Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón han salido públicamente en defensa de Alejandro G. Iñárritu ante la oleada de críticas negativas recibidas por "Digger", la película protagonizada por Tom Cruise. Los dos cineastas mexicanos han utilizado las redes sociales para reivindicar el trabajo de su compatriota, aunque cada uno lo ha hecho a su manera: Guillermo del Toro ha entrado directamente al trapo, mientras que Alfonso Cuarón ha optado por recordar que algunas de las películas hoy consideradas obras maestras fueron recibidas con bastante menos entusiasmo cuando llegaron a los cines.
Guillermo del Toro respondió en X a una publicación de IGN que sugería que ver Digger en una sala de cine no cambiaría la opinión de quienes no hubieran disfrutado de ella y que sus momentos de humor seguirían funcionando cuando llegara a HBO Max. El director de Frankenstein calificó el titular de "mezquino" y defendió con entusiasmo la película de Alejandro G. Iñárritu.
Para Guillermo del Toro, Digger ofrece "escala, ambición y alcance" específicamente pensados para la gran pantalla. La calificó de "atrevida, audaz y cinematográficamente compleja" y concluyó que es, decididamente, una experiencia para ver en cines.
El cineasta fue todavía más lejos al establecer un paralelismo con Los demonios, la controvertida película de Ken Russell de 1971. Guillermo del Toro recordó que cuando era niño en México leyó críticas que la calificaban de "excesiva" y "arrolladora", mientras que la Iglesia la consideraba blasfema. Hoy, sin embargo, afirma que la quiere más que nunca y considera que su verdadero tema no es la posesión, sino el uso político de las narrativas.
La referencia no era casual. Guillermo del Toro explicó que actualmente hay una película en cartelera que se presenta como un filme sobre el cambio climático pero que, en realidad, trata sobre la manipulación de los relatos alrededor de ese asunto. Se refería a Digger, a la que animó a ver en una sala de cine. También destacó que Warner Bros. siga asumiendo riesgos en un momento especialmente delicado para el estudio.
Alfonso Cuarón, por su parte, eligió una estrategia mucho más sutil. El director de Roma no mencionó ni a Alejandro G. Iñárritu ni a Digger, pero publicó en X una serie de imágenes en las que enfrentaba críticas negativas recibidas por determinadas películas en el momento de su estreno con la consideración que esas mismas obras tienen actualmente.
La lista resulta bastante contundente: Blade Runner, 2001: Una odisea del espacio, Metrópolis y La regla del juego. Son cuatro películas que hoy figuran habitualmente entre los grandes clásicos de la historia del cine, pero que no tuvieron precisamente una acogida unánime en su estreno. Alfonso Cuarón utilizó esas críticas del pasado y la valoración posterior de las películas para plantear, sin necesidad de decirlo expresamente, que la primera reacción ante una obra no tiene por qué ser la definitiva.
Blade Runner, estrenada en 1982, fue recibida con críticas que cuestionaron su argumento, su ritmo y su oscuridad, aunque posteriormente se convirtió en una de las grandes referencias de la ciencia ficción cinematográfica. 2001: Una odisea del espacio, de Stanley Kubrick, tampoco provocó unanimidad en 1968: hubo críticos que la encontraron excesivamente lenta, pretenciosa o incomprensible. Hoy está considerada una de las películas fundamentales del cine moderno.
Más atrás en el tiempo aparece Metrópolis, la obra maestra de Fritz Lang estrenada en 1927. Su recepción inicial estuvo lejos de convertirla inmediatamente en el monumento cinematográfico que es hoy. Alfonso Cuarón incluyó asimismo La regla del juego, de Jean Renoir, estrenada en 1939 y considerada actualmente uno de los grandes clásicos del cine francés, pese a la hostilidad que encontró en su momento.
El mensaje de Alfonso Cuarón resulta especialmente significativo porque no dice una palabra sobre Digger. No necesita hacerlo. La sucesión de ejemplos funciona como una defensa indirecta de Alejandro G. Iñárritu: una película puede ser rechazada, incomprendida o incluso vapuleada por la crítica y, con el paso de los años, adquirir una consideración completamente distinta.
De este modo, los llamados "Tres Amigos" del cine mexicano —Alejandro G. Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón— vuelven a aparecer unidos. Los tres mantienen una amistad y una relación profesional desde hace décadas, y en esta ocasión Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón han cerrado filas en torno a su compañero cuando Digger atraviesa uno de sus momentos más complicados.
La película ha generado una recepción muy dividida. Mientras la crítica se ha mostrado mayoritariamente fría, el público ha respondido algo mejor. Además, las primeras cifras de taquilla han quedado muy por debajo de lo que cabría esperar de una superproducción de gran presupuesto protagonizada por Tom Cruise.
