Blog de Hildy
Cine, tele y literatura: en los límites de la ciencia
Las tramas biotecnológicas, donde los límites de la ciencia y lo fantástico se desdibujan, están cada vez más de moda en cine, televisión y
Las tramas biotecnológicas, donde los límites de la ciencia y lo fantástico se desdibujan, están cada vez más de moda en cine, televisión y literatura. A este respecto me apasionó la lectura de “El mundo de lo pequeño”, de Diego Martínez Caro, un libro de ensayo claro y sencillo, donde se exponen las posibilidades de la nanociencia y la nanotecnología, campos que han avanzado tanto que sus aplicaciones parecen casi cosa de brujería; allí se habla por ejemplo de posibilidades como la de inyectar en las personas nanorrobots –o sea, robots, mecánicos o biológicos, de dimensiones cercanas al tamaño de moléculas y átomos–, capaces de combatir enfermedades. Pienso que la consulta de este librito podría inspirar buenas películas de ciencia ficción o tipo thriller, uno se da cuenta de que los tiempos adelantan que es una barbaridad, y que a pesar de que lo intentamos, resulta casi imposible anticipar el futuro.
Una serie televisiva muy popular que se mueve en este resbaladizo e inquietante terreno de la ciencia llevada al límite, con sus consiguientes desafíos éticos y morales, es la excelente Fringe. Es cierto que hay episodios mejores y peores, pero reconozco que ha logrado atraparme esa convivencia de mundos alternativos, y tienen interés los dilemas que afronta el sabio Walter, no se puede salvar a un hijo a cualquier precio, empieza el científico a advertir, hay fronteras que no deberían traspasarse. Me encantó el episodio en que pedía una señal de la existencia de Dios, en quien le gustaría creer, y como ésta le llega, enviada por él mismo, desde un mundo alternativo.
Jugar con las posibilidades médicas y científicas da mucho juego en el cine actual. Me pareció más bien mediocre la película Inhale, sobre el tráfico ilegal de órganos, pero refleja bien esa pretensión del ser humano de convertirse en dueño de la vida y de la muerte, en lo que atañe a uno mismo y a los seres queridos: y claro, conseguir unos pulmones para una hijita significa que hay que quitárselos a alguien muerto o... vivo. Más interés tiene Contagio, que juega con la inquietante posibilidad de que un virus cause estragos por todo el planeta, cuando se cierra la puerta de una enfermedad o una amenaza para el ser humano, parece que enseguida se abre otra. Y hoy acabo de ver In Time, del siempre interesante Andrew Niccol, que antes dirigió Gattaca, donde ya advertía de los peligros de la biogenética. Aquí habla de una sociedad que pretende haber conquistado la eternidad en este mundo, la gente mantiene siempre el aspecto que tenía cuando cumplió 25 años, siempre que pueda hacerse con el valioso tiempo, que escasea, y que es necesario para vivir el tiempo que sea, tal vez un millón de años.
No quiero dejar de hablar a este respecto del último libro de Miguel Aranguren, “El arca de la isla”. Allí, con ritmo trepidante de thriller, el autor nos cuenta la odisea de Mario, un adolescente adoptado cuyos padres mueren en un misterioso accidente de tráfico. La cosa puede estar relacionada con los sobrecogedores experimentos biotecnológicos del general Viktor Pozdneev, que trabaja en una base secreta en Siberia. El nombre de pila del tal general ya nos hace intuir que al hombre no le disgustan los monstruos y engendros...
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