Blog de Hildy
La tecnología lo cambia todo (II): nuevos recursos de guión con móviles, mails, chats, drones...
Hace poco escribía cómo las nuevas tecnologías lo cambian todo a la hora de hacer y vender el cine. Ahora, en la misma
Hace poco escribía cómo las nuevas tecnologías lo cambian todo a la hora de hacer y vender el cine. Ahora, en la misma línea, quería subrayar que también cambian los recursos de guión para contar historias.
Me explico. Hace años en una película era típico que llamaran a un señor por teléfono en una pensión y saliera al pasillo a atender la llamada rodeado de un ruido ensordecedor. O alguien trataba de hablar por conferencia, y la centralita anunciaba demora. Ahora prácticamente no hay película en que los personajes no tengan su teléfono móvil que tirurí, tirurá, no dejará de sonar. O una forma de terminar una conversación es un tipo conduciendo cuyo vehículo entra en un túnel de modo que se pierde la conexión. Y en las películas de terror ya se ha convertido en cliché que no se puede hacer la deseada llamada de petición de auxilio porque no hay cobertura o se ha agotado la batería.
Un drama puro y duro como La herida, película sobre el síndrome borderline, nos muestra a Marian Álvarez chateando, para contar sus problemas a un desconocido. Google, como ya comenté en otra ocasión, se marcó una especie de publirreportaje con Los becarios, pero la realidad es que el popular buscador de internet de la compañía está presente en un montón de películas, recientemente pude ver que es muy útil para encontrar a tu propio doble, o al menos eso hacía Jake Gyllenhaal en Enemy, al saber su personaje que existía un actor idéntico a él.
Charlar por vídeoconferencia usando Skype o similares es básico para conectar con tu papá que está en África, como podía verse en En un mundo mejor. Y Aaron Sorkin introduce en The Newsroom el manejo de las redes sociales, las subastas on line, o la dificultad de cambiar un dato inexacto de tu biografía en Wikipedia.
En el cine de espionaje sabemos que con un móvil estamos perpetuamente localizados, como si lleváramos un rastreador encima. Y un montón de cámaras nos filman todo el rato permitiendo reconstruir nuestros pasos si estamos siendo perseguidos, algo que vimos en La conspiración del pánico, por poner un ejemplo. Y los drones para terminar con terroristas o gente molesta, que hace nada parecían ciencia ficción, ya van siendo incorporados a películas como la última entrega de la saga Bourne, El legado de Bourne.
Por supuesto en las películas policíacas los análisis forenses también han pegado un acelerón, ahora no falta una prueba de ADN que permite enchironar a un sospechoso de un crimen, como han popularizado CSI: Las Vegas y sus primos de Miami y Nueva York.
A veces te sorprende una película como Mud, que expresamente se nos dice que transcurre en el año 2011, porque no aparece ni uno solo de los chismes tecnológicos que tanto nos han cambiado la vida. Pero vamos, es la excepción, una historia que ocurre como en un mundo aparte, el Mississippi de la América profunda, y que es tributaria del imaginario de Mark Twain.
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