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Desastre en la taquilla
A nadie le ha interesado el regreso de Daniel Day-Lewis a las pantallas
El esperado regreso de Daniel Day-Lewis al cine no ha tenido el éxito que muchos esperaban.
Anemone, el drama dirigido por su hijo Ronan Day-Lewis, se ha desplomado un 80 % en su segundo fin de semana en taquilla, acumulando apenas un millón de dólares en total en Estados Unidos tras dos semanas en cartel.
El film, distribuido por Focus Features, contó con un estreno relativamente amplio —unas mil salas— y con el reclamo del regreso del tres veces ganador del Óscar Daniel Day-Lewis, retirado desde El hilo invisible (2017). Sin embargo, ni la curiosidad ni la nostalgia han sido suficientes para atraer al público.
Con una cuidada fotografía y un diseño sonoro impecable, Anemone ha sido elogiada por las interpretaciones de Daniel Day-Lewis y Sean Bean, pero criticada por su guion “pretencioso y desconectado”, que apenas logra sostener la trama. La crítica la ha descrito como una película visualmente deslumbrante pero emocionalmente fría.
La cinta, definida por algunos medios como un “proyecto de vanidad de hijo de papá”, parece haber nacido más del vínculo entre padre e hijo que de una ambición comercial o artística. “Se percibe como un padre haciendo algo por su hijo”, señalaba el artículo original.
Aun así, el proyecto deja una nota positiva: podría haber reavivado en Daniel Day-Lewis el deseo de volver a actuar. Si Anemone sirve para recordarle lo que ama del oficio, quizá este tropiezo comercial no haya sido en vano.
Porque, al fin y al cabo, como concluye el texto, “a veces la familia te hace hacer cosas raras, hermosas y comercialmente desastrosas”.
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