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Lista de cine

Lista de películas del género Biográfico

(1980) | 50 min. | Drama | Biográfico | Documental
Marco Bellocchio y su familia acuden de veraneo a su terruño natal en Bobbio, en el valle Trebbia. Asistimos a fiestas locales y eventos de descanso, como el baño en el río. Y también somos testigos de sus curiosas ensoñaciones de tipo surrealista, como una especie de crucificado, Jesús, mientras unos tipos juegan a las cartas a sus pies. De hecho, hay más imágenes de este tipo, a lo Fellini, como la de un grupo de seminaristas que pasea junto al río mientras un joven se baña desnudo.
5/10
(1977) | 128 min. | Biográfico | Drama

Biografía de Valentino, famoso actor de Hollywood en la época del cine mudo que llegó a convertirse en la encarnación del latin lover, y que murió a la edad de 31 años. Estructurada en una serie de flashbacks desde su funeral hasta sus primeros años en América..

(1951) | 102 min. | Drama | Biográfico
Adaptación de la vida de Rodolfo Valentino a la gran pantalla. Este actor italiano fue un auténtico sex-symbol a comienzos del siglo XX. En su día se criticó la película porque se cometieron muchas inexactitudes con la vida del actor. Aún así, sirve para hacerse una idea general de su historia, principalmente, de su meteórica carrera. Valentino llegó desde Italia "con una mano delante y otra detrás", como se suele decir, y en cuestión de años se convirtió en uno de los actores más famosos del incipiente Hollywood.
4/10
(2008) | 115 min. | Histórico | Biográfico | Bélico | Drama Tráiler
África, 1943. El oficial alemán Claus von Stauffenberg es herido en acción de guerra, a resultas de lo cual pierde la mano derecha, varios dedos de la izquierda y un ojo. Ya antes de que ello ocurriera, discrepaba de los planes de Adolf Hitler, que han llevado a Alemania al desastre, además de haber propiciado crímenes abominables. Pero ahora, de vuelta en Berlín, se acentúa su convicción de que resulta preciso actuar, es su deber como soldado, patriota y católico no permanecer con los brazos cruzados. De modo que se aliará con un movimiento conspiratorio para asesinar al Führer, convocar a los reservistas, lanzar el boto de humo de un golpe de estado perpetrado por oficiales de la SS y tomar el control con el nombramiento de un gobierno provisional. Se trata de la Operación Valkiria, que deberá arrancar el 20 de julio de 1944 con un atentado en la Guarida del Lobo, en el cuartel de Ratensburg. Además del coronel von Stauffenberg, que diseña la estrategia de la operación, se encuentran conjurados en el complot el general Friedrich Olbricht, el coronel Albrecht Ritter Mertz von Quirnheim y el general Ludwig Beck, entre otros. Hasta de quince atentados llegó a ser objeto Adolf Hitler, y todos terminaron en fracaso. El cine ha abordado esta oposición interna al líder nacionalsocialista en películas tan apasionantes como Rommel, el zorro del desierto, o La noche de los generales. La incursión de Brian Singer, que ya abordó la temática nazi en Verano de corrupción, adaptación de una obra de Stephen King, resulta harto afortunada. Por un lado, el guión del debutante Nathan Alexander y Christopher McQuarrie -quien ya colaboró con Singer en Sospechosos habituales- es muy fiel a los hechos históricos, que sabe describir sin caer en el embarullo incomprensible, o en la ristra de nombres que ni el espectador más atento sería capaz de retener. La narración posee un dinamismo fantástico, no hay una sola caída de ritmo. Y el suspense acerca de cómo va a discurrir la operación golpista atrapa, ya sea en la preparación del explosivo y en las dudas de los implicados, o por la desinformación acerca del alcance del atentado. Al tiempo, los personajes están muy bien descritos, con rasgos que los humanizan. Tom Cruise compone a un von Stauffenberg resuelto, que sufre por los padecimientos de Alemania, actúa en conciencia y permanece muy unido a su numerosa familia; el actor sabe encarnar su grave determinación, lo que es meritorio en alguien que por sus rasgos tiende a mostrarse risueño. Y se entienden las dudas para entrar en acción de Olbricht o Beck, el pragmatismo cobarde del general Friedrich Fromm, la frustración del general Henning von Tresckow, la confusión del mayor Otto Ernst Remer, o las presiones a que se ve sometido el general Erich Fellgiebel. Si una película merece un premio al conjunto de su reparto es ésta, están perfectamente elegidos y responden Bill Nighy, Terence Stamp, Tom Wilkinson, Kenneth Branagh, Thomas Kretschmann y Eddie Izzard, e incluso los que tienen menor presencia, David Bamber componiendo a Hitler o Harvey Friedman a Goebbels. No sólo estamos ante cine histórico de primera, respaldado por una estupenda recreación de época y la ayuda que supone rodar en escenarios auténticos, como el edificio Blender, sino que Singer se muestra muy inspirado como cineasta. Es fantástica la idea de iniciar el film con von Stauffenberg escribiendo un diario en alemán, y el modo en que se produce la transición de ese idioma al inglés (o a la lengua en que el espectador escuche la cinta). Cinematográfico y sin palabras, muy visual, resulta ver al protagonista en su hogar, mirando a su esposa e hijos, no hace falta decir nada para saber que por ellos debe tomar importantes decisiones; también, casi a renglón seguido, es muy gráfico el momento del bombardeo mientras suena un disco con la música de Wagner, ese vinilo rayado que enlaca con la idea de la operación Valkiria; y las mutilaciones de von Stauffenberg son utilizadas lo justo, con ingenio, ese 'hail, Hitler', o la torpe manipulación de una cartera. Visto el brío vigoroso de Singer en este film no podemos sino hacer votos para que deje para otros los cuentos de superhéroes y él se dedique a contar historias más dramáticas y hondas, tiene talento de sobra para hacerlo.
8/10
(1991) | 158 min. | Biográfico | Drama
Mirada a los últimos días de Vincent Van Gogh, cuando el genial pintor holandés viajó a Auvers-sur-Oise, por recomendación de su hermano Theo, marchante de arte. La idea era que el idílico entorno rural, que inspiraba a otros artistas, le serviría para descansar; además, allí podría visitar al doctor Gachet, cliente de Theo, y una posible ayuda en lo referente a sus crisis nerviosas. El film describe esos días que debían ser tranquilos, pero en los que Vincent desarrolló una intensa actividad pictórica. Al tiempo, el pintor sería requerida amorosamente por Marguerite, la joven hija de Gachet, lo que afectará a la relación entre éste y Van Gogh. Maurice Pialat tiene bastantes aciertos en esta introspección al final de la vida de Van Gogh, que se vio acelerado por el disparo que él mismo se infligió. Por un lado, sabe hacer planear con sutileza la idea del suicidio sobre el personaje protagonista, quien se siente una carga para su hermano, y al que pesan las acusaciones que los otros le hacen de egoísta, en las que ve una parte de verdad. Los tramos campestres de Auvers-sur-Oise tienen un adecuado contrapunto en los pasajes parisinos, de tono festivo -ese baile que podía figurar en una película de John Ford-, pero sólo aparente, pues los placeres de la carne a los que Vincent se abandona ocasionalmente no le llenan, y lo sabe. Lo relativo a la creación artística y la inspiración se sugiere hábilmente, con esos campos de trigo mecidos por el viento, que Vincent contempla, o la obligada parsimonia con que debe aceptar el pintor la incomprensión de tantos -incluida Marguerite- ante su obra. El reparto se revela atinadísimo, pero es de justicia subrayar la interpretación de Jacques Dutronc, verdaderamente transfigurado en el artista, que lleva dentro lo que el propio Van Gogh definía como "ese algo que se llama alma, que al parecer no muere jamás, y vive siempre, y busca".
7/10
(2019) | 85 min. | Biográfico | Documental
Interesante documental del especialista David Bickerstaff, que surge a propósito de la exposición temporal organizada por el Museo Van Gogh de Amsterdam en la primavera de 2018, que abordaba la relación entre Vincent Van Gogh y Japón. Se abre y se cierra con exóticas imágenes japonesas, para de este modo explicar la relación entre artista y país bidireccionalmente. Es conocida la admiración de Vincent Van Gogh por el país del lejano oriente, que se ilustra con las menciones a la cuestión en la correspondencia con su hermano Theo y otros amigos y artistas, o con la colección de ilustraciones japonesas que poseía, y que se conserva en el museo casi en su integridad. Lo que el film de Bickerstaff explora es hasta qué punto hay una verdadera influencia de esas pinturas ingenuas y de trazos sencillos, pues también se advierte que, además de que Van Gogh nunca pisó Japón, tenía una visión algo idealizada, hasta el punto de que esa influencia, más que del Japón real, sería del Japón idealizado. En cualquier caso, la indagación sobre algo sólo posible en un período, mediados del siglo XIX, en que el casi siempre encerrado en sí mismo Japón se abrió al exterior, atrapa de inmediato al espectador, y sirve para recorrer las obras maestras de Vincent Van Gogh, vistas desde el prisma nipón, como en el caso de “El zuavo”, con su increíble gama de colores, o el del autorretrato como un bonzo, con su cabeza sin sombrero y llamativamente rasurada, y donde de nuevo el contraste de los colores es asombroso.
6/10
(2018) | 110 min. | Biográfico | Drama Tráiler
El pintor y director Julian Schnabel (La escafandra y la mariposa) entrega una película muy personal que indaga en el arte pictórico y más exactamente en la búsqueda de la belleza como programa de vida. Para mostrar esa íntima faceta humana se acerca a la vida de Vincent Van Gogh, uno de los pintores más universales y cuya controvertida existencia ha dado ya pie a numerosos libros y películas, recuérdese el clásico El loco del pelo rojo o la más reciente Loving Vincent. Van Gogh, a las puertas de la eternidad recorre los principales hitos de la vida del artista: su traslado de París a Arles; su estancia allí con Paul Gauguin; sus diversos internamientos en hospitales mentales; la automutilación de su oreja; los desvelos de su querido hermano Theo; su traslado a Auvers-sur-Oise. Pero el guión de Schnabel, escrito en colaboración con Jean-Claude Carrière y la debutante Louise Kugelberg, usa los hechos únicamente para adentrarse más y más en el interior del personaje. El director de Basquiat no centra su atención en la obra, sino sobre todo en el pintor, en los anhelos y fantasmas de un Van Gogh que se sabe presa de un don celestial, un estado casi de ansiedad y estupor por el que percibe la eternidad en la naturaleza, para él sinónimo de Dios, Belleza absoluta. El director quiere enfatizar esa urgencia artística con movimientos nerviosos de la cámara, vibraciones impacientes, que al espectador pueden resultar ligeramente molestos en algún momento. Con profusión de primeros planos e imágenes subjetivas, también asistimos a correrías del pintor por los campos, mirando al cielo, a las plantas, al horizonte, mientras suena con fuerza el piano de Tatiana Lisovkaia, al tiempo que se nos va mostrando la mente del artista cada vez más inestable, más insegura. El film puede resultar pesaroso y podría decirse que produce ante todo una "impresión" sobre Van Gogh, no tanto un itinerario vital, por lo que gustará especialmente a personas con sensibilidad artística interesados en la psicología del pintor holandés. Para tal fin, el actor escogido se antoja sencillamente perfecto, pues Willem Dafoe da el tipo de persona contradictoria, reflexiva, inquietante, sublime. Está bien acompañado por una platea de actores de primer orden que en algunos casos sólo cuentan con unos segundos en pantalla, entre los que destacan Oscar Isaac (Gauguin), Rupert Friend (Theo), Emmanuelle Seigner (Madame Ginoux) o Mathieu Amalric (Dr. Gachet).
6/10
(2019) Serie TV | 0 min. | Documental | Biográfico | Deportivo

La vida dentro y fuera del campo de Raphaël Varane, campeón mundial en 2018 y una de las caras principales de la exitosa generación de futbolistas franceses que reinan en Europa.

(2019) | 115 min. | Biográfico | Documental Tráiler
Poco antes de su fallecimiento, Agnès Varda, una de las grandes de la nouvelle vague, logró terminar su último trabajo, un documental que parece concebido como su propio obituario, estrenado fuera de competición en el Festival de Berlín. En sus imágenes, ella misma imparte una especie de conferencia o clase magistral, en la que recorre los títulos más importantes de su carrera a lo largo de seis décadas, comenta diferentes cuestiones acerca de su vida, y habla de su pasión por hacer fotografías; cuando retrataba a personas le encantaba enseñarles el resultado, para a su vez registrar sus reacciones. Sobre todo transmite una enorme pasión por la creación artística, pese a su avanzada edad. Confiesa que sintió terror cuando se convirtió en octogenaria, pero que ya lo ha superado tras cumplir los noventa, y sigue adelante con ganas de acometer nuevos proyectos con la ilusión de siempre. Varda por Agnès deja clara la pasión de la cineasta belga por el cine documental, pues por ejemplo considera que los mejores momentos de su largometraje de ficción Cléo, de cinco a siete, son los que muestran simplemente a los ciudadanos parisinos caminando. Recuerda también a su esposo, el realizador Jacques Demy, que murió en 1990, explica cómo se mudó con él a Los Ángeles, tras el éxito internacional de Los paraguas de Cherburgo, y rememora Jacquot de Nantes, el film sobre la infancia de su compañero de vida, que ella misma filmó. No teme a las críticas, por lo que incluye una entrevista con Sandrine Bonnaire, con la que trabajó cuando ésta tenía diecisiete años, en Sin techo ni ley (1985), otro de sus mejores trabajos, que la recuerda como una directora muy exigente (quién lo iba a decir con su apariencia de abuelilla encantadora). Expone su discurso feminista, incluido su incondicional apoyo al aborto. También se permite repasar sus mayores fracasos, sobre todo el documental de actores hippies nudistas en Hollywood Lions Love, de 1969, o su homenaje al centenario del cine Las cien y una noches (1995). Queda tiempo para recordar sus colaboraciones con grandes de la pantalla como Robert De Niro, Catherine Deneuve o Alain Delon, pero por otro lado evita hablar de su significativo amigo Jean-Luc Godard, que se negaba a recibirla groseramente, al final de Caras y lugares. A quienes conozcan menos la labor de Agnès Varda fuera del cine les sorprenderán las videoinstalaciones que a lo largo de los años ha ido exhibiendo en galerías de arte. Por ejemplo, la tumba de su gato, que se convirtió en una obra permanente de la sala Cartier de París, o la proyección supuestamente colectiva, pero en la que cada espectador coge unos auriculares, con los que escucha en exclusiva a una de las mujeres, en realidad varias viudas, que aparecen en las diferentes pantallas que tiene enfrente. Rodada con la sensibilidad habitual de su autora, resulta curioso que se trate de un documental de lo más convencional, cuando su cine se ha distinguido hasta ahora por su afán de experimentación. Todo eso da igual, porque la propia Varda cautiva al espectador con su verborrea. Las casi dos horas de metraje de este documental vienen a ser una carta de amor al cine, pero también una lección de humildad, ya que la realizadora evita el autobombo, o regodearse en sus logros. Pero sobre todo manifiesta un profundo amor por el ser humano, y en concreto por las personas a las que ha filmado a lo largo de los años.
7/10
4/10
(2011) | 90 min. | Biográfico | Drama

En 1976, un Golpe de Estado de las Fuerzas Armadas desalojó al Gobierno constitucional argentino, y una política de terror y avasallamiento de los derechos humanos se instaló en el poder. En pocos años, esta política desembocó en una espiral de violencia oculta y silenciosa que asesinó a 30.000 ciudadanos de toda edad y condición social. Se los mal llamó desaparecidos, y había entre ellos pequeños de corta edad y criaturas en proceso de gestación que vieron la luz en las cárceles de la dictadura militar y que fueron robados por sus mismos secuestradores que los anotaron como hijos propios

(1991) | 90 min. | Biográfico | Drama
Producción televisiva que supuso el último trabajo como actor de Glenn Ford, que por aquellos tiempos tenía 75 años. No tiene nada que ver con el más célebre film Veredicto final, de Paul Newman. Se trata de un drama biográfico que Adela Rogers St. Johns escribió sobre su padre, Earl Rogers. Así pues, la película tiene como protagonista absoluto a este exitoso abogado norteamericano. El letrado fue un revulsivo para el sistema judicial estadounidense. Estuvo tan valorado que se convirtió en profesor de distintos centros y universidades. Se acabó convirtiendo en todo un ejemplo para los practicantes de la disciplina.
4/10
(2003) | 92 min. | Biográfico | Drama
Esta vez, el artesano Joel Schumacher responsable de cintas tan distintas como Tigerland y Última llamada, retrata una historia real. Veronica Guerin fue una periodista irlandesa muy popular del diario dublinés Sunday Times. En los 90, alarmada ante el aumento del consumo de drogas entre la juventud, Veronica abordó una serie de reportajes sobre las mafias responsables del narcotráfico en Dublín. Contaba con la ayuda de Traynor, un “topo” que le revelaba el funcionamiento de la organización de John Gilligan, uno de los reyezuelos de la droga en Irlanda. Como a éste no le gustaba que la periodista indagara demasiado, intentó pararle los pies con métodos violentos. Popular como Galadriel en la trilogía de El señor de los anillos, Cate Blanchett ha trabajado a fondo su interpretación. Para dar veracidad a su personaje, la actriz australiana viajó a Dublín antes del rodaje, y se entrevistó con amigos y familiares de la auténtica Veronica Guerin. Además, escuchó las entrevistas que concedió a la radio, y leyó sus reportajes. El film retrata bien las relaciones familiares de la protagonista (pasa mucho tiempo fuera de casa, mientras su marido Graham es el que más se ocupa del hogar, con ayuda de Bernadette, la madre de Veronica), y las dificultades por conciliarlas con su arriesgada profesión. Quizás la trama se centra demasiado en la protagonista, y desdibuja otros personajes, algo arquetípicos (el marido comprensivo, los gángsters malvados). Pero esto se compensa por cómo aborda la responsabilidad de los periodistas, por una vez los buenos de la historia, así como la injusticia de que unos pocos se enriquezcan a costa del sufrimiento de los adolescentes adictos a la heroína.
6/10
(2013) Serie TV | 105 min. | Biográfico
Reconstrucción televisiva de la vida de Vicente Ferrer (1920-2009), desde su regreso a La India tras una etapa de exilio obligado tras ser expulsado del país. A su regreso se produce un distanciamiento cada vez mayor de la orden religiosa a la que pertenece, los jesuitas, mientras impulsa personalmente sus proyectos para ayudar a los "intocables" en Anantapur y estrecha lazos con Anne Ferris, periodista inglesa que acabaría convirtiéndose en su esposa cuando colgó los hábitos. La película realiza un encomiable esfuerzo por destacar los logros de Vicente Ferrer y luego su fundación, en favor de los más pobres de la India, una valiosa labor de cooperación internacional donde no faltan los obstáculos. De todos modos, y a pesar de los esfuerzos interpretativos de Imanol Arias, apenas se ahonda en la psicología del personaje, más allá de que está volcado en ayudar a los desfavorecidos, lo que le lleva a veces a descuidar a la gente con la que trabaja, sin mala voluntad. Por ejemplo llama la atención que se deje completamente de lado la fe del personaje, un retrato más ajustado habría tratado de comprender cómo era su espiritualidad, y por qué se secularizó, mientras que aquí ni siquiera le vemos recitar una plegaria, no digamos siquiera pronunciar el nombre de Jesús, todo parece reducirse a problemas con sus superiores y a que en realidad Dios tiene poco espacio en su vida, y esto segundo no acabamos de saber si responde a la realidad o a un retrato incompleto de Ferrer. El film visualmente es vistoso, cuenta con una buena fotografía de Tote Trenas, y se ha rodado en lugares naturales; no faltan además algunos pasajes emotivos, en que el protagonista se vuelca con la gente que sufre. Pero pesan elementos negativos, por ejemplo, resulta algo cargante la omnipresente voz en off con acento extranjero de Aida Folch, que da vida a Anna.
4/10
(2019) | 173 min. | Histórico | Biográfico | Bélico | Drama Tráiler
Una película sorprendente. Basada en hechos reales, pero nada convencional. Edificante, sin ser cargante. Bellísima, sin apabullar. Para paladares exigentes, habrá quien no pueda con ella. Terrence Malick, director y guionista, se acerca mucho a ofrecer la mirada amorosa de Dios a la hora de describir el singular destino de Franz Jägerstätter, campesino austriaco católico en Los Alpes, casado con Fani, con quien tiene tres niñas. Tras la anexión de su país por Alemania y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, su conciencia le impide prestar el juramento de lealtad a Adolf Hitler que viene aparejado con su servicio en el ejército. Su actitud no es comprendida por sus vecinos, muchos de los cuales se encuentran en primera línea de combate. Y se produce una reacción hostil. Incluso a los seres queridos les cuesta aceptar su modo de proceder. En otras manos, Vida oculta podía ser una película interesante, porque el personaje que se retrata lo es, pero poco más. Aquí se eleva a alturas insospechadas por la sensibilidad artística de Malick, que cuenta la historia de un modo inefable. De algún modo, mantiene una cierta distancia, el espectador puede tener la sensación de contemplarlo todo desde una nube, sin verse sacudido por la crispación o las emociones más primarias. Se nos invita con esta perspectiva a ver a Franz como un hombre sencillo, muy enamorado de su mujer, Fani –un sentimiento mutuo–, padre amantísimo de sus niñas, buen trabajador, alegre y cordial con sus amigos. Que tal vez tuviera una juventud azarosa, pero que ya ha sentado la cabeza, también por sus sólidas creencias religiosas. Y que se mantiene fiel a los dictados de su conciencia, le importa hacer lo correcto, el juicio de Dios, aunque los que le presionan insistan en que el suyo es un gesto inútil, del que nadie se va a enterar, y que debería pensar en lo inmediato y acuciante, el riesgo de dejar viuda y huérfanas, si las autoridades dictaminaran su ejecución. Incluso, en la versión original, tiene su sentido distinguir el inglés en que está rodado casi todo el film, con voz en off de Franz y Fani que deviene en plegaria y manifestación de la vida interior de cada uno, del alemán que asoma de vez en cuando, y que ayuda a ofrecer como distintos planos de intimidad y conversación pausada en confidencia, junto a otros más elementales en que se espetan insultos o voces despreciativas. Resulta llamativa la condición sinfónica del conjunto, servido con la fotografía poderosa de Jörg Widmer. El inteligente uso de algunas imágenes documentales de las multitudes idólatras del Führer. El contraste con otras idílicas de los Alpes, la verde hierba, la presencia de la niebla. El encanto del duro trabajo en el campo, arando la tierra, plantando, recogiendo, con las pausas para rezar tal vez el ángelus. El recurso a los objetivos cortos que amplían la mirada del espectador. Y el dibujo de la vida hogareña, cómo la felicidad la componen cosas muy sencillas, somos los hombre los que nos complicamos ambicionando no se sabe qué. Todo casa y se hila armónicamente, también con la fantástica partitura musical de James Newton Howard. Cuando surge el dilema moral de Franz, también se pinta su categoría moral con pulso firme, se entiende esa cita de la Escritura, que hace suya, “es mejor padecer la injusticia que cometerla”. Y resulta natural su petición de consejo, su posición no es la soberbia de quien se encastilla en su punto de vista. Y tiene muchos matices la descripción de cómo reaccionan unos y otros, desde el alcalde de Radegund, a la madre de Franz, la hermana de Fani, el sacerdote local, los vecinos... El secreto radica, ya lo he dicho, en la mirada, una mirada en la que nunca hay odio, sino más bien compasión, misericordia, lástima. De modo que cuando en quien mostraba una actitud mezquina, asoma un gesto de bondad, aquello llega muy hondo. La película está llena de matices, y no resulta posible aquí agotarlos todos. Pero resulta preciosa, y es obligado mencionarla, la descripción del tierno y completo amor de Franz y Fani, que no impide a esta reconocer “yo le amo, pero Él [Dios] le ama más”. Es una relación real, que podemos tocar, y en la que hay verdaderamente dolor y gloria. Ninguno de los cónyuges, maravillosamente interpretados por August Diehl y Valerie Pachner, es impasible o actúa como si el sacrificio que les toca vivir no les rompiera el corazón. Tienen fuerza también todos los pasajes en prisión, en que la violencia de los malos tratos es tratada con inteligencia, elípticamente con el recurso al fuera de campo. Y el proceso a que es sometido Franz tiene un claro paralelismo con el de Jesús antes de ser crucificado, incluso el oficial alemán de Bruno Ganz tiene algo de Poncio Pilato en el reconocimiento de una verdad que no sabe manejar envuelto en el cinismo de esa guerra injusta.
10/10
(1990) | 133 min. | Biográfico | Drama

Vincent Van Gogh, el artista maldito que no vendió un cuadro en su vida, no habría sido jamás un pintor célebre sin su hermano Theo. La historia comienza en el momento que Vincent empieza a pintar y renunciar a la vida de pastor, Theo es ya un rico marchante de arte, Vincent marcha a Francia y en 2 años y medio él va pintando su obra en París, Arles y Auvers sur Oise.

6/10
(1987) | 105 min. | Biográfico | Animación | Documental
Inspirado documental biográfico sobre Vincent Van Gogh, Paul Cox lo estructura con la correspondencia mantenida con su hermano Theo, y usa profusamente sus cuadros, de modo muy imaginativo.
6/10
(2009) | 128 min. | Biográfico | Drama | Histórico Tráiler
Una mirada a un episodio poco conocido de la vida de Benito Mussolini, la relación sentimental de juventud con su amante Ida Dalser, con la que tiene un hijo, Benito Albino, y con la que contrae matrimonio. Y las penalidades de Ida cuando el líder fascista la repudia junto a su hijo, y trata de echar tierra sobre cualquier vestigio que pueda dar idea de que ha existido esa unión, su única esposa legítima será Rachele Guidi.El veterano cineasta italiano Marco Bellocchio ofrece el punto de vista de Ida, una mujer independiente, que cae rendida a los pies del joven socialista exaltado Benito Mussolini, al que se entrega sin reservas, para luego ver cómo es relegada con su hijo en favor de otra mujer y otra familia. El dibujo del que primero es director del diario Avanti y luego Il Diario dil Popolo, pacifista y luego intervencionista en la Primera Guerra Mundial, líder de los Camisas Negras y el fascismo, y el presidente del gobierno más joven de Italia, es el de un animal sin sentimientos, un monstruo sin fisuras, en el que no hay un ápice de humanidad. Contrasta este modo monolítico de pintar a Mussolini con el que entregaba de Adolf Hitler el alemán Oliver Hirschbiegel en El hundimiento, ahí en el 'monstruo' se reconocía a la persona. Falta pues humanidad, por ejemplo en la presunta historia de amor, pura pasión de alcoba, donde brilla por su ausencia la ternura y el cariño, y domina lo animalesco. Cuesta creer que alguien, él o ella, haya estado enamorado en algún momento. No se entiende la increíble crueldad de Mussolini y la insistencia de ella por lograr reconocimiento público se diría testarudez poco inteligente; realmente no hay un esfuerzo de comprensión de tales actitudes, se dan por sentadas y se ofrecen tal cual, y que cada uno piense lo que quiera. De modo que aunque resulta destacable el trabajo de los dos actores principales, Giovanna Mezzogiorno y Filippo Timi, tiene también mucho de forzado. Hay además una decisión bien consciente de trazar una narración de tipo impresionista en el sentido de entregar como flashes de los hechos, más que entrar en detalles prolijos, incluso ocultando información para entregarla sólo en el momento en que puede resultar más impactante. Pero curiosamente, la aproximación estética es de tipo expresionista, opta por una fotografía de colores muy apagados, con fuertes contrastes, próxima al blanco y negro, lo que ayuda a combinar el material rodado con auténtico metraje de la época; y quizá a subrayar la idea de que estamos asistiendo a una especie de película de terror, con siniestros lugares de reclusión, locos y loqueros, y monjas guardianas. Aunque el 'tempo' narrativo es parsimonioso en exceso, Bellocchio tiene algunas buenas ideas de guión, como el aprovechamiento del parecido padre-hijo, encarnados por el mismo actor. O ese desafío blasfemo a Dios -que le mate en cinco minutos si existe, le reta al principio del film-, que viene a recordar que la medida del tiempo del Padre eterno es muy distinta a la de los hombres.
5/10
(2010) | 90 min. | Biográfico | Policiaco
Recreación de un caso criminal acontecido en 1999. El médico psiquiatra Colin Bouwer asesinó a su esposa poco a poco, llevando a cabo un plan macabro que consistía en irle suministrando veneno a lo largo del tiempo por medio de la manipulación de medicamentos. Sin embargo, no contaba con la tenacidad de la policía. Correcto telefilm neocelandés, inspirado en hechos reales, dirigido por Peter Burger (El tatuador). Los actores son prácticamente desconocidos pero cumplen con sus papeles.
4/10

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