Blog de Hildy
True Detective: La inesperada filosofía de una buena serie televisiva
Pocas series televisivas me han sorprendido tanto como True Detective, cuyo episodio final vi ayer mismo. Nick Pizzolatto ha creado un relato sorprendente, y Cary Fukunaga lo ha plasmado en imágenes de un modo impactante, bien apoyado en un potente reparto encabezado por el recién oscarizado Matthew McConaughey y Woody Harrelson.
True Detective no es una serie policial al uso ni un thriller atado a las convenciones. Su estructura de idas y venidas narrativas del pasado a cuento de unos horribles crímenes rituales es sólida, pero no es suficiente para explicar el impacto que produce. Lo llamativo y definitorio de esta serie es que ante nuestros ojos desfilan seres humanos complejos, enfrentados a hechos terribles cometidos por personas degradadas moralmente, y que ellos mismos exhiben llamativas flaquezas. Sí, se esfuerzan por hacer el bien, pero acaban cayendo en el mal que no quieren, si se me permite usar la expresión paulina.
En mi modesta opinión, el primer capítulo y el último son los más logrados, y eso es bueno, muy bueno, empezar bien y acabar bien. Creo que a veces se carga la mano en exceso en lo violento y en lo sexual, ya se sabe que HBO parece incapaz de ofrecer un producto que no sea llamativamente gráfico en estos terrenos.
Pero la realidad es que tenemos a dos personajes, Martin y Rust, cuya personalidad e intercambios dialécticos no tienen desperdicio. Pues hablan de lo divino y de lo humano, y llama la atención el terrible desencanto de Rust acerca de la naturaleza humana, por experiencia personal, piensa que al hombre lo mejor que podría ocurrirle es su extinción. Algo curioso en este hombre que dice no creer en Dios aunque su desnudo apartamento exhibe en la pared un crucifijo, pues se aplica a sí mismo algo del rigor de los ascetas cristianos, que se enrecian en el dolor.
Martin es alguien más normal... aparentemente. De pensamiento tradicional, casado y con dos hijas, lo tiene todo para ser feliz, pero impenitente mujeriego, sus hábitos de alcoba le pasan factura, hace sufrir a los suyos, lo que da pie a una terrible evolución en la relación con su esposa, sobre todo cuando ella comete cierta acción en busca de la ruptura definitiva.
Y a pesar del mal que cometemos, y de los monstruos que pueblan la Tierra, la serie habla del libre albedrío, somos responsables de nuestras decisiones, siempre hay elección, aunque el panorama sea oscuro, y la opción correcta costosa. Las imágenes de True Detective se te clavan muy adentro. En otro orden no tan diferente, me ocurrió tiempo ha con Seven, y más recientemente me pasó con Prisioneros, películas que también exploran el alma humana y las acciones horribles, pecados, que todos somos capaces de cometer.
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