Blog de Hildy
El curioso caso del cine de dibujos animados
Todos los observadores están de acuerdo en que, dentro del cine dirigido al gran público, las mejores historias se encuentran últimamente entre las
Todos los observadores están de acuerdo en que, dentro del cine dirigido al gran público, las mejores historias se encuentran últimamente entre las películas animadas. Y no sólo en las indiscutibles de Pixar, otros títulos recientes como Megamind, Gru. Mi villano favorito y Cómo entrenar a tu dragón han arrasado en taquilla. Y en efecto, a la calidad técnica se suma la originalidad de las tramas.
¿Por qué ocurre esto en el cine de animación y no en el de actores reales? Pues porque, hoy por hoy, la idea “película de dibujos animados" y más si es acompañada por la coletilla “en 3D”, es mágica, atrae a la gente. Los padres necesitan llevar a sus retoños al cine, y eso vale oro en un sector donde nadie quiere arriesgarse más de lo necesario.
Vender una película con actores de carne y hueso cuesta un riñón. ¿Por qué alguien iría a ver un film que no se sabe de qué va? ‘¡Pues hagamos franquicias!’, responden los estudios, ‘ofrezcamos territorio conocido donde la gente no tenga miedo a adentrarse’. ¿Por qué alguien iría a ver un film sin caras conocidas? ‘¡Pues fichemos a las megaestrellas!’, responden los estudios, ‘no importa que cuesten millones de dólares, la gente quiere rostros familiares con los que sentirse a gusto’. Así que las películas con ideas geniales e intérpretes no reconocibles difícilmente funcionan, sólo un reconocimiento unánime, un boca a oreja bestial, podría darles alas.
Aunque en el cine de animación existen las secuelas, claro está, no resulta tan importante el concepto franquicia, la gente admite la posibilidad de que le sorprendan con algo nuevo. En cuanto a actores conocidos, por supuesto que existe la inercia de que es importante que famosetes pongan voz a los personajes, pero la realidad es que no resulta tan importante, no hay más que ver el éxito de esas películas cuando son dobladas a mercados distintos del yanqui.
Ahora mismo los estudios están dispuestos a dar luz verde a casi cualquier película animada medianemente razonable. Para una peli normal hay terror a pegársela, se tienen unas ‘redes de seguridad’ (franquicia, actores conocidos, campañas de marketing millonarias...) sólo utilizables en pocos casos. Y es que la gente va poco al cine, y quiere asegurarse de que lo que va a ver vale sus siete, ocho euros. Lejanos quedan los días en que la gente iba al cine todas las semanas, incluso varias veces, y en que los estudios probaban todo tipo de historias. Ese tiempo no volverá, y la dificultad para que historias imaginativas encuentren su hueco es cada vez mayor... excepto para las película animadas.
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