Blog de Hildy
El códice De Calixto: Yo confieso que parece de película... española
Un año después de su sustracción en la catedral de Santiago, el Códice Calixtino ha sido felizmente recuperado. Muchos se
Un año después de su sustracción en la catedral de Santiago, el Códice Calixtino ha sido felizmente recuperado. Muchos se quejan de las escasas medidas de seguridad para custodiar el tesoro, y otros tantos se muestran decepcionados de que el ladrón fuera un electricista que había trabajado en el templo... ¡si al menos hubiera sido un monje albino como el Silas de El código Da Vinci rompiendo losas a base de candelabrazos, y no un chispas llamado Manuel Fernández! Y me da que los lectores de Dan Brown y espectadores de Tom Hanks, también prefieren ver investigar a un profesor de simbología como Robert Langdon que a un simple juez de instrucción número 3 llamado José Antonio Vázquez.
Yo pienso que Fernández ha hecho sin saberlo un gran favor a la cultura: estoy seguro que mañana, cuando el Códice Calixtino vuelva a ser expuesto en la Catedral de Santiago, va a haber largas colas para contemplar el precioso documento, al que antes casi ningún turista habrá dedicado dos segundos de mirada, ni siquiera habrá hecho una de esas fotos inevitables para demostrar ante los amigos que “yo estuve allí”. Si El código Da Vinci propició una ruta turística en París, puede que la crisis económica amaine un poco en Santiago con los miles de curiosos que acudirán al reclamo De Calixto dejando buenos euros en la ciudad. Eso sí, supongo que el Códice Calixtino estará a partir de ahora dentro de una bonita vitrina, tal vez con una alarma conectada, y que no se permitirá tomar fotos, no vaya a estropearse.
Según el diario “El Mundo” Manuel Fernández acudía a diario a misa en la catedral, pero no cumulgaba desde que perpetró el robo. La delicadeza. Cuando leo cosas así me pregunto cuál será la fuente del periodista. O sea, que alguien se dio cuenta de que justo, justo, justo, el electricista abandonó la costumbre de comulgar tras ocurrir el robo, nadie lo relacionó con el mismo, y ahora, justo, justo, justo cuando está detenido, alguien se da cuenta de la coincidencia. Falta de rigor, me parece, mal periodismo. Aunque claro, el mismo día el diario publica su análisis sobre la audiencia de la prensa según el Estudio General de Medios, y como suele ocurrir -también, por supuesto, con los demás periódicos- sacan pecho, ellos son líderes, crecen más que nadie, son los mejores. Si no te puedes creer lo que dicen de sí mismos, como para fiarte a pies juntillas de códices calixtinos y demás, digo yo.
Puestos a echar imaginación, pero inspirándome en los clásicos, me pregunto: ¿y si hubiera ocurrido como en Yo confieso, de Alfred Hitchcock? O sea, el criminal declarando su pecado ante el deán de la catedral -José María Díaz, no Montgomery Clift, me temo-, que debe guardar silencio por el secreto de confesión. Y como leo que alguien dice que Fernández quería mal al deán, que pudo haber “inquina personal” y “venganza”, pues nada, ahí hay materia para la imaginación, el culpable que lía al deán para que no pueda hablar.
Aquí hay película, o al menos novela. Pues leo que José Luis Corral, profesor de Historia Medieval en la Universidad de mi ciudad, Zaragoza, ha publicado “El códice peregrino”, que recrea en clave de ficción el robo del Códice Calixtino. Me pregunto si su trama será tan peregrina como la mía.
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