Entrevistas
Good bye, Lenin, hola, Wolfgang Becker
Es el director de la comedia del 2001. Aunque los chicos de los Oscar no hayan querido enterarse, y ni siquiera la hayan nominado. Tuvimos ocasión de charlar con Wolfgang Becker de un film que ha emocionado a todo el mundo: Good bye, Lenin!
¿Qué conocimientos tenía de Alemania del Este, antes de la caída del Muro?
Nací en Alemania Occidental, y fui por primera vez a Berlín en 1994. Allí estaba rodeado de gente de Alemania del Este, y fue entonces cuando decidí escribir el guión de esta película. Allí se decía que Berlín del Este era la única parte del mundo donde la división que había habido en el mundo era evidente, porque está la gente que vivió en la zona socialista mezclada con los occidentales. Estuve viviendo en Alemania Oriental, y luego he vuelto varias veces allí. Conocí al escritor Hendrik Handloegten, que se convertiría en guionista del film y que sí procedía de la zona comunista.
¿Y por qué decidió hacer la película si no conoció la Alemania del Este hasta la caída del muro?
No hay una respuesta. Sería como preguntar a James Cameron por qué hizo la película de Titanic, si él no conoció el Titanic. ¿O por qué un hombre películas sobre mujeres si no es mujer? Siempre me hacen esta misma pregunta, y lo cierto es que es la misma Alemania, he podido sentir lo que transmito en la película. No estaban tan separados los dos sectores. Aunque lo fundamental para mí no era hacer una película sobre Alemania, sino sobre una persona joven en el momento en que se le abre el mundo. Para ayudar a su madre, en ese momento, él debe ir hacia atrás otra vez, y todo esto también ha podido ocurrir en otro país, en el que haya habido momentos en que se hayan abierto más, y otros en los que no. Él tiene una meta clara, ayudar a su madre, y es algo que pasa en todo el mundo, que se puede transmitir aunque no hayas vivido exactamente las mismas circunstancias. Aunque al principio monta todo el tinglado por su madre, finalmente acaba haciéndolo un poquito por egoísmo, para sí mismo, porque está creando la Alemania Oriental en que a él le hubiera gustado vivir.
Uno de los temas fundamentales es la desilusión, la caída de la utopía comunista. Pero aprovecha para criticar el capitalismo, sobre todo en la parte en la que la hermana empieza a trabajar en una cadena de comida rápida. ¿Es optimista en cuanto al futuro del hombre y sus ideas?
No veo que sea una película pesimista, sino más bien realista. El Muro se abrió en noviembre del 89, y en cuanto se abrieron las fronteras, todas las empresas alemanas acudieron a sacar el máximo beneficio posible. En Alemania del Oeste ya estaba todo repartido, y de repente vieron posibilidades de conseguir algo. Yo lo veo como una carrera de ratas, donde cada uno intentaba llegar el primero para coger más dinero. Pero en realidad esto no ha sido el tema central, porque fue más trágico de lo que refleja la película. Cuando estuve en 1990, vi el contraste tan grande y la violencia con la que entró el nuevo sistema. Ésta fue la primera impresión que tuvieron los alemanes del Este de la otra Alemania.
Aunque es una comedia, en todos los personajes predomina un sentimiento, que es el miedo. Sobre todo, el miedo a saber la verdad de que ha caído el muro. El miedo de la madre a ir a Occidente, donde ha huido su marido. El miedo a la muerte. ¿Trae la libertad miedo paradójicamente?
Nunca he visto esa película bajo ese aspecto, aunque reconozco que el miedo ha sido determinante en la vida de la madre. No lo veo tanto en los otros personajes. En cuanto a la libertad, está en la sociedad, que cada vez está más afligida ante lo que va pasando, ante los avances hacia delante. Todos tenemos un modelo de sociedad que se queda anticuado por el paso del tiempo. También es difícil para los habitantes de la antigua Alemania del Este superar ese miedo que sienten hacia la libertad. El poder elegir oficios, y poder votar a partidos políticos, elegir vivienda, lo que vas a hacer en la vida es algo que no se conocía, y que hay que aprenderlo primero. Entró de golpe y demasiado rápido. Eso también pasa con la libertad individual, que se debe aprender. Un buen ejemplo es un niño que ha aprendido el sistema autoritario, y que de repente se encuentra una tienda de juguetes. Entonces le pregunta a su profesor si tiene que aprender otra vez las reglas de los juegos que ha aprendido.
El hijo construye una mentira para la madre, ¿no tenía miedo de que la misma película ofreciera una visión distorsionada de Alemania?
No, de ninguna forma. Nunca tuve miedo de caer en la mentira, porque el espectador puede ver también todo lo que es real. Está claro que la película que rueda Alex con su compañero para la televisión es una mentira que está hecha para la madre. Lo que se ve al final de la película, que el Este se va al Oeste, no es una mentira, porque el espectador sabe perfectamente cómo ha sido.
La dificultad estaba en crear unos personajes realistas, que el espectador se los crea, para poder seguirlos a lo largo de la segunda parte sin perderse. Es fundamental que el público sea capaz de comprender sus reacciones. Como en las películas americanas, debe quedar claro donde está lo blanco y lo negro, lo bueno y lo malo. Sobre todo, que la historia sea auténtica.
Además de hacer una película, también quería poner a prueba a la población sobre el cambio. Hace doce años que pasó esto, por lo que la gente todavía se acuerda de lo que ha pasado. Yo he sido historiador, antes de dedicarme al cine. Por eso me doy cuenta, cuando veo una película como Gladiator, de que se mezclan tres épocas, tres siglos en la misma película. La gente joven, lo que conoce de aquella época es a través de películas así. Están hechas por personas que a lo mejor no le han dedicado demasiado tiempo, o que han comprimido muchos datos y épocas diferentes. Al final, lo que sale de esta mezcla, es una visión romántica, algo muy suave que no tiene nada que ver con la realidad. Yo lo que quería ofrecer era una visión más realista. Un documento.
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