Blog de Hildy
¿Quieres ser crítico de cine? Algunos consejos (I)
Mi compañero bloguero Juan Luis Sánchez escribió hace un par de años un apasionante post sobre cómo ser
Mi compañero bloguero Juan Luis Sánchez escribió hace un par de años un apasionante post sobre cómo ser crítico de cine con 5 lecciones. Vuelvo al tema que iré retomando de vez en cuando en nuevas entregas, pues lo cierto es que con frecuencia me preguntan sobre el tema, y otras veces observo en curtidos colegas algunas formas de hacer que me invitan a creer que tampoco a ellos les vendría mal algún que otro consejillo.
No pretenden ser estas líneas un texto perfectamente estructurado, con el que se podría al final publicar un libro. Son ideas sueltas que surgen de una experiencia de más de 20 años escribiendo de cine.
Una idea básica es pensar. Sí, pensar. Reflexionar sobre lo que se ha visto. No dejarse llevar simplemente por la primera impresión. Esto es importante sobre todo cuando nuestro juicio nos lleva a un extremo, ya sea el de “esta película es las más horrorosa de todos los tiempos” o el de “la mejor película de la década, o del milenio”. La hipérbole refleja pereza mental en el crítico, y suele ser injusta. De hecho, conozco a más de uno que ha concedido en el plazo de un año el título de “la mejor película de la década” a varios filmes, uno de ellos El árbol de la vida, por lo que deduzco que se deja guiar por un gustirrinín efímero, del momento, que una semana o un mes después se apaga ante el visionado de una nueva película. A mí siempre me ha llamado la atención que una película calificada con muchas estrellitas cuando se estrena en cine, baja su puntuación cuando un tiempo después se califica para televisión. O viceversa. Esa objetividad a la que ayuda el paso del tiempo, el crítico ha de procurarla nada más terminar el visionado de una película.
También quería advertir acerca de la tentación que supone usar frases hechas, casi siempre descalificatorias, que se usan una y otra vez para machacar a una película, sin que se sepa muy bien lo que significan. Quizá alguna vez su utilización esté justificada, pero con frecuencia revelan pereza mental, porque no se explica el motivo de un juicio que, se supone, habla por sí solo.
Por ejemplo, he leído muchas veces la expresión “una película con formato telefilm” para indicar que su realización es muy pobre o algo así. Tan desprestigiada parece la palabra “telefilm”, que algunos usan en su lugar “tv-movie” o “película hecha para la televisión” para dar mayor dignidad a la cosa. Creo que está claro que hay mucho cine hecho para televisión no sólo bueno, sino muy bueno. Steven Spielberg hizo un telefilm magnífico, El diablo sobre ruedas, que hasta acabó estrenándose en cine. O la recientemente premiada Game Change, sobre la campaña presidencial de John McCain y Sarah Palin, tiene su nivel. O sea, que cuidado, mucho cuidado, al hablar o escribir.
Pondré otro ejemplo con el que ilustres colegas descalificaban a El vuelo de Robert Zemeckis. El lamento venía del tramo final que ofrece “la inevitable moralina”. Yo soy de los que tiene la idea de que las películas deberían invitarnos de alguna forma a ser mejores personas, lo que obliga a inyectarles un cierto sentido moral. Por supuesto que se puede ser poco sutil en la propuesta, ser aquello un pastelón o un sermón demasiado obvio. Pero desde luego no considero una película mejor por contener densos nubarrones negros, decir que el mundo está fatal, que son todos unos corruptos, etcétera. Tiene más mérito y es infinitamente más difícil mostrar un camino de redención, ciertos dilemas que abruman al héroe y que debe resolver, etcétera. Despachar eso con la palabra “moralina”, sin mayor argumentación, me parece una simpleza y una falta de respeto a una película que, mejor o peor, ha precisado del esfuerzo de muchas personas que han tratado de hacer bien su trabajo.
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