Blog de Hildy
Millennium: los best-sellers que sí gustaban a los espectadores
Cualquier productor de cine sabe que agarrarse a un escritor que vende sus libros como churros, y convertir su obra en películas, es una forma de
Cualquier productor de cine sabe que agarrarse a un escritor que vende sus libros como churros, y convertir su obra en películas, es una forma de asegurar el éxito, siempre que no se cometa alguna traición de lesa majestad que el público se vea incapaz de perdonar. De modo que han triunfado en toda la línea las sagas fantásticas de El Señor de los Anillos y Harry Potter, más los romanticismos de distinto fuste de los vampiros de Crepúsculo y los amores pastelosos que imagina el novelista Nicholas Sparks.
Pero en este post quería llevar mis dedos sobre el teclado para escribir sobre dos sagas de tipo conspiratorio y morboso que han cautivado al público mundial, y que durante mucho tiempo me han llevado a ver en el metro a mucha gente cargada de voluminosos libros (ahora, con los e-books, resulta más difícil ver lo que la gente lee...). Me refiero a Dan Brown, sobre todo con su díptico de El código Da Vinci y Ángeles y demonios, y a Stieg Larsson, con su trilogía Millennium, a los que considero representativos de cierta mentalidad contemporánea, tanto por sus creadores como por los lectores de los libros y los espectadores de las correspondientes películas. En tiempos de incredulidad, parece que hay una fascinación por lo oscuro y oculto.
La religión como elemento decorativo. No importa mucho lo que la gente crea o deje de creer, quizá porque en estas obras los personajes no parecen creer en nada. De modo que el sentido de la justicia y lo correcto es bastante vago. En El código Da Vinci el cristianismo es una gran superchería sostenida por la Iglesia para mantener su cuota de poder e imponer un machismo que campa así a sus anchas. En Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres un serial-killer mata mujeres siguiendo citas bíblicas del Levítico, aunque tal inspiración parece puramente decorativa, más sentido tenía el modelo de los pecados capitales de Seven, del mismo David Fincher que dirige la versión americana de la novela de Larsson.
Crímenes y vejaciones sórdidos y repugnantes. Por qué ocurren, no se sabe, el mundo puede ser un lugar muy desagradable. Los asesinatos rituales cinematográficos y novelescos han hecho fortuna. Un tipo puede aparecer muerto en el Louvre desnudo y con un pentagrama pintado en su cuerpo, sectas y monjes siniestros pulularán por ahí entorpeciendo al racional profesor Robert Langdon, todo para evitar el triunfo del linaje del mismo Jesús, del que es heredera directa una mujer, Sophie Neveau, a la que la cosa en principio ni le va ni le viene. Este tipo de trama rocambolesca y retorcida hizo las delicias del público códigodavinciano, lo absurdo de la misma sólo fue criticado por algunos que eran tachados de snobs o de retrógrados, según fuera el caso.
Con las andanzas de la hacker maltratada Lisbeth Salander y el sagaz periodista de Millennium Mikael Blomkvist pasa algo parecido, aunque el nivel de Larsson sea algo superior (aunque no exageremos, tampoco tanto). Que la rara chiquita forme parte de una colosal conspiración en que le asignan como tutor a un “cerdo violador” de menores, si sabemos leer cierto tatuaje, que ande por ahí suelta una dinastía de... nazis violadores y asesinos a través de los tiempos, no parece ser cuestionado por casi nadie, la mayor parte de lectores y espectadores suspende la incredulidad, que en cambio maneja con increíble soltura para otras cuestiones de la vida real que merecerían un poco más de confianza. Pero en fin, son los signos de los tiempos, del tercer “Millennium”...
¡Y por supuesto, feliz Navidad, también desde Twitter!
Mariel Hemingway, prostituta con corazón
Mariel Hemingway y Sophia Adler encabezarán el reparto de "Holy Whore", la nueva película independiente de la directora Deborah Kampmeier.
Rupert Everett se arrepiente de haber buscado tener el cuerpo perfecto
El actor británico Rupert Everett ha asegurado que las exigencias físicas de la industria cinematográfica le han pasado factura hasta el punto de sentirse hoy “casi inválido”. El intérprete, conocido por títulos como “La boda de mi mejor amigo”, reveló que los años dedicados a esculpir su físico para determinados papeles acabaron provocándole problemas musculoesqueléticos.