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Biografía

Andrew Niccol

Andrew Niccol

56 años

Andrew Niccol

Nació el 10 de Junio de 1964 en Paraparaumu, Nueva Zelanda

La ética del futuro

18 Octubre 2011

Guionista y director, Niccol ha realizado algunos de los filmes más originales de ciencia ficción. Lo suyo no es la acción, sino las ideas y los peligros derivados del avance del mundo moderno.

Las historias concebidas por Andrew Niccol nunca se quedan en un mero entretenimiento. Estamos ante un cineasta que es todo lo opuesto a la frivolidad, característica que desgraciadamente viene tantas veces asociada al género de ciencia ficción. Siempre hay excepciones, claro; no hay más que pensar en clásicos como 2001: una odisea del espacio o Blade Runner, por poner dos ejemplos emblemáticos. Pues bien, las películas de Niccol entran en esa lista de filmes que ofrecen una enormidad de sugerencias y reflexiones éticas acerca de la condición humana, relacionada con los adelantos de la ciencia moderna y las aspiraciones tecnológicas hacia la fabricación un mundo mejor.

Nacido en Paraparaumu, localidad de Nueva Zelanda, el 10 de junio de 1964, Andrew Niccol se dedicó a la publicidad antes de decidirse a dar el salto al cine de ficción. Comenzó su carrera en Londres, donde rodó anuncios comerciales durante diez años. Se mudó entonces a Hollywood, en donde contactó con el influyente y poderoso productor Scott Rudin. A él le presentó un proyecto muy ambicioso: la historia de un hombre cuya vida entera formaba parte de un programa televisivo sin que él lo supiera. La idea era fantástica, pero el presupuesto para realizar ese film era muy elevado y Rudin no se atrevió a concederle la dirección de ese guión a un debutante. Eligió por tanto a un director tan experimentado para llevarlo a cabo, con un presupuesto de 80 millones de dólares. El resultado fue la extraordinaria película El Show de Truman, que fue dirigida por Peter Weir en 1998, y protagonizada por Jim Carrey. El film obtuvo un gran éxito de crítica y público y fue nominado al Oscar al Mejor Guión, obra de Niccol.

Andrew Niccol debió de sentirse muy mal al no ser él el elegido para rodar su primer guión, aunque ciertamente, las cosas podrían haber sido mucho peores. No cabe duda de que Peter Weir es un director extraordinario y quizá sacó lo mejor del material con que contaba. De cualquier forma, pasados los años Niccol declaró que su gran falló fue haber ofrecido a los productores como primer proyecto una película tan cara. Y es que los inversores sólo estaban dispuestos a desembolsar 20 millones de dólares para una primera película de Niccol, entonces un completo desconocido. La consecuencia fue que la historia de Truman se retrasó y fue a parar a otras manos, como ya hemos dicho, y que, entonces, Niccol se ofreció a dirigir otra historia también escrita por él. Esta vez, el presupuesto se ajustaba al mínimo y recibió el visto bueno. Gattaca (1997) se convirtió por tanto en la primera película que dio a conocer a Niccol, aunque en realidad su primera historia escrita fue la de Truman.

Tanto El Show de Truman como Gattaca hablan de los peligros de la modernidad, un mundo en donde priman las apariencias, las imágenes y no el valor propio de cada ser humano. En la primera historia, los medios de comunicación se han convertido en dioses que recrean la realidad a su antojo, y les da igual si para ello utilizan a los humanos como conejillos de indias. En Gattaca el argumento es muy diferente, pero de la misma forma se hace referencia a lo auténtico del espíritu humano, a la libertad por encima de la programación e incluso de la genética, que no limita las posibilidades del libre albedrío. Todavía tendría que venir una tercera película para completar lo que podría denominarse la “Trilogía de la autenticidad” del director. Se trata de S1m0ne (2002), un film que directamente centra el tiro en el uso de la imagen para engañar al espectador con una realidad que no existe, en este caso una actriz recreada por ordenador llegará a convertirse en estrella mediática. La película, aunque probablemente inferior a las anteriores, es premonitoria sin duda de hacia dónde se dirige el cine: a la interpretación de actores digitales.

El director se enamoró además de la protagonista de S1m0ne, una modelo australiana que nunca había actuado en el cine llamada Rachel Roberts. Se casaron y en la actualidad han tenido dos hijos, Jack y Ava. Posteriormente, Roberts ha participado esporádicamente en algunos episodios de series de televisión.

En 2004, Niccol pergeñó una irónica historia de un hombre que por problemas diplomáticos se queda encerrado en un aeropuerto, en tierra de nadie. La historia, titulada La terminal, acabó siendo dirigida con notable éxito por Steven Spielberg, a partir de un libreto de varios guionistas. Y en 2005 Niccol escribió y dirigió El señor de la guerra. El director australiano daba con ello un giro a su filmografía y dejando de lado temas más hondos criticaba el contrabando de armas y la hipocresía de los países capitalistas. El film, protagonizado por un decadente Nicolas Cage, no obtuvo el recibimiento esperado y Niccol permaneció inactivo durante seis años.

Pero en 2011 el Niccol más genuino ha regresado con In Time, una de esas historias futuristas, que puede leerse como una fábula del mundo moderno. Se trata de un thriller de ciencia ficción que imagina que los humanos tienen sólo un tiempo de vida limitado a 25 años. Si quieren más tendrán que comprarlo. El film está interpretado por actores en alza como Justin Timberlake y Olivia Wilde. Pero se ve que Niccol tiene ideas más que en la recámara, porque ya se anuncia para 2013 la que será su quinta película como director: La huésped. Él mismo escribirá el guión a partir de la novela de Stephenie Meyer (autora de la saga literaria de Crepúsculo). Protagonizará Saoirse Ronan.

Filmografía
Anon

2018 | Anon

En el futuro la policía puede acceder en directo –recibe la información en su retina– a todas las biografías de los ciudadanos, así como investigar en los archivos personales de cada individuo, en lo que se llama aquí la conciencia ocular (todo lo que ve). Cuando se producen una serie de asesinatos, sin que la mirada de la víctima hayan podido captar al asesino, el inspector Sal Frieland empieza a sospechar de una intrigante mujer anónima de la que se desconocen sus datos. Las películas de Andrew Niccol siempre cuentan con planteamientos muy sugerentes, la mayoría de las veces referentes al inquietante futuro que nos espera. En este caso hace hincapié a la falta de intimidad, cuando toda la vida de las personas permanece custodiada en archivos a los que pueden acceder la autoridades –aquí, los policías–, cual si fueran el gran hermano de Orwell. Nada de lo que los ciudadanos hacen queda oculto. De ese modo los culpables de los crímenes quedan fácilmente expuestos, pero, por contra, el derecho a la intimidad desaparece. Con una puesta en escena bastante minimalista, Niccol centra la historia de Anon en la persecución de la chica sin nombre por parte del inspector Frieland. Interesa la investigación policial, intriga la sospechosa, pero el resultado general adolece también de falta de ritmo y quizá se echa de menos algo más de sofisticacion en el desarrollo de los hechos, se pasa superficialmente sobre ellos al igual que sobre los personajes. Ya sólo el modo en que se topa con la chica el detective resulta bastante burda. También desdice un poco de la imaginación del cineasta la llamativa insistencia en imágenes sexuales, algo poco usual en él. Los actores cumplen con sus papeles, aunque Clive Owen tampoco es un dechado de matices. Lo mejor es sin duda el planteamiento de fondo futurista, que invita a una profunda reflexión.

5/10
Good Kill

2014 | Good Kill

La vida del piloto Thomas Egan es muy monótona. Vive en Las Vegas y se desplaza cada día a una base militar situada en el desierto para pilotar drones desde un barracón. Con ellos, bombardea y masacra a enemigos talibanes o simplemente a personas sospechosas en Afganistán, situada a miles de kilómetros. El mayor Egan se siente cada vez más vacío, empieza a beber en exceso y se distancia cada día más de su mujer y sus hijos. El cineasta neocelandés Andrew Niccol tiene una envidiable filmografía en su haber, donde su punto más fuerte son siempre la calidad de sus guiones. Interesado en la deshumanización a que nos arrastra el futuro y los progresos técnicos, Niccol presta especial interés a la falta de autenticidad que se adueña del ser humano en multitud de facetas de su vida social, familiar y laboral. Son temas abordados en películas como Gattaca o S1m0ne, por ejemplo, y también ofrece esa visión en Good Kill, quizá una de sus películas menos logradas, pero no por eso menos interesante desde el punto de vista ético. Comprende el espectador que el protagonista del film sienta algo así como asco de sí mismo por su posición de poder y por convertirse en una marioneta al servicio del país más fuerte. Por tercera vez el actor Ethan Hawke se pone al servicio de Niccol, quien sabe sacarle mucho realismo al aire triste y pesaroso de su personaje. También está estupenda January Jones (Mad Men), en el papel de su mujer.

5/10
The Host (La huésped)

2013 | The Host

Adaptación de la novela homónima de Stephenie Meyer, escrita en 2008, justo después de concluir la saga de Crepúsculo, que había convertido a la autora en un fenómeno mundial. The Host (La huésped) se anunció como el principio de una trilogía –aunque hasta el momento no hayan aparecido las continuaciones literarias– y mantiene algunos elementos de la serie vampírica, pues por mucho que se vendiera como su primera novela adulta, también se dirige a adolescentes. De la misma forma, se inscribe en el género fantástico, aunque prima el romanticismo. La propia Meyer ejerce como productora del film, que ha dirigido Andrew Niccol, responsable de Gattaca, la película de ciencia ficción favorita de la autora. En The Host (La huésped), la Tierra ha sido colonizada por alienígenas cuyas almas se instalan en el cuerpo de los humanos. Quedan pocos que hayan conseguido escapar, como la jovencísima Melanie Stryder, capaz de cualquier sacrificio para proteger a su hermano, Jamie, y a Jareb, su novio. Cuando es capturada por el enemigo, le inoculan a una de las criaturas extraterrestres que toma el control de su cuerpo. Sin embargo, algo queda de la consciencia de la testaruda Melanie... The Host (La huésped) tenía una difícil adaptación al cine, pues gran parte de la trama se desarrolla en el interior de la mente de la protagonista, donde Melanie se enfrenta con la alienígena que la posee. Andrew Niccol resuelve la papeleta con una omnipresente voz en off, que al principio resulta un tanto chocante, pero que funciona gracias a la sugerente y aséptica ambientación creada por el realizador y a la excepcional interpretación de la joven Saoirse Ronan. Varias secuencias melosas dejan clara la mano de Meyer, así como el culebrón amoroso que se genera cuando las dos ocupantes del mismo cuerpo descubren que se han enamorado de chicos diferentes. Pero en general, Andrew Niccol, que ha escrito el guión adaptado, parece haber gozado de cierta libertad operativa, pues consigue ser fiel a su filmografía. Así, evita claramente la espectacularidad y las exhibiciones de efectos especiales que podrían distraer al público de la historia y de las reflexiones sobre la naturaleza imperfecta del ser humano, el pacifismo y la importancia de la espiritualidad en el amor (esto último muy en la línea de la historia de Bella y Edward). Sorprende lo poco que necesita el cineasta (algún coche raro, los ojos luminosos de los poseídos, etc.) para que el público acepte que está viendo ciencia ficción. The Host (La huésped) pivota en torno a los trabajos de la citada Saoirse Ronan, Diane Kruger (una creíble buscadora que persigue a los humanos que aún quedan) y el veterano William Hurt (el excéntrico tío de la protagonista). Los jovencísimos Max Irons y Jake Abel se esfuerzan pero acaban siendo un tanto insulsos.

5/10
In Time

2011 | In Time

Un futuro indeterminado. Los avances en ingeniería genética han detenido el envejecimiento del ser humano, a partir de los 25 años las personas no cambian su juvenil aspecto. Sólo hay un pequeño inconveniente: cuando se alcanza esa edad, uno dispone de un año más de vida, y para lograr el sueño de vivir eternamente en este mundo hay que hacer acopio de tiempo, el bien más preciado, que ha sustituido al dinero en el mercado, cualquier transacción implica el pago con tiempo. De modo que hay millonarios de tiempo, que llevan viviendo desde quién sabe cuándo, y parias que conducen sus tristes existencias en los ghettos viviendo al día, a veces apurando su tiempo hasta el límite, en que consiguen in extremis ganar unas pocas horas de vida adicional. Uno de éstos últimos es Will Salas, destinado a poner patas arriba un mundo profundamente injusto. Como creador de originales fábulas de corte fantástico y ciencia ficción, más pegadas al mundo de lo real de lo que podría pensarse a simple vista, Andrew Niccol no tiene quizá parangón en el cine actual. A él se deben las tramas de títulos como Gattaca, El show de Truman y S1m0ne. En In Time también es muy sugerente su propuesta de una sociedad distópica, en que a las tradicionales desigualdades sociales basadas en la acumulación de bienes y el acceso a la cultura, se suma el hecho de que los ricos pueden vivir para siempre, o casi, mientras que los pobres tienen los días más contados que nunca. Esta posibilidad de alcanzar la eternidad en este mundo es cuestionada a través del personaje de Sylvia, hija de un millonario: aunque se le prometa una vida sin fin, ella es consciente de que hay vidas que no son vida, encerrarse en el propio cascarón del egoísmo sin interactuar con los demás, arriesgarse, comprometerse, no merece la pena. Niccol, guionista, productor y director, logra un film entretenido, con abundantes dosis de acción, con un esquema de persecución donde el tozudo guardián del tiempo Leon, interpretado por Cillyan Murphy, compone un personaje policíaco en la línea del de Tommy Lee Jones en El fugitivo. Pese a todo, y más tratándose de un film de Niccol, la sensación que puede experimentar el espectador es la de que le han colocado la miel en los labios, pero no le han dejado saborearla. Da la impresión de que la trama daba para más, y que al final se tira por el camino fácil del espectáculo un poco hueco, con Justin Timberlake y Amanda Seyfried en plan “Bonnie & Clyde” a lo Robin Hood. Para entendernos, a este film, pese a la brillantez e ingenio de algunos pasajes, le pasa un poco lo que a La isla, que plantea interrogantes éticos, pero enseguida los deja de lado para emprender fórmulas más rutinarias. Parafraseando al film, podríamos decir que a la postre Niccol no arriesga el todo por el todo.

6/10
El señor de la guerra

2005 | Lord of War

Andrew Niccol es un cineasta con guiones interesantes y tramas de entidad. Él dio los argumentos de El show de Truman a Peter Weir (la invasión televisiva de la intimidad), y de La terminal a Steven Spielberg (un hombre sin patria internado en un aeropuerto). Como director abordó la manipulación genética y la fecundación artificial (Gattaca) y la creación de una actriz digital de cine (S1m0ne). En El señor de la guerra el tema es muy serio, y lamentablemente a Niccol le va un poco grande. El film sigue la pista a Yuri Orlov, un traficante de armas de origen ucraniano, al que no le importa el uso que los demás hagan del material que maneja. Él sólo quiere enriquecerse, conseguir a la mujer que desea, y disfrutar del lujo como pueda. A la vez tiene un estilo de vida aventurero, todo un subidón de adrenalina. E intenta conciliar todo con una vida familiar imposible, pues se basa en la mentira y la falta de confianza. Varias cosas pesan en la película. La omnipresente voz en off de Nicolas Cage es una de ellas. Tampoco ayuda el personaje de Ethan Hawke, un agente del FBI monolítico, o la esposa, Bridget Moynahan, cuya actitud de ‘ojos cerrados’ resulta poco creíble. De todos modos una idea atractiva, de rabiosa actualidad, un ritmo trepidante y un buen acabado visual, ayudan a hacer llevadero el visionado de la cinta. Domina en el planteamiento un modo cínico y al tiempo simple de ver las cosas, pero no se esquivan ciertas consideraciones morales. Las cosas son como son, pero ‘vender el alma’ pasa factura, viene a decir Niccol.

6/10
S1m0ne

2002 | S1m0ne

Viktor Taransky. Un director de cine con ínfulas de autor. En su día fue candidato al Oscar, pero el pobre en la actualidad hace lo que puede, que no es mucho. Va dando tumbos sin que su ex mujer, presidente de un gran estudio cinematográfico, le conceda muchas oportunidades. Hasta que un día aparece en su vida un informático al que parecen faltarle un par de tornillos. El tipo, antes de morir, confía a Taransky un sofisticado programa de software gracias al cual podrá dar vida a Simone, una actriz virtual, que conquista al público y a la crítica. Todo el mundo anda loco por esta hermosa y sensible actriz, pero nadie, excepto Taransky, sabe que la chica se reduce, en realidad, a un puñado de bits. Andrew Niccol repite el tema, brillamente entonado en su sobresaliente guión de El show de Truman, del creador apegado a su criatura, que trata de manejar a su entojo, y que finalmente escapa a su control. Aquí tenemos a un director que, a modo de moderno doctor Frankenstein, dedica toda su obra a una excepcional actriz. Lo que tiene efectos inesperados, pues llega un momento en que el público parecer adorar más a Simone que a su excéntrico y ególatra director; y éste debe “hacer el pino” en un disimulo constante, para que nadie descubra su superchería. Niccol advierte nuevamente de los peligros de una sociedad deshumanizada (tema central en Gattaca), incapaz de distinguir a las personas de sus sucedáneos, y que aplaude una película horrorosa, hecha para destrozar a su actriz (Soy una cerda, genial título para el debut en la dirección de Simone). La crítica social está combinada con un afilado sentido del humor, que da lugar a gags muy hilarantes, e incluso con un giro insospechado en el último tramo de la historia. De este modo, Niccol se pregunta: «¿Qué importa si los famosos son reales o no? De todas formas, nuestra cultura de la fama es incapaz de percibir la diferencia. Nuestra capacidad para fabricar fraudes es superior a nuestra capacidad para detectarlos.» En el reparto destaca Al Pacino como el director que vive sólo para sí mismo, y Catherine Keener como su antigua mujer.

6/10
Las aventuras de Jimmy Neutron - niño inventor

2002 | The Adventures of Jimmy Neutron: Boy Genius | Serie TV

Jimmy Neutron es un niño inventor que vive distintas aventuras acompañado en todo momento de Goddard, su perro robótico inventado por él mismo. En esta serie de animación digital, el muchacho se introduce dentro de un videojuego, se enfrenta a un meteorito gigante, viaja en la máquina del tiempo, se hace agente secreto... Original y de gran calidad.

6/10
El show de Truman

1998 | The Truman Show

Truman Burbank es un tipo felizmente casado, que vive en una idílica ciudad, de calles limpias y bien iluminadas. Lo que no sabe es que, desde que nació, su vida forma parte de un "show" televisivo que se retransmite en directo las 24 horas del día. 1.700 millones de personas de 220 países distintos siguen sus andanzas con pasión. Todos los personajes que conviven con él, incluida su esposa, son actores. Pero Truman está a punto de descubrir que su vida no es lo que parece. Estupenda película del australiano Peter Weir, con guión de Andrew Niccol (que escribió y dirigió la interesante Gattaca). Perfecta la mezcla de drama, fantasía y comedia. El film reflexiona sobre los excesos televisivos con un caso extremo: el de un "reality show" del que el propio interesado no sabe que forma parte. Dirige el programa televisivo un tipo llamado Christof, que maneja a Truman como si fuera un "dios", decidiendo el modo en que debe transcurrir su vida. Atentos al trabajo de Jim Carrey, ganador de un Globo de Oro. Demuestra que puede moverse perfectamente en un papel dramático. Otro actor excepcional, que ha sido candidato al Oscar, es Ed Harris: él es el creador de "show" televisivo.

8/10
Gattaca

1997 | Gattaca

En los tiempos de Gattaca la genética se ha adueñado del mundo. Ahora los niños nacen tal y como sus padres los quieren: son niños a la carta. Sólo los hombres genéticamente perfectos tienen la oportunidad de conseguir los trabajos más prestigiosos. Vincent es un joven que no tiene esa suerte ya que él fue concebido de modo natural y no es perfecto. Pero eso no supondrá un problema para sus objetivos. Está dispuesto a hacer todo aquello que sea posible para poder formar parte de Gattaca y llevar a cabo su sueño: ser piloto espacial. Con unas grandes interpretaciones, entre las que destaca la de Jude Law, esta película ofrece una profunda reflexion acerca del futuro de las tecnologías y del peligro de apartarse de la naturaleza y de dar más importancia a las cualidades que a las personas. La ambientanción es tan fría como perfecta para mostrar en qué se ha convertido la tierra. Cine del bueno, con guión y dirección de Andrew Niccol, responsable también del libreto de El show de Truman.

7/10
Anon

2018 | Anon

En el futuro la policía puede acceder en directo –recibe la información en su retina– a todas las biografías de los ciudadanos, así como investigar en los archivos personales de cada individuo, en lo que se llama aquí la conciencia ocular (todo lo que ve). Cuando se producen una serie de asesinatos, sin que la mirada de la víctima hayan podido captar al asesino, el inspector Sal Frieland empieza a sospechar de una intrigante mujer anónima de la que se desconocen sus datos. Las películas de Andrew Niccol siempre cuentan con planteamientos muy sugerentes, la mayoría de las veces referentes al inquietante futuro que nos espera. En este caso hace hincapié a la falta de intimidad, cuando toda la vida de las personas permanece custodiada en archivos a los que pueden acceder la autoridades –aquí, los policías–, cual si fueran el gran hermano de Orwell. Nada de lo que los ciudadanos hacen queda oculto. De ese modo los culpables de los crímenes quedan fácilmente expuestos, pero, por contra, el derecho a la intimidad desaparece. Con una puesta en escena bastante minimalista, Niccol centra la historia de Anon en la persecución de la chica sin nombre por parte del inspector Frieland. Interesa la investigación policial, intriga la sospechosa, pero el resultado general adolece también de falta de ritmo y quizá se echa de menos algo más de sofisticacion en el desarrollo de los hechos, se pasa superficialmente sobre ellos al igual que sobre los personajes. Ya sólo el modo en que se topa con la chica el detective resulta bastante burda. También desdice un poco de la imaginación del cineasta la llamativa insistencia en imágenes sexuales, algo poco usual en él. Los actores cumplen con sus papeles, aunque Clive Owen tampoco es un dechado de matices. Lo mejor es sin duda el planteamiento de fondo futurista, que invita a una profunda reflexión.

5/10
Good Kill

2014 | Good Kill

La vida del piloto Thomas Egan es muy monótona. Vive en Las Vegas y se desplaza cada día a una base militar situada en el desierto para pilotar drones desde un barracón. Con ellos, bombardea y masacra a enemigos talibanes o simplemente a personas sospechosas en Afganistán, situada a miles de kilómetros. El mayor Egan se siente cada vez más vacío, empieza a beber en exceso y se distancia cada día más de su mujer y sus hijos. El cineasta neocelandés Andrew Niccol tiene una envidiable filmografía en su haber, donde su punto más fuerte son siempre la calidad de sus guiones. Interesado en la deshumanización a que nos arrastra el futuro y los progresos técnicos, Niccol presta especial interés a la falta de autenticidad que se adueña del ser humano en multitud de facetas de su vida social, familiar y laboral. Son temas abordados en películas como Gattaca o S1m0ne, por ejemplo, y también ofrece esa visión en Good Kill, quizá una de sus películas menos logradas, pero no por eso menos interesante desde el punto de vista ético. Comprende el espectador que el protagonista del film sienta algo así como asco de sí mismo por su posición de poder y por convertirse en una marioneta al servicio del país más fuerte. Por tercera vez el actor Ethan Hawke se pone al servicio de Niccol, quien sabe sacarle mucho realismo al aire triste y pesaroso de su personaje. También está estupenda January Jones (Mad Men), en el papel de su mujer.

5/10
The Host (La huésped)

2013 | The Host

Adaptación de la novela homónima de Stephenie Meyer, escrita en 2008, justo después de concluir la saga de Crepúsculo, que había convertido a la autora en un fenómeno mundial. The Host (La huésped) se anunció como el principio de una trilogía –aunque hasta el momento no hayan aparecido las continuaciones literarias– y mantiene algunos elementos de la serie vampírica, pues por mucho que se vendiera como su primera novela adulta, también se dirige a adolescentes. De la misma forma, se inscribe en el género fantástico, aunque prima el romanticismo. La propia Meyer ejerce como productora del film, que ha dirigido Andrew Niccol, responsable de Gattaca, la película de ciencia ficción favorita de la autora. En The Host (La huésped), la Tierra ha sido colonizada por alienígenas cuyas almas se instalan en el cuerpo de los humanos. Quedan pocos que hayan conseguido escapar, como la jovencísima Melanie Stryder, capaz de cualquier sacrificio para proteger a su hermano, Jamie, y a Jareb, su novio. Cuando es capturada por el enemigo, le inoculan a una de las criaturas extraterrestres que toma el control de su cuerpo. Sin embargo, algo queda de la consciencia de la testaruda Melanie... The Host (La huésped) tenía una difícil adaptación al cine, pues gran parte de la trama se desarrolla en el interior de la mente de la protagonista, donde Melanie se enfrenta con la alienígena que la posee. Andrew Niccol resuelve la papeleta con una omnipresente voz en off, que al principio resulta un tanto chocante, pero que funciona gracias a la sugerente y aséptica ambientación creada por el realizador y a la excepcional interpretación de la joven Saoirse Ronan. Varias secuencias melosas dejan clara la mano de Meyer, así como el culebrón amoroso que se genera cuando las dos ocupantes del mismo cuerpo descubren que se han enamorado de chicos diferentes. Pero en general, Andrew Niccol, que ha escrito el guión adaptado, parece haber gozado de cierta libertad operativa, pues consigue ser fiel a su filmografía. Así, evita claramente la espectacularidad y las exhibiciones de efectos especiales que podrían distraer al público de la historia y de las reflexiones sobre la naturaleza imperfecta del ser humano, el pacifismo y la importancia de la espiritualidad en el amor (esto último muy en la línea de la historia de Bella y Edward). Sorprende lo poco que necesita el cineasta (algún coche raro, los ojos luminosos de los poseídos, etc.) para que el público acepte que está viendo ciencia ficción. The Host (La huésped) pivota en torno a los trabajos de la citada Saoirse Ronan, Diane Kruger (una creíble buscadora que persigue a los humanos que aún quedan) y el veterano William Hurt (el excéntrico tío de la protagonista). Los jovencísimos Max Irons y Jake Abel se esfuerzan pero acaban siendo un tanto insulsos.

5/10
In Time

2011 | In Time

Un futuro indeterminado. Los avances en ingeniería genética han detenido el envejecimiento del ser humano, a partir de los 25 años las personas no cambian su juvenil aspecto. Sólo hay un pequeño inconveniente: cuando se alcanza esa edad, uno dispone de un año más de vida, y para lograr el sueño de vivir eternamente en este mundo hay que hacer acopio de tiempo, el bien más preciado, que ha sustituido al dinero en el mercado, cualquier transacción implica el pago con tiempo. De modo que hay millonarios de tiempo, que llevan viviendo desde quién sabe cuándo, y parias que conducen sus tristes existencias en los ghettos viviendo al día, a veces apurando su tiempo hasta el límite, en que consiguen in extremis ganar unas pocas horas de vida adicional. Uno de éstos últimos es Will Salas, destinado a poner patas arriba un mundo profundamente injusto. Como creador de originales fábulas de corte fantástico y ciencia ficción, más pegadas al mundo de lo real de lo que podría pensarse a simple vista, Andrew Niccol no tiene quizá parangón en el cine actual. A él se deben las tramas de títulos como Gattaca, El show de Truman y S1m0ne. En In Time también es muy sugerente su propuesta de una sociedad distópica, en que a las tradicionales desigualdades sociales basadas en la acumulación de bienes y el acceso a la cultura, se suma el hecho de que los ricos pueden vivir para siempre, o casi, mientras que los pobres tienen los días más contados que nunca. Esta posibilidad de alcanzar la eternidad en este mundo es cuestionada a través del personaje de Sylvia, hija de un millonario: aunque se le prometa una vida sin fin, ella es consciente de que hay vidas que no son vida, encerrarse en el propio cascarón del egoísmo sin interactuar con los demás, arriesgarse, comprometerse, no merece la pena. Niccol, guionista, productor y director, logra un film entretenido, con abundantes dosis de acción, con un esquema de persecución donde el tozudo guardián del tiempo Leon, interpretado por Cillyan Murphy, compone un personaje policíaco en la línea del de Tommy Lee Jones en El fugitivo. Pese a todo, y más tratándose de un film de Niccol, la sensación que puede experimentar el espectador es la de que le han colocado la miel en los labios, pero no le han dejado saborearla. Da la impresión de que la trama daba para más, y que al final se tira por el camino fácil del espectáculo un poco hueco, con Justin Timberlake y Amanda Seyfried en plan “Bonnie & Clyde” a lo Robin Hood. Para entendernos, a este film, pese a la brillantez e ingenio de algunos pasajes, le pasa un poco lo que a La isla, que plantea interrogantes éticos, pero enseguida los deja de lado para emprender fórmulas más rutinarias. Parafraseando al film, podríamos decir que a la postre Niccol no arriesga el todo por el todo.

6/10
El señor de la guerra

2005 | Lord of War

Andrew Niccol es un cineasta con guiones interesantes y tramas de entidad. Él dio los argumentos de El show de Truman a Peter Weir (la invasión televisiva de la intimidad), y de La terminal a Steven Spielberg (un hombre sin patria internado en un aeropuerto). Como director abordó la manipulación genética y la fecundación artificial (Gattaca) y la creación de una actriz digital de cine (S1m0ne). En El señor de la guerra el tema es muy serio, y lamentablemente a Niccol le va un poco grande. El film sigue la pista a Yuri Orlov, un traficante de armas de origen ucraniano, al que no le importa el uso que los demás hagan del material que maneja. Él sólo quiere enriquecerse, conseguir a la mujer que desea, y disfrutar del lujo como pueda. A la vez tiene un estilo de vida aventurero, todo un subidón de adrenalina. E intenta conciliar todo con una vida familiar imposible, pues se basa en la mentira y la falta de confianza. Varias cosas pesan en la película. La omnipresente voz en off de Nicolas Cage es una de ellas. Tampoco ayuda el personaje de Ethan Hawke, un agente del FBI monolítico, o la esposa, Bridget Moynahan, cuya actitud de ‘ojos cerrados’ resulta poco creíble. De todos modos una idea atractiva, de rabiosa actualidad, un ritmo trepidante y un buen acabado visual, ayudan a hacer llevadero el visionado de la cinta. Domina en el planteamiento un modo cínico y al tiempo simple de ver las cosas, pero no se esquivan ciertas consideraciones morales. Las cosas son como son, pero ‘vender el alma’ pasa factura, viene a decir Niccol.

6/10
S1m0ne

2002 | S1m0ne

Viktor Taransky. Un director de cine con ínfulas de autor. En su día fue candidato al Oscar, pero el pobre en la actualidad hace lo que puede, que no es mucho. Va dando tumbos sin que su ex mujer, presidente de un gran estudio cinematográfico, le conceda muchas oportunidades. Hasta que un día aparece en su vida un informático al que parecen faltarle un par de tornillos. El tipo, antes de morir, confía a Taransky un sofisticado programa de software gracias al cual podrá dar vida a Simone, una actriz virtual, que conquista al público y a la crítica. Todo el mundo anda loco por esta hermosa y sensible actriz, pero nadie, excepto Taransky, sabe que la chica se reduce, en realidad, a un puñado de bits. Andrew Niccol repite el tema, brillamente entonado en su sobresaliente guión de El show de Truman, del creador apegado a su criatura, que trata de manejar a su entojo, y que finalmente escapa a su control. Aquí tenemos a un director que, a modo de moderno doctor Frankenstein, dedica toda su obra a una excepcional actriz. Lo que tiene efectos inesperados, pues llega un momento en que el público parecer adorar más a Simone que a su excéntrico y ególatra director; y éste debe “hacer el pino” en un disimulo constante, para que nadie descubra su superchería. Niccol advierte nuevamente de los peligros de una sociedad deshumanizada (tema central en Gattaca), incapaz de distinguir a las personas de sus sucedáneos, y que aplaude una película horrorosa, hecha para destrozar a su actriz (Soy una cerda, genial título para el debut en la dirección de Simone). La crítica social está combinada con un afilado sentido del humor, que da lugar a gags muy hilarantes, e incluso con un giro insospechado en el último tramo de la historia. De este modo, Niccol se pregunta: «¿Qué importa si los famosos son reales o no? De todas formas, nuestra cultura de la fama es incapaz de percibir la diferencia. Nuestra capacidad para fabricar fraudes es superior a nuestra capacidad para detectarlos.» En el reparto destaca Al Pacino como el director que vive sólo para sí mismo, y Catherine Keener como su antigua mujer.

6/10
Gattaca

1997 | Gattaca

En los tiempos de Gattaca la genética se ha adueñado del mundo. Ahora los niños nacen tal y como sus padres los quieren: son niños a la carta. Sólo los hombres genéticamente perfectos tienen la oportunidad de conseguir los trabajos más prestigiosos. Vincent es un joven que no tiene esa suerte ya que él fue concebido de modo natural y no es perfecto. Pero eso no supondrá un problema para sus objetivos. Está dispuesto a hacer todo aquello que sea posible para poder formar parte de Gattaca y llevar a cabo su sueño: ser piloto espacial. Con unas grandes interpretaciones, entre las que destaca la de Jude Law, esta película ofrece una profunda reflexion acerca del futuro de las tecnologías y del peligro de apartarse de la naturaleza y de dar más importancia a las cualidades que a las personas. La ambientanción es tan fría como perfecta para mostrar en qué se ha convertido la tierra. Cine del bueno, con guión y dirección de Andrew Niccol, responsable también del libreto de El show de Truman.

7/10
La terminal

2004 | The Terminal

¡Qué bello es quedar atrapado en una terminal!, podríamos decir parafraseando el film más célebre de Frank Capra. Porque ésa es la singular propuesta del último trabajo de Steven Spielberg. Viktor Navorski, ciudadano de un imaginario país de la Europa del Este, se encuentra con la sorpresa, al pasar por el control de aduanas del neoyorquino aeropuerto JFK, de que su pasaporte no es válido. Su patria ha sufrido un golpe de estado, y mientras se clarifica la situación se ve abocado a la kafkiana situación de vivir en la zona de tránsito. Pronto se convierte en un elemento más del paisaje, hace buenos amigos, e incluso se enamora. Película ligera, optimista, en la línea iniciada por Spielberg con Atrápame si puedes. Pero La terminal es más redonda, y sus temas de mayor enjundia: se nota la mano argumental de Andrew Niccol, y sus famosas historias-límite (Gattaca, El show de Truman, S1m0ne). Destaca la tenacidad del protagonista, Tom Hanks, que quiere ser tratado como una persona, con justicia, y que cada mañana rellena, como buen héroe capriano, el formulario para entrar en Estados Unidos, petición siempre denegada. Hay un villano, Stanley Tucci, al que resulta imposible odiar, atado a la letra del reglamento, incapaz de leer su espíritu, que no sabe ver personas en las incidencias cotidianas. Un grupo de trabajadores de la terminal, inmigrantes, permite una honda crítica a cómo recibe el país de las oportunidades, a veces, a sus nuevos ciudadanos. Y resulta entrañable la historia de esa azafata, Catherine Zeta-Jones, que, nunca mejor dicho, no acaba de tener los pies en el suelo. Los que no soportaron a Spielberg hasta La lista de Schindler, eternos cenizos, odiarán el film. No así el público normal, que gozará de una historia con humor, rebosante de humanidad y buenos sentimientos, incluida la muy spielbergiana razón por la que viaja Navorski. Pasajes como el de las cámaras de seguridad, siguiendo al protagonista al más puro estilo Chaplin, son destellos de un director de gran poder visual, capaz de convertir lo que para muchos suele ser un lugar deprimente, el aeropuerto, en lugar luminoso donde acontecen las historias más bellas.

7/10

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