Blog de Hildy
Los “hijos únicos” de Zhang Yimou, el dedo y la Luna
Despachos de Efe y AFP se hacen eco de noticias publicadas por la prensa china, rumor ni confirmado ni desmentido, de que Zhang Yimou es padre de
Despachos de Efe y AFP se hacen eco de noticias publicadas por la prensa china, rumor ni confirmado ni desmentido, de que Zhang Yimou es padre de siete hijos, lo que supondría una violación de “la política del hijo único” imperante en China. Las “siete flores” de Yimou –si me permiten la broma con el título de su último film, Las flores de la guerra– las habría tenido con su esposa “secreta” y actriz Chen Ting –tres hijos–, más su anterior mujer Xiao Hua, mientras que de los otros tres no se sabría nada. Una foto de Ting con tres bebés habría encendido las luces de alarma.
Algunos se escandalizan porque esto significaría que “la política del hijo único” sólo regiría para los pobres, los ricos harían lo que les viene en gana. En mi modesta opinión señalar esto es caer en lo que dice un proverbio oriental, tal vez chino, que asegura que cuando el sabio apunta con el dedo a la Luna, el necio se queda mirando el dedo. Lo que es una auténtica vergüenza es que un gobierno tiránico imponga a los ciudadanos el número de hijos que pueden tener, incluso obligando, o al menos dando “un empujoncito”, al infanticidio o al aborto, sobre todo si el candidato a hijo único resulta ser una mujer (¿dónde están algunas feministas a la hora de denunciar semejantes abusos?)
Mo Yan, Premio Nobel de Literatura, ya denunciaba estas políticas criminales en su novela “Rana”, cuyo título alude a la capacidad reproductiva de este anfibio –más libre a estos efectos que los seres humanos chinos–, y que describe los dilemas morales de un médico obligado a practicar abortos siguiendo las políticas obligatorias de planificación familiar.
A un conocedor de la realidad china tan prestigioso como el estadounidense Steven W. Mosher, de la Universidad de Stanford, también se le cayeron los palos del sombrajo en una estancia académica en Xingcha, China, donde fue testigo de cómo un grupo de mujeres en avanzado estado de gestación eran obligadas a abortar por la recién inaugurada “política del hijo único”. Eso sí, su denuncia supuso la caída en desgracia entre compañeros intelectuales sesudos, que se negaban a admitir que el paraíso chino era en realidad un infierno.
Mo Yan dio en la televisión de Hong Kong en 2010 un testimonio estremecedor, explicando que abortó a su segundo hijo para no caer en desgracia ante las autoridades: “Temía recibir el mismo castigo, así que elegí no tener otro hijo (…) Si no hubiera sido por mi ambición egoísta, habría dejado a mi esposa tener un segundo e incluso un tercer bebé.”
De modo que miremos a la Luna, por favor. Y en todo caso no estaría de más pedir a Zhang Yimou que se plantee una nueva película, que aborde con coraje este tremendo drama con tantísimas víctimas inocentes, genocidio aunque haya a quien no agrade la palabra aplicada al caso. Podría dar pie a un film extraordinario.
Ah, y a propósito, Yimou adaptó al cine Sorgo rojo, basado en la obra de Mo Yan, y fue la película que le puso en el mapa fílmico mundial. A lo mejor ambos podía tener un cambio de impresiones.
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