La cosa rosa
Críticas a la nueva nacionalidad de la estrella de Hollywood, que se defiende arremetiendo contra Trump
¿De verdad es George Clooney un actor "francés"?
¿George Clooney, actor francés? Oui… pero con acento de Kentucky.
París ha descubierto una nueva nouvelle vague: se llama George Clooney, habla un francés “horrible, horrible” y acaba de convertirse oficialmente en actor francés, según decreto y con bendición ministerial. La República, siempre austera, decidió que nada representa mejor su influencia cultural que un señor estadounidense que aprendió a decir bonjour con una app.
El Gobierno defiende que George Clooney “contribuye a la proyección internacional de Francia”, argumento sólido donde los haya: si Hollywood no te hace francés, ¿qué lo hará?
Amal Clooney, jurista de prestigio, entra sin discusión. Su marido, George George, en cambio, entra por clout. Francia gana glamour; Clooney gana privacidad y leyes anti-paparazzi; todos ganan, excepto el subjuntivo francés, que sigue en coma.
Donald Trump, siempre atento a la diplomacia fina, felicitó a la pareja con un poema en prosa de Año Nuevo donde mezcló crimen, inmigración y hablando de la filmografía “mediocre” de George Clooney. Asegura que “no ha sido un buen político ni un gran actor” y que Francia tenía problemas, y ahora él, con su ciudadanía francesa, va a “agravar” la situación”. La estrella respondió con la sutileza que lo caracteriza: ““Sí, de acuerdo con el presidente, hagamos a América grande otra vez. Empezaremos en noviembre”.
Mientras tanto, el nuevo compatriota ensaya frases básicas mientras su familia habla francés delante de él. Integración cultural en estado puro. París ya lo ha rebautizado como Georges Clooney —con “s” final, porque así suena más serio— y Hollywood toma nota: para ser francés no hace falta conjugar verbos; basta con tener una villa del siglo XVIII y caerle bien a la República.
Conclusión: Clooney no es francés de nacimiento, ni de dicción, pero sí de decreto. Y en Francia, le papier manda.
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