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Cuando Milo Manara quiso adaptar "La Odisea", pero no llegó a Itaca

Con motivo del estreno de “La Odisea”, la gigantesca aventura mitológica de Christopher Nolan vuelve a navegar hacia las librerías la joya de Milo Manara "Odisea", publicada por Lumen. El dibujante italiano quiso llevar a Ulises a la pantalla en un largometraje de animación que naufragó antes de llegar a Ítaca, pero, como buen héroe homérico, sobrevivió al desastre y ahora regresa convertido en libro. “Odisea”, editada por Lumen, permite disfrutar de sus espectaculares dibujos y de un proyecto que mezcla a Homero, Hugo Pratt, centauros y la mirada de Telémaco sobre la ausencia de su padre.

Cuando Milo Manara quiso adaptar "La Odisea", pero no llegó a Itaca

Milo Manara, conocido también por sus cómics más sensuales demuestra aquí que su talento va mucho más allá de las curvas femeninas: también sabe dibujar dioses, héroes y monstruos con la misma elegancia. Al final, Christopher Nolan tendrá su barco digital rumbo a Troya, pero Milo Manara ya había preparado hace años su propia travesía: una odisea de papel donde cada página es una isla llena de belleza.

El asunto de esta Odisea imposible de Milo Manara -puedes leer la reseña de José María Aresté aquí– recuerda inevitablemente su larga historia de amor con el cine, un romance más cercano al de Ulises con Penélope que al de un simple dibujante con una cámara: muchos proyectos, mucha espera y algún que otro pretendiente que se quedó con el barco. Su relación con Federico Fellini fue especialmente curiosa.

Milo Manara y Federico Fellini formaban una pareja artística bastante peculiar: uno soñaba despierto y el otro tenía la mala costumbre de dibujarle los sueños. Era como si Federico Fellini tuviera una fábrica de fantasías abierta 24 horas y Milo Manara fuera el técnico encargado de que aquello no explotara.

Federico Fellini llamaba a Milo Manara para contarle ideas que parecían sacadas de una sobremesa con demasiados cafés: personajes imposibles, mujeres de belleza sobrenatural, escenarios barrocos y situaciones que no sabías si iban a acabar en una película, en un sueño o en una visita del psicólogo. El director no le entregaba un guion; le entregaba una nube de humo con forma de historia y le decía: "Ahora dibújame esto".

Cuando trabajaron en Viaje a Tulum, Milo Manara recibió las visiones de Federico Fellini como quien recibe la lista de la compra de un chef que ha decidido cocinar con ingredientes que todavía no existen. Federico Fellini imaginaba, Milo Manara dibujaba, y el lector intentaba no perderse en aquel laberinto de fantasía italiana.

Cuenta Milo Manara que Federico Fellini admiraba la libertad del dibujo porque el cine tenía demasiados enemigos: productores, presupuestos, horarios de rodaje y actores que, para desgracia de los directores, no siempre obedecen como un lápiz. Con un dibujante, en cambio, bastaba una frase: "Pon una criatura misteriosa, un palacio imposible y una mujer espectacular". Y Milo Manara, sin pedir más explicaciones, sacaba punta al lápiz.

En el fondo, Federico Fellini encontró en Milo Manara algo que el cine a veces pierde: la posibilidad de convertir cualquier locura en realidad. Federico Fellini ponía los sueños, Milo Manara la tinta y juntos demostraban que la imaginación italiana no necesita gasolina: funciona con café, fantasía y una cantidad preocupante de extravagancia.

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