SIN ESPECIFICAR
La resistencia de los cineastas de Irán
Sabíamos que Be omid e didar había llegado a Cannes a última hora, como símbolo solidario por la represión que viene afectando a los cineastas. Uno de ellos es Mohammad Rasoulof, documentalista que realiza su primera obra de ficción, y que espera el veredicto al recurso presentado contra la condena que pesa sobre él, de seis años de cárcel, la prohibición de rodar y de salir del país durante veinte años. Be omid e didar, que significa “Adiós”, es una película de una enorme simplicidad. Una joven abogada, Fershteh (Leyla Zareh), casada con un periodista, es sometida a vigilancia, lo que ha obligado a su marido a esconderse lejos de Teherán. Sola debe enfrentarse con un embarazo, que anuncia además el nacimiento de un hijo con síndrome de Donw. Su situación es cada vez más difícil, pues para todas sus gestiones se reclama a su marido, ausente por razones políticas. Habiendo rechazado el aborto, Fershteh lucha para obtener un visado y escapar de su país, pero el camino es difícil y está lleno de sorpresas desagradables “Cuando alguien se siente extranjero en su propio país, es mejor partir”, afirma la protagonista.
Precisemos que no sólo la dureza del tema conmueve, la forma cinematográfica es de una rara precisión, rodada en planos fijos, todos impregnados de una profunda significación. La esposa del realizador, presente en Cannes, ha transmitido a la sala, antes de la proyección, toda la angustia que suscita la situación de privación de libertad de los artistas en Irán.
Una película de fútbol arrasa en la taquilla china
El rey de la comedia hongkonesa vuelve a demostrar que sigue teniendo un toque mágico. Stephen Chow ha convertido “Kung Fu Soccer”, el esperado spin-off de “Shaolin Soccer”, en uno de los grandes fenómenos cinematográficos del verano en China, donde ya ha superado los 214 millones de dólares de recaudación en apenas nueve días.
Russell Crowe y Leonardo DiCaprio, coleccionistas de dinosaurios
El rey de los dinosaurios ha vuelto a sentarse en su trono. Un espectacular esqueleto de Tyrannosaurus Rex bautizado como Gus ha sido vendido por 50,1 millones de dólares en una subasta celebrada por Sotheby’s, convirtiéndose en el fósil de dinosaurio más caro jamás adquirido en una puja.