Blog de Hildy
Robert Rodriguez: el pequeño salvaje
Había una vez un muchachito, que hizo una película por sólo 7.000 dólares. Se titulaba El mariachi , y el muchachito, que se llamaba Roberto
Había una vez un muchachito, que hizo una película por sólo 7.000 dólares. Se titulaba El mariachi, y el muchachito, que se llamaba Roberto Rodriguez, no podía imaginarse que su dinámico film, hecho con muy pocos medios y bastante imaginación, iba a captar la atención mundial, hasta el punto de que Sony se hizo con sus derechos, y gastó más, mucho más de lo que había costado, en su promoción y comercialización. Corría el año 1992, y 18 años después cabía esperar que Rodriguez habría alcanzado la mayoría de edad cinematográficamente hablando, con títulos de mayor ambición y enjundia.
Viendo su última película, la salvaje Machete, debo concluir que no. Rodriguez sigue cultivando una curiosa carrera en que alterna sus películas de género, cada vez más violentas y sanguinolentas, con los títulos infantiles, todo un caso que apasionaría al doctor Sigmund Freud, bien se puede decir que el suyo parece responder al modelo de “pequeño salvaje”, y no me refiero precisamente a la película de François Truffaut, ese chaval casi parece civilizado comparado con el director texano.
A ver si me explico. Las pelis de Rodriguez tienen bastante poca sustancia, si alguien me dice que Machete plantea una inteligente crítica a las inhumanas políticas represivas de la inmigración ilegal, me puede dar la risa floja. Todo se reduce a un elemental guiñol, eso sí, bastante irresponsable, el gore, rebanar pescuezos, crucificar curas, desnudar mujeres, etc, etc. En tal sentido, hay una falta de responsabilidad infantiloide, de no querer plantearse el modo en qué afectan tus películas al espectador. No sé, me pregunto si para Rodriguez hay mucha diferencia entre hacer Machete o entregar una peli de la saga Spy Kids. Se diría que todo le parece lo mismo, un juego de niños.
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