Blog de Hildy
El Libro y el librillo
Ayer vi El libro de Eli , película apocalíptica que podría definirse, en parte, como la versión 'mamporrera' de The Road (La carretera) .
Ayer vi El libro de Eli, película apocalíptica que podría definirse, en parte, como la versión 'mamporrera' de The Road (La carretera). Aunque quizá sería un pelín injusto, pues aparte de la violencia 'comiquera' de la cinta, también se plantea la idea de fondo de las razones que nos empujan a seguir adelante en situaciones extremas. La fe del protagonista Eli le viene dada por una voz interior que le habla, gracias a la lectura de un libro, la Biblia, que le proporciona un gran consuelo. “El Señor es mi pastor, nada me falta”, “me conduce hacia fuentes tranquilas”, “tu vara y tu cayado me sostienen”, estas frases del libro de los salmos reconfortan a Eli en un mundo tipo 'Mad Max', de gentes brutales. Hasta el villano de la peli, Carnegie, se da cuenta de la fuerza que emana de las palabras de ese libro, sólo que el quiere poseerlo como instrumento de poder, de manipulación de las personas. Una perversión frente a la 'visión' de Eli, que se da cuenta de que no sólo debe 'saberse' el libro, sino vivir de acuerdo con sus principios.
Como digo, la Biblia tiene un enorme peso en la trama del film, es un libro de referencia, iluminador. Por contraste, hay un pequeño detalle que puede pasar inadvertido al espectador poco atento, pero que a mí me pareció harto significativo. Carnegie anda buscando desesperadamente la Biblia, y tiene a unos esbirros que de vez en cuando le traen lotes de libros; ellos no saben leer, y arramblan con todo lo que encuentran. Y en una de esas ocasiones, entre su botín de libros, traen... ¡“El código Da Vinci”! Es curioso porque el villano desprecia el lote de libros, como carente de ningún interés. Ese libro que arrasó hace un par de años en todo el mundo, es ignorado, ni siquiera es abierto, se considera prescindible, incapaz de inspirar a nadie. La ironía es que Sony, distribuidora de El libro de Eli, también estuvo detrás de la versión fílmica de El código Da Vinci. ¿Serán conscientes de esta sutil colleja de los hermanos directores Allen Hughes y Albert Hughes?
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