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Lista de cine

Lista de películas de Irán

(2002) | 134 min. | Drama
Van un egipcio, un israelí, un inglés, un yanqui, un mexicano, un francés, una iraní, un japonés, una india, un bosnio y una chica de Burkina Fasso y… No se trata del comienzo de ningún chiste, sino del elenco de 11 directores, que con 11 minutos por delante de metraje cada uno, recrean lo que les sugieren los trágicos hechos ocurridos en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001. Como sucede en todo film colectivo, hay mejores y peores segmentos. Conmueve la sencillez de la historia iraní de Samira Makhmalbaf en una escuela, o el triste viudo, Ernest Borgnine, en el corto de Sean Penn. Y resulta muy, muy divertida, la búsqueda de unos chavales en Burkina Fasso de Bin Laden, pensando en la recompensa que se ofrece por su cabeza. Más tomadura de pelo parece el clip de Alejandro González Iñárritu, casi todo él un fotograma en negro, con fogonazos de las caídas de la gente de las Torres Gemelas.
6/10
(2003) | 105 min. | Drama
Interesante film para sumergirse en la realidad social de la mujer en los países islámicos, rodado con el estilo sencillo y minimalista típico del cine iraní y similares. Describe cómo un grupo de jovencitas acude a la escuela en Kabul. Mientras la mayoría expresa su deseo de ejercer profesiones reservadas tradicionalmente a los varones, pero no muy originales, una asegura que ella lo que quiere es ser presidenta de su país. E inicia una original campaña electoral, en la que no faltan las fotos para los tradicionales carteles.
5/10
(2009) | 119 min. | Drama Tráiler
La iraní Golshifteh Farahani, que fue la presencia femenina más destacada en Red de mentiras, protagoniza la cuarta película de su compatriota Asghar Farhadi (Raghs dar ghobar, Shah-re ziba, Chaharshanbe-soori), director y guionista. A propósito de Elly ha tenido una gran acogida, pues ganó el Oso de Plata al mejor director en Berlín, y el premio a la mejor película narrativa en el festival de Tribeca. Empieza como una película de viejos amigos que se vuelven a unir, al estilo de Reencuentro o Los amigos de Peter, pero en versión iraní, aunque de repente se desata una tremenda tragedia. Con motivo de una visita de Ahmad a Irán, su país natal, tras muchos años viviendo en Alemania, sus antiguos amigos de la universidad deciden pasar junto a él tres días en una casa que alquilan junto al Mar Caspio. Una de las mujeres más carismáticas del grupo, la vitalista Sepideh, se entera de que Ahmad se ha divorciado de su esposa alemana, por lo que le ha buscado una posible nueva novia. Se trata de Elly, la maestra de su hija. Pero misteriosamente, Elly desaparece sin dejar rastro y el grupo cree que se ha podido ahogar. Farhadi acierta con un montaje dinámico, más parecido al del cine occidental que a los largos planos secuencia de Abbas Kiarostami, el director iraní más representativo. Cuenta con un reparto excepcional, encabezado por la citada Farahani (Sepideh), y por Taraneh Alidoosti (Elly), que ha estado presente en casi todas sus películas. Aunque es un drama bastante duro, la incertidumbre en cuanto al paradero de Elly propicia momentos que parecen sacados de un thriller, y la intriga en torno a varios elementos del film está muy bien dosificada. Con personajes muy de carne y hueso representativos de un Irán más complejo de lo que se deduce de la imagen que dan los medios de comunicación occidentales, el director presenta el choque entre la tradición y la modernidad que se da actualmente en el país. Y lo hace tratando de entender todas las posturas. Los personajes más occidentalizados, que son los universitarios protagonistas, pueden tener comportamientos dudosos, pues uno de ellos, Amir, justifica una agresión a su esposa con la frase “me ha obligado a levantarle la mano”. Por contra, también está muy bien defendido el personaje más tradicional –que aparece en el último tramo del film–. Si la culpa del drama que se cierne sobre Elly la tiene el sector ‘modernizado’ o el personaje conservador, es algo que se deja al juicio de los espectadores.
7/10
(2012) | 90 min. | Drama
(2000) | 80 min. | Drama
Una familia del Kurdistán iraní lucha desesperadamente para conseguir dinero para curar a uno de sus hijos que está gravemente enfermo. No parece haber salida, así que la menor de las hijas se ofrece para casarse con un hombre iraní a cambio de que éste cuide de su hermano. La película fue reconocida en Cannes con el premio Fipresci y Cámara de Oro. También el Festival Internacional de Cine de Gijón se fijó en ella y le concedió el premio especial del jurado.
6/10
(1994) | 99 min. | Drama
En 1970, un terrible terremoto sacudió el norte de Irán. La provincia quedó totalmente devastada, pero sus habitantes no se resignaron a hundirse en la miseria. A esta zona llega el equipo de rodaje de una modesta película, llamada Y la vida continúa... Un joven del lugar, llamado Hossein, es contratado para que participe en el rodaje. Hossein está muy enamorado de Frakhondé, una hermosa chica con quien no se puede casar hasta que no posea una casa propia. A Frakhondé también la eligen para participar en la película, como compañera de Hossein. Este no perderá la esperanza de casarse con su amada, ya que su razonamiento es bien sencillo: después del terremoto no queda ni una sola casa sobre sus cimientos, con lo que resulta imposible que tenga casa propia. Una película de ritmo contenido, que parte de un argumento clásico en este director iraní. Este mismo planteamiento lo utiliza en la verdadera película Y la vida continua... con lo que la supuesta ficción del rodaje que aparece en A través de los olivos se hace realidad. Recomendable para los espectadores gustosos de un cine que no tiene nada que ver con Hollywood ni con cualquier producto convencional. Ganadora de la Espiga de Oro en el Festival de Valladolid.
6/10
(2001) | 85 min. | Documental
Documental en el que Abbas Kiarostami atrapa con su cámara en toda su crudeza el drama del sida en Uganda, al seguir a cientos de niños, huérfanos por la terrible enfermedad.
7/10
(2018) | 122 min. | Drama
Una película que Orson Welles no pudo terminar y estrenar en las salas de cine, se presenta de modo acabado 33 años después de su muerte, gracias al apoyo de muchas personas, instituciones y empresas, entre otros destacan los nombres de Frank Marshall y Peter Bogdanovich –estudioso y amigo de Welles, firmó un libro sobre él a partir de sus conversaciones–, éste además actor de una obra que ha permanecido en el limbo durante décadas. Una plataforma como Netflix facilita la difusión masiva de una película que tiene la vitola del genio Welles, lo que no impide que sea de arduo visionado, su complejidad no hace previsible que el gran público acceda a ella. Incluso, sin dudar de la ambición de la propuesta, se plantean muchas preguntas para el amante del cine de este gran cineasta: ¿de verdad es ésta la película que pretendía su director? Y en caso de serlo, ¿es una película lograda? Cuando uno ve cómo se ha vendido el film, y las ganas de Welles que había entre los cinéfilos, vienen a la cabeza J.R.R. Tolkien con su genial trilogía de “El Señor de los Anillos” –el equivalente, para entendernos, a Ciudadano Kane, en literatura fantástica–, y los posteriores esfuerzos de los custodios de su legado por publicar cualquier papel que hubiera dejado escrito el autor sobre la Tierra Media y alrededores, que por supuesto no están a la altura de la que es su obra maestra. En efecto, Al otro lado del viento es una película valiosa, especialmente para estudiosos, con momentos muy logrados, y gozosos pasajes estéticos, como esa persecución con un extraño juego de sombras que reinventa la secuencia del laberinto de espejos de La dama de Shanghai. Pero no es memorable. La película documenta el supuesto último día de trabajo del mítico director de cine Jake Hannaford, que ha sufrido un accidente mortal de automóvil tras acudir a una fiesta donde se ha proyectado con diversas interrupciones un copión con imágenes de su nueva película. De modo que la trama discurre fragmentadamente entre el material filmado de esa fiesta, por distintas personas y con distintos formatos, y la propia película en la que Hannaford estaba trabajando, donde un hombre y una mujer se persiguen sin que sepamos por qué, gran parte del metraje completamente desnudos. La película de Orson Welles, con la metáfora del título, “el otro lado del viento”, está coescrita con la croata Oja Kodar, también actriz y su amante, lo que no deja de ser otra circunstancia singular. Y se plantea como una reflexión acerca del oficio de cineasta, no exenta de ambigüedad y de un punto de ironía en torno al cine de autor, también en lo relativo a la relación con los actores, productores, técnicos. Ahí, Welles parece sentirse a gusto con un personaje director-actor, John Huston, encarnando a Hannaford, con rasgos viriles a lo Ernest Hemingway, incluido el gusto por las armas de fuego y las peleas con los puños desnudos. No podemos olvidar que su film se está gestando en el nuevo Hollywood de los 70, con jóvenes barbudos admiradores del cine europeo, de hecho entre los asistentes a la fiesta del film se encuentran personalidades como Claude Chabrol, uno de los cineastas emblemáticos de la nouvelle vague. Y tras esa especie de argumento sesudo pero también hueco, representativo del célebre antiargumento para representar el vacío existencial, que han manejado directores como Michelangelo Antonioni, o el erotismo rampante –aunque haciendo un habilidoso uso del bloqueo–, que podría hacer pensar en Bernardo Bertolucci o Ingmar Bergman, parece adivinarse a un Welles burlón y ambiguo, un Harry Lime de carne y hueso, el mismo que aleteaba detrás de Fraude, donde no se sabía dónde empezaba el arte y terminaba la falsificación; curiosamente en este film también tuvo parte creativa Kodar.
6/10
(2005) | 98 min. | Drama Tráiler
Como no todo el mundo sabrá, un ‘derviche’ es un miembro de una hermandad religiosa y ascética islámica, que vive como un mendigo, sin posesiones materiales, en busca de la sabiduría. Bab’Aziz, el protagonista de este film, es un anciano ciego, que viaja con su encantadora nieta Ishtar, con destino a una reunión de ‘derviches’ que tiene lugar cada treinta años. En su periplo, se encuentran con otros viajeros que van al mismo lugar, como Zaid, que ha perdido a una mujer a la que sedujo con su canto, Osman, que sueña con encontrar un palacio que descubrió tras caer en un pozo, y un príncipe que ha abandonado su reino para vivir como un ‘derviche’. Nacido en Túnez, aunque educado en Francia, se puede decir que Nacer Khemir es el Víctor Erice francotunecino, pues aunque tiene prestigio, ha rodado sólo tres películas en veinte años. En esta ocasión, entrega un cuento sencillo, pero lírico y reflexivo filmado con una enorme sensibilidad, que se refleja en unas evocadoras imágenes del desierto. Acompañan al relato varios momentos emotivos en los que adquiere el protagonismo absoluto la música. Khemir parece estar reivindicando su origen musulmán, mostrando una cara de su religión positiva, alejada de fundamentalismos que están haciendo tanto daño en el mundo actual. “Si tu padre se cae y mete toda la cara en el barro, ¿qué harías? Le ayudarías a levantarse y le limpiarías con tu camisa. Mi padre sería el islam y he intentado limpiar su cara con este film, lleno de amor y sabiduría”, comenta Nacer Khemir con unas palabras que explican bastante bien el sentido de un film bienintencionado, que parece nacido por necesidad después del 11-S. El tono es bastante amable y la espiritualidad de los personajes se antoja sincera, e incluso universal, pues se preocupan por aspectos que interesarán igualmente a los espectadores de cualquier credo, aunque desconozcan por completo el Corán –que no se cita expresamente–. Por ejemplo, se diserta sobre los caminos diferentes que cada individuo toma en la vida, la comunicación como único medio de entender a los demás, e incluso la aceptación de la muerte.
6/10
(2001) | 94 min. | Drama
Un edificio en construcción en Teherán, Irán. Alli contratan a refugiados afganos como trabajadores ilegales. Lateef trabaja allí como portero y chico de los recados, pero su posición es puesta en peligro por uno de esos ilegales, de quien acaba descubriendo un secreto: es una chica, y lo cierto es que le gusta. Nueva y preciosa muestra de cine iraní, Majid Majidi narra con delicadeza esta triste historia, donde las cosas no salen como uno desea, aunque sirvan para que Lateef madure.
6/10
(2013) | 94 min. | Drama
(2007) | 81 min. | Drama
Coproducción iraní-francesa de la jovencísima Hana Makhmalbaf –sólo 18 años tiene la realizadora, Premio Especial del Jurado en San Sebastián–, describe la vida de la gente que vivía bajo la célebre estatua de Buda que destruyeron los fanáticos talibanes. El film sigue los pasos de una niña de seis años, Baktay, animada por un niño vecino a ir a la escuela para aprender a leer y a escribir. El primer tramo se parece a tantas películas iraníes minimalistas en que a un niño se le ha perdido una moneda, un globo, un zapato, la gameboy (uy, esto no, pero es casi la única opción no contemplada…); en efecto, Batkay debe hacerse con un cuaderno y un lapicero, una tarea no tan sencilla como podría imaginarse. La parte más original es la de algo parecido al fanatismo, que empieza ya a hacer mella incluso entre tiernos infantes masculinos; porque Batkay encontrará en la escuela a un grupo de niños que juegan a la versión local de “indios y vaqueros”, o “polis y cacos”; o sea, juegan a talibanes y mujeres que deben llevar burka (improvisados con bolsas de papel) y ser lapidadas por usar pintalabios; aunque hay momentos en que se incide en la crueldad infantil, está todo tamizado por cierta ingenuidad e inocencia, y de hecho los chavales son capaces de cambiar de rol, y convertirse en norteamericanos en busca de peligrosos terroristas. La película es sencilla, presenta simpáticos golpes de humor, y la cría protagonista es un encanto.
7/10
(1978) | 127 min. | Aventuras
Irán, años 40. Un equipo de aventureros emprende la búsqueda de una mujer, secuestrada por una banda kurda. Adaptación de una novela de James Michener, que recuerda a Centauros del desierto, aunque la historia se ambienta en Irán, durante los 40. No llega ni de lejos a la maestría del film de John Ford, pero cuenta con un correcto reparto y es un film aceptable.
5/10
(2011) | 107 min. | Drama
(1990) | 100 min. | Drama | Falso Documental
Curiosa película del iraní Abbas Kiarostami, que usa su técnica tan amada de mezclar realidad y ficción con un tono documental, incluso con la cámara integrada en la trama, de modo que resulte difícil lo inventando de lo auténtico. El film sigue a un cinéfilo, Hossain Sabzian, que admira mucho la película de Mohsen Makhmalbaf El ciclista. Hasta el punto de que un día, ante Ahankhah, a quien conoce el autobús, afirmar ser el propio Makhmalbaf, que anda en busca de inspiración para un nuevo film. De modo que le abre su hogar e incluso le adelanta dinero. Cuando se descubre la superchería, Sabzian es detenido por la policía y llevado a juicio. Kiarostami sumerge al espectador en una curiosa experiencia, sobre todo porque las escenas ante el tribunal tienen un claro sabor documental, pero evidentemente están interpretadas; y el cinéfilo Sabzian se ha convertido, de modo involuntario, en protagonista de una película. Los actores, no profesionales, se interpretan a sí mismos.
7/10
(2013) | 106 min.
(2010) | 106 min. | Drama Tráiler
No es habitual que el veteranísimo Abbas Kiarostami abandone su Irán natal para rodar sus películas, aunque entre los 37 trabajos que tiene como director se cuenta ABC Africa, documental sobre el sida que filmó en Uganda, acompañado de un asistente. Aunque sus actores suelen ser siempre persas, esta vez ha recurrido a actores europeos. Kiarostami ha utilizado como localización San Giminiano, un evocador pueblo de la Toscana italiana. Cuanto menos sepa el espectador del argumento de esta cinta antes de verla, mejor. Se puede adelantar que un escritor inglés especializado en la percepción subjetiva del arte da una conferencia sobre su último libro en un pueblo italiano a la que acude una galerista francesa, con la que ha quedado a continuación, antes de coger el tren. Haber salido de su país le sirve a Kiarostami para gozar de una enorme libertad, teniendo en cuenta la rigidez censora que el régimen de los ayatolah aplica a cualquier obra de creación. Sin embargo, el cineasta no ha renunciado a su estilo elegante habitual y a la delicadeza que tanto engrandece su cine. Más bien el objetivo era rodar una obra universal, con cuyos personajes pudieran identificarse espectadores de cualquier punto del globo. La francesa Juliette Binoche realiza una deslumbrante interpretación de un personaje con graves carencias afectivas, por lo que el premio de interpretación que recibió en Cannes está plenamente justificado. La actriz ofrece un recital en secuencias como la del restaurante, donde cambia por completo de estado anímico, en el mismo plano. Está muy bien secundada por el sorprendente William Shimell, barítono británico que da el do de pecho, a pesar de que se trata de su primer trabajo en el cine. Kiarostami rueda con sus habituales y complejos planos secuencia, algunos realmente admirables. Recurre también a sus símbolos favoritos procedentes de la cultura persa, como el agua y los reflejos. El libro escrito por el protagonista gira en torno al valor del arte, y concretamente sobre el interés de las copias, que pueden tener importancia en sí mismas, y además, pueden deslumbrar a aquel espectador que se acerque a ellas desconociendo el original. A partir de esta reflexión, Kiarostami habla de las relaciones humanas, y de la percepción de las personas de nuestro alrededor en función de la importancia que se les dé. Por momentos, también parece que está hablando de su cine, que para los críticos es una absoluta genialidad, por lo que les proporciona un enorme placer. Para demostrar que todo depende de los ojos con los que se mire, Kiarostami aplica un giro de guión que cambia la percepción que hasta entonces el público tenía de los personajes. Además, su película tiene tantos puntos en común con cierto clásico que rodó un cineasta con su esposa –mejor no citarlo–, que se diría que estamos casi ante una copia, pero no una copia cualquiera, sino una brillante copia certificada.
8/10
(2016) | 103 min. | Drama
(1987) | 83 min. | Drama
Mohamed no ha hecho los ejercicios en el cuaderno y el profesor le amenaza con la expulsión si vuelve a repetir la misma falta. Esa misma tarde, su compañero, Ahmed, toma por equivocación el cuaderno de Mohamed y cuando decide ir a buscar la casa de su amigo para devolvérselo, se pierde en la noche. Un canto a la solidaridad protagonizado por un niño, capaz de atravesar a pie kilómetros de campos en mitad de la noche por evitar el mal de su compañero.
6/10
(2008) | 101 min. | Drama Tráiler
El cine iraní sigue fiel a sus señas de identidad minimalistas. Del clan Makhmalbaf -el padre y dos hijas son cineastas-, llega película de Samira, la hija mayor, directora de A las cinco de la tarde. La trama es terrible y sencilla. Describe la relación entre dos niños con taras, uno las tiene físicas, el otro mentales. El primero sufrió terribles mutilaciones de cintura para abajo, la guerra que no cesa, el segundo es deficiente mental, pero fuerte como una mula. Y precisamente esa fortaleza física le sirve para ganar un dólar diario, llevando a caballito al otro. La película no es más que dar vueltas a esto, con un naturalismo que lleva mostrar al chico mutilado bañándose o dando brincos de un modo espeluznante, o al retrasado hacer bastantes cosas, como pelear con otros chicos, sin pensar demasiado. Se podría pensar que, como en la fábula, la unión de los dos chicos constituiría el tándem perfecto. Pero las cosas no son tan sencillas. El chico mutilado es cruel y egoísta, en contraste con la especie de bondad natural que define al segundo. Film de estilo casi documental, muestra con crudo realismo las limitaciones a que se enfrentan los dos muchachos. Tiene interés, aunque se hace largo y reiterativo, y peca de cierta indefinición, pues de apuntar a una aproximación a la amistad, se pasa a algo mucho más terrible. En tal sentido la historia que nos cuenta Samira Makhmalbaf no deja de ser desesperanzada.
5/10

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