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Biografía

Jafar Panahi

Jafar Panahi

60 años

Jafar Panahi

Nació el 11 de Julio de 1960 en Mianeh, Irán

Premios: 1 Festival de Cannes (más 2 premios)

Ganador de 1 premio

Ganador de 1 premio

Ganador de 1 premio

Filmografía
Tres caras

2018 | 3 visages

Condenado en 2010 a no salir de Irán y a no volver a rodar durante veinte años, por propaganda contra el régimen, Jafar Panahi cada vez desafía más a las autoridades de su país. En Esto no es una película otro realizador le filmaba reflexionando mientras permanecía en arresto domiciliario, en Taxi Teherán recorría la ciudad en un taxi amarillo, y ahora se atreve con una road-movie, en la que viaja hasta el límite con Armenia y Azerbayán; y aunque permanece mucho tiempo sin salir del vehículo, como en su trabajo anterior, en un momento dado lo abandona. Tres caras arranca con la espeluznante grabación mediante un teléfono móvil de Marziyeh, joven de un recóndito pueblecito con aspiraciones a convertirse en actriz, pero que no ha encontrado ningún apoyo de su familia. Antes de suicidarse, indica que las imágenes deben ser enviadas a Behnaz Jafari, actriz de enorme popularidad, con la que ha tratado de contactar en busca de ayuda, sin éxito. El vídeo ha llegado a manos de Jafar Panahi, que decide viajar a la localidad, para indagar qué ha ocurrido, en compañía de Jafari, tan afectada que ha dejado a medias uno de sus rodajes. No le viene grande el premio al mejor guión en el Festival de Cannes, pues lo escrito por el propio autor, junto al debutante Nader Saeivar, consigue con sencillez no sólo mantener el interés y cierto suspense, sino que critica con enorme elegancia y sutilidad a los mandatarios de su país, a través de la contraposición entre las tres caras a las que alude el título, que pertenecen a una adolescente que sueña con dedicarse al cine, otra de mediana edad que triunfa en la actualidad y la que lo hizo en el pasado. La primera no tiene posibilidades, en un país que desprecia la cultura (pese a contar con varios de los cineastas de mayor reputación del mundo), con mandatarios que han limitado las opciones vitales de sus ciudadanos, mucho más en el caso de que éstas sean mujeres. La segunda ha acabado en subproductos televisivos tan populares como frívolos. La última, Shahrazade, no aparece en pantalla. Se trata de una intérprete que fue popular en la época anterior a la revolución, ha quedado relegada al olvido, como todas sus compañeras de entonces, y se dedica a pintar, tratando de olvidar los años en los que fue maltratada por los realizadores.   No parece haber necesitado de un amplio presupuesto para rodar, destila frescura, y se insertan momentos de humor muy efectivos (destaca una llamada telefónica entre el realizador y su anciana madre, preocupada por si se le ocurre volver a rodar). Pero sobre todo se detiene en una sentida descripción de la zona donde se desarrolla la acción, cercana al lugar donde nacieron sus progenitores, a través de estrafalarios personajes con los que se encuentran los protagonistas (la señora que descansa en su futura tumba, el dueño de un toro que bloquea la carretera, el señor que pretende que entreguen a una estrella de cine el prepucio de su hijo recién circuncidado, etc.). Todos ellos parecen descritos con una mezcla de cariño y resignación ante los individuos tan alejados del mundo que pueblan el lugar. De nuevo se funden las fronteras entre ficción y realidad, no se sabe muy bien hasta dónde los protagonistas están interpretando o simplemente muestran cómo son en realidad. En cualquier caso, Jafari logra expresar muy bien el sentimiento de culpa de su personaje (ella misma), y también resulta convincente la joven Marziyeh Rezaei. Como ya había quedado demostrado, el propio Jafar Panahi consigue una enorme simpatía en pantalla.

8/10
Taxi Téhéran

2015 | Taxi

Una película de combate. De un artista que no se rinde. Que hace cine, aunque las autoridades de su país, Irán, le pongan mil cortapisas para impedir que lo haga. Consideradas estas circunstancias, Taxi Téhéran es una especie de milagro, una sentida declaración de principios de un cineasta, que lleva aún más lejos la experiencia en su confinamiento de aquella película titulada Esto no es una película. Quizá Taxi Téhéran podría llevar el subtítulo de “Esto sí es una película”, estamos más cerca de la experiencia fílmica normal, a pesar de las limitaciones que ha padecido una vez Jafar Pahani para rodar. La idea de rodar su film dentro de un taxi, con el propio director Jafar Pahani al volante, y pertrechado en el interior de tres pequeñas cámaras más algún teléfono móvil, lleva más lejos el planteamiento de su compatriota Abbas Kiarostami en Ten, que también rodaba dentro de un vehículo para mostrar una suerte de microcosmos sobre ruedas en un espacio mínimo. Aquí también los distintos viajeros ofrecen un cuadro humano de enorme interés, donde se reflexiona acerca de la difusión de películas por cualquier medio, algo muy útil en una sociedad cerrada como la iraní. Las fronteras de la realidad y la ficción se diluyen, enfoque al que el cine de Irán ha recurrido ya con acierto en múltiples ocasiones. De modo que hay viajeros que reconocen a su ilustre e inesperado chófer, e incluso adivinan lo que está intentando hacer; una niña describe las reglas a las que debería atenerse el cine según una maestra de la escuela, aunque ellas manejará a su antojo cuando improvisa su pequeño film; la discusión sobre la justicia de una maestra y un “trabajador por cuenta propia” habla de prepotencia y contradicciones; los peces que se salvan con una bolsa de plástico, más frágil que una pecera, parecen hablar del propio Pahani. Y el final, sobrio y elocuente, destila ingenio. Pahani ganó el Oso de Oro en Berlín, y está lejos de ser un premio excesivo para su historia mínima. No se trata el galardón de una simple palmadita, un reconocimiento a su tesón, que le lleva a seguir trabajando en condiciones deplorables; además de todo eso, tenemos la realidad de una película sentida, auténtica, emocionante y nada amarga, que explora las posibilidades de la narrativa fílmica, y que demuestra que con poco se puede hacer mucho, cuando hay algo que contar. 

8/10
Closed Curtain

2013 | Pardé

Esto no es una película

2010 | In film nist

La noticia de que el realizador iraní Jafar Panahi había sido detenido por razones políticas, en mayo de 2011, conmovió a la comunidad cinéfila internacional. Se le acusaba de pretender criticar al régimen en un proyecto en marcha que finalmente no pudo rodar. La noticia de que Panahi se había declarado en huelga de hambre tuvo una enorme repercusión internacional y se le puso oficialmente en libertad, aunque la realidad es que fue condenado a arresto domiciliario, y quedó inhabilitado para rodar durante 20 años. En esta insólita cinta se diría que el realizador intenta aprovechar hasta el límite la reducida autonomía que le permite el régimen. Tiene prohibido en concreto filmar, salir del país y conceder entrevistas, pero según explica él mismo al principio del metraje, no se le ha dicho nada que le impida interpretar como actor un guión previamente escrito. En cualquier caso, Esto no es una película tiene la apariencia de un documental, en el que su colega Mojtaba Mirtahmasb rueda las reflexiones de Panahi sobre su desgraciada situación, como si se le estuviera entrevistando. Se atreve a contar cómo iba a ser esa película que no le dejaron elaborar, en torno a una muchacha deseosa de estudiar bellas artes, pese a la firme oposición de sus progenitores. Evidentemente, resulta fácil establecer paralelismos entre esos padres opresores y los políticos iraníes en el poder. Para poner más en jaque a estos mandatarios, en el curso del metraje el propio Panahi (o bien el supuesto personaje que interpreta) llega a tomar una cámara para tomar imágenes de un joven que acude para recoger la basura. Sorprende la serenidad del realizador, que mientras permanece en arresto domiciliario come, friega los platos, y atiende a su curiosa mascota, un camaleón. Conmueve al compararse con un personaje de una de sus películas, Mina, la niña de El espejo, que en la secuencia más recordada del film se rebela, cansada tras una larga jornada de trabajo, y explica al equipo de cineastas que la está rodando que no quiere actuar más, por lo que se quita la venda que lleva su personaje en un brazo. Asegura Panahi que él también necesita quitarse la venda que le han impuesto. Al parecer, el film fue sacado de Irán en la clandestinidad en un pen drive, gracias a un amigo que viajaba a París.

6/10
Offside

2006 | Offside

Original comedia iraní, con el minimalismo marca de fábrica de su director Jafar Panahi (El globo blanco, El círculo) y otros de sus colegas. Una joven, disfrazada de chico, trata de acceder al estadio de fútbol donde la selección nacional de Irán se juega su clasificación para el campeonato mundial: las mujeres tienen vedada la entrada al campo, y es detenida junto a otras hinchas. Custodiadas por un grupo de jóvenes soldados que realizan el servicio militar, la cosa transcurre entre el interés por el resultado incierto del partido, la añoranza que un soldado siente por la granja que debe atender para sacar adelantes a los suyos, las ganas de ir al cuarto de baño de una de las retenidas, el disgusto de un padre que sabe que su hija se ha colado… El film está rodado durante el transcurso del auténtico partido que acabamos de describir, con actores no profesionales, y cierto margen de maniobra para la improvisación, según cómo discurriera el duelo deportivo. Panahi atrapa con la cámara comportamientos y actitudes que tienen la frescura de la naturalidad, y maneja un magnífico y suave sentido del humor. Por supuesto, la anécdota de las dificultades legales de las mujeres para ver el fútbol es una forma amable de señalar cómo aún tienen que mejorar mucho las cosas en los países islámicos en lo referente a la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

7/10
El círculo

2000 | Dayereh

Tres mujeres salen de prisión en Irán. Es un permiso. Pero ellas están desesperadas y deciden huir. Cada una debe ingeniárselas para poder hacerlo. Su vida miserable les va a hacer sufrir, y a tomar decisiones no siempre acertadas. Este cuadro de Jafar Panahi de la condición de la mujer en Irán impresiona, y tuvo el honor de ser galardonado en Venecia con el León de Oro.

6/10
El espejo (1997)

1997 | Ayneh

Típico film minimalista iraní, escrito y dirigido por Jafar Pahani, sobre una niña que se pierde volviendo a casa, y no logra que la gente le oriente para encontrar su camino. Una delicia en su sencillez.

6/10
El globo blanco

1995 | Badkonake Sefid

Una niña busca por toda la ciudad el dinero que ha perdido, y que le dio su madre para comprar un pez dorado. Jafar Panahi dirige una de las más célebres cintas del cine iraní, con guión de Abbas Kiarostami, el cineasta más conocido del país.

4/10
Tres caras

2018 | 3 visages

Condenado en 2010 a no salir de Irán y a no volver a rodar durante veinte años, por propaganda contra el régimen, Jafar Panahi cada vez desafía más a las autoridades de su país. En Esto no es una película otro realizador le filmaba reflexionando mientras permanecía en arresto domiciliario, en Taxi Teherán recorría la ciudad en un taxi amarillo, y ahora se atreve con una road-movie, en la que viaja hasta el límite con Armenia y Azerbayán; y aunque permanece mucho tiempo sin salir del vehículo, como en su trabajo anterior, en un momento dado lo abandona. Tres caras arranca con la espeluznante grabación mediante un teléfono móvil de Marziyeh, joven de un recóndito pueblecito con aspiraciones a convertirse en actriz, pero que no ha encontrado ningún apoyo de su familia. Antes de suicidarse, indica que las imágenes deben ser enviadas a Behnaz Jafari, actriz de enorme popularidad, con la que ha tratado de contactar en busca de ayuda, sin éxito. El vídeo ha llegado a manos de Jafar Panahi, que decide viajar a la localidad, para indagar qué ha ocurrido, en compañía de Jafari, tan afectada que ha dejado a medias uno de sus rodajes. No le viene grande el premio al mejor guión en el Festival de Cannes, pues lo escrito por el propio autor, junto al debutante Nader Saeivar, consigue con sencillez no sólo mantener el interés y cierto suspense, sino que critica con enorme elegancia y sutilidad a los mandatarios de su país, a través de la contraposición entre las tres caras a las que alude el título, que pertenecen a una adolescente que sueña con dedicarse al cine, otra de mediana edad que triunfa en la actualidad y la que lo hizo en el pasado. La primera no tiene posibilidades, en un país que desprecia la cultura (pese a contar con varios de los cineastas de mayor reputación del mundo), con mandatarios que han limitado las opciones vitales de sus ciudadanos, mucho más en el caso de que éstas sean mujeres. La segunda ha acabado en subproductos televisivos tan populares como frívolos. La última, Shahrazade, no aparece en pantalla. Se trata de una intérprete que fue popular en la época anterior a la revolución, ha quedado relegada al olvido, como todas sus compañeras de entonces, y se dedica a pintar, tratando de olvidar los años en los que fue maltratada por los realizadores.   No parece haber necesitado de un amplio presupuesto para rodar, destila frescura, y se insertan momentos de humor muy efectivos (destaca una llamada telefónica entre el realizador y su anciana madre, preocupada por si se le ocurre volver a rodar). Pero sobre todo se detiene en una sentida descripción de la zona donde se desarrolla la acción, cercana al lugar donde nacieron sus progenitores, a través de estrafalarios personajes con los que se encuentran los protagonistas (la señora que descansa en su futura tumba, el dueño de un toro que bloquea la carretera, el señor que pretende que entreguen a una estrella de cine el prepucio de su hijo recién circuncidado, etc.). Todos ellos parecen descritos con una mezcla de cariño y resignación ante los individuos tan alejados del mundo que pueblan el lugar. De nuevo se funden las fronteras entre ficción y realidad, no se sabe muy bien hasta dónde los protagonistas están interpretando o simplemente muestran cómo son en realidad. En cualquier caso, Jafari logra expresar muy bien el sentimiento de culpa de su personaje (ella misma), y también resulta convincente la joven Marziyeh Rezaei. Como ya había quedado demostrado, el propio Jafar Panahi consigue una enorme simpatía en pantalla.

8/10
Taxi Téhéran

2015 | Taxi

Una película de combate. De un artista que no se rinde. Que hace cine, aunque las autoridades de su país, Irán, le pongan mil cortapisas para impedir que lo haga. Consideradas estas circunstancias, Taxi Téhéran es una especie de milagro, una sentida declaración de principios de un cineasta, que lleva aún más lejos la experiencia en su confinamiento de aquella película titulada Esto no es una película. Quizá Taxi Téhéran podría llevar el subtítulo de “Esto sí es una película”, estamos más cerca de la experiencia fílmica normal, a pesar de las limitaciones que ha padecido una vez Jafar Pahani para rodar. La idea de rodar su film dentro de un taxi, con el propio director Jafar Pahani al volante, y pertrechado en el interior de tres pequeñas cámaras más algún teléfono móvil, lleva más lejos el planteamiento de su compatriota Abbas Kiarostami en Ten, que también rodaba dentro de un vehículo para mostrar una suerte de microcosmos sobre ruedas en un espacio mínimo. Aquí también los distintos viajeros ofrecen un cuadro humano de enorme interés, donde se reflexiona acerca de la difusión de películas por cualquier medio, algo muy útil en una sociedad cerrada como la iraní. Las fronteras de la realidad y la ficción se diluyen, enfoque al que el cine de Irán ha recurrido ya con acierto en múltiples ocasiones. De modo que hay viajeros que reconocen a su ilustre e inesperado chófer, e incluso adivinan lo que está intentando hacer; una niña describe las reglas a las que debería atenerse el cine según una maestra de la escuela, aunque ellas manejará a su antojo cuando improvisa su pequeño film; la discusión sobre la justicia de una maestra y un “trabajador por cuenta propia” habla de prepotencia y contradicciones; los peces que se salvan con una bolsa de plástico, más frágil que una pecera, parecen hablar del propio Pahani. Y el final, sobrio y elocuente, destila ingenio. Pahani ganó el Oso de Oro en Berlín, y está lejos de ser un premio excesivo para su historia mínima. No se trata el galardón de una simple palmadita, un reconocimiento a su tesón, que le lleva a seguir trabajando en condiciones deplorables; además de todo eso, tenemos la realidad de una película sentida, auténtica, emocionante y nada amarga, que explora las posibilidades de la narrativa fílmica, y que demuestra que con poco se puede hacer mucho, cuando hay algo que contar. 

8/10
Esto no es una película

2010 | In film nist

La noticia de que el realizador iraní Jafar Panahi había sido detenido por razones políticas, en mayo de 2011, conmovió a la comunidad cinéfila internacional. Se le acusaba de pretender criticar al régimen en un proyecto en marcha que finalmente no pudo rodar. La noticia de que Panahi se había declarado en huelga de hambre tuvo una enorme repercusión internacional y se le puso oficialmente en libertad, aunque la realidad es que fue condenado a arresto domiciliario, y quedó inhabilitado para rodar durante 20 años. En esta insólita cinta se diría que el realizador intenta aprovechar hasta el límite la reducida autonomía que le permite el régimen. Tiene prohibido en concreto filmar, salir del país y conceder entrevistas, pero según explica él mismo al principio del metraje, no se le ha dicho nada que le impida interpretar como actor un guión previamente escrito. En cualquier caso, Esto no es una película tiene la apariencia de un documental, en el que su colega Mojtaba Mirtahmasb rueda las reflexiones de Panahi sobre su desgraciada situación, como si se le estuviera entrevistando. Se atreve a contar cómo iba a ser esa película que no le dejaron elaborar, en torno a una muchacha deseosa de estudiar bellas artes, pese a la firme oposición de sus progenitores. Evidentemente, resulta fácil establecer paralelismos entre esos padres opresores y los políticos iraníes en el poder. Para poner más en jaque a estos mandatarios, en el curso del metraje el propio Panahi (o bien el supuesto personaje que interpreta) llega a tomar una cámara para tomar imágenes de un joven que acude para recoger la basura. Sorprende la serenidad del realizador, que mientras permanece en arresto domiciliario come, friega los platos, y atiende a su curiosa mascota, un camaleón. Conmueve al compararse con un personaje de una de sus películas, Mina, la niña de El espejo, que en la secuencia más recordada del film se rebela, cansada tras una larga jornada de trabajo, y explica al equipo de cineastas que la está rodando que no quiere actuar más, por lo que se quita la venda que lleva su personaje en un brazo. Asegura Panahi que él también necesita quitarse la venda que le han impuesto. Al parecer, el film fue sacado de Irán en la clandestinidad en un pen drive, gracias a un amigo que viajaba a París.

6/10
Offside

2006 | Offside

Original comedia iraní, con el minimalismo marca de fábrica de su director Jafar Panahi (El globo blanco, El círculo) y otros de sus colegas. Una joven, disfrazada de chico, trata de acceder al estadio de fútbol donde la selección nacional de Irán se juega su clasificación para el campeonato mundial: las mujeres tienen vedada la entrada al campo, y es detenida junto a otras hinchas. Custodiadas por un grupo de jóvenes soldados que realizan el servicio militar, la cosa transcurre entre el interés por el resultado incierto del partido, la añoranza que un soldado siente por la granja que debe atender para sacar adelantes a los suyos, las ganas de ir al cuarto de baño de una de las retenidas, el disgusto de un padre que sabe que su hija se ha colado… El film está rodado durante el transcurso del auténtico partido que acabamos de describir, con actores no profesionales, y cierto margen de maniobra para la improvisación, según cómo discurriera el duelo deportivo. Panahi atrapa con la cámara comportamientos y actitudes que tienen la frescura de la naturalidad, y maneja un magnífico y suave sentido del humor. Por supuesto, la anécdota de las dificultades legales de las mujeres para ver el fútbol es una forma amable de señalar cómo aún tienen que mejorar mucho las cosas en los países islámicos en lo referente a la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

7/10
El espejo (1997)

1997 | Ayneh

Típico film minimalista iraní, escrito y dirigido por Jafar Pahani, sobre una niña que se pierde volviendo a casa, y no logra que la gente le oriente para encontrar su camino. Una delicia en su sencillez.

6/10
Tres caras

2018 | 3 visages

Condenado en 2010 a no salir de Irán y a no volver a rodar durante veinte años, por propaganda contra el régimen, Jafar Panahi cada vez desafía más a las autoridades de su país. En Esto no es una película otro realizador le filmaba reflexionando mientras permanecía en arresto domiciliario, en Taxi Teherán recorría la ciudad en un taxi amarillo, y ahora se atreve con una road-movie, en la que viaja hasta el límite con Armenia y Azerbayán; y aunque permanece mucho tiempo sin salir del vehículo, como en su trabajo anterior, en un momento dado lo abandona. Tres caras arranca con la espeluznante grabación mediante un teléfono móvil de Marziyeh, joven de un recóndito pueblecito con aspiraciones a convertirse en actriz, pero que no ha encontrado ningún apoyo de su familia. Antes de suicidarse, indica que las imágenes deben ser enviadas a Behnaz Jafari, actriz de enorme popularidad, con la que ha tratado de contactar en busca de ayuda, sin éxito. El vídeo ha llegado a manos de Jafar Panahi, que decide viajar a la localidad, para indagar qué ha ocurrido, en compañía de Jafari, tan afectada que ha dejado a medias uno de sus rodajes. No le viene grande el premio al mejor guión en el Festival de Cannes, pues lo escrito por el propio autor, junto al debutante Nader Saeivar, consigue con sencillez no sólo mantener el interés y cierto suspense, sino que critica con enorme elegancia y sutilidad a los mandatarios de su país, a través de la contraposición entre las tres caras a las que alude el título, que pertenecen a una adolescente que sueña con dedicarse al cine, otra de mediana edad que triunfa en la actualidad y la que lo hizo en el pasado. La primera no tiene posibilidades, en un país que desprecia la cultura (pese a contar con varios de los cineastas de mayor reputación del mundo), con mandatarios que han limitado las opciones vitales de sus ciudadanos, mucho más en el caso de que éstas sean mujeres. La segunda ha acabado en subproductos televisivos tan populares como frívolos. La última, Shahrazade, no aparece en pantalla. Se trata de una intérprete que fue popular en la época anterior a la revolución, ha quedado relegada al olvido, como todas sus compañeras de entonces, y se dedica a pintar, tratando de olvidar los años en los que fue maltratada por los realizadores.   No parece haber necesitado de un amplio presupuesto para rodar, destila frescura, y se insertan momentos de humor muy efectivos (destaca una llamada telefónica entre el realizador y su anciana madre, preocupada por si se le ocurre volver a rodar). Pero sobre todo se detiene en una sentida descripción de la zona donde se desarrolla la acción, cercana al lugar donde nacieron sus progenitores, a través de estrafalarios personajes con los que se encuentran los protagonistas (la señora que descansa en su futura tumba, el dueño de un toro que bloquea la carretera, el señor que pretende que entreguen a una estrella de cine el prepucio de su hijo recién circuncidado, etc.). Todos ellos parecen descritos con una mezcla de cariño y resignación ante los individuos tan alejados del mundo que pueblan el lugar. De nuevo se funden las fronteras entre ficción y realidad, no se sabe muy bien hasta dónde los protagonistas están interpretando o simplemente muestran cómo son en realidad. En cualquier caso, Jafari logra expresar muy bien el sentimiento de culpa de su personaje (ella misma), y también resulta convincente la joven Marziyeh Rezaei. Como ya había quedado demostrado, el propio Jafar Panahi consigue una enorme simpatía en pantalla.

8/10
Taxi Téhéran

2015 | Taxi

Una película de combate. De un artista que no se rinde. Que hace cine, aunque las autoridades de su país, Irán, le pongan mil cortapisas para impedir que lo haga. Consideradas estas circunstancias, Taxi Téhéran es una especie de milagro, una sentida declaración de principios de un cineasta, que lleva aún más lejos la experiencia en su confinamiento de aquella película titulada Esto no es una película. Quizá Taxi Téhéran podría llevar el subtítulo de “Esto sí es una película”, estamos más cerca de la experiencia fílmica normal, a pesar de las limitaciones que ha padecido una vez Jafar Pahani para rodar. La idea de rodar su film dentro de un taxi, con el propio director Jafar Pahani al volante, y pertrechado en el interior de tres pequeñas cámaras más algún teléfono móvil, lleva más lejos el planteamiento de su compatriota Abbas Kiarostami en Ten, que también rodaba dentro de un vehículo para mostrar una suerte de microcosmos sobre ruedas en un espacio mínimo. Aquí también los distintos viajeros ofrecen un cuadro humano de enorme interés, donde se reflexiona acerca de la difusión de películas por cualquier medio, algo muy útil en una sociedad cerrada como la iraní. Las fronteras de la realidad y la ficción se diluyen, enfoque al que el cine de Irán ha recurrido ya con acierto en múltiples ocasiones. De modo que hay viajeros que reconocen a su ilustre e inesperado chófer, e incluso adivinan lo que está intentando hacer; una niña describe las reglas a las que debería atenerse el cine según una maestra de la escuela, aunque ellas manejará a su antojo cuando improvisa su pequeño film; la discusión sobre la justicia de una maestra y un “trabajador por cuenta propia” habla de prepotencia y contradicciones; los peces que se salvan con una bolsa de plástico, más frágil que una pecera, parecen hablar del propio Pahani. Y el final, sobrio y elocuente, destila ingenio. Pahani ganó el Oso de Oro en Berlín, y está lejos de ser un premio excesivo para su historia mínima. No se trata el galardón de una simple palmadita, un reconocimiento a su tesón, que le lleva a seguir trabajando en condiciones deplorables; además de todo eso, tenemos la realidad de una película sentida, auténtica, emocionante y nada amarga, que explora las posibilidades de la narrativa fílmica, y que demuestra que con poco se puede hacer mucho, cuando hay algo que contar. 

8/10
Closed Curtain

2013 | Pardé

Esto no es una película

2010 | In film nist

La noticia de que el realizador iraní Jafar Panahi había sido detenido por razones políticas, en mayo de 2011, conmovió a la comunidad cinéfila internacional. Se le acusaba de pretender criticar al régimen en un proyecto en marcha que finalmente no pudo rodar. La noticia de que Panahi se había declarado en huelga de hambre tuvo una enorme repercusión internacional y se le puso oficialmente en libertad, aunque la realidad es que fue condenado a arresto domiciliario, y quedó inhabilitado para rodar durante 20 años. En esta insólita cinta se diría que el realizador intenta aprovechar hasta el límite la reducida autonomía que le permite el régimen. Tiene prohibido en concreto filmar, salir del país y conceder entrevistas, pero según explica él mismo al principio del metraje, no se le ha dicho nada que le impida interpretar como actor un guión previamente escrito. En cualquier caso, Esto no es una película tiene la apariencia de un documental, en el que su colega Mojtaba Mirtahmasb rueda las reflexiones de Panahi sobre su desgraciada situación, como si se le estuviera entrevistando. Se atreve a contar cómo iba a ser esa película que no le dejaron elaborar, en torno a una muchacha deseosa de estudiar bellas artes, pese a la firme oposición de sus progenitores. Evidentemente, resulta fácil establecer paralelismos entre esos padres opresores y los políticos iraníes en el poder. Para poner más en jaque a estos mandatarios, en el curso del metraje el propio Panahi (o bien el supuesto personaje que interpreta) llega a tomar una cámara para tomar imágenes de un joven que acude para recoger la basura. Sorprende la serenidad del realizador, que mientras permanece en arresto domiciliario come, friega los platos, y atiende a su curiosa mascota, un camaleón. Conmueve al compararse con un personaje de una de sus películas, Mina, la niña de El espejo, que en la secuencia más recordada del film se rebela, cansada tras una larga jornada de trabajo, y explica al equipo de cineastas que la está rodando que no quiere actuar más, por lo que se quita la venda que lleva su personaje en un brazo. Asegura Panahi que él también necesita quitarse la venda que le han impuesto. Al parecer, el film fue sacado de Irán en la clandestinidad en un pen drive, gracias a un amigo que viajaba a París.

6/10

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