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A pesar del éxito de "Toy Story 5" y "Hoppers"
Pixar despide a 150 de sus empleados
Pixar vuelve a apretarse el cinturón. Disney ha iniciado una nueva ronda de despidos que afecta especialmente al estudio de animación, con alrededor de 150 puestos de trabajo eliminados en la compañía responsable de algunas de las películas más celebradas de la historia del cine de animación.
La explicación oficial de Disney vuelve a recurrir al lenguaje empresarial habitual: los recortes forman parte de un proceso para «simplificar operaciones, redistribuir recursos y adaptarse a los cambios de la industria del entretenimiento». Sin embargo, dentro del sector se apunta a dos títulos recientes como los principales responsables del ajuste: Hoppers y Elio.
La paradoja es que estos despidos llegan en un momento en el que Pixar también ha demostrado que su marca sigue teniendo un enorme poder comercial. Toy Story 5 se acerca a los 1.000 millones de dólares de recaudación mundial, mientras que Del revés 2 (Inside Out 2) rozó los 1.700 millones, convirtiéndose en uno de los mayores éxitos de la historia de la animación.
Según informa The Wrap, las dificultades económicas de Pixar estarían relacionadas con la complicada rentabilidad de sus películas originales. Hoppers, pese a recibir críticas mayoritariamente positivas, habría recaudado unos 390 millones de dólares frente a un presupuesto aproximado de 150 millones. Aplicando la tradicional regla de Hollywood de multiplicar por 2,5 el coste de producción para calcular gastos de marketing y distribución, la película podría haber generado pérdidas cercanas a los 60 millones.
El caso de Elio habría sido todavía más problemático. La película sufrió numerosos cambios durante su producción y su presupuesto habría aumentado hasta unos 300 millones de dólares, mientras que su recaudación mundial se quedó en unos 154 millones. Para Disney, ambos títulos serían ejemplos de la dificultad actual de hacer películas de animación originales con presupuestos gigantescos.
La consecuencia es una presión interna para que Pixar reduzca considerablemente el coste de sus proyectos si quiere seguir apostando por historias nuevas. La compañía parece asumir que las secuelas y franquicias consolidadas son ahora una apuesta mucho más segura que las ideas originales.
No obstante, ningún largometraje es responsable por sí solo de una oleada de despidos. El debate refleja más bien una crisis de identidad que Pixar arrastra desde hace años. Mientras sus continuaciones siguen funcionando en taquilla, sus nuevas propuestas no han conseguido alcanzar el impacto cultural de clásicos como Up, Ratatouille, Buscando a Nemo, Del revés, Toy Story 3, Los Increíbles o, especialmente, WALL·E.
Desde dentro de la industria se señala como punto de inflexión la salida en 2018 de John Lasseter, figura clave detrás de la edad dorada del estudio. Su marcha, tras las acusaciones de conducta inapropiada que llevaron a su salida, dejó un vacío creativo difícil de llenar. John Lasseter había sido una de las fuerzas que definieron la filosofía Pixar: historias sencillas en apariencia, pero con una enorme profundidad emocional.
Desde entonces, el estudio ha alternado grandes apuestas por la nostalgia con películas originales que no han logrado recuperar aquella sensación de descubrimiento que acompañaba a sus mejores obras. La compañía que enseñó al mundo que una película sobre juguetes, coches, ratas cocineras o robots enamorados podía emocionar a cualquier generación parece ahora buscar la fórmula para recuperar aquella chispa.
Porque el problema de Pixar no parece ser la falta de talento, sino algo más difícil de encontrar: la magia. Y en animación, como saben muy bien sus propios personajes, la magia no se fabrica en cadena de montaje.
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