Blog de Hildy
Don Draper toca fondo o el magnífico final de “Mad Men”
“Persona a persona” se titula el capítulo que pone fin a una gran serie televisiva que se ha desarrollado a lo largo de siete temporadas, y a la que me he referido en varias ocasiones en este blog. Y en efecto, Matthew Weiner, el creador de Mad Men, ha sabido mostrarnos sobre todo personas y sus conflictos, ése es el secreto de su éxito. Por supuesto que nos pinta el mundo de la publicidad y de los negocios por extensión, en un contexto histórico en que las mujeres tratan de ocupar su espacio laboral, y donde la crisis de la modernidad alcanza nuevas cotas. Pero lo que importa es cómo todo eso afecta a Peggy Olson, Pete Campbell, Joan Holloway, Roger Sterling, a Betty Francis y Sally Draper, y por supuesto, a Don Draper. Y no cito al resto de personajes, incluidos los de otras temporadas, por no alargar en exceso estas líneas.
Durante todos estos años hemos visto a Don caer, caer y caer, precipitándose al vacío. A pesar de encontrarse profesionalmente encumbrado, le hemos visto amargado por los secretos de su pasado, enamorado y divorciado en dos ocasiones, intentando llenar su vida con relaciones esporádicas, o, en el último episodio, apostando por la velocidad, una suerte de espónsor de unos locos del motor.
Supongo que ahora toca decir eso de, ojo, “spoiler”, voy a hablar del final de la serie, algunas de las sorpresas finales quedarán desveladas en las líneas que siguen. Pero es necesario hacerlo, porque el magnífico final concebido por Weiner tiene la chispa de la naturalidad y el ingenio, todo fluye con gran normalidad, pues los personajes son como son, y lo que a la postre ocurre, no nos chirría, y a la vez nos ofrece algo parecido a un apunte de redención y madurez, que invita a la esperanza.
El escéptico Don, que se ha encontrado involuntariamente en una especie de retiro espiritual new age, son los años del movimiento hippy, y que despreciaba este tipo de terapias de encontrarse a sí mismo o buscar a Jesús, acaba conmovido y removido, y encontrando una especie de paz, reconociendo sus emociones y vaciándose, ese yoga final lo dice todo.
Pero no nos olvidemos de la Coca-Cola. Terminar con ese spot clásico de 1971, de una letra tan adecuada para expresar el “mood” que envuelve finalmente a Mad Men –“Al mundo me gustaría enseñar a cantar / en perfecta armonía. / Al mundo me gustaría comprar una coca-cola / y mantenerlo unido”– es una idea sencillamente genial. Enhorabuena, Mr. Weiner.
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