Blog de Hildy
Polanski y Panahi: Vidas no tan paralelas
Roman Polanski y Jafar Panahi comparten el hecho de ser directores de cine en condición de arresto, y que han obtenido cartas de apoyo de sus colegas
Roman Polanski y Jafar Panahi comparten el hecho de ser directores de cine en condición de arresto, y que han obtenido cartas de apoyo de sus colegas del gremio pidiendo su libertad. Probablemente aquí acaban las semejanzas de sus casos. La coincidencia temporal de su enclaustramiento hace más evidentes las diferencias.
El iraní Jafar Panahi fue detenido el 1 de marzo de 2010 en su casa, de un modo totalmente arbitrario. En el caso Polanski, detenido en Suiza desde el 26 de septiembre de 2009 (primero estuvo en la cárcel, luego en arresto domiciliario) se puede decir que su violación de una menor data de hace mucho tiempo, pero la acusación es clara, la confesión de culpabilidad también, y lo mismo la decisión de esquivar a la justicia estadounidense. Los procedimientos legales para aclarar si se rompió un preacuerdo de una pena benigna pueden ser lentos y un tanto kafkianos, pero las partes saben a qué atenerse. No ocurre así con Panahi donde los motivos de su arresto no se han dado a conocer formalmente, todo se limita al rumor de que iba a rodar una película muy crítica con Mahmoud Ahmadinejad, lo que ya de por sí resulta bastante alucinante como causa de detención.
Desde el primer día de su arresto en Suiza, Polanski ha contado con el apoyo casi incondicional de sus colegas directores. ¿Razones? Que me perdonen mis lectores, pero creo que son bastante superficiales, y van más allá de la culpabilidad o inocencia del director, si ha hecho bien o mal, si debería pedir perdón o mostrar arrepentimiento de algo, si la obra de arte justifica la impunidad del artista. La cosa se reducía a un ‘es amiguete’, ‘hoy por mí, mañana por ti’, ‘es un genio del cine’, ‘queda guay’. En cambio acordarse de un cineasta iraní, responsable de películas minimalistas, que ve poca gente, ah... eso es ‘mu cansao’, sólo unos pocos, movilizados sobre todo en Facebook, se ocupan en ello.
Hasta el recién terminado Festival de Cannes, el caso Panahi era casi una nota a pie de página de algún que otro diario. Quizá eso de Irán sonaba que pasaba en un sitio muy lejano, y con la política de ahí –Panahi ha mostrado sus simpatías hacia Mir Hossein Musavi, principal miembro de la oposición de un régimen que en los últimas elecciones dio toda la impresión hacer tongo– hay miedo entre los políticos y los medios de comunicación de calentar una zona ya de por sí caliente en el panorama mundial. No nos engañemos, fueron tímidas las protestas de la comunidad internacional, se pasó página enseguida.
Y llegaron las lágrimas, y el cartel de protesta, de Juliette Binoche. Se supo entonces que Panahi estaba en huelga de hambre.
Puede que ahora se resuelva la cosa con Panahi, pero demuestra la superficialidad de la sociedad en que vivimos. También se nota en el ‘affaire’ Polanski, porque después de mucho hablar, los que apoyaban a Polanski se han callado, se diría que le han ido abandonando poco a poco a su suerte, tras hacerse los interesados los primeros días. Al fin y al cabo la pederastia no está exactamente de moda –a no ser, claro está, para denostarla–, y ésa es la acusación que pesa tristemente sobre ‘nuestro hombre en Suiza’.
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