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Lista de cine

Todas las películas de Pixar

Revolucionaron el cine de animación, con sus películas elaboradas por ordenador y a lo largo de los años han mantenido un alto nivel de calidad. Ofrecemos aquí la lista completa de todos los estrenos de la factoría Pixar.

Todas las películas de Pixar
(2020) | 102 min. | Aventuras | Animación | Comedia Tráiler
Los Lightfoot son una familia de elfos. El hermano pequeño es Ian, un jovencito apocado y sin amigos, de fisonomía debilucha y carácter triste, sobre el que parece pesar como una losa el hecho de que su padre murió cuando él aún no había nacido. El hermano mayor, Barley, es todo lo contrario, un hombretón chistoso y vitalista que es un auténtico friki de un tiempo pasado, donde la magia estaba presente en el mundo. La vida de los dos hermanos va a cambiar cuando Ian cumple dieciséis años y su madre les da el regalo que su padre les había preparado para cuando fueran mayores. Se trata de una vara mágica gracias a la cual podrían traer a su padre de vuelta a la vida durante un día más. Pudo pensarse que con Toy Story 4 la compañía del flexo estaba abusando de las secuelas, señal clara de que se quedaba sin ideas. Pero nada de eso. Pixar sigue en plena forma y así lo demuestra con Onward, una estupenda y simpática película de animación que vuelve a caracterizarse por un ritmo fenomenal y una historia divertida en donde la aventura, la valentía y los lazos familiares son las señas de identidad. Tras las cámaras se encuentra un director de la casa Dan Scanlon (Monstruos University), mientras que el gran Pete Docter, peso pesado de la compañía con éxitos como Monstruos S.A., Up o Del revés, figura como productor ejecutivo. El guión crea un universo ficticio de criaturas mitológicas o fantásticas y ofrece una historia sencilla que retoma la presencia de los magos y la magia e invita a reflexionar sobre los propios talentos, ocultos en la vida cotidiana a la espera de sacarlos a la luz. Planea sobre el argumento la idea de misión, de valentía a la hora de lanzarse y emprender los riesgos derivados que hay que tomar para alcanzar la meta, aunque eso implique quizás el heroísmo de la renuncia. En tiempos actuales también destaca el tono clásico de la aventura, donde aparatos tecnológicos y móviles no pintan lo más mínimo. Y recupera además en algunas secuencias ideas nostálgicas a lo Indiana Jones. Se incluyen también momentos sobresalientes, como el imaginativo diálogo con la voz de la cassette, un modo ejemplar y lleno de ternura de mostrar la ausencia del padre y el derivado sentimiento de orfandad, temas que constituyen en realidad el motor de toda la trama. Los dibujos son técnicamente magníficos y tiene encanto especial la fisonomía del protagonista. Quizá haya algún desequilibrio en la definición de personajes, algunos menos desarrollados, como el del centauro, y alguna subtrama despiste más que entretener (la misión de la madre y la mantícora), pero sí está logrado el contraste y la compenetración entre los dos hermanos, pieza principal de esta película sobre la fraternidad. Onward quizá no se encuentra entre las mejores obras de Pixar pero desde luego alcanza un nivel más que notable y gustará especialmente a los peques de la familia.
7/10
(2019) | 97 min. | Aventuras | Animación Tráiler
Andy se ha ido a la universidad, pero la pequeña Bonnie ha heredado sus juguetes. Y aunque el entrañable sheriff de trapo Woody no es su favorito –incluso le sale alguna pelusa–, él sigue liderando la comunidad juguetera, bien imbuido de su misión de procurar la felicidad de la niña que es su dueña. Y ahora ha llegado un momento especial en su vida, el primer día de escuela infantil. Detectados sus miedos, Woody se las arregla para acompañarla oculto en su mochila. Y ahí será testigo de algo mágico: la seguridad que se adueña de Molly cuando construye un tosco juguete con un tenedor de plástico: Forky será su entrañable amigo, aunque el propio juguete tiene sus personales temores, el complejo de estar hecho con basura, material desechable. Cuando por avatares de la vida Bonnie pierde a Forky, Woody hará lo imposible con los otros juguetes para recuperarlo, pues teme que la pequeña quede traumatizada por el extravío. En la aventura se reencuentra con su vieja amiga Bo Beep, la muñeca pastorcilla inseparablemente unida a sus ovejitas, que es feliz con una vida en libertad en una feria. Toy Story 4 está bien, e incluso muy bien. Pero le pasa lo que a El padrino III. Que existen las anteriores, o sea, Toy Story, Toy Story 2 y Toy Story 3. Y esta última parecía cerrar tan maravillosamente la saga, que la nueva entrega no puede reeditar las mismas sensaciones. Aunque, ciertamente. es muy entretenida, combina muy bien el drama y el amor entrañable con el humor, resulta dinámica y con su punto de intriga, y la calidad de la animación sigue alcanzando cotas más altas, véase la lluvia de la escena de apertura. Debuta en la dirección el hasta ahora animador y responsable de algún corto de Pixar Josh Cooley. Entre los responsables de la trama figuran muchos nombres, y por fortuna no ha sido eliminado el padre de las criaturas, John Lasseter. Además se han incorporado algunas ideas y temas nuevos, por lo que tiene el mérito de no entregar más de lo mismo, rutinariamente. Desprende así su encanto el planteamiento del pánico de una niña pequeña, y la creatividad que puede llevar a inventar nuevos juguetes a alguien de corta edad, es la vieja idea de que con un botón y un carrete de hilo un chaval con imaginación se lo puede pasar en grande, no le hace falta, necesariamente, un coche teledirigido, o, digámoslo alto y claro, una videoconsola o un teléfono móvil. Por otro lado, dentro de la felicidad que adquiere un juguete cuando sabe dársela a un niño, idea recurrente de toda la saga, y aquí incorporada con nuevos matices en el caso de la muñeca Gabby Gabby, se apunta también la idea de la libertad e independencia de los juguetes, que podrían alcanzar la felicidad, posibilitando que juguetes poco afortunados consigan un niño que los quiera. En tal sentido hay algún momento especialmente entrañable en la feria, aunque el clímax no resulta todo lo redondo que uno habría deseado. Quizá lo menos original es ese empeño algo postizo de presentar personajes femeninos fuertes, aquí sobre todo Bo Peep, la sombra del movimiento #MeToo, más allá de la justicia de muchas de sus reclamaciones, se torna condicionamiento de tramas hollywoodienses digno del estudio de una tesis doctoral. En la narración hay una apuesta por dar menor protagonismo a algunos personajes muy populares y conocidos –Buzz Lightyear, Jessie, el señor y la señora Patata, etc–, aunque tengan presencia, para presentar a algunos nuevos muy graciosos como Risitas, la pequeña patrullera de la policía, el motorista canadiense Duck Baboon, dos muñecos de peluche con ideas peregrinas –en los títulos de crédito aparece un gag típico de película catastrofista desternillante–, además de la citada muñeca triste Gabby Gabby, y los secuaces muñecos de ventrílocuo que están en la tienda de antigüedades.
7/10
(2018) | 118 min. | Acción | Aventuras | Animación | Comedia Tráiler
Los superhéroes siguen gozando de muy mala prensa. A pesar del tesón que ponen en combatir a los supervillanos, las autoridades no están muy contentos con su trabajo, piensan que destrozan la propiedad pública, lo que supone un gasto de millones de dólares en reparaciones que salen de las arcas municipales. Así que ha llegado el momento para la familia Parr, “Los Increíbles”, de colgar definitivamente sus mallas, los padres deberán buscarse otro curro. ¿O no? Pues aparece en escena el emprendedor y admirador de los superhéroes Winston Deavor, que piensa que lo que necesitan éstos es una buena campaña de imagen, y en tiempos de empoderamiento femenino, su banderín debe ser, por supuesto, Helen, o sea, Elastigirl. Lo que supone que Bob, Mr. Increíble, deberá ocuparse de las tareas del hogar, cuidando especialmente de sus hijos: Violet, enfadada porque el chico del que se ha enamorado la ha olvidado; Dahs, que necesita ayuda con sus deberes; y el bebé Jack-Jack que a su tempranísima edad comienza a mostrar que los superpoderes no le son ajenos. 14 años después de Los increíbles, Brad Bird vuelve a recuperarlos, de nuevo como guionista y director en solitario, lo que acredita que se trata de una personalísima creación, que sabe entregar con vertiginoso y envidiable ritmo, las escenas de acción son modélicas. Sin duda es la mejor secuela Pixar junto a las de Toy Story. El cineasta demuestra que se le da mucho mejor la animación que las películas con actores de carne y hueso, a pesar de los resultados estimables que logró con Misión Imposible: Protocolo fantasma y Tomorrowland: El mundo del mañana. Bird se muestra muy inspirado al ofrecer una imaginativa trama con las mismas ideas de fondo que su predecesora, o sea, que una familia, por muchos talentos que posean sus componentes, es sobre todo una familia, en la que deben cuidar unos de otros y ayudarles a salir adelante, cada uno desde su sitio. Y tan heroica es la tarea de enfrentarse a los villanos de turno, como cambiarle los pañales sucios a un bebé. Funciona muy bien, en tiempos de sobreexposición mediática, la idea de unos superhéroes que necesitan que se hable de ellos, ensalzándolos, que haya una cámara siempre filmando sus proezas. En tal sentido es un hallazgo la creación del personaje de Winston, como entusiasta creador de imagen de los superhéroes, le viene como anillo al dedo a Bob Odenkirk –hasta el dibujo se le parece físicamente– por su mucha labia, que retrotrae a su personaje de Breaking Bad y Better Call Saul. Además se cuidan los personajes femeninos, además de Elastigirl, Evelyn, la hermana de Winston, con la que se establece una complicidad, además de la embajadora, y de Edna, tan divertida como siempre, diseñando trajes. La galería de personajes es inacabable, pero la pena citar a un grupo de superhéroes con pintas algo cochambrosas, que dan mucho juego. Hay capacidad de sorpresa con el misterioso supervillano, que además da pie a algunas de las escenas más sorprendentes por sus cualidades hipnóticas y su juego con la luz y los contrastes, con un subtexto acerca del poder adictivo de las pantallas nada desdeñable. Aunque lo mejor probablemente sean las escenas domésticas, Bob cuidando de sus hijos, y las sorpresas que deparan su nueva casa y los poderes que empiezan a asomar en Jack-Jack, hay momentos tronchantes.
8/10
(2017) | 109 min. | Aventuras | Animación | Comedia Tráiler
Pixar vuelve a demostrar su capacidad de arriesgar con sus historias animadas, tras transitar últimamente secuelas, Cars 3 y Buscando a Dory. Lo hace abordando una imaginativa trama que hunde sus raíces en la cultura mexicana, las celebraciones de recuerdo de los seres queridos el Día de Muertos. México ha sido el primer país en estrenar Coco, donde rápidamente se ha convertido en la película más taquillera de su historia. El punto de partida es una familia sobre la que pesa una ruptura matrimonial del pasado, el marido dejó a su esposa y a su hijita Coco para triunfar en el mundo de la música, con su voz, sus canciones y su guitarra. Han pasado varias generaciones, en que la familia, que ha proscrito la música, honra a todos los antepasados menos a ése. Pero el pequeño Miguel tiene talento musical, y se siente impelido a seguir el camino del que abandonó su hogar. Su mágica llegada al reino de muertos le dará una visión más completa de las cosas, un camino a la madurez. Si empezamos refiriéndonos al capítulo técnico, estamos ante un “más difícil todavía”, siguen mejorando las texturas y la concepción de los planos, unos movimientos de cámara y una iluminación que justifican plenamente la acreditación en el apartado de fotografía de Matt Aspbury y Danielle Feinberg. También es sorprendente la paleta de colores muy saturados y luminosos, con diferencias sutiles entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos. Y la animación esquelética de los difuntos es definitivamente muy resultona. Pero por supuesto, en Pixar siempre se han esmerado en los guiones, tramas inspiradoras sólidamente armadas. Y en este apartado –donde están acreditados Adrian Molina, Lee Unkrich, Jason Katz y Matthew Aldrich– el resultado es sobresaliente. Se pinta un conflicto familiar que podía ser propio de un culebrón chicano, o de los viejos dramones típicos del cine mexicano, Jorge Negrete y compañía, con trauma del pasado que ha afectado al clan familiar de los Rivera, hasta el punto de que la música no se puede ni mentar, y el “traidor” ha desaparecido de las fotos de familia. Y se hace hincapié en la importancia de la unidad familiar, incluido el recuerdo a los que nos han precedido y ya descansan más o menos en paz. Es entrañable la figura de los mayores, que son reivindicados, no en vano Coco, que da título a la película, es la bisabuela de Miguel con demencia senil, y que recoge el cariño de todos los suyos, además de que es la hija del que abandonó a la familia. Y la muerte se presenta con toda naturalidad, forma parte de la vida. Están muy bien presentadas y justificadas las distintas sorpresas del guión, con múltiples y sorprendentes personajes, que ayudan a la evolución del protagonista, que sabrá encontrar el equilibrio entre el desarrollo de su don musical y el amor familiar. Hay momentos muy conmovedores, espacio para la música, el humor y la acción. También se evoca la admiración de Miguel por cantantes del pasado y viejas películas, un recurso que nos puede hacer pensar en las sagas Toy Story y Cars, y en Bolt. Quizá el guiño-homenaje-cita de Frida Khalo está un poco metido con calzador, pero funciona razonablemente, y reconoce la deuda con la artista en la imaginería del film.
9/10
(2017) | 102 min. | Deportivo | Acción | Animación Tráiler
Los años pasan. El campeón de la Copa Pistón, Rayo McQueen, añora a su mentor, Doc Hudson, pero sigue dominando en el circuito... hasta ahora. La aparición de una nueva generación, capitaneada por Storm, que entrena con simuladores y el sofisticado manejo de estadísticas, le está dejando obsoleto. Pero la cosa podría cambiar, pues le apoya un nuevo patrocinador, y la entrenadora Cruz podría ponerle al día en lo relativo a las nuevas técnicas para ganar. Después de Cars 2, que derivaba una trama de espías a lo James Bond, la saga automovilística animada de Pixar Cars, creada por John Lasseter, vuelve a la esencia de las carreras, entregando el testigo a un director más joven, el debutante Brian Fee, en lo que se diría una aplicación práctica de la filosofía que subyace en el film. Pues la idea es reconocer las limitaciones que van surgiendo con la edad, y la necesidad de confiar en los jóvenes. Lo que tiene una contrapartida complementaria, la de que los novatos, que se están iniciando en la aventura de la vida, deben confiar en la experiencia de los que ya peinan canas, y de los que cabe aprender tanto. Aunque tiene algún altibajo de ritmo, sobre todo cuando se recuerda a las viejas glorias –los siete guionistas acreditados hacen pensar que ha habido que esforzarse en apuntalar el libreto–, la película resulta sumamente entretenida, y con una subida del listón en lo que a perfección técnica se refiere: verdaderamente parece que estemos en las carreras, y las colisiones, son de gran verismo, aunque evitando a la vez imágenes que pudieran ser inconvenientes para los más pequeños. Las sesiones de entrenamiento y los simuladores, la competición nocturna o la imaginación de un personaje que transforma los coches en tractores, son imaginativas y están muy bien diseñadas. Hay esfuerzo y riesgo a la hora de dejar a personajes conocidos en un segundo plano, y dar paso a otros nuevos resultones, sobre todo la entrenadora Cruz, con todo su programa de motivación y autoestima, que debería aplicarse en primera peronsa, y el patrocinador fan que podría estar pensando sobre todo en su propio bolsillo. El petulante Storm tiene su gracia, aunque quizá sea algo monolítico, pero cobra gran importancia en el clímax compartido por Rayo, Cruz y él.
6/10
(2016) | 100 min. | Animación Tráiler
Como el título sugiere, Buscando a Dory supone cambiar las tornas de Buscando a Nemo, si en este film el pez payaso Marlin buscaba angustiado a su perdido hijo Nemo, tarea en la que contaba con la ayuda de otro pez, la desmemoriada Dory, en esta ocasión son padre e hijo los que deben dar con el paradero de Dory. Ella, gracias a repentinos fogonazos en su memoria, ha recordado algunos datos clave acerca de sus padres, a los que perdió siendo una niña, al ser arrastrada por una fuerte corriente; ahora sabe que antaño vivió en la costa de California, y con la ayuda de sus amigos va a tratar de encontrar a sus progenitores. Una tarea en la que van a terminar separados, Dory es atrapada y etiquetada por unos biólogos marinos, pero por suerte su gran corazón la capacita para hacer nuevos amigos, como el pulpo Hank. Trece años después del film original, Andrew Stanton repite como director y guionista, ayudado por otros compadres de la factoría Pixar, que vuelven a demostrar la eficacia del trabajo en equipo y la búsqueda de la excelencia, aunque haya que dejar pasar el tiempo. Además, y aunque lógicamente en ese período las herramientas digitales de animación han mejorado mucho, se mantiene el encantador aspecto original de los personajes, de modo que las mejorías técnicas se notan sobre todo en la habilidad camufladora del genial pulpo Hank, todo un hallazgo de personaje, y en los pasajes fuera del agua, en el oceanográfico y en la autopista, con unas escenas de un dinamismo asombroso, de modo especial el clímax del camión. La trama sabe sacar todo el partido a la limitación de Dory, esa discapacidad consistente en sus pérdidas transitorias de memoria, que por supuesto dan pie a momentos muy divertidos, pero que también son un problema existencial que hace que al espectador se le encoja el corazón en más de un momento, empatizando con sus padres. Hay habilidad en engarzar esta secuela con el original, y de nuevo se incide en la importancia de tener un gran corazón para darse a los demás incondicionalmente, algo en lo que Dory es una campeona, y que estimula a los que tiene a su alrededor, de un modo muy claro a Marlin y a Hank. Quizá a Buscando a Dory se le puede reprochar que, a diferencia de las nuevas entregas de Toy Story, no contiene algún elemento increíblemente novedoso con respecto al original, estamos en territorio conocido, con variaciones sobre el mismo tema. Pero la experiencia de su visionado resulta una vez más una gozada, hay ritmo en la narración, bromas tronchantes, y algunos personajes secundarios muy simpáticos, aparte del pulpo Hank, están los leones marinos, un tiburón ballena, una ballena beluga, y hasta unas nutrias y un pájaro torpón, que dan mucho juego.
7/10
(2015) | 100 min. | Aventuras | Animación Tráiler
El viaje de Arlo se desarrolla en una realidad alternativa en la que el meteorito que según las teorías aniquiló a los dinosaurios al chocar con la Tierra habría pasado de largo. Así, habrían seguido existiendo mucho después, cuando aparecieron los humanos, como Spot, un niño humano salvaje que ayudará al joven apatosaurus Arlo a regresar a su casa, donde tiene que ayudar a su madre a recoger la cosecha antes de que llegue el invierno. Ha sido largo el proceso de gestación de este film, previsto inicialmente para 2014, año que al final se quedó sin largometraje de Pixar. Se revisó varias veces el guión, al tiempo que el director original, Bob Peterson, co-responsable de Up, fue sustituido por Peter Sohn, autor del corto Parcialmente nublado. Al final se ha estrenado después de la fresca y redonda Del revés, lo que acentúa que El viaje de Arlo resulte convencional, pues el cine de animación ha recurrido a los dinosaurios en títulos como En busca del valle encantado, Ice Age y hasta Dinosaurio, de Walt Disney. Hace unos años, Pixar sorprendía con numerosas ideas en filmes como Buscando a Nemo, con sus tiburones arrepentidos de comer peces en reuniones en la línea de alcohólicos anónimos. En esta ocasión nada es nuevo, por ejemplo los correteos bajo las estrellas del protagonista con su padre, y la relación entre ambos personajes, todo en apariencia calcado de El rey león. Pero El viaje de Arlo está bien ejecutado, lo que pone de manifiesto que el estudio de animación digital dista de estar acabado. Exhibe virtuosismo a la hora de recrear la vegetación, las luciérnagas o las nubes. Al final, logra emocionar. Sus mensajes son menos sutiles que en otras ocasiones, pero interesantes a pesar de su sencillez, sobre todo para el público infantil. Incluye notas positivas sobre la importancia de la familia sobre cualquier cosa, la amistad por encima de las diferencias, y la necesidad de afrontar el miedo.
7/10
(2015) | 95 min. | Animación Tráiler
Casi dos años han pasado desde que Pixar entregara Monstruos University. El largo tiempo transcurrido y la incursión en las secuelas hizo pensar a algunos que los tiempos de la desbordante creatividad del estudio animado habían pasado, no se podía acertar eternamente y entregar con tanta frecuencia obras maestras. Del revés viene a desmentir tal apreciación, pues se trata de una cinta enormemente imaginativa y arriesgada, que logra dar en el blanco con un guión de hierro, que aborda grandes verdades de la naturaleza humana, emociona ver cómo se aborda justamente el mundo de las emociones. De nuevo la historia, maravillosamente armada, es pilar fundamental, pero hay que aplaudir también todos los diseños, sobre todo los personajes no humanos, y el modo de representar lo onírico, el mundo de la mente, los sueños y los recuerdos, rebosante de ocurrencias bien plasmadas visualmente, incluso acudiendo a representaciones propias del arte pictórico moderno, Disney se sentiría orgulloso de ciertas ocurrencias a lo Dalí y de las menciones a Picasso. La película parte de la idea de que las acciones de las personas las guía en su interior un centro de mando, ahí operan como un equipo las emociones personificadas en Alegría, Tristeza, Ira, Miedo y Asco. Ocurre con la niña Riley, que con sus padres se muda desde Minnesota a San Francisco. Un cambio que no lleva demasiado bien –echa de menos su entorno anterior, sus padres andan agobiados porque sus enseres no llegan y por la inseguridad laboral, en clase se siente extraña y no congenia con sus compañeros...–, y la gestión de sus emociones encontradas se desequilibra por el excesivo protagonismo que suele asumir Alegría, que siempre relega a Tristeza a segundona. Lo que eran islas seguras y firmes de la personalidad de Riley –su talento para el hockey, el sentido del humor, la amistad, la honestidad...– empiezan a tambalearse, y comienza a sufrir en soledad. Pete Docter (Up, Monstruos S.A.), director y guionista secundado por compañeros como Ronaldo Del Carmen, se mueven más que nunca en el filo de la navaja, pues dar vida a lo que hay dentro de una persona, todo lo que configura su forma de ser, inteligencia y voluntad, y que le lleva a actuar, a soñar, a reír, a llorar, a consolar, parece, esta sí, de verdad, si se nos permite parafrasear a una serie y saga de películas, misión imposible. Y sin embargo, ese manojo de personajes que operan dentro de Riley –y sus semejantes, mostrados a escala menor, en otros seres humanos, como los padres–, no resultan ridículos o increíbles, sino tremendamente entrañables, y el espectador reconoce que por emociones como ésas se mueve en tantas ocasiones. Emocionar representando emociones es rizar el rizo, y aquí se logra de modo sobresaliente, conjugando la risa y el llanto, sonrisas y lágrimas, para así hablar de las cosas que importan, la familia, la amistad, los grandes ideales, el desarrollo de los talentos, que permiten superar los inevitables bajones que acompañan a la existencia humana.  
10/10
(2004) | 121 min. | Aventuras | Animación | Comedia Tráiler
Mr. Increíble es un superhéroe que goza en el ejercicio de su trabajo, combatiendo el crimen y poniendo entre rejas a los villanos de turno. Además, su profesión le permite hacer amistades, también dotadas de superpoderes, como es el caso de Frozono, e incluso conocer a la que será su media naranja, Elastigirl, con quien se casa y tiene tres simpáticos retoños, la adolescente Violeta, el hiperactivo Dash, y Jack-Jack, un bebé. Pero vivimos tiempos mediocres, que diría Elijah, el personaje con aires de profeta de El protegido, un film que también reivindicaba a los superhéroes. El pleito que sigue al salvamento de un suicida gracias a la actuación de Mr. Increíble pone en la picota, ante la opinión pública, a los superhéroes. Nadie quiere personas que destaquen por encima de los demás, conviene medir a todos por el mismo rasero de la mediocridad. De modo que Mr. Increíble y el resto de los superhéroes son obligados a acogerse a un programa del gobierno para su reubicación en profesiones “normales”, donde no pueden desarrollar sus talentos natos. Así que Mr. Increíble pasa a convertirse en Bob Sparr, empleado de una compañía de seguros, donde sus superiores le someten a una burocracia absurda, donde no faltan prácticas poco éticas, como la de engañar a los clientes, que nuestro protagonista burla como buenamente puede. Por otro lado, los hijos son obligados a reprimir sus superpoderes, lo que no les facilita en absoluta la vida cotidiana en la escuela. Mientras el traje de Mr. Increíble empieza a apolillarse, Bob recibe una misteriosa oferta para ejercer de superhéroe en una exótica isla. Pero no puede decir nada a nadie, ni siquiera a su mujer. De nuevo, reclutado el talento de Brad Bird (El gigante de hierro), Pixar demuestra que en un film animado (en realidad, en cualquier film), lo más importante es la historia. Y a este respecto, el derroche de imaginación es sencillamente apabullante. Desde la premisa argumental, pasando por la descripción detallada de los personajes. Aparte de la citada genial familia, destacan Edna Mole, diseñadora de los trajes de superhéroes, que detesta las capas en ellos, y que homenajea a Mr. Magoo; y Síndrome, un divertido villano que sirve además para hacer una afilada crítica a los clubs de admiradores que más que fans parecen fan... áticos. Bajo la capa (con perdón, Edna) de una historia divertida, y con una acción tan trepidante que nada tiene que envidiar a las historias de James Bond (sobre todo en la parte que se desarrolla en la isla), subyacen ideas que contribuyen a un guión férreo, que fue candidato al Oscar (el film ganó dos estatuillas, como película de animación, y por el montaje sonoro). Además de esa necesidad de cultivar los propios dones, sin permitir que nadie de fuera nos los eche a perder, la película habla de la familia unida como un planteamiento necesario a la hora de enfrentarse a los grandes problemas. Y se nos muestra cómo el desempeño de los trabajos ordinarios (ser ama de casa, asesorar con su seguro a una ancianita) requiere a veces tanto o más esfuerzo que el necesario para repartir estopa a un gigantesco robot. El humor nos regala situaciones impagables, ya sea al mostrar los estropicios que puede organizar Mr. Increíble por no poder controlar siempre su fuerza, en las misiones clandestinas de Mr. Increíble y Frozono, o cuando una alucinada Elastigirl descubre que su esposo ha encargado a Edna, a sus espaldas, unos trajes de superhéroe que son realmente el último grito. En el apartado que podríamos denominar “homenajes”, lo hay, por supuesto, a todos los cómics de superhéroes, con mención especial para Los 4 Fantásticos (incluido el personaje de Frozono, y la lucha final), y a Watchmen, una creación de Alan Moore. También a Bond (en la presentación de los gadgets de vestuario, o en la seductora villana), e incluso a El retorno del jedi, en la persecución por un paisaje selvático. Por supuesto, el capítulo puramente técnico de la animación es un nuevo do de pecho de Pixar. Se trata del primer film de la compañía protagonizado por humanos, lo que obligaba a mejorar los resultados en este capítulo, que en sus anteriores filmes tenían una presencia secundaria, y estaban más descuidados. De modo que se ha trabajado a fondo el modo de reproducir los rasgos, la piel y el pelo. Pero como explica John Lasseter “cuanto más real intentes hacer algo, más posibilidades tienes de fracasar. El secreto de Brad ha sido producir algo que los espectadores ‘saben’ que no existe, algo tan estilizado que lo creerán si todo tiene coherencia.” De modo que “cuando ves actuar a los personajes y te fijas en sus ojos, sientes lo que está pasando en su alma”.
8/10
(2003) | 101 min. | Animación Tráiler
El pez payaso Marlin pierde a su esposa y a sus futuros hijos por el ataque de un enorme pez. Poco después, eclosiona el único huevo que ha podido salvar, dando lugar al nacimiento de Nemo. Temeroso de que la tragedia se repita, Marlin prácticamente no deja que su vástago se aleje del arrecife que sirve de hogar familiar, y no es capaz de dejarle solo ni siquiera en su primer día de clase. Para probar su libertad, en un tonto ataque de rabia, Nemo le desobedece y se aventura mar adentro, con tan mala suerte que es capturado por un submarinista. Aunque el barco en el que viaja es más rápido que él, Marlin sigue su estela hasta que desaparece, y luego trata de recuperar unas gafas de buceo que se le han caído, con su dirección. Aunque Marlin lo ignora, se trata de la consulta de un dentista en Sidney, a cuya pecera va a parar Nemo junto con un grupo de peces desquiciados. Si no consigue escapar, acabará siendo un regalo para la nerviosa sobrina de su nuevo dueño. Mientras tanto, Marlin emprende una desesperada búsqueda de su hijo. En su camino le ayuda Dory, una simpática pez que a pesar de sus buenas intenciones sufre síndrome de Korsakov, lo que le provoca que olvide con rapidez los sucesos recientes. Juntos encontrarán inesperados aliados, pero también grandes peligros. El último trabajo de Pixar, pioneros de la animación por ordenador, y creadores de cintas tan memorables como Toy Story y Monstruos, S.A., se ha convertido con toda justicia en la cinta de animación más taquillera de la historia, desbancando a El rey león. Y esto se explica, como es habitual en la compañía, por un guión redondo que combina un tono humorístico a base de diálogos que parecen sacados de la alta comedia clásica, con un trasfondo muy serio que exalta la paternidad. De hecho, el tema central, la sobreprotección de los hijos, proviene del miedo a ser un mal padre del propio director, Andrew Stanton, impulsor del proyecto, y hasta ahora colaborador habitual del máximo responsable de Pixar, John Lasseter, que esta vez ejerce como productor ejecutivo. A mediados de los 90, Stanton pasaba la mayor parte del día en la oficina, dedicando poco tiempo a su hijo, lo que produjo cierto sentimiento de culpa. “Cuando íbamos al parque me pasaba todo el tiempo diciendo: ¡No toques eso! ¡No te metas ahí!”, explica. “Así que al final me di cuenta de que iba a echar todo a perder, y que el miedo puede hacer que la gente se convierta en malos padres”. El guión, dirigido también a los más pequeños, intenta justificar este tipo de comportamientos de los padres, haciéndoles entender que si alguna vez se exceden, es por su propio bien. La parte de la evasión de la pecera se basa en la realidad, exactamente en las visitas infantiles al dentista de Stanton. Cuando el director veía los peces de la consulta, imaginaba que al final idearían un método para salir de allí. Un día le propuso hacer una película sobre esto a John Lasseter, pensando que no le haría demasiado caso. Pero éste le respondió: “Tranquilo, desde que pronunciaste la palabra peces he dado luz verde al proyecto”. Otro de los puntos fuertes de cualquier trabajo de Pixar es la calidad de la animación, de estilo realista. La compañía vuelve a demostrar que es insuperable en su tratamiento de texturas casi reales, aunque quizás les quede por mejorar en las figuras humanas. Además, esta cinta supone un gran avance en cuanto a recreación de líquidos, que por lo visto hasta ahora era la asignatura pendiente de la animación digital, pues no conseguían ser lo suficientemente convincentes.
8/10
(2001) | 99 min. | Aventuras | Animación | Comedia Tráiler
Érase una vez “un lobito bueno” y una “bruja hermosa” decía el popular poema. También rompen todos los tópicos Mike y Sulley, dos monstruos que en realidad son tipos entrañables y que tienen miedo de los niños porque creen que son tóxicos. Ambos son “asustadores” profesionales, que trabajan para una compañía que convierte la energía de los gritos infantiles en energía para Monstruópolis. Una noche, Sulley descubre que no ha sido devuelta a su sitio una puerta de las que conectan su mundo con el de los humanos. Cuando intenta colocarla, no puede impedir que la cruce una niña, que siembra el terror entre los habitantes de la ciudad. ¿Podrán devolverla a sus padres antes de que alguien se entere? Todo este derroche de imaginación sólo puede proceder de Pixar, compañía asociada con Walt Disney, creadores de hitos como Toy Story y Bichos. John Lasseter, presidente de la compañía, cede la realización a Pete Docter, uno de sus más estrechos colaboradores, y se reserva para sí la labor de productor ejecutivo. Con este cuarto largometraje Pixar vuelve a demostrar su superioridad en el campo de la creación digital, gracias a movimientos más precisos y reales que los de trabajos anteriores. El tema central de la banda sonora, "If I didn’t have you" ("Si no estoy contigo"), ganó el Oscar en la categoría de mejor canción.
8/10
(1999) | 90 min. | Aventuras | Animación Tráiler
En 1995 un tipo llamado John Lasseter revolucionó el cine de la animación con ese pedazo de película titulada Toy Story. Cinco años después llega una segunda parte que no sólo resiste la comparación con la original, sino que en algunos aspectos la supera. De nuevo seguimos a los juguetes de un chaval llamado Andy, que cobran vida cuando su dueño no está con ellos. Cuando el vaquero Woody trata de evitar que un juguete viejo acabe en el rastrillo, el resultado es que él mismo va a parar a manos de Al, dueño de un hipermercado de juguetes. Entonces Woody se entera de que es un juguete basado en una serie televisiva de gran éxito en los años 50. Y la idea de Al es completar con él los muñecos basados en el telefilme, para venderlos a un museo japonés. Los amigos de Woody, encabezados por Buzzlightyear, intentarán rescatarlo. No nos engañemos. La calidad de la animación es fantástica, pero éste no es el secreto definitivo de Toy Story 2. Que te atrape tiene que ver, y mucho, con un guión de primerísima calidad. Los personajes están bien definidos, tienen personalidad. Y las cosas que les ocurren te interesan. Ya sea el dolor de un muñeco porque la niña que fue su dueña le olvida en un rincón; el sentido de la amistad y la familia, que lleva a atravesar mil y un peligros; o la conciencia de que el tiempo pasa, y que uno envejece (es decir, los juguetes se estropean). Además, no falta el sentido del humor, que encaja a la perfección con el modo de ser de cada juguete. Guiños a películas como La guerra de las galaxias o Parque Jurásico o la aparición de las célebres muñecas Barbie, provocan, sin remedio, la carcajada. Entre los nuevos personajes, destacar la divertida vaquera Jessie, con su divertidísimo grito ranchero “¡Yeeahoooooo!”, Oloroso Pete el Capataz, y Zurg, un villano galáctico, rival de Buzz Lightyear.
9/10
(1998) | 105 min. | Animación Tráiler
Bichos (que se edita en vídeo con cuatro carátulas diferentes) se inspira en la conocida fábula de la cigarra y la hormiga de Esopo. John Lasseter toma esa idea y presenta a una colonia de hormigas que prepara sus provisiones para el invierno, mientras unos holgazanes saltamontes pretenden llevarse una parte por la cara. Existe una aceptación inicial de ese estado injusto de las cosas, como si no pudiera ser de otro modo: hasta que la torpe e ingeniosa hormiga Flik se rebela, decide hacer algo. A partir de aquí hay una historia épica (reunir a un grupo de valientes capaz de enfrentarse a los villanos, en una empresa semejante a la narrada en Los siete magníficos), donde se insertan muy bien los puntos de comedia (hasta llegar a los chistes de los créditos finales, que nadie debería perderse). Flik es un antihéroe con el que se puede identificar todo espectador: no es perfecto, mete la pata con facilidad; pero a la vez es voluntarioso y tiene un deseo sincero de ayudar a los demás. Estas características pueden trasladarse a los insectos circenses que Flik recluta para combatir a los saltamontes, creyendo que son experimentados guerreros. Son relativamente buenos en sus números de circo –relativamente, pues su torpeza les hace, en su trabajo también, deliciosamente vulnerables–, pero no quieren saber nada de peleas; hasta que advierten que las hormigas confían en ellos y toman una valiente decisión. Hay un gran esfuerzo en definir los personajes: Flik, la reina madre, las princesas Atta y Dot, entre las hormigas; Hopper y su hermano Molt, entre los saltamontes; una pulga, una mantis religiosa, una mariquita, un insecto palo, un gusano, un escarabajo, un gusano, una viuda negra y unas cochinillas, entre los artistas de circo. Todos presentan gestos y animación elaborados, personalidad, simpatía: no producen repulsión. Se trata de un mundo comparable a la serie de dibujos animados La abeja Maya, aunque de una perfección mucho mayor. ¿Qué decir a estas alturas de las imágenes de los pinceles digitales de Bichos? Pues que más y mejor. Los fondos son de un hiperrealismo subyugante, otra vuelta de tuerca a los ofrecidos en Toy Story: el hormiguero, las hierbas del campo, lo que parece un gran cañón, las luces de neón de la gran ciudad… Cosas tan nimias en apariencia como el soplo de una brisa ligera, las gruesas gotas de agua de una tormenta, la luz del día o la oscuridad nocturna iluminada por el fuego, ya sea verano u otoño, adquieren significado propio. Con Lasseter lo pequeño se hace grande, lo increíble toma visos de verosímil.
6/10
(2006) | 116 min. | Animación Tráiler
Pixar, a través de una de sus cabezas más visibles, John Lasseter (director de Bichos y las dos entregas de Toy Story) vuelve a dar en la diana con su última aventura animada. La fórmula funciona a la perfección. Perfección técnica en la animación 3D, sí, pero sobre todo una historia muy bien pensada, con personajes bien perfilados, capaces de interesar tanto al público infantil como al adulto. El film sigue la pista a Rayo McQueen, un automóvil que aspira a ganar la importante Copa Pistón él solito, sin la ayuda de nadie. Audaz en las carreras, Rayo es sin embargo un personaje egocéntrico y sin amigos, que únicamente piensa en el triunfo. Pero sus planteamientos vitales van a cambiar cuando se pierde en la ruta 66, una mítica pista que atraviesa Estados Unidos, y que quedó en desuso con la construcción de la autopista interestatal. Tras una desgraciada peripecia, Rayo debe recalar en la ciudad de Radiador Springs, habitada por autos que llevan una vida tranquila y sosegada, y donde conocen bien el significado de las palabras ‘amistad’ y ‘preocupación por los demás’. Lasseter acierta con la línea narrativa, combinando bien el humor los dilemas de sus distintos personajes. Destaca la caracterización de los autos, con la magnifica idea de que los expresivos ojos ocupen el lugar de los parabrisas, y la boca y nariz el del morro. Y se raya la perfección en la simulación de materiales metálicos de los autos, y en las escenas de velocidad y carreras.
8/10
(1995) | 81 min. | Animación | Aventuras Tráiler
Producir el primer largometraje de animación digital de la historia era una empresa más arriesgada de lo que parecía. Pero John Lasseter, máximo responsable de Pixar, tenía claro que no bastaba con su avanzada y sorprendente tecnología. El secreto estaba en un guión ingenioso, crónica de una crisis de identidad. La que sufre Buzz Lightyear, convencido de que es un héroe galáctico, pero que en realidad es un juguete, que ha dejado en un segundo plano a la posesión más preciada de Andy hasta el momento, el sheriff Buddy.
8/10
(2007) | 115 min. | Animación Tráiler
El director y guionista Brad Bird (Los increíbles) es sin duda uno de los más grandes valores de la compañía Pixar, esa empresa que ha revolucionado el arte de la animación digital y que año tras año nos hace el gran regalo de estrenar maravillosas y divertidas películas que asientan su calidad en guiones trabajados, entrañables, imaginativos y llenos de un buen puñado valores humanos. Ratatouille reúne todos los componentes que han marcado el exitoso camino de la empresa liderada por John Lasseter y que les ha convertido en los números uno. Sólo a ellos se les puede ocurrir convertir al animal más despreciable y asqueroso, una rata de alcantarilla, en el colmo de la distinción, la delicadeza y el gusto, características de la más alta cocina francesa. Remy es una rata que posee un extraordinario olfato, de tal modo que no aguanta seguir comiendo basura, como hacen su padre y su hermano Emile, preocupados sólo por sobrevivir y llenar la panza. Remy en cambio viaja con los sabores y le gusta mezclarlos y crear sensaciones nuevas en su paladar y en su cabeza. Esa inquietud está unida a un gran afán de conocimiento, porque Remy sabe leer y disfruta escuchando por televisión los consejos culinarios del gran Gusteau, uno de los chefs más afamados de París. Pero un día, tras enterarse de que su maestro ha fallecido y de que su célebre establecimiento ha perdido una de sus estrellas, él y sus compañeros se ven obligados a huir del lugar donde viven. Y el azar alcantarillil le hará llegar hasta la mismísima cocina del famoso restaurante, donde conocerá y vivirá mil y una aventuras con un jovencito llamado Linguinus, que no sabe ni freír un huevo. Brad Bird logra una película fascinante, de corte más infantil que Los increíbles, aunque quizá no al nivel de Cars. Como siempre, el acabado visual es alucinante: los gestos faciales, los movimientos, los fondos, etc.; y el equipo de Pixar se supera a sí mismo en dos escenas primorosas, llenas de acción, como son la de la huida por el río y la alcantarilla, y la de la persecución por las orillas del Sena. En boca de las enseñanzas del gran Gusteau, el film transmite y remacha la idea de que “cualquiera puede cocinar”. Cámbiese cocinar por cualquier otra creación artística y encontraremos el sentido de esta extraordinaria fábula sobre la fructificación de los propios talentos, la falta de prejuicios a la hora de considerar las habilidades ajenas y la compatibilización entre trabajo y familia. Son temas serios, pero lógicamente la película es muy divertida y ocurrente, con un primoroso guión que no decae en ningún momento y unos personajes bien trabajados. Hay momentos para la risa, la melancolía, el amor, la parodia y por supuesto también están los villanos… Y como no podía ser menos la película ofrece también algunos gags memorables, como la tarea de Remy cuando su padre descubre su gran olfato, la presentación del terrorífico crítico culinario o el inolvidable instante en que éste prueba el “ratatouille”, el plato típico de la Provenza francesa, elaborado a base de verduras fritas con aceite de oliva.
8/10
(2008) | 98 min. | Animación Tráiler
Noveno largometraje de la compañía Pixar, que viene animándonos la vida desde su Toy Story de 1995. Desde aquel año han sido muchos los protagonistas de sus historias: juguetes, insectos, peces, monstruos de pesadilla, coches, superhéroes, ratas... Ahora le toca el turno a un pequeño y simpático robot, cuya historia está ambientada en un futuro muy, muy lejano. Pero más allá del protagonista, esta vez la gran osadía de Pixar ha sido atreverse a estrenar una película de dibujos animados prácticamente muda. Durante la primera media hora no se pronuncia ni una palabra y aun así la cosa funciona. El no va más. El planeta Tierra está desolado por la contaminación y se ha convertido en un gran basurero de desperdicios. No hay allí ni un solo ser humano y ningún ser vivo es capaz de subsistir en tales condiciones ambientales. Un estremecedor paisaje de escombros se extiende hasta el horizonte. Lo único que se mueve por ese desierto de residuos es un pequeño robot llamado WALL·E, que se dedica a amontonar en forma de edificios las ingentes cantidades de desechos, como si fuera el arquitecto de una apocalíptica ciudad en ruinas. Su monótona existencia cambia cuando los humanos –que ahora viven en una enorme y alejada estación espacial– envían a la Tierra otro robot, mucho más sofisticado, con la misión de buscar cualquier signo de vida natural. Con una clara denuncia del maltrato de la naturaleza por parte de los seres humanos, la compañía Pixar se une al tipo de películas que dibujan un futuro nada halagüeño para nuestro planeta, historias futuristas -como Soy leyenda, por ejemplo- que describen los peligros que pueden sobrevenir si el hombre se desentiende del entorno. Además de este claro sentido ecológico, el guión incide en el lamentable estado al que podemos llegar los hombres cuando dejamos que todo el trabajo, absolutamente todo, lo realicen las máquinas. Resulta muy gráfico el repugnante retrato que se hace de ellos en la estación espacial y produce incluso desasosiego verlos como enormes babosas perezosas, que, además de ser incapaces de cualquier esfuerzo –¡hasta la comida es líquida para que no haya ni que masticar!–, también han perdido cualquier tipo de iniciativa y pensamiento propios. Y es que, viene a explicar didácticamente el film, lo de hacer fructificar los talentos tiene su importancia si uno no quiere acabar su existencia como una ameba. El director Andrew Stanton, habitual de la compañía y director de uno de sus mayores éxitos, Buscando a Nemo, habla en el film del peligro de la soledad y de la necesidad de sentirse amados, comprendidos, un leitmotiv continuo apuntalado con unas nostálgicas imágenes y canciones de la película ¡Hello, Dolly!. Con ese fin, pone mucho énfasis en humanizar a los dos robots protagonistas, sobre todo a WALL·E, que verdaderamente acaba por resultar entrañable. Sin embargo, también es verdad que es posible que al espectador no le "llegue" el personaje tanto como el de otras películas. Y es que al riesgo de ser robots se une el pequeño detalle de ser un film mudo. Quizá debido a esta causa se percibe una caída de tensión e interés hacía el segundo tercio del film, al poco de llegar a la nave, y esto es un "handicap" que sin duda puede hacer mella en el público infantil. Como siempre en Pixar la calidad de los dibujos es meritoria, aunque aquí quizá son más originales las imágenes de la Tierra que las de la estación espacial, cuyo acabado visual es de por sí menos agradecido por su estética futurista. Hay en la película momentos muy destacados: divertidos, como la presentación de la furiosa EVA; o tiernos, como su grabación de seguridad cuando estaba desactivada. Además de la mención a ¡Hello, Dolly!, se pueden buscar otras referencias cinematográficas, como a La guerra de las galaxias, con los dos androides o las claras similitudes entre naves espaciales, etc. Y además hay explícitos homenajes a 2001: una odisea del espacio, con la fuerte presencia del ordenador estilo HAL y la divertida escena en que arrancan los acordes musicales de "Así habló Zaratustra", del compositor Richard Strauss.
7/10
(2009) | 96 min. | Romántico | Aventuras | Animación Tráiler
Carl Fredericksen es un anciano al que, desde que enviudó de su amada Ellie, los achaques le pesan más que nunca. Muy enamorado de su mujer, le quedó la espinita de no haber cumplido el sueño común, que se remontaba a la infancia, de hacer un viaje aventurero a las Cataratas del Paraíso en Sudamérica. Ahora ese sueño parece más lejos que nunca. Y por si fuera poco, la linda casita que Ellie y Carl convirtieron en hogar, se ha convertido en una especie de islote en medio de un montón de obras que pretenden levantar alrededor imponentes rascacielos. Cuando por mandato judicial, Carl está a punto de ser trasladado a una residencia de ancianos, pone en marcha un increíble plan, inspirado en su antiguo oficio de vendedor de globos: con una increíble nube de globos inflados con helio logra arrancar la casa de sus cimientos, y con pericia que envidiarían los mismísimos hermanos Montgolfier, emprende rumbo, volando, a Sudamérica. Lo que no sabe es que se le ha colado a bordo un polizón: Russell, un chico explorador, al que le falta la prueba de haber ayudado a una persona de la tercera edad para convertirse en Explorador Intrépido.Joya animada de Pixar. Obra maestra sin paliativos. Se superan en cada película, hasta poner cada vez más alto el cielo de la perfección. Toda alabanza es poca para las películas de animación que vienen llegando desde aquel año 1995 que alumbró Toy Story. John Lasseter y sus chicos han logrado el increíble milagro de acertar desde entonces con cada uno de los diez largometrajes que han entregado. La clave, por supuesto, es una buena historia, que se entrega con un maravilloso sentido artístico de la animación. En esta ocasión a dos veteranos de la casa, Pete Docter -director de Monstruos, S.A., y coguionista en los Toy Story, Buscando a Nemo y WALL·E- y Bob Peterson -coguionista en Buscando a Nemo y Ratatouille-, se suma como creador de la trama un tercer nombre inesperado, el actor y director de películas con actores de carne y hueso Thomas McCarthy -Vías cruzadas, The Visitor-. El resultado es una historia entrañable, humana, que atrapa. Sorprende, de entrada, poder ser testigos de la primera historia de amor potente en una película de Pixar. De acuerdo que hemos visto amor entre los robots WALL·E y Eve, o con los autos de Cars, o entre el pinche y la chef de Ratatouille, pero nada es comparable a la narración del amor de Carl y Ellie desde su más tierna infancia, cuando ambos sienten la llamada a la aventura, guiados por su común admiración de Charles Muntz, un explorador profesional que se diría un cruce de Errol Flynn y Clark Gable; el modo en que se cuenta en apenas unos minutos, en algunos momentos sin palabras, lo que ha sido su vida en común, su pena por no poder tener hijos, su felicidad en situaciones corrientes, que tiene un eco en el prólogo al clímax de la película, resulta simplemente conmovedor, y apuntala la idea de que no hay nada como las aventuras de la vida cotidiana, la mayor parte de las veces más valiosas que aquellas que llamamos extraordinarias. Además está esa preciosa relación entre Carl y Russell, donde ambos se enriquecen, pues el primero encuentra al hijo que nunca tuvo, mientras que el otro ve rellenado el hueco de la ausencia del padre, divorciado y al que le falta tiempo para estar con él. Además de estar muy bien perfiladas las relaciones entre los personajes, estamos ante un film repleto de sentido del humor, con gags memorables, en que no se para de reír, por supuesto con los personajes humanos, pero también con la presencia de divertidos animales, el “gamusino” y un puñado de perros entre los que sobresale Dug. Y hay además acción trepidante, casi terror con el villano, y emoción sin límites, todo propiciado por la casa volante y un dirigible, que se diría entrañable homenaje al maestro de la animación nipona Hayao Miyazaki, claramente a títulos como El castillo en el cielo y El castillo ambulante. También el original diseño de los “cabezones” personajes recuerda a algunos de los creados por el director japonés. La combinación de elementos de géneros variados convierten al film en un candidato a gustar a toda clase de públicos: los niños, claro está, pero también los abuelitos, la gente joven amante de las emociones fuertes, el público femenino con su corazoncito... Algo parecido a lo que logró Titanic.
9/10
(2010) | 103 min. | Aventuras | Animación Tráiler
Andy, el dueño de Woody, Buzz Lightyear y el resto de entrañables juguetes, está a punto de marchar de casa e irse a la universidad. La inquietud resulta palpable, pues su destino, siendo Andy todo un mozarrón, es incierto, podría acabar en el desván, en el mejor de los escenarios, o simplemente, en el cubo de la basura. Pero no, tras diversos avatares acaban donados a una guardería, que de entrada promete ser una especie de paraíso, donde nunca faltan los niños; y no importa que crezcan, pues enseguida viene el reemplazo. No sospechan que entre los juguetes del lugar, que les acogen con los brazos abiertos, se oculta un siniestro y traumatizado personaje, que gobierna la guardería con mano de hierro, decidiendo el destino de unos y otros juguetes. Aquello es una especie de prisión, de la que el grupo tratará de escapar. Pixar, nuevamente, supera el infinito yendo más allá, con una película que nada debe envidiar a sus predecesoras jugueteras, Toy Story y Toy Story 2. A creadores habituales de la casa, John Lasseter, Andrew Stanton y Lee Unkrich, se suma a la escritura del guión Michael Arndt (Pequeña Miss Sunshine), y el resultado es, sencillamente, brillante, ahonda con enorme inteligencia en el universo de la saga, sin nunca traicionar su espíritu, sacando punta a las muchas posibilidades temáticas y narrativas. Es cine para chavales, sí, pero es también cine para mayores, pocas películas que se autodenominan “de adultos” abordan con más fuerzas temas como el sentido de la vida (¿para qué están los juguetes en el mundo?), el paso del tiempo, el acceso a la mayoría de edad, la conciencia de pertenecer a una familia, los traumas que marcan, las inevitables despedidas. Todo ello sin hacer ascos a la acción y al humor, bien abundantes, resulta tronchante el señor Patata, o los golpes con Barbie y Ken, modélicos a la hora de moverse en el guiño al adulto, con buen gusto. Técnicamente, la perfección es desbordante. Se respeta la sencillez con que están diseñados los juguetes originales, pero a la vez se da idea de las maravillas animadas que pueden acometerse en la secuencia de apertura, una vertiginosa “montaña rusa” que retrotrae al prólogo de Indiana Jones y la última cruzada, muy sugerente en mostrar las increíbles aventuras que puede trazar la mente infantil. O en los pasajes de la guardería, con numerosos nuevos juguetes y niños de todas las razas y colores. También es asombroso todo lo que nos ofrece en el clímax del vertedero, paradigma del secreto de Pixar, pues a un guión inteligente, con ingeniosos giros narrativos, bromas, tensión, emoción, plasmación de los sentimientos que embargan a los juguetes, se suma el detalle animado, la planificación, los encuadres. Así hasta el final, final, ante el que hace falta tener un corazón de piedra para no derramar alguna que otra lagrimita.
10/10
(1984) | 2 min. | Animación
Cuando despierta de su siesta en el bosque, Andre descubre que tiene frente a su nariz a Wally B., una abeja que tiene la intención de picarle. Primitivo corto de Pixar, realizado cuando la empresa aún formaba parte de Lucasfilm, y de hecho se denominaba Lucasfilm Computer Graphics Project. Supuso el primer proyecto de animación por ordenador en el que trabajó John Lasseter.
6/10