Blog de Hildy
Cómo Truman censuró el cine de la bomba atómica
Hoy toca lección de historia. El 6 de agosto se cumplió un nuevo aniversario del lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima. He tenido ocasión de
Hoy toca lección de historia. El 6 de agosto se cumplió un nuevo aniversario del lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima. He tenido ocasión de leer un interesante artículo sobre la primera película que describió este hecho histórico trascendental, Principio o fin –en inglés The Beginning or the End?– de 1947, o sea, realizada con todo muy fresco y reciente, y con las presiones de la Casa Blanca más fuertes que nunca después. Aunque la realidad es que luego sólo ha habido dos películas de EE.UU. sobre el tema, El gran secreto, de 1952, y Creadores de sombras, de 1989.
Los estudiosos Greg Mitchell y Robert Jay Lifton aportan detalles curiosos, como el de que la Metro se planteó la película por sugerencia de Donna Reed. La actriz había recibido una carta de un antiguo profesor de química, donde el tipo expresaba su asombro porque Hollywood no hubiera abordado todavía en una película tema tan apasionante y controvertido como el del lanzamiento de la bomba. El marido de Reed, que era agente, llamó a un ejecutivo de la Metro, y Louis B. Mayer dio luz verde al proyecto afirmando que sería “la historia más importante” que filmaría en su vida.
El caso es que el guión del film dirigido por Norman Taurog conoció múltiples revisiones y cambios de puntos de vista. Al parecer inicialmente planteaba dudas sobre si el bombardeo fue una acción correcta, y mostraba sus terribles efectos en las personas. En nuevas versiones del libreto lanzar la bomba aparecería como justificable, comprensible, e incluso laudable, en el sentido de que habría acortado la guerra y reducido el número de víctimas; y sólo se vería los efectos de las bombas desde el aire, una lejana tierra quemada.
Se logró que personalidades como Robert Oppenheimer o Albert Einstein no pudieran pegas al film. El primero se quedó tranquilo cuando le aseguraron que Hume Cronyn le encarnaría como alguien “humilde” y con “amor a la humanidad”.
Más quisquilloso fue sin duda el presidente Harry Truman. Así, una escena en que defendía el uso de la bomba porque “pienso más en los chicos americanos que en los enemigos” fue eliminada, y a cambio se añadió una en que se explicaba que había consenso en que tal uso acortaría la contienda. Incluso mostró su disgusto por el primer actor previsto para encarnarle, Roman Bohnen, y éste fue reemplazado por Art Baker.
Uno de los aspectos más criticados del film era el lanzamiento de octavillas advirtiendo del bombardeo, algo rigurosamente falso. No obstante su tono documental logró una aceptación razonable del público, aunque sin lograr grandes adhesiones. El film es en la actualidad una rareza, no editado en DVD, ni siquiera en Estados Unidos, aunque sí ha sido emitido en televisión por TCM.
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