SIN ESPECIFICAR
Cannes 2011, día 17
Llegados a la mitad del Festival, resulta preciso señalar la coexistencia entre temas sórdidos y comedias ligeras, y hacer un primer balance mitigado de la selección, sin olvidar los posibles candidatos a la Palma de Oro.
Cada película de Aki Kaurismäki es siempre “una buena acción”. Su cine trata a veces de temas conflictivos, no oculta la existencia del mal, pero como el director finlandés afirma con humor, él “prefiere el cuento en el que Caperucita Roja devora al lobo”. Este es el caso de Le Havre, rodada en el famoso puerto francés, elegido después de haber recorrido varios países de Europa donde el tema que trata –el de la inmigración clandestina–, existe. Si finalmente ha elegido Le Havre ha sido porque es un paso hacia Londres, donde van muchos de los emigrantes clandestinos que atraviesan Europa.
Marcel Max (André Wilms) es un ex escritor bohemio, originario de un país del Este, establecido legalmente hace tiempo en Francia en compañía de su esposa Arletty (Kati Outinen). Su oficio actual resulta simbólico de una cierta degradación social: limpiabotas. Pero todo es armonioso en este hogar sin hijos, pronto amenazado por la enfermedad de Arletty, que debe ser hospitalizada, con un pronóstico severo que consigue ocultar a su marido. La verdadera aventura de Marcel comienza el día en que descubre a un muchacho negro, huido de un contenedor cargado de emigrantes clandestinos venidos del corazón de África. Idrissa (Blondin Miguel) desea ir a Londres, donde se encuentra su madre como trabajadora clandestina. Le ayudará con energía con otros vecinos franceses. Hay también un Inspector de Policía (Jean-Pierre Darroussin), de misteriosas intenciones.
Aki Kaurismäki deseaba consagrar una película al tema de la inmigración, capital en la Europa moderna, y agudizado por la crisis económica. Lo hace sin asperezas, poniendo en marcha un sistema de solidaridad, que debe forzosamente oponerse a las leyes del Estado de Derecho, enfrentado a su vez con un problema mayor de la sociedad moderna. Hay ciertamente una ingenuidad asumida, un deseo de hacer triunfar una solidaridad que bien podría llamarse caridad, pues no falta una alusión a las afirmaciones de Jesús en el Sermón de la Montaña. El cine de Kaurismäki, y más con el paso del tiempo, es capaz de reunir realismo y fantasía con una naturalidad pasmosa que cautiva al público, como en el glorios final, que ha puesto en pie en un aplauso unánime a los espectadores de Cannes.
Jodie Foster se reúne con Mel Gibson
La casi ausencia de películas americanas acentúan la importancia, un poco sorprendente, es necesario precisarlo, de El castor, que será estrenada en Francia con el título de “El complejo del Castor”, y que ha sido presentada en sesión especial fuera de concurso. Se trata ciertamente de una película americana e incluso muy americana, con esa preferencia que existe del otro lado del Atlántico por los casos extremos.
Walter Black (Mel Gibson), casado con Meredith (Jodie Foster) y con dos hijos, uno ya adolescente, director de una empresa de juguetes, padece una depresión, que le obliga a separarse de su familia. Un cierto contacto se establece dos años más tarde, pero Walter solo se expresa à través de la marioneta de un castor que manipula con su mano derecha. La esposa, que ama a su marido, acepta lo que parece un juego, mientras que el hijo mayor, Porter (Anton Yelchin), ve un nuevo signo de deficiencia mental. Hecho importante, la empresa de juguetes lanza una marioneta de castor que renueva su fortuna pero al mismo tiempo el castor, en un curioso desdoblamiento de personalidad, se impone al personaje. La película, cómica hasta entonces, entra en una fase dramática. Jodie Foster ha dirigido una vez más -después de El pequeño Tate y A casa por vacaciones- una película familiar que es fiel al famoso “happy end” americano.
Podemos preguntarnos por qué esta película se encuentra en Cannes. Hay sin duda varias razones: la primera, ya apuntada, cumple el objetivo de incluir en la lista una película estadounidense; la segunda, lograr que venga a Cannes Jodie Foster, muy popular en Francia. Sin duda también existía el deseo –frustrado– de ver subir las escalos del “Palais” a Mel Gibson, uno de los cineastas más prestigiosos del elenco hollywoodiense.
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