Noruega se ha convertido este año en el gran verdugo de Brasil.
Primero fueron a Hollywood. Brasil llegaba con El agente secreto, convencido de que el Oscar a la mejor película internacional ya estaba reservado. Y aparecieron los noruegos con Valor sentimental. Título muy nórdico. Total, que Noruega le levantó la estatuilla a Brasil.
Y Brasil pensó: "Bueno, al menos en el fútbol nadie nos tose".
Ja.
Llega ahora el Mundial y aparece Noruega otra vez, muy tranquila, muy de bufanda tácticamente perfecta, y le endosa un 2-1 a Brasil. Ya no es un rival: es una maldición con acento escandinavo.
Los brasileños ya ven una bandera noruega y empiezan a sudar. Si llaman al telefonillo y responde alguien: “Hola, soy Sven”, no abren. “Ni se te ocurra, que nos quita otro título”.,
Es que Noruega ha encontrado el punto débil de Brasil. Antes les robaban el bacalao. Ahora les roban los trofeos.
Lo mejor es que Noruega nunca había tenido fama de potencia futbolística ni cinematográfica. Eran famosos por los salmones, los fiordos y el frío. Ahora también por dejar a Brasil con cara de emoji triste.
Mientras tanto, en Noruega están celebrando como nunca. El rey salió al balcón con una bufanda, tomó un trago de algo caliente y dijo: “Hoy es un gran día… casi hace sol”.
Y cuidado con el próximo Carnaval de Río. Como aparezca una comparsa de vikingos, los brasileños salen corriendo pensando que vienen a llevarse el sambódromo… o el premio a la mejor carroza.
Al ritmo que van, el próximo titular será: “Noruega gana el Mundial de samba, el concurso de caipiriñas y el Carnaval de Río”.
Brasileños, hermanos, no se desanimen. Ustedes siguen siendo los reyes del swing, de la playa y del “vai Corinthians”. Pero acepten el consejo: la próxima vez contraten a un director noruego para que les haga una película… y a un entrenador noruego para que les haga un equipo. Porque está claro que en este 2026, el frío le ganó al calor.
