Blog de Hildy
Y esta fiesta se acabó…
Quedan lejos las fiestas de la era dorada de Hollywood, muy glamurosas, y a veces auténticas juergas de campeonato. Pero en la era mediática actual,
Quedan lejos las fiestas de la era dorada de Hollywood, muy glamurosas, y a veces auténticas juergas de campeonato. Pero en la era mediática actual, los estudios no paran de organizar eventos, más o menos aparatosos, para lograr unos minutos de gloria –y de publicidad gratuita, no nos engañemos–, en las teles sobre todo. Por ejemplo, estos días los “piratas” Johnny Depp y compañía promocionan Piratas del Caribe: En el fin del mundo en Tokio nada menos, será por los piratas orientales que incorpora el film con Chow Yun-Fat a la cabeza. La producción de Disney y Jerry Bruckheimer necesita atraer espectadores, como sea.
Pero al parecer los estudios empiezan a apretarse el cinturón a la hora de organizar fastos en torno al estreno de sus películas. Los accionistas miran los gastos, y desde luego no aplauden las fantasías que suponen un innecesario dispendio. Para algunos la cumbre de la extravangacia fue la fiesta alrededor de otra producción Bruckheimer-Disney, Pearl Harbor. Cinco millones de dólares costó la “fiestecita” a bordo del portaviones U.S.S. John C. Stennis, lo que no impidió la decepción generalizada por el film.
Así que la clave, como casi siempre, es la pasta. ¿Montar un “fiestorro” me asegura mayor venta de entradas? ¿Sí o no? Si la respuesta fuera afirmativa, otro gallo nos cantaría. Pero como parece que hoy por hoy la respuesta es no... Ahora los estudios centran sus esfuerzos en la alfombra roja, asegurar que mucho famosete acuda a las premieres de las películas. Y luego, como mucho, una fiesta discreta para el equipo de la película, y ya está, que los eventos disparan los presupuestos una barbaridad. Ojo al dato: los gastos de marketing de las películas han bajado desde 2003 un 4,4%, según informa The New York Times. Y ya, fijarse en el vecino, “Sony ha hecho tal cosa, y nosotros no podemos ser menos…”, está pasado de moda, se huye de las comparaciones odiosas.
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