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Biografía

David Fincher

David Fincher

58 años

David Fincher

Nació el 28 de Agosto de 1962 en Denver, Colorado, EE.UU.

Siete películas

13 Enero 2009

Considerado un director de culto, cambió el cine de los 90 con Seven, que ha marcado un antes y un después a nivel estético. Aunque David Fincher llama la atención sobre todo por su incomparable potencia visual, se distingue por su obsesivo interés en diseccionar el lado oscuro del ser humano, la degeneración moral de la sociedad y los miedos que acechan la mente de los habitantes del mundo moderno. Se puede decir que Fincher es el más avezado alumno de la Generación del Videoclip, compuesta por cineastas que provienen de este mundillo, como Spike Jonze, Julien Temple, McG o Michel Gondry.

Nacido en Denver (Colorado), el 10 de mayo de 1962, David Leo Fincher es hijo de Jack, redactor de la revista ‘Life’. A los 8 años descubrió su pasión por el cine gracias a Dos hombres y un destino, que le dejó tan impresionado que empezó a rodar sus propios cortos, con una cámara de 8 milímetros. A los 18 años estaba dispuesto a todo para trabajar en el cine y acabó aceptando un precario empleo en la productora del director John Korty (Historia de Oliver), donde se encargaba de tareas sencillas como transportar el material. Otro film que marcó su vida fue El imperio contraataca, pues después de verlo fue a pedir trabajo en Industrial Light & Magic, la empresa que había hecho los efectos especiales del film. Fue destinado al departamento de miniaturas y efectos ópticos como ayudante de cámara, labor que ejerció en El retorno del Jedi, La historia interminable e Indiana Jones y el templo maldito.

Tras abandonar ILM en 1984, Fincher se encargó de dirigir un impactante anuncio antitabaco para la American Cancer Society, que mostraba a un feto humano fumando un cigarrillo. Llamó tanto la atención en el mundillo publicitario que rápidamente le ficharon para dirigir spots de grandes marcas de ropa y bebidas. Pronto empezó a dirigir videoclips, campo en el que adquirió un enorme prestigio, por su innegable talento visual, que puso al servicio de estrellas de la música como Madonna, Michael Jackson, Aerosmith o los legendarios The Rolling Stones.

En 1992, los directivos de Fox decidieron despedir a Vincent Ward (The Navigator. Una odisea en el tiempo), que se encargaba de dirigir Alien 3, porque no estaban contentos con su visión de la película, marcada por el simbolismo religioso. Encontrar un sustituto no fue fácil, sobre todo porque estos directivos imponían unas condiciones severas, y dejaban muy poco margen de tiempo para el rodaje. Tras intentar reclutar sin éxito a algún que otro cineasta de prestigio, al final se decantaron por David Fincher, porque había demostrado su desmesurada imaginación en los videoclips, y porque pensaron que un debutante no les causaría tantos quebraderos de cabeza como Ward. Curiosamente, el fatalista y desesperanzado Fincher sintonizó mucho con el trabajo que había realizado su predecesor. Así que mantuvo algunas de sus ideas, incluso el simbolismo de inspiración religiosa, como se puede apreciar en el sacrificio de Ripley, que se inmola con los brazos en cruz, remitiendo a una imagen de Cristo en el Calvario. Fincher rodó un film muy frío, marcado por los colores azulados y ocres, que a pesar de que funcionó bien en taquilla no fue demasiado bien acogido por la crítica.

Para Fincher, la experiencia de Alien 3 no fue todo lo gratificante que esperaba, y se mantuvo apartado un tiempo del cine, para volver a centrarse en los videoclips. Fue hasta 1995, año en el que New Line buscaba un proyecto en la línea de El silencio de los corderos, y decidió dar luz verde al thriller Seven, cuya realización le cayó por encargo a Fincher. Estamos ante el punto cumbre de su filmografía, pues combina una inquietante ambientación, a base de las personalísimas y estilizadas imágenes del cineasta –creadas con una iluminación tenebrista–, con una sutil denuncia de la corrupción, y de los excesos y perversiones de la sociedad moderna. Abundan las secuencias brillantes, como cuando Tracy (Gwyneth Paltrow), esposa del detective David Mills (Brad Pitt), va a ver al detective Somerset (Morgan Freeman) para contarle que está embarazada de su esposo. Somerset se muestra reacio a la idea de traer una nueva vida a un mundo en el que ocurren crímenes como el que está investigando. O el ya icónico y macabro hallazgo del hombre asesinado por su crónica pereza, interpretado por un actor con prótesis, aunque a primera vista parece ser un muñeco. Kevin Spacey no salía en los títulos de crédito iniciales para que el hecho de que interpretara al asesino fuera una especie de sorpresa. Por su parte, Brad Pitt se hizo muy amigo de Fincher durante el rodaje, y ha vuelto a ponerse a sus órdenes en dos ocasiones posteriores.

Nicholas Van Orton, rico financiero de vida gris, recibe un peculiar regalo por parte de su hermano, un juego que le hará valorar el mínimo necesario para sobrevivir, en The Game, el siguiente trabajo de Fincher. Y aunque no llega a la altura de su film anterior –quizás por un ritmo premioso y un metraje que se alarga en exceso– es un interesante film de ambientación oscura –sello de identidad de Fincher– que actualiza el espíritu de “Cuento de Navidad”, de Dickens. Fincher recuperó en parte la buena forma con El club de la lucha, memorable adaptación de la transgresora novela del vanguardista Chuck Palahniuk, que la emprende contra la mediocridad, la incomunicación, el consumismo desatado y la falta de perspectivas vitales. Y lo hace a través de la historia de un joven carente de ideales que sospecha que su vida está completamente vacía. Un día conoce casualmente a Tyler –interpretado por Brad Pitt, el actor fetiche de Fincher–, un estrafalario individuo que le hace miembro de un club secreto cuyos miembros se vapulean entre sí para sentirse vivos. Fincher dejó momentáneamente aparcada la crítica social que le define en La habitación del pánico, una cinta de suspense a lo Hitchcock. Si bien tenía un guión de David Koepp bastante ligero, en comparación con el de anteriores trabajos del cineasta, logra crear una enorme tensión.

El film más desconcertante de Fincher es Zodiac, donde el realizador parece haber decidido reinventarse a sí mismo. Esta reconstrucción de la carrera criminal de un asesino en serie californiano de los 60 parece la antítesis del resto de su filmografía, como si harto de ser señalado por la calle como ‘el director de Seven’, Fincher hubiera decidido quitarse la etiqueta. Si en Seven había una fotografía elaborada bastante irreal, aquí opta por un estilo realista, a ratos cercano al documental. Por primera vez en su carrera, el director se basa en una historia real que para colmo no cuenta con un final cerrado como Seven, ya que la policía no resolvió el caso. Y frente a las imágenes vanguardistas y modernas que caracterizaban sus films, en esta ocasión Fincher se decanta por un estilo que sólo puede ser definido como clásico.

Brad Pitt vuelve a estar por tercera vez en un proyecto de Fincher en El curioso caso de Benjamin Button, largometraje número 7 del autor de Seven. Esta adaptación de un relato de F. Scott Fitzgerald –sobre un hombre que nace con la apariencia de un anciano, y posteriormente rejuvenece– resulta totalmente asombroso e impactante, toda una original parábola sobre la vida y la muerte.

Filmografía
Mank

2020 | Mank

Una nueva mirada al Hollywood de la década de 1930 a través de los ojos del mordazcrítico social y guionista alcohólico Herman J. Mankiewicz, mientras se apresura a terminar el guión de "Ciudadano Kane" para Orson Welles.

Mindhunter (2ª temporada)

2019 | Mindhunter | Serie TV

Sigue con magnífico pulso la serie criminal sobre asesinos en serie Mindhunter en su segunda temporada. Como cabe imaginar, tras el éxito en la resolución de un caso, la unidad especial del FBI sobre comportamiento criminal empieza a ser la niña mimada de la agencia, y de hecho el recién llegado Ted Gunn ofrece al trío original –los agentes Holden Ford y Bill Tench, y la doctora Wendy Carr– más hombres y recursos, e incluso les facilita una entrevista con el asesino inductor que más despierta la curiosidad del público, Charles Manson nada menos. Mientras continúa el trabajo cotidiano de visitar a célebres asesinos, despierta su atención una serie de crímenes que están teniendo lugar en Atlanta, de jóvenes chicos negros entre 12 y 20 años, que hasta el momento se habían considerado inconexos. Un grupo de madres de las víctimas aúnan esfuerzos porque consideran que ni la policía ni las demás autoridades están prestando la debida atención por prejuicios raciales, las investigaciones de la policía local para descubrir lo ocurrido han sido con frecuencia superficiales y con importantes negligencias. La creación de Joe Penhall a partir del libro “Mindhunter: Inside the FBI's Elite Serial Crime Unit” de John Douglas y Mark Olshaker, se muestra habilidoso en combinar la investigación principal, los alrededores del FBI y la policía con las habituales rutinas, y la vida personal de los tres personajes principales. Se sabe insistir en el egocentrismo de Ford, aunque apuntando a que empieza a ser un poco más consciente de los sentimientos de los demás; tiene enorme fuerza la subtrama del terremoto padecido por la familia de Tench cuando su hijo pequeño adoptado se ve envuelto en la muerte accidental de un bebé, subtexto sobre cómo podría forjarse, o no, una anomalía psíquica que deriva en criminalidad; y resulta más convencional la subtrama amorosa lésbica de Carr con la chica de la barra de un bar, aunque proporciona la excusa de una escena brillante, un interrogatorio en que usa una experiencia personal, que sus compañeros consideran una inteligente artimaña para dar carrete a un asesino en serie. Con tres directores de nivel –al ya presente en la primera temporada, el David Fincher de Seven y Zodiac, se suman Andrew Dominik y Carl Franklin– se dibuja el tono oscuro y desasosegante propio de un tipo de comportamiento aberrante, que escapa a las explicaciones convencionales, aunque se intente dar razón del mismo con métodos científicos. Los actores vuelven a estar muy bien, sobre todo Jonathan Groff y Holt McCallany, pero también Stacey Roca como esposa sufriente de Tench.

7/10
Mindhunter

2017 | Mindhunter | Serie TV

Serie inspirada en hechos reales, de hecho toma como punto de partida el libro escrito por el agente del FBI John Douglas "Mindhunter: Inside the FBI's Elite Serial Crime Unit". Ambientada en la década ya avanzada de los 70 del siglo XX, sigue a dos agentes del FBI que han constituido el germen de lo que va a ser una nueva unidad de la Agencia, especializada en caracterizar el comportamiento criminal. Holden Horf, que proviene del mundo de la negociación en casos de tomas de rehenes, es un joven frío y ambicioso, muy inteligente, y que piensa que puede ser una buena idea entrevistar a criminales psicópatas entre rejas para conocer cómo piensan y poder anticiparse a posibles casos y resolver otros pendientes. Formará tándem con Bill Tench, que lleva ya tiempo trabajando en el campo de la psicología criminal, y que da charlas a lo largo y ancho de Estados Unidos a la policía local y estatal, para que entiendan mejor el comportamiento de los que actúan fuera de la ley; se trata de alguien de más edad, casado y con un hijo adoptado, con un mejor conocimiento de la naturaleza humana. Acabará echándoles también un cable la profesora universitaria en Boston Wendy Carr. Como puede verse por la temática, esta serie le viene al pelo a David Fincher, que dirige cuatro de los diez episodios, no podemos olvidar que el cineasta empezó a descollar con Seven, y tiene también en su haber Zodiac, sendas películas inquietantes sobre serial killers, de modo que en el desarrollo se mueve como pez en el agua. No es el único director de postín y adecuado que tiene la serie, pues también firman algunos episodios el danés Tobias Lindholm, responsable del guión de La caza, y Asif Kapadia, que ha firmado dos documentales de gran verismo e intensidad dramática, Senna y Amy. A lo largo de esta serie creada con talento por Joe Penhall, se documenta con garra cómo nace la idea de trazar perfiles psicológicos de los criminales, de modo que el encuentro con criminales como Ed Kemper en prisión no deja indiferente al espectador, al mostrar la frialdad con la que hablan de sus depravaciones y salvajadas, algo que se realiza con enorme crudeza, a veces excesiva, también por la prolongación innecesaria de esas conversaciones escabrosas, aunque sea con la idea de que en esa época escuchar ese lenguaje no era nada común. Algo bastante logrado en los episodios es el entrelazamiento narrativo de las visitas en prisión con la resolución de algunos casos que plantean los policías locales que escuchan las charlas de Ford y Tench. También el dibujo de la relación entre los colegas policías y el seguimiento de sus superiores, y las cuestiones de la vida personal, donde se hace hincapié en las rarezas que pueden acumular las personas que se autodenominan "normales", con manifestaciones de egoísmo y comportamientos narcisistas -el caso de Ford, con el colofón de la temporada, es muy significativo- que pueden hacer daño a los demás y a uno mismo. También tiene interés la reflexión acerca de cómo trabajar con personas de vida interior desquiciada y degradada moralmente pasa factura, aquello no puede dejar de afectar a uno, por muchos mecanismos de defensa que se traten de aplicar cara a evitarlo. Hay acierto en escoger a un elenco de actores en su mayor parte desconocidos, o apenas vistos en alguna serie, sería el caso de Jonathan Groff, que hizo Glee, o Anna Torv, que se paseó por Fringe. Por cierto que Holt McCallany magnífico como el avezado agente Tench había trabajado con Fincher en Alien 3 hace muchos, muchos años.

7/10
Perdida

2014 | Gone Girl

Amy, la esposa de Nick, ha desaparecido el día en que ambos celebraban su quinto aniversario de boda en North Carnage, Misuri. Un decir, lo de celebrar, pues aunque se casaron enamorados, la relación se había deteriorado en gran medida. Algunas pistas sospechosamente dispuestas sugieren a la policía que Nick ha tenido que ver algo en el asunto. De modo que la desmesurada atención al caso de la opinión pública a través de los medios, le convierte inmediatamente en culpable, aunque la realidad es muy diferente. David Fincher ha abordado el thriller con diversas ópticas, el de un juicio al declive moral de la sociedad en Seven, concebido como un juego en The Game, con mirada objetiva y desapasionada en Zodiac. Aquí se encuentra más cerca de Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres, por su mirada nihilista a los personajes, donde nadie es inocente, y porque vuelve a insistir en la carga sexual morbosa que exhibía en ese film. También coincide con ese título en que adapta un best-seller de éxito que promete nuevas entregas, debido a Gillian Flynn, quien también firma el guión. Está claro que la trama es medianamente entretenida, tiene los giros suficientes para sorprender al espectador y mantenerle pegado a la butaca, y está bien respaldada por el poderío visual del director y su capacidad de crear una atmósfera envolvente. En su cínica mirada al matrimonio, que pone en valor el dicho de que "hay amores que matan", el film recuerda a ratos a Atracción fatal, también por algunos pasajes exagerados, casi de guiñol, y por el morbo que recorre la trama. Lo cierto es que resulta muy pobre la mirada que se ofrece a lo que debería ser una relación de pareja comprometida y los obstáculos que pueden dar al traste con ella. Los actores se esfuerzan, y sin duda a Ben Affleck le va bien hacer de tipo normal en apuros, pero Rosamund Pike en más de un momento parece un tanto pasada de rosca. Mientras que otros secundarios se pegan demasiado al estereotipo caricaturesco, como el policía que nunca duda o la presentadora televisiva. El otro gran tema que atraviesa la trama es la del gran circo mediático que se organiza en torno a la desaparición, donde se ponen en la picota los "reality-shows" y en general cualquier programa televisivo donde la gente habla y habla, y por qué no, también las tertulias caseras, donde se juzgan las acciones de los demás aunque no se dispongan de datos. La cuestión permite entregar algunas escenas bien servidas por Fincher en torno a la mentira y el fingimiento, pero también se acaba cayendo en la reiteración, algo que no se entiende en un film que dura innecesariamente dos horas y media.

5/10
House of Cards

2013 | House of Cards | Serie TV

Recién elegido el nuevo y demócrata presidente de Estados Unidos, el congresista Francis Underwood contaba con ser nombrado secretario de estado. Pero el ingrato presidente electo ha decidido no cumplir su promesa, las circunstancias políticas obligan. No queda convencido Underwood, que a partir de ese momento orquesta su particular venganza: no sólo torpedeará a quien el presidente ha señalado como secretario de estado para colocar a una mujer en su lugar, sino que apoyará una nueva ley de educación a su gusto, y filtrará información a su gusto a una bloguera del influyente diario The Washington Tribune; y todo ello con la apariencia de ser un fiel colaborador de la Casa Blanca, a la que no guardaría rencor. Entretanto la esposa de Francis, Claire, busca el modo de sacar adelante sus proyectos medioambientales sin ánimo de lucro, contando con que los fondos que manejará no son los deseados por la falta de consideración de que ha sido víctima él. Traslación a la realidad política americana de la novela del británico Michael Dobbs, que fue convertida en serie televisiva por la BBC en la última década del siglo XX. Se trata de un ambicioso proyecto de Netflix, el portal de internet para alquiler de películas y series televisivas, que de este modo se mete de lleno en la producción, incluso con el atrevimiento de haber puesto simultáneamente a disposición de sus usuarios, los 13 episodios de que consta su primera temporada. Los dos primeros capítulos los dirige el estiloso David Fincher, en su primera incursión televisiva, y otros cineastas ligados a House of Cards responden a los prestigiosos nombres de James Foley, Joel Schumacher, Carl Franklin y Allan Coulter, entre otros. El enfoque de House of Cards es tremendamente cínico: la entrega de Francis a la política es una exclusiva mirada a su propio ombligo, no consiste en otra cosa que en sentir el vértigo del poder y salirse con la suya, siempre desde una altura clarividente que mira a los demás con desprecio, sean “lobos” o de la “manada”. Ello se subraya con la escenas en que Francis, un papel a la medida de Kevin Spacey, mira directamente a cámara para exhibir sin tapujos su desprecio a los demás, su escasa confianza en la naturaleza humana la búsqueda de su exclusivo interés. Su matrimonio con Claire –no tienen hijos– parece más una fría asociación conveniente para ambos, que algo basado mínimamente en algo parecido al amor. Y los otros congresistas, la periodista, los ciudadanos sufrientes, no son más que peones sacrificables en su particular partida política de ajedrez; y ello porque tampoco es que sean mejores que él. Está claro que la serie, desarrollada en su versión yanqui por Beau Willimon, tiene gancho y está bien rodada. Logra intrigar y los actores hacen un buen trabajo. Pero la imagen que transmite de la actividad política es algo muy parecido a una cloaca donde nadie parece pensar que está prestando un servicio a los ciudadanos. Lo que resulta altamente deprimente.

6/10
Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres

2011 | The Girl With the Dragon Tattoo

El periodista Mikael Blomkvist acaba de ser condenado por difamación, debido a las afirmaciones vertidas en la revista Millennium acerca de un poderoso empresario. Parece el momento ideal para desaparecer del mapa, y la ocasión la pintan calva cuando un magnate jubilado, Henrik Vanger, convencido de su honestidad, rastreada por la joven investigadora Lisbeth Salander, le encarga que indague, en la solitaria isla Hedeby donde reside, el caso que le ha obsesionado durante décadas: la misteriosa desaparición y más que probable asesinato de su sobrina Harriet, el día en que se celebraba un popular desfile. Ello supone volver al pasado y rebuscar en el sucio pasado de la familia Vanger, tarea en que terminará ayudándole la asocial y rarita Lisbeth, cuya tutela corresponde al estado por sucesos acaecidos tiempo atrás, y a la que ha tocado llevar una vida donde los abusos y vejaciones eran moneda corriente. La versión americana del primer volumen de la conocida trilogía de novelas Millennium, de las que es autor el malogrado Stieg Larsson, que no llegó a conocer con vida el enorme éxito de sus novelas, no digamos de su traslación al cine y la televisión. Sin atender a ningún pudor mantiene, si no aumenta, la enorme carga de morbo sexual y violencia presentes en la novela original y en la película sueca servida por Niels Arden Oplev. En lo que claramente mejora es en la estructura del inteligente guión de Steven Zaillian, donde las piezas argumentales casan mucho mejor, además de que existe una mejor definición de personajes, se humanizan Blomkvist y Salander, del primero se apunta aquí una vida familiar rota, y de ella se perfila mejor la relación con el primer tutor y las ilusiones que se hace en la relación con el periodista. Incluso los elusivos miembros del clan Vanger tienen algo parecido a la tridimensionalidad. De modo que el reparto lo tiene en tal sentido más fácil –Daniel Craig, Rooney Mara, Stellan Skarsgård, Christopher Plummer...- que los originales Michael Nyqvist, Noomi Rapace y compañía, que debían llenar agujeros de guión con sus interpretaciones. Además la película se beneficia claramente del talento visual de su director, David Fincher, por ejemplo en todas las escenas que muestran el avance en las pesquisas de Blomkvist y Salander, y también en la creación de atmósferas, la isla bajo la nieve, el viento que sopla en la casa de Martin, un sobrino de Henrik, en lo alto de una colina, o un pasaje tan breve como la escena del metro en que a Lisbeth le birlan el ordenador portátil. Así las cosas, los defectos del film son los mismos que los de la obra de Larsson, que se enmarca en la moda del “noir” nórdico, del que también es muy representativo Henning Mankell y su Kurt Wallander, que también pasó de la versión sueca a la angloparlante con Kenneth Branagh de protagonista. La idea es mostrar los excesos de la opulenta sociedad occidental, donde han acontecido y acontecen todo tipo de depravaciones; el problema es la falta de referentes morales nítidos, ya que ante los crímenes horrorosos a los que se enfrentan los protagonistas –y de los que Lisbeth es víctima directa–, parece que vale cualquier respuesta, por salvaje que sea. Y eso que a tal respecto la película de Fincher y Zaillian se permite alguna licencia para suavizar actitudes y no convertir a Salander en la Terminator que podía verse en la versión fílmica de Oplev. Algunas truculencias y pasajes –las actitud del segundo tutor, la persecución en moto...– obligan a algo parecido a la suspensión de la incredulidad del espectador, aunque muchos espectadores –y lectores– pensarán que eso es parte del juego en que consisten película –y libro.

6/10
La red social

2010 | The Social Network

Otoño de 2003. Mark Zuckerberg estudia en la Universidad de Harvard. Genio de la informática, de mente brillante, e irremediablemente asocial, tras romper con su novia e ingerir altas dosis de alcohol, tiene una idea para que los estudiantes opinen sobre la alumna más maciza de Harvard, lo que difundido viralmente colapsa el servidor de la universidad. He ahí la semilla de Facebook, la red social de internet que revolucionará en poco tiempo el modo de hacer amigos y relacionarse con ellos en el mundo entero. En efecto, la hazaña de Zuckerberg llama la atención de los hermanos Winklevoss, que andan ideando una red social para Harvard, y le fichan como programador. Pero mientras les da largas en lo relativo a su tarea, impulsa por su cuenta con su amigo Eduardo Saverin lo que va a ser Facebook. Al ver la luz, y arrasar en la red, los Winklevoss se sentirán engañados, y no van a ser los únicos en el entorno en que se mueve Zuckerberg. Brillante película de David Fincher, que logra hacer apasionante la complicada narración de cómo Facebook se convirtió en la extraordinaria empresa y fenómeno social que hoy es. Cuenta con un formidable guión de Aaron Sorkin –que utiliza como fuente el imprescindible libro “The Accidental Billionaires”–, que logra que parezca fácil lo difícil, no en vano el creador de la serie televisiva El ala oeste de la Casa Blanca es todo un especialista en hilvanar historias complejas para el medio audiovisual, donde abundan los diálogos vertiginosos, en los que no falta ni sobra una frase; una réplica, una mirada, un plano de un objeto, todo aporta valiosa información a la narración. El esqueleto narrativo es perfecto. Tras un breve prólogo –la brillante conversación de Zuckerberg con su novia, más la caída del servidor de Harvard–, se encadena la sesión pública de la institución académica que ve los hechos, con otra, la de los abogados que ven el conflicto de intereses entre Zuckerberg y sus socios de Facebook con los distintos enemigos que se ha creado en la vertiginosa carrera que le ha hecho multimillonario. Y entreveradas con esta segunda sesión, se presentan las distintas escenas de cómo la red social crece y crece. De modo que somos testigos de la paradoja de que quien ha logrado relacionar a tantos millones de personas en todo el mundo, se encuentra básicamente solo, no conecta con nadie. El film desarrolla así temas clásicos como el saborear las mieles del triunfo, la ambición y el poder, la lealtad puesta a prueba, cuyos principales protagonistas, todos auténticos, no quedan demasiado bien parados. No es que haya una condena sin paliativos, pero el hecho es que se ponen en evidencias sus debilidades y flaquezas, no todo es tan ‘cool’ como el Facebook al que su destino se encuentra ligado. Fincher ha tenido el acierto de acudir a actores jóvenes en alza pero cuyo rostro puede no sonar excesivamente al espectador: los más conocidos son Jesse Eisenberg (Bienvenidos a Zombieland), que da vida a Zuckerberg, y Justin Timberlake, que encarna a Sean Parker, creador de Napster; pero brilla también el recién llegado Andrew Garfield, que interpreta a Saverin.

8/10
El curioso caso de Benjamin Button

2008 | The Curious Case of Benjamin Button

Adaptación de un relato corto de Francis Scott Fitzgerald, es de esos casos en que la película está a la altura del original, si no lo supera ampliamente, aunque sólo sea por la ventaja de su mayor ambición artística, se aumenta el tamaño del lienzo donde se pinta la narración, por así decir. La historia central es la del Benjamin Button, un hombre que nace en la Luisiana cercana a los años de la Primera Guerra Mundial, con un aspecto que espanta a su padre hasta el punto de abandonarlo. En efecto, se diría que Benjamin ha nacido anciano. Y, justamente, es acogido en una residencia de ancianos. A medida que crece, criado por una mujer negra, sus graves enfermedades y los achaques propios de la vejez van desapareciendo. Pronto es evidente que el proceso de madurez de Benjamin corre en dirección contraria a la del resto de los mortales: con el paso de los años rejuvenece. Esta narración, inspirada en el original de Fitzgerald, la enmarcan los guionistas Eric Roth y Robin Swicord dentro de otra historia contemporánea, la de una anciana ingresada en un hospital, también de Luisiana, acompañada por su hija, en un momento en que se acerca el huracán Katrina. A instancias de su madre, la hija le lee unas memorias que recogen las andanzas de Benjamin Button, y a medida que transcurra el metraje sabremos de los lazos que unen a ambas historias. Obviamente, la trama es muy original, pero difícil de trasladar a la pantalla. Y lo increíble es que, tanto el guión de la película –donde los intereses de Roth parecen conectar con los de su libreto de Forrest Gump–, como la puesta en imágenes de David Fincher, logran el milagro de que aceptemos un planteamiento que exige suspender la incredulidad. Ayuda, claro está, el empaque de una producción de Frank Marshall y Kathleen Kennedy, que ya sorprendieron en 2007 apadrinando un título de la calidad de La escafandra y la mariposa. No sólo los efectos de maquillaje son soberbios, sino que el director a cargo del proyecto tiene una gran capacidad visual, da bien los saltos narrativos a los distintos escenarios, y hace un uso perfecto de ideas de guión como la del reloj que marcha hacia atrás, o la del tipo al que gusta contar las siete veces en que fue alcanzado por un rayo. La voz en off funciona y hay un completo acierto en el reparto, con un genial Brad Pitt bien respaldada por actrices como Cate Blanchett y Tilda Swinton. El discurrir de toda una vida se convierte en una maravillosa parábola sobre el sentido de la la existencia, una reflexión sobre el paso del tiempo y las cosas a las que merece la pena dedicarlo. Abundan las peripecias en la narración, se tiene la sensación de ser testigo de cómo se van conformando la experiencia de una vida plena, que necesariamente no es perfecta, pero que ha valido la pena. De algún modo Fincher alcanza la meta que no supo hollar Francis Ford Coppola en Jack y Juventud sin juventud, dos títulos que exploran estos mismos temas. De un modo singular lo logra en la historia romántica, primero con las experiencias iniciáticas que avergüenzan y sin futuro –la “primera vez” en un prostíbulo, el primer enamoramiento, de una mujer casada...–, para dar paso, sí, al encuentro con el amor verdadero, que si ya es complicado mantener en circunstancias normales, aquí resulta más frágil y elusivo, exige incluso una mayor responsabilidad. La idea de cambiar el paso ordinario en la evolución de una relación conyugal sirve para subrayar los pilares sobre los que se sustenta, ese amor que debe ser cultivado, esa prole que es un tesoro increíble, el espíritu de sacrificio, tantas pequeñas cosas que, si se descuidan, pueden conducir a equívocos y suspicacias. Una mirada más directa a la trascendencia habría redondeado una magnífica película, que en este terreno prefiere mantenerse en un segundo plano, aunque no se eluda el tema en la naturalidad con que los personajes rezan.

9/10
Zodiac

2007 | Zodiac

Película basada en hechos reales acontecidos en torno a San Francisco a partir de los años 60, cuando un asesino en serie que se hacía llamar Zodiac aterrorizó a la población con sus espeluznantes crímenes, que acompañaba de acertijos que hacía llegar a diarios como The San Francisco Chronicle. El guión de James Vanderbilt  se basa en los libros de investigación escritos por Robert Graysmith, caricaturista e ilustrador del Chronicle, que a pesar de que el caso no le incumbía periodísticamente hablando, se sumergió en él desde su inicio hasta extremos que rayaban lo obsesivo. La trama nos pinta uno de esos casos que parece de resolución imposible, y que permanece abierto a lo largo de varias décadas. El rigor de la narración, de un sabor muy clásico, emparenta el film con otros clásicos del periodismo de investigación como Todos los hombres del presidente. Tenemos ante nosotros múltiples personajes, encuadrables en las categorías de víctimas, sospechosos, periodistas, policías y familiares. Y gran parte del mérito de Vanderbilt y del director, David Fincher, es dar cohesión al conjunto, no permitir que esa variedad de personajes y escenarios, más el paso del tiempo, conduzcan a una trama deshilachada. Hay emoción y genuino suspense, cuando el film se mueve en las fronteras del cine de terror, en los momentos en que el asesino actúa; hay inteligencia en mostrarlo como una figura fantasmal, y están bien las dudas que surgen en algún caso acerca de si determinado perturbado era o no el asesino buscado. Fincher parece haberse aficionado a cierto tipo de filmes sobre las pautas del comportamiento humano, que parece seguir unas determinadas "reglas de juego". La palabra "juego" está incluso en uno de los títulos de su filmografía, The Game, pero también forma parte conceptual de Seven, El club de la lucha y La habitación del pánico. Aquí esta idea está muy presente a la hora de tratar de determinar el patrón de acción que sigue el asesino; pero también al hablar de los problemas de jurisdicción de la policía y sus posibles piques; o de la importancia que pueden tener los medios de comunicación, incluida la televisión, a la hora de dar cancha a un desequilibrado y de alarmar a la población. También se describen con mucha inteligencia los comportamientos obsesivos y el sentimiento de frustración a que puede dar lugar el deseo a toda costa de solucionar el caso, muy presentes en el reportero de Robert Downey Jr., en el policía de Mark Ruffalo, y en el caricaturista de Jake Gyllenhaal, que pueden derivar en adicciones indeseables o en problemas en la vida familiar. Los actores citados sobresalen dentro de un magnífico y bien seleccionado reparto.

8/10
La habitación del pánico

2002 | Panic Room

Tras su divorcio, Meg quiere comenzar una nueva vida junto a su hija Sarah, razón por la cual se mudan a una lujosa mansión situada en pleno Manhattan. La enorme casa cuenta con los más modernos dispositivos de seguridad, entre los cuales sobresale la llamada habitación del pánico, una cámara acorazada integrada en el dormitorio principal y dotada con una línea telefónica independiente, múltiples pantallas que recogen lo que acontece en la casa y una despensa de víveres suficiente como para sobrevivir en ella durante largo tiempo. Durante la primera noche unos delincuentes entran en la mansión creyéndola vacía. Buscan un tesoro escondido por el antiguo inquilino. El problema es que el dinero se encuentra en la habitación del pánico, el lugar donde desesperadamente se han refugiado las asustadas y todavía inexpertas inquilinas. Angustioso thriller cuya naturaleza claustrofóbica se basa en la propia concepción de la historia: la acción discurre en tiempo real, durante la noche, y el rodaje tiene lugar casi íntegramente en el interior de la casa. Además, las presentaciones se reducen al mínimo: apenas conocemos a los protagonistas cuando ya estamos metidos en faena, una característica que hace que el espectador intente inútilmente respirar hondo durante las casi dos horas de película. Es elogiable el virtuosismo formal de la puesta en escena que emplea David Fincher (Seven, El club de la lucha), un director con pasado de publicista que se atreve a rodar planos secuencia larguísimos y de impecable factura, aunque con ello sugiera imposibles movimientos de cámara. El sólido guión es obra de uno de los jóvenes talentos con más futuro de Hollywood. Tan sólo con la hitchcockiana escena de la conversación entre Meg y el policía en el umbral de la puerta, David Koepp (Parque Jurásico, Misión imposible, Spider-Man), da muestras de una sorprendente eficacia en el manejo del suspense narrativo. La archiestrella Jodie Foster obtiene nota alta en su papel de madre sufridora y resuelta, y el fantástico Forest Whitaker hace lo propio como ladrón con buenas pulgas.

7/10
El club de la lucha

1999 | Fight Club

Un joven sin nombre (Edward Norton) está harto de su vida anodina. Tiene un trabajo que no está mal, decora su apartamento según dictan las últimas líneas del diseño, no es feo... Pero todo eso no basta. Necesita algo más. Comienza entonces a asistir a sesiones de psicoterapia para enfermos terminales. Hacerse pasar por uno de ellos y sentir amor y compasión le devuelve la vida... por un poco de tiempo. Pronto conoce a Marla (Helena Bonham Carter), una joven que parece seguir un plan semejante al suyo. Y, sobre todo, a Tyler (Brad Pitt), un extrafalario fabricante de pastillas de jabón, que le introduce en el exclusivo y secreto Club de la Lucha: los integrantes de tal club, todos varones, se atizan de lo lindo, y ello parece que les hace sentirse más vivos. Nuestro protagonista caerá fascinado en las redes del Club de la Lucha. Este film se basa en la célebre novela del ‘moderno’ joven Chuck Palahniuk. David Fincher la asume y filma con una estructura moderna, repleta de símbolos y fantasías urbanas. Y da un aviso para navegantes del nuevo milenio: ojo al infierno moral en que se está convirtiendo la sociedad actual; ojo a males endémicos como la soledad y la falta de comunicación; ojo a un mundo consumista, competitivo, cruel, donde la preocupación por el otro baja por enteros. ¿Es pesimista Fincher? Que cada uno se asome a la ventana de su casa (o a la televisiva, o a la del ordenador) y juzgue. Edward Norton demuestra, por si cabía alguna duda, que es uno de los actores jóvenes con más porvenir en la profesión. La escena en que se pega a sí mismo es sencillamente memorable. Brad Pitt asume el papel de esa especie de gurú llamado Tyler, y aguanta el tipo. Mientras que Helena Bonham Carter da vida a una joven frágil y rota con adecuada sensibilidad.

8/10
The Game

1997 | The Game

Nicholas Van Orton, un ejecutivo, solitario y egoísta, que cree haberlo visto todo y está un poco cansado de la vida, recibe un curioso regalo de cumpleaños de parte de su hermano: un juego con experiencias excitantes. Poco a poco, la vida de Nicholas empieza a convertirse en una angustiosa carrera por salvar el pellejo. Tras el bombazo de la impactante Seven, el director David Fincher dirigió esta original y vibrante película, suavemente pesadillesca, con Sean Penn y Michael Douglas como hermanos.

6/10
Seven

1995 | Se7en

David Fincher (The Game, El club de la lucha) le sacó partido a su impactante estilo visual, al servicio de un guión sorprendente, muy impactante y a la vez reflexivo, sobre la corrupción en la sociedad actual. A punto de jubilarse, el teniente Somerset, de homicidios, va a ser reemplazado por el joven detective David Mills. Antes, ambos deben enfrentarse a un violento psicópata, que asesina a sus víctimas horrible y fríamente, “inspirado” en los siete pecados capitales. Una angustiosa y oscura ambientación enfatiza las dramáticas interpretaciones de Morgan Freeman, Brad Pitt y, sobre todo, Kevin Spacey. Los asesinatos son realmente retorcidos y algunas escenas permanecen en la memoria del espectador por mucho tiempo. La escena final, antológica.

7/10
Alien 3

1992 | Alien³

La tercera entrega es una de las más terroríficas de la historia de la ciencia ficción. Una refinería subterránea que fue campo de trabajos forzados, alberga hoy una comunidad de convictos que eligieron permanecer indefinidamente en la que fue su cárcel. La teniente Ripley aterriza en un vehículo espacial accidentado. Aparentemente, ella es el único superviviente. Pronto descubrirán que en la nave se encontraba un inoportuno visitante. Repite Sigourney Weaver, como Ellen Ripley, papel que le dio la fama. Las secuelas han sabido mantener el nivel y David Fincher supo darle vidilla al guión más flojo, de esta entrega, de trama carcelaria.

5/10

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