robar una gran cantidad de dinero que reparten entre los espectadores. Investiga el asunto el agente del FBI Dylan Hobbs, que cuenta con la ayuda de Alma Vargas, una detective de la Interpol. Descubren que entre los asistentes al show se encontraba Thaddeus Bradley, un delatador de magos, que sospecha los trucos usados por el cuarteto para llevar a cabo el golpe. Thriller que parte de un guión de Boaz Yakin (director y libretista de Fresh, El precio de la libertad), Ed Solomon (guionista de Men in Black) y el debutante Edward Ricourt, que parecen aplicar al cine las reglas de un buen espectáculo de magia. Primero captan la atención del público con un prometedor punto de partida, y posteriormente se sacan continuos conejos de la chistera para sorprender una y otra vez. Exigen suspender la credulidad en algunos puntos, como la extrema habilidad para el hipnotismo de uno de los personajes, y sus numerosos giros pueden acabar agotando, pero el espectador que se deje llevar pasará un rato ameno. Cuenta además con un elenco muy bien escogido, en el que destacan Jesse Eisenberg, Isla Fisher, Woody Harrelson y un inmenso Mark Ruffalo que le da mucha gracia a su personaje, el policía. Recupera a José Garcia (Utopía), un tanto desaparecido últimamente en un papel muy secundario, y reúne a Morgan Freeman y Michael Caine, tras la saga de El caballero oscuro, que le dan lustre a la función. Con el trabajo de todos se puede pasar por alto la extrema ligereza de la cinta, y que la realización de Louis Leterrier (Transporter 2, El increíble Hulk) no pase de correcta.
6/10
(2017) | 105 min. | Acción | Thriller Tráiler
Mitch le pide matrimonio a su novia Katrina, en la orilla del mar mientras pasan unos idílicos días en Ibiza. Segundos después se desata en la playa un atentado terrorista: varios hombres armados disparan sobre los bañistas a sangre fría. La escabechina es enorme. Mitch ve ante sus ojos cómo muere su prometida. Meses después Mitch se ha convertido en una persona diferente, violenta e insensible, que vive sólo con la obsesión de matar terroristas, para lo que se entrena duro. El potencial de Mitch es reconocido por la agente de la CIA Irene Kennedy, que pretende reclutarle. Adrenalítico film de acción entregado por Michael Cuesta, un director de prestigio responsable de filmes tan interesantes como El fin de la inocencia o Matar al mensajero, cuyas historias ponían sobre el tapete conflictos de interés. Pero aquí abandona el terreno del drama hondo y se mete de lleno en el cine de acción de pura cepa hollywoodiense, con agentes de la CIA, comandos secretos y aguerridos norteamericanos dispuestos a salvar el mundo caiga quien caiga. Y para que no falte nada tenemos hasta la amenaza de una bomba nuclear. Rodado con buen ritmo y con variados cambios de localización (Roma, Estambul, etc.), American Assassin es indudablemente entretenido y ofrece lo que se espera, mucha acción, disparos, peleas cuerpo a cuerpo y violencia. Destacan especialmente algunas secuencias efectistas, especialmente la del clímax final en el mar. De fondo se avisa de que abandonar la propia humanidad y el respeto por la vida puede crear monstruos y volverse en tu contra. El actor Dylan O’Brien (El corredor del laberinto) abandona los roles de jovenzuelo aventurero para espectadores adolescentes y se mete de lleno en un papel adulto (asombra el tamaño de su musculatura) en donde su obsesión se acerca peligrosamente a la patología. Le acompaña un estupendo Michael Keaton, que sabe dotar de carisma a su plano personaje, mientras que el resto del reparto cumple.
6/10
(2013) | 102 min. | Romántico | Comedia | Drama
Toronto. Wallace hace un año que dejó a su novia. Desde entonces anda sin rumbo afectivo y vital. En una fiesta de su amigo Allan, conocerá a Chantry, prima de Allan, y entre los dos se establecerá “ipso facto” una gran conexión. Pero Chantry tiene novio y tras pasar una noche divertida, Wallace decide que lo mejor es olvidarla. Sin embargo, el destino quiere que se vuelvan a encontrar por casualidad y empezarán entonces a mantener su amistad. Medianamente agradable comedia romántica, con cierto aire independiente, protagonizada por Daniel Radcliffe, quien da un paso adelante más para desembarazarse de su pasado potteriano. El guión del film, que podía haber tenido mucha más enjundia –faltan momentos brillantes, magia– se basa en una obra teatral escrita por T.J. Dawe y Michael Rinaldi y responde a la consabida idea de la dificultad de mantener una amistad entre hombre y mujer, sobre todo cuando a años luz se ve que lo hay entre ellos es una cosa muy distinta. La conexión entre los dos protagonistas está bien mostrada en pantalla, sobre todo en esos diálogos rápidos, compenetrados, humorísticos, tan del cine indie (al que es aficionada la empática actriz Zoe Kazan, a quien vimos por ejemplo en Happythankyoumoreplease o Ruby Sparks), pero el desarrollo de la historia es muy convencional y el tono del film es demasiado dulzón, juvenil. El director Michael Dowse, por tanto, acaba por entregar un producto decente pero no distinto, para nada inolvidable. Le falta enjundia, y mucha.
5/10
(2018) | 96 min. | Thriller Tráiler
Abel acaba de ganar las elecciones en Andalucía con un partido nuevo, será el nuevo presidente de la Junta y traerá aire fresco al gobierno con un mensaje que ha logrado ilusionar a los votantes, alejándose de los modos rancios y a veces corruptos que se asocian al tradicional bipartidismo. Pero nadie es perfecto, y van a asomar los fantasmas del pasado. Su mujer Nora ha estado pagando el dinero de una antigua deuda, el préstamo para el tratamiento de una clínica que logró sacar a Abel del hoyo de las adicciones. Y el prestamista, del que Abel no sabe nada, es Víctor, señorito andaluz cuyo padre alto cargo político está en la carcel, y con el que compartió andanzas inconfensables tiempo atrás, y que podría ahora querer cobrarse su particular venganza. La aparición de dos viejos amigos –Félix, reputado fotógrafo que va a hacer un reportaje gráfico sobre el flamante nuevo presidente, y Virginia, que ha vuelto al pueblo por misteriosas razones– complica aún más el cuadro. Interesante primera película de Jota Linares, director y guionista conocido hasta la fecha por sus cortometrajes, que apunta maneras, con escenas muy bien resueltas, como la del pago en La General, de una atmósfera, tensión y ritmo magníficos. Demuestra cierto poderío visual, aprovechando los medios de los que ha dispuesto, que probablemente han sido los justos, aun contando en la producción con el respaldo de compañías como Netflix y Movistar+. Destaca un buen estudio de personajes, “animales sin collar” resulta una descripción ajustada del punto de vista de Linares, donde asoman las aristas, no se cae en el maniqueísmo fácil. Además, resulta de interés la reflexión sobre la necesaria regeneración política, pero donde también debería caber el perdón y la reconciliación. Sin embargo no acaba de funcionar el desenlace, y se dejan de atar algunos cabos. Quizá hay un deseo de apostar por la capacidad de las mujeres para tomar sus propias decisiones, pero el precio que se paga es el de cierta incoherencia.
5/10
(2019) | 119 min. | Acción | Thriller Tráiler
Luc Besson se lanza a reverdecer los laureles de su exitosa trama de espionaje de finales de los 80 en Nikita, y nos cuenta las andanzas de otra agente letal como aquella, Anna, reclutada por el KGB en una situación en que la alternativa para ella era morir o trabajar para la agencia. El cineasta, director y autor del guión, orquesta una trama con numerosos flash-backs, idas y venidas en el tiempo, que durante bastante tiempo pueden mantener al espectador despistado. La idea es jugar con la sorpresa, y romper el saque todo el tiempo. Que tal mecanismo narrativo esté bien engrasado es otra cuestión, discutible. Porque de entrada Anna es una chica que vende muñecas rusas en un mercadillo de Moscú, y que es fichada por un tipo siempre a la búsqueda de bellezas despampanantes, que puedan convertirse en modelos de modistos para reportajes en las revistas de papel couché. De modo que Anna deja Rusia y descubre la vida lujosa de París, donde tiene una amante, lo que no impide que flirtee con un poderoso magnate compatriota, socio en la agencia de modelos. Pronto descubriremos que todo forma parte de la misión que le ha encomendado el KGB con sus enlaces Alex y Olga, mientras la CIA, con su oficial Lenny, anda algo mosqueada con la modelo del pelo teñido en rubio platino. Aunque el film es medianamente entretenido, le perjudica que no acaba de dar bien con su tono dentro del esquema de espías de la guerra fría, a veces parece que quiere jugar al realismo de producciones recientes como Gorrión rojo o la serie The Americans, y en otros momentos la acción no está muy lejos de las películas de James Bond, singularmente cuando Anna realiza una acción letal en los cuarteles generales de la KGB e inicia una fuga sin demasiadas sutilezas. Hasta el clímax del parque, que genera expectativas –¿cómo resolverá el director este lío?, se pregunta el espectador–, y acaba dejando cierto sabor a decepción. Besson recurre a la acción que tanto le gusta, evitando que la violencia sea muy gráfica, igual que ocurre con el tono sensual que domina el mundo de la moda y las alcobas de la protagonista. El film supone el primer papel protagonista de la rusa Sasha Luss, que tuvo un rol menor para Besson en Valerian y la ciudad de los mil planetas. Aguanta el tipo al estilo de otras heroínas de francés, como la ucraniana Milla Jovovich. Entre los secundarios parece pasárselo en grande Helen Mirren, con un papel menor.
5/10
(2010) | 94 min. | Fantástico | Animación
Impecable film de animación producido por Ghibli, el estudio del maestro japonés Hayao Miyazaki. El propio Miyazaki es el autor del guión, basado en una novela de la británica Mary Norton, la autora de La bruja novata. El mismo libro dio lugar a la muy inferior The Borrowers, una cinta de imagen real protagonizada en 1997 por John Goodman. Aquí, la acción se traslada al Tokio contemporáneo. Allí, una familia de seres diminutos de unos 10 centímetros sobrevive bajo el suelo de una enorme mansión campestre. Tienen como costumbre no dejarse ver por los seres humanos en la medida de lo posible, y realizan frecuentes incursiones por la casa, para tomar prestado aquello que necesitan, como terrones de azúcar, de forma que nadie se dé cuenta de que falta nada. La hija, Arrietty, una inteligente adolescente, realiza su primera incursión junto a su padre, pero accidentalmente es vista por un niño humano que acaba de llegar a la casa por su delicada salud. El film supone el brillante debut como realizador de Hiromasa Yonebayashi, que se posiciona como un digno sucesor de Miyazaki, y que hasta el momento ha ejercido como animador en películas suyas como El castillo ambulante y Ponyo en el acantilado. Tanto el guión –en torno a la necesidad de afecto familiar– como las animaciones son de gran calidad pero sobre todo está muy cuidada la descripción de unos personajes tan llenos de humanidad que encandilarán al público. También es digna de mención la sorprendente música de la arpista francesa de música Cécile Corbel, que debuta como compositora en la gran pantalla.
6/10
(2014) | 93 min. | Terror | Thriller | Drama Tráiler
Inquietante cinta de terror, sigue a Amelia, una joven viuda con un chaval de seis años, Samuel, bastante estresada no tanto por su deprimente trabajo en una residencia de ancianos, como por la hiperactividad que desarrolla su retoño, lo que incluye aficiones retorcidas a fabricar juguetes peligrosos y a la magia. Un día aparece en casa un cuento ilustrado de aire infantil, "Babadook", que está protagonizado por un siniestro personaje que parece manifestarse en la vida real, y al que aprende a temer primero Samuel y después su madre, con la duda sembrada en el espectador de si hay algo de real en la maligna criatura, o si se trata de puro desquiciamiento mental de esta singular familia. La desconocida actriz Jennifer Kent escribe y dirige este film, que supone su debut en el largometraje, y hay que reconocerle cierta capacidad para crear una atmósfera malsana y sembrar inquietud, sobre todo en los primeros pasos del film, pues a medida que avanza no deja de haber cierta inconsistencia en la personalidad de madre e hijo –aunque se pueda achacar a fármacos y progresiva locura–, además de que pesa la ausencia de alguna lógica explicativa en lo que se refiere a la aparición del libro de la discordia. Y aunque acude a recursos architípicos del género, y acaba repitiéndose en lo que no deja de ser una trama mínima, se maneja con bastante desparpajo, paradójicamente parece exhibir ciertas dosis de originalidad, no sigue los caminos más fáciles en la realización. Acierta con su paleta de colores desvaídos y el manejo de personajes algo grises, incluso los momentos en que cabría el histrionismo y la exageración están sabiamente medidos. Están bien los desconocidos actores Essie Davis y Noah Wiseman.
5/10
(2017) | 110 min. | Thriller | Drama Tráiler
Delphine es una escritora de éxito que en plena promoción de su última novela conoce a una joven, Ella, una mujer fascinante con la que conecta automáticamente. Ambas se harán amigas en un santiamén y cuando Delphine entra en una crisis creativa, Ella le ayudará a salir del atolladero e incluso se mudará a su piso para estar pendiente en todo momento de su amiga. Un tema tan eminentemente cinematográfico como es la creación literaria ha encontrado lógicamente eco en muchas películas, lo cual no significa que el éxito esté asegurado. Muchas veces aporta perspectivas complejas y enriquecen la narración –Animales nocturnos–, sin embargo muy menudo la mezcla entre realidad y ficción se cobra víctimas, véase por ejemplo el fiasco de En tercera persona. Lamentablemente Basada en hechos reales parece estar más cerca del segundo caso. Rodada con oficio y el ritmo adecuado, Roman Polanski evita en su película derroteros fáciles que podrían haber derivado hacia la sordidez o la violencia. Prefiere que sea la atmósfera de creciente inquietud la que vaya copando protagonismo. Pero quizá el director polaco ha equivocado esta vez el tono de su film. El caso es que debido a ese enfoque la trama nunca resulta creíble, mientras que el retrato de Ella y sus tejemanejes (una Eva Green demasiado rarita) chirría por todos lados desde el principio, de modo que el espectador se dice así mismo que el guión ocultará algún giro, que las cosas no pueden ser tan obvias, tan simplonas. Y resulta que no, que la impostura lo es todo. Por segunda vez consecutiva rueda Polanski con su mujer, Emmanuelle Seigner, después de la notable La Venus de las pieles, película intimista, también muy literaria y con escasez de personajes. Aquí la actriz es con mucho lo mejor del film, convincente al mostrar los fantasmas de los artistas, los miedos y peligros que les invaden al enfrentarse a cada nuevo desafío creativo.
4/10
(2013) | 104 min. | Romántico | Comedia | Drama | Musical Tráiler
A pesar de haber ganado el Grammy tiempo atrás, el productor discográfico Dan no atraviesa su mejor momento. Está separado de su mujer Miriam, y la desconexión con su hija adolescente Violet es grande. Además, su forma de entender la industria musical no encaja con los nuevos tiempos y las modernas técnicas de marketing. Su entrada en un garito nocturno, y unas cuantas copas de más, no impiden que quede subyugado por la voz de una joven cantante, Greta, casi obligada por un amigo a subir al escenario. Sobre la marcha le propone la producción de un disco, aunque ella se muestra algo escéptica, pues se encuentra en medio de una crisis amorosa, a su novio Dave parece que la recién encontrada fama musical se le ha subido a la cabeza. Siete años ha habido que esperar para que John Carney, guionista y director de la maravillosa Once, volviera a entregar una película que discurre en la misma dirección. Begin again comparte con ella la capacidad de conmover gracias a unos personajes entrañables, bien descritos, y a los conflictos a los que se enfrentan, y a una inspirada partitura musical compuesta de preciosos temas musicales de Gregg Alexander que dan el necesario “mood” a la película, porque en ellos los personajes expresan sus sentimientos. Está claro que el éxito de Once, incluido su Oscar a la mejor canción, ha facilitado las cosas a Carney en lo referente a un presupuesto más desahogado, y a un reparto de actores conocidos, aunque no obvios, el cineasta no ha sucumbido a la tentación de fichar meramente intérpretes con tirón comercial. Alguno podría pensar que con Begin again desaparece el encanto de película pequeñita con caras no familiares al espectador, pero lo cierto es que Carney se las arregla para mantener cierto aire “indie”, y sobre todo, se mantiene fiel a las claves que le hicieron triunfar con Once. O sea, una historia sólida –la estructura del film, con el arranque en un doble flash-back, es ingeniosa–, con valores humanos, que no toma los cauces sentimentales habituales, la alusión a Casablanca sin nombrarla no es casual. Cuestiones como las crisis conyugales y de pareja, la difícil adolescencia, las relaciones padre-hija, la sensación de haber quedado obsoleto en en la profesión y los rígidos mecanismos ajenos al arte y al respeto al público que a veces imperan en la difusión cultural, están imbricadas en la trama con gran naturalidad. Nunca se tiene la sensación de que el director trata de vendernos moralina barata, sino que simplemente habla con optimismo de comportamientos y actitudes representativos de actitudes positivas y negativas ante los desafíos que depara la vida misma. La selección de actores es perfecta. Hailee Steinfeld adolescente, demuestra que lo de Valor de ley no fue flor de un día. Keira Knightley está tan encantadora como siempre, y sale airosa del desafío de cantar. Mark Ruffalo es perfecto para representar a un tipo que sufre la crisis de la mediana edad, y Catherine Keener no vacila en su papel de madre, que podía a priori ser antipático. Adam Levine, músico reconvertido en actor para la ocasión, encarna bien los desafíos que se afrontan con el vértigo de la fama. Y James Corden da la imagen perfecta del amigo patoso y no muy atractivo, en cuyo hombro siempre puedes llorar.
8/10
(2014) | 105 min. | Biográfico | Drama Tráiler
Recreación del peculiar periplo de Margaret Keane, pintora emparejada con un individuo, Walter Keane, que vendía como si fueran suyos sus extravagantes retratos de niños con ojos enormes, denostados por los entendidos, pero muy apreciados por las masas. Big Eyes aborda a la artista en el momento en el que tras separarse de su marido atraviesa dificultades para mantener a su pequeña. Mientras pinta retratos por poco dinero en el parque, le aborda el seductor y en apariencia encantador Walter... Tim Burton parece haberse dado por enterado de su estancamiento en películas cómodas, muy fieles a su estilo, con sus colaboradores habituales, que no aportaban nada a su filmografía, y últimamente hacían aguas, sobre todo la totalmente fallida Sombras tenebrosas. Por eso ha escogido una historia real, que aunque mantiene elementos que remiten al universo del realizador –sobre todo porque aborda personajes marginales y vuelve a contar con los guionistas Scott Alexander y Larry Karaszewski, autores de la excepcional Ed Wood– se aparta por completo de sus historias siempre estrechamente relacionadas con la fantasía y el terror. Acierta al prescindir de sus inseparables Johnny Depp y Helena Bonham Carter, símbolos de su decadencia y escaso interés por abrir caminos nuevos, y aunque ha vuelto a recurrir como compositor a Danny Elfman, éste ha realizado un apreciable esfuerzo para parecer diferente, entregando una partitura melodramática brillante, sin sus coros de siempre. Big Eyes trata de bucear en las causas de lo ocurrido, sobre todo en el conservadurismo de la época, donde las mujeres lo tenían más difícil para salir adelante en el mundo de la pintura, pero viene a concluir que en realidad el responsable último es el embustero de Walter Keane, y cierta ingenuidad por parte de la bondadosa Margaret. Aparte, realiza una apología de la cultura popular, defendiendo el derecho del público a tener lo que le gusta, por encima de esnobismos y tendencias marcadas por los gurús de turno (el crítico encarnado por el veterano Terence Stamp es de lo mejor de la cinta). Resulta difícil no entresacar de Big Eyes una metáfora de las dificultades que atraviesa la creación artística, y si se sustituye a la pintora protagonista por un cineasta, y al embaucador Keane por un productor, es fácil darse cuenta de que Burton ha dejado mucho de sí mismo en el relato. Quien conozca a Tim Burton no encontrará extraño que sobre todo se encuentre a gusto con el villano, al que no pretende justificar, pero sí retratar con cierto equilibrio, concediéndole al menos su mérito a la hora de vender con sus dotes para el engaño. A pesar del excelente trabajo de Christoph Waltz, lo cierto es que sus rasgos estrafalarios no acaban de encajar del todo con el resto de la película, como los interpretados habitualmente por Depp (por ejemplo, el número que monta en el juzgado desentona bastante). Y finalmente ni éste, ni el personaje de la siempre brillante Amy Adams logran a pesar de sus rarezas conmover como otros ‘freaks’ anteriores del cineasta, rebosantes de humanidad. Una pena, porque en ese caso quizás Big Eyes habría figurado entre las grandes obras del responsable de Eduardo Manostijeras y Big Fish.
6/10
(2018) | 96 min. | Fantástico | Thriller Tráiler
Kit Gordy es la típica adolescente problemática, sobre todo desde que murió su progenitor siendo niña: su madre no logra conectar con ella, y tampoco es capaz de sintonizar con su padrastro. Solución, llevarla a Blackwood, un selecto internado para señoritas rebeldes en medio de ninguna parte, que está regentado por la misteriosa madame Durat, de origen francés. Sus métodos no son nada convencionales, y se supone que es capaz de detectar y sacar a la luz las habilidades ocultas de su alumnado, apenas media docena de jovencitas. Y en efecto, en Kit aflora su talento musical, y en otras chicas su facilidad para las matemáticas, la literatura, la pintura... Pero existe algo extraño en todo este novedoso tinglado pedagógico, con un ama de llaves que parece una carcelera, o las pesadillas que acometen a unas y otras por la noche. Algo siniestro parece encerrar el solitario caserón que acoge a las muchachas. Adaptación de una novela de terror de Lois Duncan, de ésas a las que se cuelga con alegría la etiqueta de “Young Adults”, “para jóvenes adultos”, y que quiere ser una mirada a las dificultades que toca atravesar en la adolescencia. A falta de saber si la obra funciona medianamente sobre el papel, en la pantalla, y a pesar del talento visual de Rodrigo Cortés, sabe un poco a decepción. Es una lástima que un director que entregó las valiosas Concursante y, sobre todo, Buried (Enterrado), no haya avanzado fílmicamente desde entonces, aunque siempre nos quedarán sus habilidades con el lenguaje en su “Verbolario”, una suerte de greguerías a lo Ramón Fernández de la Serna, donde demuestra sobrado ingenio. En este caso crear una atmófera sugerente, o manejar el entorno misterioso de la casa de Blackwood, resultan logros insuficientes. Aquí hay una idea muy sugerente –los talentos de las chicas coinciden con los de artistas decimonónicos muertos prematuramente, lo que propicia un interesante subtexto–, pero se habría agradecido un mayor desarrollo para atrapar al espectador. En general, los personajes resultan algo planos, y casi todas las jovencitas podrían ser intercambiables, a excepción de una de ellas, no más interesante que el resto, cuyo talento es no tener talento alguno y ser como la oveja negra del grupo reunido alrededor de madame Durat. Los profesores no muestran mayor personalidad, incluido el hijo de madame Durat, que podía ser su primo, su sobrino o no guardar ningún parentesco con ella, tanto da a los efectos del film. Da pena ver a Uma Thurman en declive, sobresalen más la prometedora actriz de Un puente hacia Terabithia y Soul Surfer, AnnaSophia Robb, cuya carrera no ha despegado todo lo que debiera, e Isabelle Fuhrman, La huérfana ya crecidita.
5/10
(2016) | 89 min. | Terror Tráiler
Veinte años después de que Heather Donahue y sus compañeros desaparecieran en el bosque, se difunde en internet un vídeo del lugar, con una extraña figura que bien podría ser la muchacha. Decidido a comprobar si sigue viva, su hermano James, que por entonces tenía 4 años, se traslada al lugar en compañía de sus amigos Peter, Ashley y Lisa, estudiante de cine que grabará toda la aventura. Se suele poner el adjetivo ‘inevitable’, cuando se habla de secuelas de grandes éxitos.  Pero en este caso nadie esperaba que se rodara otra continuación tardía de El proyecto de la bruja de Blair, que obtuvo un enorme éxito en 1999 a pesar de contar con un presupuesto nimio. Sobre todo porque al año siguiente salió a la luz El libro de las sombras: BW2, una aburrida secuela que no tuvo tanta repercusión. La primera cinta tenía cierta originalidad, al estar rodada cámara en mano, pero hoy en día el espectador está saturado del subgénero que creó, denominado ‘found footage’ (metraje encontrado). Ni siquiera el correcto artesano especializado en terror Adam Wigard (que mostró su buen hacer en Tú eres el siguiente y The Guess) consigue sacar adelante un guión que básicamente ofrece lo mismo otra vez, con alguna información más sobre la bruja, e imágenes sacadas con tecnología moderna (microcámaras y un dron), pero poco más. Quizás los menos exigentes e incondicionales del terror pasen una amena velada, pues la trama da lugar a algún que otro susto eficaz. Por su parte, los jóvenes y desconocidos actores dan más o menos el tipo.
4/10
(2016) | 96 min. | Romántico | Comedia Tráiler
Bobby Dorfman es un joven judío neoyorquino que parte hacia Hollywood en los años 30 en busca de una vida mejor. Busca paradójicamente liberarse de sus padres, su hermana casada con un comunista y su hermano gángster, pues acude a otro pariente, su tío Phil, célebre agente de las estrellas de cine. La idea es que le dé algún trabajillo, aunque sea como chico de los recados. Phil le coloca bajo la tutela de su secretaria Vonnie, de la que enseguida se enamora. Pero ella tiene novio, e incluso cuando rompe con él, surgirán nuevos obstáculos, el destino puede ser muy irónico. Es ya un lugar común decirlo, pero repitámoslo, Woody Allen nunca defrauda. Aunque eso sí, uno le pone el listón tan alto, que en el film que nos ocupa cabe decir: esperábamos más. Su Café Society se encuadra en sus películas "serias", aunque siempre haya espacio para las bromas, en esta caso negras o agridulces, como las que propicia un gángster que nos hace pensar en Balas sobre Broadway. Siguiendo la vena filosófica pesimista de la que ya hiciera gala con profesor de la materia incluido en Irrational Man, el director y guionista nos viene a decir que no es posible la felicidad plena, que las oportunidades vienen y van, que la vida consiste en elecciones, aunque no es lo mismo una Veronica que otra Veronica, las dos mujeres principales en la vida de Bobby. Anhelamos una vida auténtica, pero no sabemos lo que es eso, y con frecuencia en el camino nos dejamos llevar sin más, por lo que nos ocurre, no somos tan dueños de nuestras decisiones como creemos. El desencanto impregna el film, que muestra sobre todo a tres personajes, Bobby, Vonnie y Phil, agitados cada uno por el amor, el trabajo, lo que quieren hacer en sus vidas, y que sin duda acaban ejerciendo su libertad, pero lo que han hecho no les deja satisfechos (aunque intuimos que de haber seguido otros derroteros, tampoco su felicidad habría estado garantizada). De modo que Allen traza con habilidad el arco vital de este trío, mientras coloca un telón de fondo de glamour hollywoodiense, y de gángsteres neoyorquinos, quizá algo forzado, pero que ayuda a sostener el entramado, y hacer el trago amargo en que consiste el film más llevadero. Como es habitual, el cineasta acierta con sus actores, Jesse Eisenberg y Steve Carell –los alter ego de Allen, sobre todo el primero, pero también el segundo–, más las chicas, Kristen Stewart y Blake Lively, y los numerosos y eficaces secundarios.
6/10
(2016) | 118 min. | Drama Tráiler
Ben y Leslie Cash decidieron llevarse a sus hijos a vivir en lo más profundo de un bosque de Oregón, donde crecen sin comodidades, entrenando duramente cada día, y leyendo libros sesudos, mientras llevan una vida propia de los hippies a medio camino con el comunismo. Pero la madre sufre transtornos depresivos, por lo que acaba ingresando en un sanatorio psiquiátrico en el que se suicida. Ben decide acudir con su prole al funeral de su esposa, a pesar de que su suegro le ha advertido de que le denunciará si aparece. Matt Ross, más conocido como actor, por su papel del duro hombre de negocios Gavin Belson, en Silicon Valley, ha escrito este film, con puntos en común con La costa de los mosquitos, de Peter Weir, y otras cintas que critican la civilización e idealizan el entorno natural. Dan en la diana algunas reflexiones en torno a la educación, y la superficialidad de la sociedad moderna, que provoca que muchos jóvenes estén más preocupados por los videojuegos que por la historia de su propio país, o que coman de forma desordenada dando lugar a problemas de obesidad. Viggo Mortensen forma con los jóvenes que interpretan a sus hijos un sólido reparto, mientras que resulta un acierto haberle puesto como antagonista a Frank Langella, un sólido actor que defiende bien el punto de vista opuesto del abuelo. El autor del film parece obsesionado con criticar y caricaturizar a la Iglesia, como si la considerase responsable de todos los males de occidente. Además, aunque en el último tramo del film el inteligente guión pone en solfa la solidez de una familia tan radical como la que protagoniza el relato, se nota que todas sus simpatías están con ella.
5/10
(2019) | 120 min. | Romántico | Comedia Tráiler
Las trayectorias de Charlotte Field, flamante Secretaria de Estado, y Fred Flarsky, periodista contestatario, vuelven a encontrarse muchos años después de que se conocieran siendo unos jovencitos, ella le hacía de niñera. Tras saber que el presidente Chambers no se presentará a la reelección, adelantará sus planes para postularse como candidata a la Casa Blanca, su idea es lograr un gran éxito con un importante acuerdo ecológico global, el trampolín perfecto que la situará como favorita. Ella es una mujer preparada y capaz, y además luce casi como una modelo de pasarela, pero sus asesores piensan que a sus discursos les falta un toque de humor. Y se lo podría proporcionar Fred, personaje desastrado y que siempre lo cuestiona todo, pero con indudable ingenio y visión de las cosas, con quien ha coincidido casualmente en una reunión social. Inesperadamente, sobre todo por parte de ella, prende la chispa del enamoramiento. Comedia gamberra, pero con elementos románticos y de sátira política, que reúne a Jonathan Levine con uno de sus actores habituales, Seth Rogen, ambos han rodado juntos 50/50 y Los tres reyes malos. El guión lo firma una pareja atípica, Dan Sterling, que ha escrito para series como South Park y The Office, y Liz Hannah, que escribió para Spielberg Los archivos del Pentágono. El resultado, de dos largas horas, funciona mejor de lo previsto, logrando que aceptemos el romance de Rogen con Charlize Theron, a priori poco creíble, y encajando un buen puñado de ideas como la posibilidad de que una mujer sea algún día presidenta de Estados Unidos. No es que se busque la credibilidad, pues todo resulta conscientemente disparatado, pero sí la coherencia, que el cambio de tono suceda sin que la cosa chirríe demasiado. Porque no faltan desde elementos zafios al estilo de los hermanos Farrelly –Algo pasa con Mary es un obvio referente, y sería digno de estudio en una tesis doctoral cómo el fijador del pelo que un día sorprendió puede dar paso ya a cualquier cosa sin que el espectador casi ni pestañee, la banalización de la masturbación prosigue–, y bromas con el consumo de drogas –más banalización– a otros más románticos, pasando por momentos al estilo El ala Oeste de la Casa Blanca, y bombardeos y todo propios de una cinta de acción, y hasta hay tiempo para una crítica mordaz donde reciben sopapos los políticos que conciben su trabajo como un espectáculo y un reparto de prebendas, el estado profundo con los millonarios que operan presionando en la sombra, o los medios de comunicación, con tendencia a frivolizar e insultar. Hay cierto ingenio en dar la vuelta a las previsiones de lo que se piensa que funcionará o no ante la opinión pública y en las encuestas, y sorprende agradablemente que se pongan en la picota los prejuicios y rechazo hacia los que piensan de modo diferente, invitando a la autocrítica. Aunque se hacen malabarismos para encajar ideas, el film intenta jugar al equilibrio a la hora de señalar que en política y en la vida en general hay que llegar a compromisos y saber ceder en lo que uno pueda ceder, a la vez que aboga por la fidelidad a los propios principios. Está bien el reparto, sobre todo la pareja protagonista, muy divertidos y con química, pero también los secundarios menos conocidos.
6/10

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