Libros
"Memorias de un cinéfilo sarnoso", de Gerardo Sánchez
Memorias de un cinéfilo sarnoso" (Gerardo Sánchez, con prólogo de Elvira Lindo, Sílex, 418 págs
Tuve el placer de conocer hace ya unos años a Gerardo Sánchez en una mesa redonda sobre el futuro del cine en casa, organizada por Fox Home Video, y desde entonces le considero un buen amigo, a quien he acudido a pedir ayuda en más de una ocasión. Ya fuera para dar difusión a nuestro Festival Educacine, o para presentar mi libro “La guerra del streaming”, siempre le he encontrado generosamente dispuesto a echar un cable, y no es que precisamente le sobre el tiempo, siempre anda ocupado, también por supuesto con “Días de cine”, un maravilloso programa de cine al que se dedica en cuerpo y alma.
Me consta que no soy el único que se ve como amigo de Gerardo, aunque luego la vorágine del día a día hace que los tiempos compartidos no sean tantos ni tan extensos como uno quisiera. Por eso estas “Memorias de un cinéfilo sarnoso” son una gozada, pues estamos ante una puerta abierta para conocerle mejor y verse reflejado en el común amor por las películas, algo que sucederá a todos los que disfrutan con su excepcional trabajo, especialmente en ese “Días de cine” de Televisión España que lleva ya la friolera de 15 años dirigiendo. No creo que haya muchas páginas en el libro donde se deje de mencionar al menos una película, y casi todas son indiscutiblemente valiosas, y entran ganas de zambullirse a conocerlas, si uno no las conoce todavía.
Nos abre el autor espacio, efectivamente, a su intimidad, hablándonos con pasión de sus orígenes, sus queridos padres y hermanos, la vida de barrio en Usera, el disfrute continuo de las películas en la sala de cine. Todo con el eco de eso que ha visto en la pantalla, ya desde la fecha de su nacimiento, coincidente con la primera emisión televisiva de los dibujos animados de “Los Picapiedra”. El libro entero está plagado de referencias fílmicas, aquello que le sucedió le hace evocar tal o cual película, ese diálogo inolvidable, aquel plano excepcional. Sí, Gerardo Sánchez es el ejemplo perfecto de la definición de José Luis Garci del cine, que sería “una vida de repuesto”.
Da cuenta Gerardo de sus años mozos, de la pericia técnica de su progenitor, que se ve que ha heredado, de sus estudios en el colegio y en la universidad, de su amor al deporte, especialmente y más en los últimos tiempos, al ciclismo. He dicho que se muestra íntimo, pero también con un encomiable sentido del pudor, hay cosas que se pueden contar, y otras que, como hacía Lubitsch, merecen que se deje la puerta cerrada, y que uno imagine cómo es la familia que él ha formado. Habla de su creencia, o mejor dicho de su no creencia en Dios desde jovencito, poniéndose buñuelesco, y ahí no puedo dejar de referir su mención a un impetuoso compañero de instituto que le habría invitado a unos ejercicios espirituales “con unos curas muy majos”, seguro que le despierto una sonrisa si le digo desde estas líneas que yo también puedo presentarle a uno si le apetece, je, je.
Hay brillantez en las líneas destiladas en este libro, y si tuviera que quedarme solo con unas, me encantan la de “siempre he creído que Shakespeare necesitó toda su obra para hablarnos de la condición humana. Cervantes necesitó dos personajes, Don Quijote y Sancho Panza. Chaplin solo necesitó uno, por eso es el más grande.” Qué maravilla. Es el autor un profesional como la copa de un pino, y además siempre está en disposición de crecer y mejorar. Tiene un valor excepcional el detalle con el que habla en el libro de sus muchos años en Televisión Española, y del tiempo de excedencia en que trabajó en empresas privadas, especialmente en Tesauro. Porque así da cuenta de su experiencia en lo público y en lo privado, donde acaba viéndose que más allá de los problemas estructurales que pueda haber en unas u otras empresas, lo importante al final son las personas, el buen o mal desempeño en su trabajo, la dedicación de quien busca buenos resultados, los mejores posibles, o la impostura de quien se conforma con cubrir el expediente. Me gusta la elegancia de la pluma del autor, que no busca ajustar cuentas, que a veces evitar dar el nombre de la persona que podría quedar mal, que intenta más bien señalar cosas que no son de recibo y que deberían erradicarse, o que se ríe con gracia y sin estridencias de algunos excesos de lo políticamente correcto; y por supuesto, que aplaude a tantos compañeros, incluidos los que están a sus órdenes, por así decir, porque cualquiera diría que no se sienten exactamente de esa manera, que sencillamente disfrutan trabajando con él en equipo, exigidos eso sí, por supuesto no deja de mencionar a su predecesor y querido Antonio Gasset. No me extraña que sea tan querido y respetado por tantos profesionales del cine que han pasado por su programa.
Un libro como éste tiene que ser, no puede ser de otra manera, personal, muy personal. Y reconocemos a Sánchez en cada línea, viéndole recordar programas de la tele de su infancia, expresando su amor incondicional por un determinado título, o reconociendo que no aguanta otro, distinguiendo entre lo que son películas y lo que es cine, admitiendo que él tiene unos gustos y otros tienen otros. Escribe rotundo pero sin avasallar, con convicción, pero con humildad. Y con gran apertura de mente, en los capítulos “Listas, tontas” y “Hasta aquí podíamos llegar”, hace su personal viaje, guiño a Martin Scorsese, a la historia del cine, repasando todo desde los inicios, mencionando las maravillas del cine mudo, oh, Amanecer, y hablando de cine clásico de los maestros y mencionando sin fin nombres y títulos, Ford, Lubitsch, Wyler, Capra, Hawks y no sigo, saltando de Hollywood a Italia, Francia, Alemania, España, Polonia, Chequia, Rusia, Japón, China y no sigo, porque no tengo la gracia ni el espacio en estas líneas para ofrecer una relación peliculera como la que él da, no es fácil y doy fe de ello, componer un texto apasionante en lo que no deja de ser una lista, una lista lista, vaya.
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