La cosa rosa
Apoyado por su víctima
En enero Samantha Geimer pidió que se retiraran los cargos contra Roman Polanski, acusado de abusar de ella sexualmente cuando tenía 13 años. Samantha ha vuelto a la carga y asegura que ya no puede más. Quiere que se desestime el caso para poder seguir adelante con su vida.
Samantha Geimer se acaba de presentar en un juzgado de Los Ángeles para pedir que se retiren los cargos contra Roman Polanski. Geimer tenía 13 años cuando el cineasta abusó de ella. Así lo declaró el propio Polanski por lo que fue acusado de violación en Estados Unidos, país del que huyó en 1978 para no ir a la cárcel. Ahora está detenido en Suiza y se ha sabido que la justicia norteamericana ya ha hecho la petición de extradición del cineasta. Pero el caso Polanski lleva coleando desde meses anteriores a su detención. Así, el tema volvió a ser de tal actualidad que en enero Samantha Geimer envió una carta donde pedía por favor que se desestimara el caso contra Polanski. La mujer dijo que todo el revuelo que se estaba volviendo a montar le estaba afectando mucho y que ella sólo quería llevar una vida normal con su familia. Diez meses después, Geimer ha vuelto a la carga para pedir la anulación. Ha dicho que desde que Polanski fue detenido ha recibido 500 llamadas de los medios de comunicación. “La persecución le ha provocado problemas de salud, ha afectado a su trabajo con el consiguiente desagrado de su jefe y la posibilidad real de que Samantha pueda perder su empleo (...). Déjenla en paz”, reza el documento presentado en el juzgado.
Lo último del mundo del cine
Stephen Grahan será la versión juvenil de Robert De Niro
Stephen Graham se incorpora oficialmente al reparto de “Heat 2”, la esperada continuación de “Heat” que volverá a dirigir Michael Mann. El actor británico interpretará previsiblemente a una versión joven de Neil McCauley, el legendario ladrón al que Robert De Niro dio vida en la película de 1995.
A la casa de Nicolas Cage le sale un enorme socavón
Nicolas Cage vuelve a tener problemas con una propiedad. Esta vez no se trata de vender una casa, perder una fortuna o descubrir que una de sus adquisiciones extravagantes ha salido regular: el enemigo es la propia tierra.