SIN ESPECIFICAR
Cannes 2011, día 16
Hoy ha llegado a Cannes la película más esperada del Festival: El árbol de la vida, de Terrence Malick. Un título ambicioso que no ha complacido a todo el mundo.
Bertrand Bonello, que no es la primera vez que se interesa por los temas eróticos –pensemos en Le pornographe (2001)–. ha querido esta vez “reabrir” un burdel de comienzos del siglo XX. Un tema tópico del cine francés, que da pie en L’Apollonide a una película coral con un grupo de personajes femeninos y una reconstrucción histórica de la “belle époque”. No falta la mirada vigilante de una “propietaria” que prepara su “mercancía”, amenazada por comportamientos nada bondadosos. Hay, por ejemplo, un sádico, de apariencia agradable, que marcara el rostro de una de las prostitutas.
Bonello intenta jugar la baza de la estética. Es bien sabido que ciertos pintores de la época frecuentaban los burdeles y que a veces los abordaban como temas de sus cuadros. Aquí se juega con los colores vivos y la idea de cierto homenaje pictórico a la belleza femenina. Pero, como ocurre siempre en este tipo de películas, es difícil huir de una cierta complacencia, que hace del desnudo algo comercial más que artístico. Queda, naturalmente, el lado sociológico de la profesión, la solidaridad de la “maison close”, desaparecida con el cierre de estos establecimientos que son contrarios a la dignidad femenina de la que tanto se habla hoy. Paradójicamente la película en sus últimas imágenes parece desear la reapertura de los prostíbulos. Algo que es difícil de admitir, precisamente cuando en Francia se habla, como en ciertos países nórdicos, de imponer penas a los clientes.
El Oratorio de Terrence Malick
El árbol de la vida era la película más esperada del Festival, casi la más esperada durante un año entero, puesto que la película se dio como probable en la seleccion del año pasado. Tal reputación no ha sido desmentida; media hora antes de la proyección la sala estaba ya completamente llena. Digamos, para ser justos, que la película no ha convencido a los espectadores, y que ello es quizá inevitable dada la complejidad de una obra que escapa a toda clasificación fácil. Precisemos para comenzar, que de 140 minutos que dura la película, la media hora inicial está consagrada a imágenes destinadas a mostrarnos el origen cósmico del universo y la creación divina, puesto que la Biblia es a menudo utilizada, sobre todo el Libro de Job, y que continuamente una voz off se expresa en forma de oración.
Estaríamos tentados de decir que en El árbol de la vida Terrence Malick nos propone una larga oración, una sinfonía, sobre la vida y la muerte, pero aún mejor convendría el termino musical de “Oratorio”, dadas sus implicaciones religiosas. En todo ello se inserta la historia de una familia, las relaciones de padres a hijos, los lazos de la fraternidad y, cómo no, la idea de la muerte.
Cuando del cosmos pasamos a la realidad de la familia O’Brien, es para enterarnos de la muerte de uno de los tres hijos que la componen. La vida de la familia es evocada por Jack (Hunter McCracken), el hijo mayor, que en 1950 tenía una quincena de años, quien ha padecido a un padre autoritario (Brad Pitt), pero a cambio de ha beneficiado de una madre generosa (Jessica Castain). Los conflictos familiares, que tienen sin duda una parte autobiográfica, son el centro de la acción de la película, con la lenta transformación del padre, que comprenderá sus errores. Por momentos la película abandona la anécdota de la vida de los personajes, para insertarlos en una dimensión transcendente, evocada en imágenes sumamente bellas y expresivas.
Decía más arriba que la recepción en Cannes no ha estado a la altura de la expectación creada. Quizá el problema reside en la inserción de una historia precisa, con fechas concretas y problemas conocidos –la dureza de una educación puritana, las tensiones que esta produce en los hijos y en el matrimonio, el drama de la pérdida de un hijo, etc.–, en la visión transcendente que Malick nos ofrece con imágenes fastuosas, de una belleza indudable. Quizá sea necesaria una segunda visión para descubrir todas las potencialidades que encierra esta película.
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