Reportajes
Venecia 2008: Satélites, barcos y aviones
Las películas a concurso tenían en común la presencia de elementos tecnológicos. El Sputnik en la rusa, el barco misterioso en la adaptación de un relato de Onetti, y los aviones de combate en el anime nipón de Oshii.
El joven cineasta ruso Alexsey German Jr., que recibió la Mención Especial del Jurado en la Mostra del 2003 por El último tren, presentó ayer Paper Soldier (Soldado de papel), donde relata el momento en que Rusia empieza a modernizarse tras la muerte de Stalin y comienza los preparativos de la carrera espacial.
El nombre del Sputnik resuena por todos los rincones del país y los jóvenes rusos se entrenan día y noche para llegar adonde el hombre nunca antes ha llegado. El oficial médico Daniil Prokosvki se encarga de examinar a este grupo de astronautas, sin embargo, se tortura pensando en si merece la pena arriesgar la vida de estos jóvenes para engrandecer la patria a través de la conquista del espacio.
El director ofrece el panorama y la atmósfera que se respiraba en la etapa del “deshielo” de la Unión Soviética, a principios de los años 60, y una vez muerto el dictador. La sociedad está ebria de emoción ante el éxito que puede suponer para el país un avance tecnológico de esta relevancia, y German Jr. llama la atención sobre las obsesiones de esta gente, el idealismo exacerbado que flotaba en el ambiente y sobre cómo, tras el desastre, destruye la moral de todo un país.
El enfoque de la historia es nuevo e interesante, sin embargo su estructura carece de sentido. Al inicio la trama se sitúa en la semana previa al lanzamiento del cohete; de ahí salta con un flashback a la sexta semana, a la que van sucediendo las 5 semanas siguientes hasta llegar, de nuevo, a la semana del gran día. A partir de ahí y en adelante, el relato es lineal hasta el final. Esta distribución del relato sirve, tan sólo, para explicar un breve romance que el médico tiene con su amante en Kazajistán.
Con un estilo totalmente opuesto, Werner Schroeter presentó Nuit de chien, basada en la novela del uruguayo Juan Carlos Onetti. En ella, el realizador alemán presenta una ciudad imaginaria que es tomada por una milicia que insiste en evacuar a la población. El único modo de escapar es a través de un pasaje para subir a bordo de un barco que en breve zarpará hacia un lugar más seguro; pero nadie tiene pasajes ni dinero y la población se esconde como puede para no caer abatida por los soldados.
El espectador se recrea observando a unos personajes descaradamente teatrales, que a menudo permanecen estáticos en algún lugar del escenario, como si fueran parte del atrezzo. Sus gestos, su caracterización, la ópera de fondo, recuerdan a aquel escaparate que era Eyes Wide Shut (Stanley Kubrick), así como la atmósfera fantasmagórica de las calles remite a algunas obras de Welles.
El director invita a una reflexión sobre el existencialismo, recrea un futuro marcado por la fatalidad, por la falta de esperanza y, en especial, por el enfriamiento de las relaciones humanas. Es de ese tipo de películas que se pueden ver una y otra vez.
La última película proyectada fue The Skycrawlers, el último trabajo en animación de Mamoru Oshii. La historia es genial; ambientada en algún lugar ignoto, en un presente alternativo en que se ha conseguido establecer la paz, un grupo de jóvenes, producto de la mutación genética y conocidos como “kildren” (kids+children), se encargan de pilotar aviones de combate para seguir manteniendo la dosis de realidad que la población necesita en un mundo ya sin guerra.
Los kildren son adolescentes condenados a vivir eternamente, y cuya única misión es darle a la gente la carnaza que los mantiene vivos. Si algo me sorprendió del film es el contraste de calidad de algunas imágenes; hay escenas realmente conseguidas (los combates aéreos son un espectáculo visual) y otras, sin embargo, parecen anime del malo. También la música acierta sólo a veces; los vuelos se acompañan de melodías apocalípticas que realzan la espectacularidad, pero en otras escenas resuena un “techno” extraño, que no logro ubicar.
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