Blog de Hildy
La líder en streaming comienza a aplicar las anquilosadas reglas de las grandes corporaciones
Netflix ha dejado de ser una empresa "cool"
Netflix solía molar. Ya no. Es vox populi entre sus empleados, que la vieja divisa de “No rules rules”, o sea, “La falta de reglas y consignas es la norma”, ya no se aplica.
Lo están comprobando con los permisos de paternidad, que hasta hace poco se podían tomar cuando uno quería y con la duración que se estimara oportuna, pues se confiaba en que nadie se aprovecharía de este amplio margen de maniobra para escaquearse. La empresa ha crecido, y los viejos ideales se han vuelto al parecer antiguos e ingenuos, o eso se deduce de este interesante reportaje de Jessica Toonkel en The Wall Street Journal.
No es la primera empresa, ni será la última, que se vuelve “realista”, que se lo pregunten por ejemplo a Apple. Hubo un tiempo en que Netflix era sinónimo de compañía innovadora y rompedora, donde sus trabajadores eran una piña, un equipo compuesto de los mejores y con una cultura corporativa donde primaba la libertad y la responsabilidad personal, que cada uno debía saber gestionar sabiamente, lo importante era cumplir con el propio cometido. Primaba la transparencia, y los distintos departamentos compartían información, y podían decir libremente lo que les parecía que marchaba mal, sin miedo a que rodaran sus cabezas.
Pero claro, esto era cuando sorprendieron en Estados Unidos con un videoclub donde se alquilaban las películas por internet, y se recibían y devolvían por correo postal, con una tarifa plana, no había llegado la era del streaming. Un equipo liderado por Marc Randolph y Reed Hastings dio la campanada, y luego supieron adelantarse a todos cuando llegó el momento de ver las películas online con un click. Ahora la compañía se ha hecho gigante, con cerca de 14.000 empleados, y lo que interesa sobre todo es la cuenta de resultados. Cada vez se parecen más a una televisión con eventos deportivos, realities y publicidad, y lo que hace falta es subir en suscriptores "como sea", y en valor en bolsa.
Aunque Ted Sarandos, coCEO, sostiene que se mantienen los principios fundacionales, admite que la cultura corporativa no es estática, o sea, un poco lo de Groucho Marx, “estos son mis principios, pero si no me gustan, aquí están estos otros”. Según Sarandos, antes se ponía más énfasis en la libertad que en la responsabilidad, y toca equilibrar; otro de sus juegos con las palabras asevera que la cultura empresarial netflixiana debe “reflejar cómo trabajamos, no dictar cómo trabajamos”.
En fin, no hay que escandalizarse, pero estamos ante la enésima constatación de que las empresas innovadoras acaban adquiriendo formas institucionales más rígidas, perdiéndose en el camino parte de la frescura con que nacieron. Hasta la ilusión de ganar un Oscar a la mejor película con alguna de sus producciones parece que se ha desinflado, este año resulta dudoso que alguno de sus filmes compita en esa categoría.
Así que tendremos que esperar a un nuevo unicornio que lo cambie todo en el cine y las series, Netflix ha tocado techo, sus rivales la imitan, pero no pinta que vayan a aportar muchas ideas nuevas.
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