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Se sorprende de que se hable de un caso de Madrid y no de otros desahuciados
Antonio Banderas planta cara al relato de Maricarmen
Antonio Banderas ha decidido meterse en un jardín en el que muchos prefieren caminar con zapatillas de andar por casa. El actor malagueño ha hablado en la Cadena COPE sobre el caso de Maricarmen, la mujer de 87 años desahuciada de la vivienda en la que llevaba más de siete décadas, y sus palabras han provocado un considerable revuelo en redes sociales. Básicamente porque ha hecho algo que, en plena guerra de trincheras políticas, parece casi revolucionario: recordar que existen otras víctimas.
"Me interesa toda la realidad completa y no una específica para un uso político específico", ha afirmado Antonio Banderas. Y ha añadido una frase todavía más incómoda para quienes han convertido el caso en bandera de una determinada batalla política: "Pienso en Maricarmen, sí, pero también en los 25.000 desahuciados que ha habido en nuestro país".
Ahí está el problema para algunos. Que Banderas no se limita a repetir el guion establecido.
El actor no ha restado importancia al drama de Maricarmen. Ha reconocido que "se ha convertido en un icono y en un símbolo", pero ha cuestionado que un caso concreto termine eclipsando al resto de personas que sufren situaciones igualmente dramáticas.
Y ha puesto otro ejemplo: una mujer desahuciada en Cataluña hace unas semanas, más joven y con hijos, que además terminó suicidándose. Una tragedia que, sin embargo, no ha alcanzado ni remotamente la repercusión mediática del caso de Maricarmen.
La pregunta resulta inevitable: ¿acaso unas víctimas merecen más atención que otras porque su historia encaja mejor en un determinado relato político?
Banderas parece tenerlo claro. "A mí me interesa toda la realidad completa y no una específica para un uso político específico", ha insistido.
El actor también ha comparado la situación con la guerra y ha recordado el lema "No a la guerra". Su propuesta es todavía más sencilla: "No, no a las guerras. Vamos a hablar en plural".
Y ha puesto otro ejemplo que vuelve a incomodar al pensamiento de trinchera: "A mí me conmueve cuando veo a un niño palestino salir empolvado como si fuera un boquerón de un bombardeo, pero también me conmovió el 7 de octubre cuando les pasó a los judíos lo que les pasó".
Es decir, que la solidaridad no debería funcionar como un abono de temporada: si compras una causa, no estás obligado a despreciar las demás.
Banderas ha mencionado también a los cristianos perseguidos en Nigeria o Sudán y la violencia de los hutíes en Yemen. "El mundo es muy amplio, hay mucha violencia, demasiada y a muchos niveles", ha señalado.
Y ha cerrado con una frase que resume perfectamente su postura: "Apoyar una causa y desaprovechar lo que está pasando en otras me parece que ya tiene un tinte completamente distinto, hay que estar a todas".
La reacción en redes era previsible. En un debate en el que cada tragedia corre el riesgo de convertirse en munición política, decir que hay que mirar el cuadro completo puede resultar mucho menos rentable que escoger una esquina del mismo y convertirla en pancarta.
Banderas, sin embargo, ha optado por lo contrario. No dice que Maricarmen no importe. Dice que importa, pero que no está sola. Que detrás de un caso convertido en símbolo hay miles de personas que también han perdido su vivienda y que quizá nunca tendrán una cámara delante.
Y esa es precisamente la parte de su discurso que más debería incomodar: recordar que una causa no necesita borrar a las demás para ser legítima. Porque 25.000 desahuciados no son una cifra. Son 25.000 dramas. Y algunos tienen nombre, rostro y pancarta; otros, ni siquiera eso.
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