Blog de Hildy
Yo confieso: impresiones de “Glee”
El pasado mes de septiembre estuve en el Festival de Cine de San Sebastián, y allí estaba el equipo de Come, reza, ama , dispuesto a conceder
El pasado mes de septiembre estuve en el Festival de Cine de San Sebastián, y allí estaba el equipo de Come, reza, ama, dispuesto a conceder entrevistas. Con gusto hice mis preguntas a la ‘Pretty Woman’ Julia Roberts, y a The Visitor Richard Jenkins, actores que me encantan. En cambio, no despertaba en mí gran interés la entrevista con el director, Ryan Murphy. No me había gustado Recortes de mi vida, su otra peli como director, y no había visto la serie televisiva de cirujanos plásticos Nip/Tuck: a golpe de bisturí, aunque me sonaba que era corrosiva y tontorrona. Y reconozco que no le identificaba en ese momento con la serie Glee, que no había visto, pero de la que había oído hablar como ‘original’ y con vistosos números musicales. Total, que el encuentro con él fue anodino, algo que ahora lamento.
Más tarde, me han comentado que Murphy, haciendo honor a la ley que lleva su nombre, no había despertado mucho interés entre mis otros colegas destacados en San Sebastián. Hasta se dice que el tipo estaba indignado, pues en Estados Unidos es poco menos que el rey del mambo televisivo, y en cambio en Donosti nadie le había hecho ni caso.
Valga todo este preámbulo para decir que he visto en los últimos días casi una decena de capítulos de Glee, serie distribuida en DVD por Fox y recientemente premiada con el Globo de Oro en la categoría de comedia o musical, y que me he quedado sorprendido. No era lo que esperaba. Tampoco sé lo que esperaba. Lo que quiero decir es que reconozco su originalidad, es un producto netamente rompedor, que se sale de los moldes al uso.
Una mirada superficial hace pensar en típica serie ambientada en instituto, deudora de Fama o algo así. Pues no. Glee no es típica, y se aleja mucho del citado modelo. Paradójicamente, la serie muestra una especie de mundo irreal que atrapa bastantes peculiaridades de la sociedad actual: no existe un instituto ni remotamente parecido al que nos muestra Murphy, con chicas vestidas día y noche de cheersleaders, una profesora con su omnipresente chandal, u otro con pantaloncitos cortos. Hay una mirada irónica, falsamente ingenua, al mostrarnos al profe amanerado con el jersey al cuello. Es todo grotescamente exagerado, sea la profesora maniática de los gérmenes, el club de castidad, el chico gay, los enredos en torno a falsos embarazos y embarazos adolescentes... Los chicos son capaces de preparar una canción y coreografiarla casi sin esfuerzo...
Y en esta nebulosa falsa, sí se nos muestra una realidad: se abordan cantidad de temas que están en la calle, hay una radiografía social diferente y gamberra de la obsesión con la propia imagen, la cuestión racial, los estereotipos, la competitividad, una supuesta autenticidad, los secretos que no manifestamos, la trivialización de la sexualidad, muchos miedos soterrados.
Es cierto que es una serie juguetona, que se limita a poner ante el espectador un espejo deformante para reírse de él e invitarle a cuestionarse, sin aportar soluciones. Algo es algo, aunque me pregunto qué conclusiones sacan los fans de esta serie. Pienso que hay diferentes niveles de lectura, y la mayoría se quedarán en la superficie, que la serie tiene ‘algo’ y la música ‘mola’.
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