Blog de Hildy
Yo también fui un adolescente (pero no un zombie)
Hoy se estrena Memorias de un zombie adolescente , una película que me ha gustado y recomiendo. Es inteligente, y da una vuelta de tuerca al
Hoy se estrena Memorias de un zombie adolescente, una película que me ha gustado y recomiendo. Es inteligente, y da una vuelta de tuerca al subgénero de los muertos vivientes con su trama romántica y el modo de contar la historia, desde el punto de vista de un zombie. Además te ríes, incluido un momento que es toda una declaración de principios, cuando al zombie R., se le ve deambular por el vestíbulo de un aeropuerto repleto de gente que tiene los ojos fijos en las pantallas de sus teléfonos móviles y demás dispositivos electrónicos, con los pulgares en estado de agitación. ¿Quién es el más zombie?, es el inquietante interrogante que se plantea, una vez pasado el efecto sorpresa y las risas.
Dicen que el pasado fue el peor fin de semana en taquilla en España desde que se celebró la Eurocopa. Uno puede explicarlo apelando a la llegada del buen tiempo, o a la crisis, pero resulta evidente que no basta para justificar la progresiva disminución del número de espectadores. Todo apunta a que el público que solía ir mayoritariamente al cine, los adolescentes, ya no acude a las salas tan a menudo como antaño. Fenómenos crepusculares y harrypotterianos aparte, películas dizque para adolescentes resultan que no lo son tanto. A mí me gustaba emplear la expresión “películas para adolescentes descerebrados” para referirme a títulos como American Pie –dicho sea de paso, American Pie: El reencuentro ha sido un fracaso–, que sólo apelaban a la chabacanería y las hormonas, pero tal vez están dejando de ser “descerebrados” estos adolescentes, o al menos buscan el “descerebre” en otros sitios, con breves clips de YouTube o whatsappeando.
Por supuesto, y sé que me repito más que las amapolas, véase mi post anterior, al final todo se resume en educación, educación, educación. Si a los adolescentes se les enseña a apreciar los libros, los cuadros, la arquitectura, las películas, etcétera, se frecuentarán los “templos” donde se exhiben o se compran. Si todo se reduce a apelar a sus instintos más primarios, acabarán acudiendo a donde son satisfechos gratis total, o sea, en internet, y los habremos convertido en borreguitos.
Practicar el noble ejercicio de pensar. Ése es el propósito del experimento pedagógico descrito en Solo es el principio. A los que están en Madrid y alrededores no quiero dejarles de invitar a la proyección seguida de coloquio con José Antonio Marina, que hemos organizado desde decine21.com el próximo sábado 27 de abril. Como la película, “solo es el principio”, pero si detectamos los problemas, encontraremos las soluciones.
He titulado el post “Yo también fui un adolescente (pero no un zombie)”, pero no es del todo cierto, yo confieso. Quien no haya caido alguna vez en el estado letárgico propio de los “zombies”, que me escriba un comentario, me gustará conocerle. Pero, como el ‘prota’ de la peli, quizá estemos a tiempo de despertar un poquito. Y despertar a los demás.
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