Blog de Hildy
¿Cualquier parecido de las series de TV con la realidad es pura coincidencia?
A la vieja frase de “la vida no es como en las películas” habrá que añadirle, decididamente, un corolario, “la
A la vieja frase de “la vida no es como en las películas” habrá que añadirle, decididamente, un corolario, “la vida no es como en las series de TV”. De acuerdo que hay convenciones que hay que aceptar, que existe la apelación a aquello de suspender la incredulidad, etcétera, etcétera, pero es que dentro de la supuesta edad de oro que estarían viviendo los seriales de la ya no tan pequeña pantalla –el personal empieza a tener unos “home cinema” de aquí te espero–, a la hora de sorprender, epatar, encandilar, se empieza a llegar a extremos que piden a gritos ser cuestionados.
Y hablo de series que despiertan mi interés, me engancho y estoy deseando ver nuevos capítulos. Pero me temo que cualquier parecido entre la vida real y lo que veo es pura coincidencia. Pongamos House of Cards, de la que ayer mismo ofrecía un comentario. El cinismo del congresista Francis (Kevin Spacey) es tan exagerado que me obliga a preguntarme: ¿qué mueve a este narcisista en la vida, aparte del placer de mirarme a la cara como espectador y presumir de su última “puñalada” y de la clarividencia con que ve las cosas? Es que este hombre con lo único que parece disfrutar es tomando filetes ricos en colesterol... La serie está muy bien contada, pinta distintas luchas por el poder, la ambición de una periodista, y tal y cual, y te preguntas cómo discurrirá. Uno no acaba de caerse del guindo, como para negar la corrupción en tantos ámbitos de la sociedad, pero sea como fuere, lo que veo no me parece creíble.
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La esperada secuela de “Días de trueno” da un importante paso adelante. El director Jonathan Levine se encuentra en negociaciones con Paramount Pictures para ponerse al frente de la continuación del clásico automovilístico protagonizado por Tom Cruise, según ha informado Deadline.
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El rey de los dinosaurios ha vuelto a sentarse en su trono. Un espectacular esqueleto de Tyrannosaurus Rex bautizado como Gus ha sido vendido por 50,1 millones de dólares en una subasta celebrada por Sotheby’s, convirtiéndose en el fósil de dinosaurio más caro jamás adquirido en una puja.