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En un documental que sigue la estela de "Super Size Me"
Netflix cambia las hamburguesas por las alitas de pollo
Netflix ha decidido resucitar, con algunas variaciones, la fórmula que convirtió a “Super Size Me” en uno de los documentales más comentados de principios de siglo. La plataforma estrenará el próximo 5 de agosto “Big Chicken: A Fast Food Conspiracy”, un largometraje protagonizado por el humorista británico Mo Gilligan, que durante 28 días se alimentará exclusivamente de pollo frito tres veces al día para analizar sus efectos sobre el organismo y la industria alimentaria.
La propuesta recuerda inevitablemente al célebre documental de Morgan Spurlock, fallecido en 2024, quien en 2004 pasó un mes entero comiendo únicamente productos de McDonald's. La diferencia es que ahora las hamburguesas dejan paso a las alitas y los cubos familiares. Cambia el menú, pero el colesterol sigue siendo el protagonista invitado.
Según ha explicado Netflix, el documental pretende destapar "los costes ocultos detrás de nuestros antojos". Durante el experimento, Mo Gilligan viajará desde el sur de Londres hasta Estados Unidos para investigar el origen histórico del pollo frito, el funcionamiento de las grandes cadenas de comida rápida, la producción industrial avícola y las consecuencias que este modelo tiene para la salud, el medio ambiente y los hábitos de consumo.
Además, el cómico abordará la dimensión cultural del plato. Como británico negro, analizará los estereotipos asociados al pollo frito, su apropiación cultural y la manera en que ha sido utilizado por la publicidad y el marketing a lo largo de las décadas.
La producción corre a cargo de Mindhouse, responsable del reciente documental Louis Theroux: Inside the Manosphere, también estrenado en Netflix este año.
La comparación con Super Size Me resulta inevitable, aunque hay un detalle que hace aún más curiosa la coincidencia. En 2017, el propio Morgan Spurlock dirigió Super Size Me 2: Holy Chicken!, una secuela centrada precisamente en la industria del pollo. En aquella ocasión, en lugar de atiborrarse de comida rápida, abrió un restaurante temporal llamado Holy Chicken! para mostrar desde dentro las prácticas comerciales y de producción del sector.
Pese a estas evidentes similitudes, Netflix no ha explicado por qué ha optado por una premisa tan cercana a la de aquellos documentales.
El documental original de Morgan Spurlock fue nominado al Óscar y generó un enorme debate sobre la alimentación ultraprocesada. Aunque años después el cineasta reconoció que durante aquel periodo también sufría problemas de alcoholismo, lo que pudo influir en algunos de los resultados médicos, Super Size Me sigue siendo uno de los documentales más influyentes sobre los excesos de la comida rápida.
Ahora Netflix vuelve a poner el pollo en el asador. Habrá que comprobar si el experimento aporta algo nuevo o simplemente cambia las hamburguesas por los muslos. Porque, al final, si la receta funciona, en Hollywood también hay quien pide repetir.
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