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Biografía

Mel Gibson

Mel Gibson

64 años

Mel Gibson

Nació el 03 de Enero de 1956 en Peekskill, New York, EE.UU.

Premios: 1 Oscar (más 1 nominaciones)

Es complicado

04 Enero 2011

Mel Gibson es de esos cineastas que hacen honor al tópico de que el artista genial debe ser un hombre atormentado e inclinado a los excesos, buscador de la belleza y de las más altas metas espirituales, pero incapaz de mantener el tan deseable equilibrio en la vida personal.

Aunque siempre se alude a Mel Gibson como cineasta australiano, lo cierto es que nació en Peekskill, Nueva York, un 3 de enero de 1956. Eso sí, sus ancestros procedían de Australia, y el caso es que siendo chaval Mel y su numerosa familia –eran once hermanos nada menos, de los que el cineasta hacía el sexto– se trasladaron a Nueva Gales del Sur, en dicho país. Realizaría estudios universitarios en Sidney, y también se preparó para actor en el Instituto Nacional de Arte Dramático, donde tuvo como compañeros a otros intérpretes ilustres como Geoffrey Rush y Judy Davis.

Mel haría alguna aparición en televisión, pero era en el cine donde le estaba esperando una fama que llegó casi inmediatamente por cierto guerrero de un mundo postapolíptico, al que interpretó en tres filmes a las órdenes de George Miller: Mad Max, salvajes de la autopista (1979), Mad Max 2, el guerrero de la carretera (1981) y Mad Max, más allá de la cúpula del trueno (1985). Su aparición estelar en estas moviditas películas la conjugó con un papel más dramático en Tim (1979), donde trabajó junto a Piper Laurie, y que le valió un galardón en su país. Por aquella época, 1980, conocería a su esposa Robyn Moore, una enfermera con la que se casó y tuvo siete hijos. Aquello parecía un matrimonio modélico, pero la separación llegaría en 2009. Ambos cónyuges han sido muy discretos acerca de la ruptura, aunque cabe pensar en la inmensa paciencia de ella por el difícil carácter de él; el caso es que Gibson iniciaría una relación con la cantante rusa Oksana Grigorieva, con quien ha tenido una niña, cuya custodia se disputan ahora ambos, pues ella ha acusado a Mel de malos tratos.

Otro cineasta australiano de prestigio con el que trabajó Gibson fue Peter Weir. Con él consolidó su talento actoral, al que estaba asociada una innegable fotogenia, de modo que brilló en el alegato antibelicista Gallipoli (1981) y en la película de periodistas de guerra El año que vivimos peligrosamente (1982), donde compartió planos con Sigourney Weaver.

La llamada de Hollywood llegó enseguida para Mel, y su primera incursión en el cine de allá fue con Motín a bordo (1984), revisión de las andanzas en el mar del Bounty, junto a un entonces poco conocido Anthony Hopkins. Le seguiría Cuando el río crece (1984), una de agricultores con Sissy Spacek, y sobre todo el inicio de la saga de Arma letal (1987), una de polis colegas de caracteres contrapuestos. Su personaje alocado de Martin Riggs, buen tipo pero con salidas de tono, se diría profético de los problemas con el alcohol y su lengua demasiado suelta, que le complicarían la vida en el futuro.

Pero entonces Mel Gibson se había integrado con pleno derecho en el ‘star-system’, y hacía pelis de acción y comedias muy exitosas como Conexión tequila (1988) y Dos pájaros a tiro (1990). Lo que no le impedía acometer papeles más ambiciosos, como el del príncipe de Dinamarca en Hamlet (1990), dirigido por Franco Zeffirelli.

Nadie esperaba que el actor fuera a iniciar una brillantísima carrera como director, pero lo hizo debutando con El hombre sin rostro (1993), un film con relación ambigua entre maestro con la cara desfigurada y su discípulo, un chaval que prepara su ingreso en una academia militar. Logró Gibson un magnífico resultado, aunque era difícil prever que con Braveheart (1995) llegaría a lo más alto; su film sobre un líder escocés del siglo XIII ganó el Oscar a la mejor película, y le supuso el galardón al mejor director.

Mel siguió interpretando, e hizo composiciones de interés en Rescate (1996), Conspiración (1997) o El patriota (2000), aunque algo había cambiado en el cineasta. Parecía ahora decantarse por películas con valores que encajaran en su visión del mundo, como pudo verse en Cuando éramos soldados (2002), una cruda mirada a la guerra y a los principios castrenses, y Señales (2002), donde su personaje de sacerdote atravesaba una crisis de fe. Católico practicante, aunque se confiese pecador, Mel Gibson es un apasionado defensor de la familia y del derecho a la vida, y de hecho algunas de sus declaraciones muy nítidas en ese sentido le han valido acendradas críticas con etiquetas tipo “ultraconservador cavernícola” y semejantes.

Los comentarios negativos no afectaron a Mel Gibson, entonces casado y padre de siete hijos, que se lanzó al proyecto más personal de su carrera, La Pasión de Cristo (2004), una fidelísima mirada a las últimas horas de Jesús en la Tierra, una verdadera declaración de amor, audaz por su hiperrealismo y por el uso de las lenguas de la época, y que se vio envuelta en una artificial polémica que no impidió un asombroso éxito en taquilla. El público cristiano respondió masivamente al film, y se hablaba de conversiones de gente de muy diverso pelaje por todo el mundo.

Seguiría Gibson con su cine personalísimo y entregó otro gran film, Apocalypto (2006), una original y dinámica mirada a la decadencia de los mayas, parábola de la civilización actual. De ritmo impresionante, el cineasta volvía al hiperrealismo y a las lenguas de la época en que transcurre la acción.

Daba la impresión de que el cineasta estaba olvidando su faceta actoral, pero en 2010 volvió con Al límite, donde da vida a un policía, padre sufriente. Tiene pendiente de estreno The Beaver, donde ha trabajado junto a Jodie Foster, con la que ya coincidió en Maverick (1994). Lo que el futuro le deparará no está claro, pues los problemas personales le están pasando factura, y muchos en Hollywood le consideran un apestado. Su deseo de rodar con Leonardo DiCaprio una película sobre los vikingos puede pasar a dormir en el limbo de los filmes nunca rodados, aunque algunos confiamos en que este ‘braveheart’ renazca de lo que algunos creen sus cenizas para seguir ofreciéndonos cine de primera división.

Oscar
2017

Nominado a 1 premio

Oscar
1996

Ganador de 1 premio

Filmografía
Waldo

2020 | Waldo

La historia de un antiguo policía de Los Ángeles (Charlie Waldo) que vuelve a la acción como detective privado para investigar el asesinato de la esposa de una estrella de la televisión.

Boss Level

2019 | Boss Level

Entre la razón y la locura

2019 | The Professor and the Madman

Notable debut en la dirección del cineasta nacido en Irán Farhad Safinia, que escribió para Mel Gibson el guion de Apocalypto. Adapta el libro de Simon Winchester, que documenta con magnífica recreación de la época y acertadísimo reparto, hechos reales acerca de la confección del Diccionario de Inglés de Oxford, una titánica tarea que llevó más de 50 años, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Se centra sobre todo en cómo se cruzan los caminos de dos personajes que parecen completamente dispares: James Munray, editor del diccionario, sabio en lenguas a pesar de no tener titulación universitaria, feliz padre de familia numerosa y hombre de fe; y el doctor W.C. Minor, recluido en el manicomio de Crowthorne en Berkshire, enajenado mental que en un momento de manía persecutoria asesinó a un hombre. Cuando Munray pide la ayuda de miles de voluntarios desinteresados, para que documenten con citas de textos históricos el posible origen y uso de las palabras del diccionario, uno de los más activos resulta ser Minor; la tarea parece incluso servirle de terapia, al mismo tiempo que desea reparar el daño causado a la viuda e hijos del asesinado traspasándoles la integridad de su pensión. Safinia sabe manejar bien el libreto firmado por John Boorman, Todd Komarnicki y él mismo, que sabe tocar palos diversos con gran sabiduría. Así, habla de razón y locura, pero también de fe y ciencia, y de la fuerza del amor, el perdón y la reparación, conceptos muy presentes a lo largo de la narración, y que nunca están metidos con calzador o con la intención de ofrecer moralina barata. Late la capacidad del hombre, por muchos horrores que pueda cometer, de alcanzar la redención, tocado por la gracia y por la caridad de los que se mueven a su alrededor. Y además se pinta bien las dificultades con la que toca moverse en el mundo académico, donde la exigencia de resultados a toda costa, y los celos y rivalidades, pueden poner en peligro las empresas más honrosas. Da gusto ver lo bien que están introducidas las citas literarias, en la medida justa, y que ilustran no solo el origen de una palabra, sino también las situaciones que afrontan en un momento dado los personajes. El reparto está sencillamente espléndido, con dos colosos como Mel Gibson y Sean Penn, el profesor y el loco doctor, en los momentos en que comparten escena saltan las chispas de la emoción. Están también muy bien el resto de personajes secundarios: la viuda interpretada por Natalie Dormer, la esposa de Murray a la que da vida Jennifer Ehle, Eddie Marsan como el vigilante del manicomio que descubre el valor de la misericordia, o los distintos actores que dan vida a profesores y académicos, donde destaca Steve Coogan.

7/10
Dragged Across Concrete

2018 | Dragged Across Concrete

En la ficticia ciudad estadounidense de Bulwark, el afroamericano Henry Johns acaba de salir de la cárcel. En casa, el panorama que se encuentra no puede ser más desolador, su madre se prostituye y mantiene encerrado al hermano paralítico, entretenido con un videojuego. Un colega le propone un “trabajo”, hay que traer dinero al hogar. Mientras, la pareja de policías compuesta por Brett Ridgeman y Anthony Lurasetti acaba de ser suspendida de empleo por seis meses, por exceso de celo, amedrentaron más de la cuenta a unos criminales. Hartos, y con necesidades pecuniarias, planean robar a un camello para hacer frente a las mismas. Pero se encuentran con algo mucho más gordo, el violento atraco a un banco. Craig Zahler, director y guionista, entrega un largo y potente drama policíaco, fiel a las claves estilísticas y temáticas de sus anteriores filmes, los violentos Brawl in Cell Block 99, cinta carcelaria, y Bone Tomahawk, en clave de peculiar western. Con elementos de ambigüedad moral que hacen evocar el cine negro, de algún modo recuerda su propuesta a las películas de Sidney Lumet, al pintar las dificultades a las que se enfrentan las fuerzas del orden y los delincuentes, bandos a veces más próximos de lo que podría pensarse, en que las injusticias del sistema les ponen a prueba y les enfrentan a importantes dilemas; también viene a la cabeza un film infravalorado, El tiempo de los intrusos, interesante cinta en que los personajes también acuden a soluciones heterodoxas para engordar sus cuentas corrientes. Y es que no es fácil llevar una vida honrada, y para prosperar en el cuerpo hay que entrar en el juego del politiqueo, lo que incluye plegarse a lo políticamente correcto, no vayan a tacharte de racista. Zahler pinta así el peso del entorno urbano, de los barrios que no te dejan respirar, y que empujan a la toma de decisiones discutibles, en la búsqueda utópica de una vida mejor. El director imprime al film un estupendo ritmo, y eso que dura más de dos horas y cuarto. Pero se excede en la violencia, lo que incluye elementos gore totalmente gratuitos; y hay algún pasaje que chirría, como el de la madre que tras un permiso tras el naciimento de su bebé, se resiste a volver al trabajo. En cualquier caso, el saldo es muy positivo, pues sabe combinar las escenas de acción –sobre todo el duelo nocturno de vehículos, un furgón y un automóvil, pero también los asaltos y operaciones armadas–, con los pasajes dramáticos que definen a los personajes, con Ridgeman sufriendo por la esclerosis de su esposa, antigua policía, y el acoso en la calle de su hija adolescente, y Lurasetti pensando en casarse. Tanto Mel Gibson como Vince Vaughn dan bien el tipo de policías cansados, el primero canoso y lejos del paradigma de agente alocado que creó para la saga Arma letal. En el otro lado, destaca Tory Kittles, aunque está bien todo el reparto de secundarios, incluidos los actores que llevan capucha gran parte del metraje, y cuya violencia salvaje y sin sentido produce escalofríos.

7/10
Dos padres por desigual

2017 | Daddy's Home 2

Brad (Will Ferrell) y Dusty (Mark Wahlberg) se las han apañado para lograr lo que nadie ha logrado: compartir amistad y paternidad (uno como padre natural, el otro como padre adoptivo). Todo va a pedir de boca hasta que entran en escena el autoritario y machista padre de Dusty, Kurt (interpretado por Mel Gibson), y el sensiblero y emotivo padre de Brad, Don (interpretado por John Lithgow)... ¡justo a tiempo para las Navidades! Horrorizado ante el estilo progresista de educación empleado por Brad y Dusty, Kurt se propone romper la relación entre los dos. A medida que aparecen las primeras grietas en su amistad... ¿podrán los chicos demostrar a Kurt que su estilo moderno de educación funciona y pasar la mejor Navidad en familia de la historia?

Blood Father

2015 | Blood Father

Lydia Link se ve obligada a disparar contra su novio, para impedir que mate a una mujer a sangre fría, durante un atraco a los miembros de un cartel de la droga. En su huida desesperada, la muchacha pedirá ayuda a su padre, John, que en libertad condicional trata de salir adelante con un honrado trabajo como tatuador. Mel Gibson no protagonizaba un film desde Vacaciones en el infierno, de 2012, aunque ha intervenido después como secundario en Los mercenarios 3 y Machete Kills. Mientras preparaba su retorno a la realización, también tras un largo paréntesis, Hacksaw Ridge, ha aceptado ponerse a las órdenes del francés Jean-François Richet (Asalto al distrito 13) en un papel que tiene algo de autobiográfico, al tratarse de un delincuente en busca de redención, el actor y realizador parece estar pidiendo perdón por los errores del pasado que dieron al traste con su carrera. El actor realiza un digno trabajo, en un personaje bien construido sobre el papel, delincuente que intenta regenerarse, y que por amor a su hija será capaz de todo. Están a su altura compañeros de reparto tan ilustres como William H. Macy y Diego Luna. Gracias a esto, y a una realización eficaz que huye del efectismo, sobre todo en unas secuencias de acción muy bien resueltas, se puede pasar por alto que el guión sea previsible y carezca por completo de originalidad.

6/10
Los mercenarios 3

2014 | The Expendables 3

Tercera entrega de la saga de Los mercenarios, sin trampa ni cartón, da lo que se espera de ella, mucha acción adrenalítica, actores del género entrados en años –los habituales y nuevos fichajes–, sangre fresca –actores jovencillos, como la debutante luchadora, muy popular en Estados Unidos, Ronda Rousey– y autoparódico sentido del humor. La fórmula inventada por Sylvester Stallone vuelve a funcionar, esto resulta innegable. Y en tal sentido, la trama es casi lo de menos, un esqueleto con la mínima consistencia requerida: Barney Ross está a punto de perder a uno de sus hombres en una misión donde descubre que su eterno enemigo Stonebanks, con el que fundó el grupo de los "Expendables" sigue vivo y más villano que nunca; ve que él mismo y sus chicos ya están mayores, así que para cazar a Stonebanks recluta a un equipillo de jóvenes, menos brutos que sus antecesores y que saben algo de informática; pero claro, al final tendrá que tirar de los "viejos carrozas". La película es entretenida, y tienen gracia algunas de las nuevas incorporaciones, sobre todo Harrison Ford, Mel Gibson, Wesley Snipes y Antonio Banderas, que han tenido margen en algún caso para la disparatada improvisación. La idea de Galgo "Banderas" como un pesado que nunca deja de hablar, pese a cierto histrionismo, da pie a algunos de los momentos más divertidos de la función, donde la complicidad con el espectador permite reírse sanamente de sí mismos a los actores, "Hemos pasado un buen rato", dice Stallone a Ford en cierto momento de la película, frase que presenta inequívocamente un doble sentido sobre el espíritu que guía a estas películas.

5/10
Machete Kills

2013 | Machete Kills

3/10
Vacaciones en el infierno

2012 | Get the Gringo

Vacaciones en el infierno supone el debut como director de Adrian Grunberg, ayudante de dirección de reconocidos títulos, entre ellos Apocalypto. El director de aquél, Mel Gibson, ejerce como productor, coguionista y actor principal. En Vacaciones en el infierno, un delincuente estadounidense es detenido por unos policías mexicanos que se quedan con el dinero del botín, y le encierran en El Pueblito, una curiosa prisión. Allí, los presos están hacinados en condiciones infrahumanas aunque los que pueden pagar gozan de diversos privilegios, pueden vivir en casas con su familia, ir de tiendas (parece una auténtica ciudad) o incluso viven a todo lujo. En su lucha por la supervivencia, el gringo entablará amistad con un niño que permanece en El Pueblito junto a su madre, que cumple condena. Por desgracia, Javi, un jefe mafioso enfermo, planea que le trasplanten el hígado del chaval para seguir con vida. Se podría decir que Mel Gibson ha apadrinado a su amigo Grunberg, pero últimamente, el nombre de la estrella más que un respaldo viene a suponer un problema, por la animadversión que parece suscitar en la industria tras sus polémicas declaraciones antisemitas y ser juzgado por maltrato. Sólo el rechazo hacia Gibson explica que este film, tras una noche de estreno en que pudo ser visto en algún cine, haya ido a parar directamente al mercado de la televisión pay-per-view, en Estados Unidos. Pero hablando de lo estrictamente cinematográfico, estamos ante un film de lo más ameno, que podría haber funcionado comercialmente. En Vacaciones en el infierno, Mel Gibson vuelve a apostar por la mezcla de humor y acción, en la línea de su gran éxito Arma letal, y se llega incluso a bromear sobre el gran Clint Eastwood cuya voz en inglés imita el protagonista bastante bien. Falta algo de convicción en alguna secuencia de acción con granadas, y quizás la trama a veces se hace un tanto predecible. Pero a Gibson le viene que ni pintado su misterioso personaje sin nombre (muy en la línea de memorables westerns), que se toma la vida con sarcasmo, en plan personaje de novela de Elmore Leonard. Se nota el toque Icon, productora del actor, en la recreación casi documental de la prisión mexicana –inspirada en una que hubo en Tijuana, donde vivían familias completas– y en que incluye muchas secuencias en español para darle más realismo, hasta el punto de que Gibson llega a expresarse en la lengua de Cervantes. Entre los secundarios, destacan los siempre sorprendentes Daniel Giménez Cacho y Peter Stormare en registros de villano.

6/10
El castor

2011 | The Beaver

Walter Black debería ser feliz... pero no lo es. Casado, con dos hijos, dirige una empresa juguetera... y está sumido en una profunda depresión. Después de intentarlo todo para arreglar las cosas, Meredith, su esposa, le ha dejado. Refugiado en el alcohol y con ideas suicidas, llega una inesperada tabla de salvación: la marioneta de un castor, perpetuamente unida a su mano, y gracias a la cual logra expresarse, conectar con los demás y consigo mismo. Pero la línea que separa una curiosa terapia y la locura puede ser muy tenue. Notable regreso a la dirección de la actriz Jodie Foster, quince años después de A casa por vacaciones. Quizá le falta un punto de emoción genuina a su film, pero demuestra gran oficio, y el deseo siempre loable de abordar cuestiones de entidad. Como en sus otras películas como directora, se reserva además un papel coprotagonista. Y de nuevo reincide en un tema común a gran parte de su filmografía –piénsese en títulos como El silencio de los corderos, Nell, El pequeño Tate...–, el problema de la comunicación con los demás, y singularmente con los seres más queridos, la propia familia. Cuenta para ello con un guión de Kyle Killen, con varios puntos de interés. Desde luego, es original el punto de partida, el otro yo de Walter volcado en la marioneta del castor, donde se logra un difícil equilibrio entre lo dramático y lo cómico, lo surrealista e incluso lo terrorífico. También tiene interés la subtrama del hijo adolescente, Porter, que rechaza a su padre, con el que presenta similitudes que lejos de agradarle le producen temor. La soledad, el autoengaño, la herencia genética, el conocimiento propio, la humildad para dejarse ayuda, las modas, el impacto de los medios de comunicación, son ideas que enriquecen la trama. La película presenta un subtexto indudable, la formidable interpretación que entrega Mel Gibson de su personaje tiene una base en su propia vida, sus muy aireados por la prensa problemas personales, y se nota para bien; su trabajo es poderoso, tanto al mostrar el dolor y las contradicciones de Walter, como en su intereactuación con la marioneta, el actor se diría que es un experto ventrilocuo. También se advierte, como en sus anteriores filmes manejando la cámara, que Foster es una buena directora de actores. Está su propio trabajo, por supuesto, un papel difícil el de esposa que no quiere tirar la toalla, que debe ser sobrio y contenido. Pero también el de Riley Thomas Stewart, el hijo pequeño, y el de los adolescentes Anton Yelchin y Jennifer Lawrence, que encarnan bien la idea de buscar un lugar en el mundo.

6/10
Al límite

2010 | Edge of Darkness

Thomas Craven, un maduro policía de Boston, acoge en su casa a Emma, su única hija, a la que hace tiempo que no ve. Inesperadamente sufre en la puerta del hogar un ataque brutal donde Emma se lleva la peor parte. De modo no oficial Craven investigará quién está detrás del atentado; sus compañeros de la policía creen que se trata de la venganza de un criminal relacionado con alguno de sus casos, pero nuestro hombre empieza a sumar razones que apuntan a que el ataque tenía que ver más bien con su hija, ingeniera nuclear, que trabajaba con una empresa privada, contratista de Defensa. Poderosa adaptación de una miniserie británica de los 80, a cargo del mismo director, Martin Campbell. Se trata de un trepidante thriller que supone el regreso a la interpretación de Mel Gibson tras siete años de ausencia en las pantallas. Y recuerda a algunos títulos de Gibson, como Conspiración y Rescate. Destaca el ritmo endiablado, con golpes inesperados que te descolocan, y la composición de los personajes a base de lo que se diría trazos impresionistas, sin que tengamos en ningún momento su ‘foto completa’. El guión de William Monahan y Andrew Bovell funciona, crean una incómoda sensación de que fuerzas ocultas, con la connivencia de las autoridades, ponen en peligro la vida de los ciudadanos con métodos nada ortodoxos; una tupida telaraña de intereses y falta de escrúpulos, a la que debe enfrentarse el héroe corriente y moliente en solitario, el ‘amigo’ Mel, que compone bien su personaje. No estamos ante una película de tesis –las críticas a la industria armamentísticas o la falta de ética de determinadas instancias paragubernamentales, encarnadas por el villano de Danny Huston, no dejan de ser excusas argumentales–, aunque sí se subraya la necesidad de un código moral para funcionar por la vida, en el intercambio que tiene Craven con su compañero interpretado por Jay O. Sanders. En tal sentido también proporciona un interesante contrapunto la némesis de Craven, el ‘arreglaproblemas’ Jedburgh (Ray Winstone), que empieza a cuestionarse sus acciones.

6/10
El detective cantante

2003 | The Singing Detective

Aquejado de psoriasis, enfermedad de origen mental que ha dejado su cuerpo prácticamente desfigurado, con horribles manchas, Dan Dart, un escritor de novela negra, ingresa en un hospital. Para olvidar su estado de depresión rememora mentalmente las escenas de su primer libro, El detective cantante, pero pronto estos recuerdos se convierten en alucinaciones. Le ayudará a superar la enfermedad el doctor Gibbon, un carismático psiquiatra. Personajes y situaciones de cine negro, secuencias oníricas y hasta números musicales. No cabe duda de que estamos ante una producción singular e inclasificable, especialmente indicada para los amantes de la originalidad. Se trata de una adaptación de la teleserie homónima producida por BBC y escrita por el dramaturgo británico Dennis Potter en los 80. Potter dejó terminado el guión cinematográfico antes de morir en 1994. En una brillante interpretación, que incluye secuencias en las que aparece transformado por el maquillaje, Robert Downey Jr. encabeza un reparto de primera. También resulta casi irreconocible Mel Gibson, que ejerce de productor, y se ha reservado el papel del psiquiatra.

4/10
Cuando éramos soldados

2002 | We Were Soldiers

Tras el revisionismo a que ha sido sometido el tratamiento fílmico de la Segunda Guerra Mundial (Salvar al soldado Ryan y La delgada línea roja sumaban, a la seguridad del cine de antaño de que se combatía por una causa justa, el a veces obviado horror de cualquier guerra), le toca el turno a la Guerra de Vietnam. Acostumbrados a personajes tarados, sobre los que pesan mil y un traumas, sorprende gratamente Cuando éramos soldados, una película que viene a recordar que el comportamiento heroico es posible en cualquier conflicto bélico. Incluso en aquél cuyas motivaciones de fondo son discutibles. El material perfecto para este nuevo punto de vista lo proporciona "We Were Soldiers Once… and Young", libro escrito al alimón por el teniente general ya retirado Harold G. Moore y el corresponsal de guerra Joseph L. Galloway. Ambos fueron protagonistas de una acción de guerra en la Zona de Rayos X, en el valle de Drang, y plasmaron sobre el papel su experiencia y la de los hombres con los que combatieron. Randall Wallace, guionista de Braveheart y Pearl Harbor, y que había dirigido la entretenida El hombre de la máscara de hierro, filma con aplomo su historia, y la insufla de un tono épico. Sin ocultar el horror –algunas escenas bélicas son sencillamente espeluznantes–, calan en la humanidad de sus compañeros, en su heroísmo cotidiano. Los soldados son personas normales, con familia, que rezan y aman, que se esfuerzan por vivir el espíritu de las viejas virtudes castrenses. Esto no quita para que haya muerte y destrucción por doquier (se menciona expresamente la masacre que sufrió el general Custer, como referencia), o momentos en que los nervios se rompen. Pero se evita el sadismo que se había convertido en “marca de la casa” del subgénero vietnamita. Humanizar no significa dulcificar o suavizar el infierno bélico. Es dar la “foto” completa.

6/10
Señales

2002 | Signs

El plano con que se inicia Señales es un magnífico botón de muestra del dominio de la narrativa cinematográfica alcanzado por el director y guionista de origen hindú M. Night Shyamalan. Vemos en una mesita de noche una foto de rostros sonrientes, un clérigo rodeado de su familia. De pronto el clérigo, que está acostado en la cama, se despierta sobresaltado de una pesadilla. Al incorporarse, la fotografía queda oculta. De modo gráfico no exento de intriga, Shyamalan resume el tema de la película: la angustia de una familia, apagada tras la muerte de la madre en accidente de tráfico. Acontecimiento especialmente traumático para el padre Graham Hess, pastor presbiteriano que ha visto removidos los cimientos de su fe, hasta el punto de colgar el traje clerical. Y lo que le sostiene, el amor a sus dos hijos, parece no acabar de bastar. Aunque le eche una mano su hermano Ferrill, que generosamente se ha venido a vivir con ellos. Una lectura superficial del film podría llevar a definirlo como la versión Shyamalan de Encuentros en la tercera fase. Pero las señales que aparecen en los campos de maíz de Graham, y que provocan la desazón mundial (¿será un fraude?, ¿constituyen las pistas de aterrizaje de una invasión alienígena?) no son un puro divertimento ni una especulación vacía. El director filma con extraordinaria fuerza, planifica con ángulos novedosos. Crea atmósferas inquietantes, apoyado en la banda sonora y en los efectos de sonido. Y hace mil y una variaciones sobre un mismo tema, la incomunicación, mal endémico, de modo paradójico, en nuestra sociedad mediática. Aunque los filmes de Shyamalan tienen una veta indudablemente sobrenatural, resulta decisivo también el cuidado de su aspecto realista. Están llenos de pequeños detalles cotidianos, y de golpes de humor (el uso que se hace en el film del papel de plata no tiene precio), que para nada están metidos con calzador. El director asegura que “las películas sobrenaturales suelen tener una especie de pliego de descargos al principio, que viene a decir algo así como que nada de lo que van a ver es real, etcétera, etcétera. Yo intento prescindir de ese etcétera, etcétera.”

7/10
The Million Dollar Hotel

2000 | The Million Dollar Hotel

Tom Tom (Jeremy Davies), un joven inquieto y servicial, pero desequilibrado. Eloise (Milla Jovovich), desorientada y prostituta a la fuerza. Skinner (Mel Gibson), brutal agente del FBI... Son tres tipos de la galería de personajes del último film del alemán Wim Wenders. Junto a ellos hay otras desconcertantes figuras: un loco que se cree John Lennon, un indio estafador, una cuarentona neurótica, una anciana ida... A todos les une el Hotel de un Millón de Dólares: una pocilga donde malvive este puñado de indeseables y desheredados. Su triste estilo de vida podría cambiar tras la inesperada muerte de Izzy (¿asesinato, suicidio?), un drogadicto que tiene encandilado al edificio entero. Wenders repite algunas ideas de El final de la violencia con un argumento original de Bono, cantante y líder del grupo musical U2, que, por supuesto, también interviene en la vibrante banda sonora. Se trata de una película de atmósfera diferente, que invita a pensar en los problemas de una sociedad cada vez más deshumanizada.

6/10
El patriota

2000 | The Patriot

Carolina del Sur. 1776. Benjamin Martin es un viudo, padre de una numerosa prole, y dueño de una plantación. Antaño intervino en varias guerras, pero ahora lo más importante para él es su familia. Por eso, cuando en la Asamblea de Charleston se habla de luchar contra Inglaterra para lograr la ansiada independencia, Benjamin rehúsa apoyar la causa. Lo que contraría sobremanera a Gabriel, el hijo mayor, que decide ir a la guerra por su cuenta. Los hechos, que son tozudos, obligarán al propio Benjamin a replantearse su postura en la guerra de independencia. Magnífica película que, curiosamente para el tema patriótico que aborda, viene firmada por un alemán: Roland Emmerich (Independence Day, Godzilla). El director cambia completamente de género al filmar una historia de aventuras, donde al final queda claro que, para defender la propia familia, hay que luchar también por el país o la sociedad donde esa familia convive con otras muchas familias. Sin posturas patrioteras sonrojantes, Emmerich logra, gracias al medido guión de Robert Rodat (autor también del libreto de Salvar al soldado Ryan), una película emocionante, donde se conjuga el drama de los personajes (sobre todo el enfrentamiento padre-hijo, y contra el enemigo inglés), con magníficas escenas bélicas. Mel Gibson demuestra una vez más que su carisma no es casual, mientras que el el joven Heath Ledger sostiene el personaje del hijo con aplomo.

6/10
¿En qué piensan las mujeres?

2000 | What Women Want

El ambiente y la formación que Nick (Mel Gibson) ha mamado desde su más tierna infancia le han hecho desarrollar unos modos un tanto machistas. Divorciado y con una hija, está acostumbrado además a que no haya mujer que se le resista. Pero su mente va a sufrir un cambio, cuando su empresa de publicidad ficha a Darcy (Helen Hunt), una ejecutiva que va a ser su inmediata superior. Y es que los clientes mandan, y la empresa ha descubierto que su publicidad debe hacerse con el público femenino a toda costa. Nick va a tener que cambiar de mentalidad. Lo que no puede imaginar es que, tras un accidente doméstico, va a desarrollar un inesperado don: es capaz de “escuchar” los pensamientos de las mujeres. Como puede imaginarse, el hecho de que Nick pueda leer en las mentes femeninas, propicia gags muy hilarantes. Primero su orgullo va a sufrir más de un duro golpe, pues va a descubrir que muchas de sus compañeras le consideran un perfecto cretino. Luego, al estilo de lo que ocurría en el film Atrapado en el tiempo, Nick va a tratar de usar su talento en su propio provecho. Hasta que al final empezará a preocuparse, ¡menos mal!, de los que le rodean, y puede que incluso descubra en qué consiste el amor. La comedia tiene mucho de aire clásico, moraleja incluida. Aletea sin duda el optimismo de los inolvidables filmes de Frank Capra. Por otra parte merece la pena destacar la banda sonora, que además de la partitura de Alan Silvestri, incluye temas de antaño como "Night and Day" de Cole Porter, o de rabiosa actualidad como "What a Girl Wants" de Christina Aguilera. Mel Gibson asegura que leyó una biografía de Frank Sinatra, al que tomó como referencia de “machista encantador”. Además, como tiene una divertida escena de baile, trató de homanajear nada más ni nada menos que a Fred Astaire: “Me encanta ver los números de baile de las viejas películas de Fred”, asegura, “Me fascinan. Pero sé que nunca voy a acercarme ni de lejos a lo que él hacía. Cuando estaba hablando con el coreógrafo se puso a hacer un pequeño baile a lo Fred Astaire ‘versión borracho’ y pensé que esto era justo lo que Nick haría en su apartamento.”

5/10
Payback

1999 | Payback

"Se acabó lo del buen chico", rezaba la publicidad de la película. Cierto. Mel Gibson se cansó de aparentar ser buena persona en sus filmes. Aunque muchas veces ha dado a sus personajes un toque alocado y salvaje (en Arma letal y Mad Max, sin ir más lejos), siempre era, de alguna manera, "el bueno". Pero en Payback es, sin duda, un antihéroe. Guiado por el afán de venganza (contra su socio en un robo: le traicionó y le dio por muerto, y, encima, se acostó con su mujer), su particular sentido de justicia le pide una sola cosa: que le paguen los 70.000 dólares (ni uno más), su parte en el robo que se torció. El film presenta tipos clásicos del cine negro, bien perfilados aun los que tienen poca presencia. La subtrama romántica (matrimonio con final trágico, un toma y daca con una leal amiga, prostituta) está bien definida, con su toque fatalista. Una novedad en la película es la ironía con que se dibujan las perversiones sexuales. El personaje de Resnick (el socio que traicionó a Porter) es aficionado a las prácticas sadomasoquistas, y este extremo se ridiculiza, se convierte en gag; aunque casi se acaba resbalando hasta el morbo, motivo de chanza. Y es que Payback cae a veces en el exceso. Exceso en la violencia (la escena de tortura), en la banda de mafiosos chinos (parecen salidos de un cómic barato), en la "monometa" de Porter (recuperar su dinero).

6/10
Arma letal 4

1998 | Lethal Weapon 4

Cuarta entrega de las aventuras de la famosa pareja de policías Riggs y Murtaugh. Richard Donner y su guionista Channing Gibson elaboran una trama sencilla, pero algo diferente a la típica y manida trama de acción. Un grupo de la mafia china trae compatriotas ocultos en cargueros, para usarlos como mano de obra barata; sí, el tráfico de esclavos continúa a las puertas del tercer milenio. La historia se entrelaza con algunas consideraciones sobre el tiempo, que pasa: Murtaugh va a ser abuelo y Riggs debe sentar la cabeza para asumir su paternidad. La serie siguió disfrutando de buen estado de salud. Diálogos y bromas son graciosos, y las secuencias de acción son de antología. Al espectacular reparto que ya es tradicional (Mel Gibson, Danny Glover, Rene Russo, Joe Pesci) se unen en esta ocasión el divertido actor negro Chris Rock y, como villano de turno, el especialista en artes marciales Jet Li. Donner evita los caminos más trillados del género de acción, dándole una nueva vuelta de tuerca. Y ofrece entretenimiento en estado puro.

5/10
Conspiración

1997 | Conspiracy Theory

Jerry es un excéntrico y algo paranoico taxista de la ciudad de Nueva York, que aburre a sus clientes con sus historias acerca de la existencia de tremendas conspiraciones para dominar el mundo. Sólo una persona parece escuchar sus fabulosos relatos: Alice (Julia Roberts), una abogada del departamento de justicia. Un descubrimiento de Jerry hará que ambos se vean perseguidos por un grupo de agentes de la CIA. Partiendo de un original planteamiento, algo humorístico, Richard Donner (Superman, Arma Letal, Asesinos...) nos introduce en un espléndido thriller en el que la acción y el suspense están garantizados. El ritmo es sobresaliente y la pareja protagonista realiza una magnífica interpretación: Donner sabe aprovechar la química existente entre los dos astros de la pantalla.

7/10
Rescate

1996 | Ransom

Apasionante película protagonizada por el oscarizado actor australiano Mel Gibson (Braveheart). En ese caso da vida a Tom Mullen, un hombre que tiene todo lo que desea. Sin embargo la vida se le viene abajo cuando lo que más quiere, su hijo, es secuestrado. Para recuperarlo ha de acceder a entregar una fuerte suma de dinero; sin embargo, una vez planeado el rescate la operación sale mal. Tom decide entonces jugarse el todo por el todo, y para salvar al chaval, no duda en poner en peligro tanto a su hijo como a su propio matrimonio. Ron Howard es un director que sabe contar historias a la perfección; lo demostró en Willow y en Apolo 13 y ahora vuelve a hacerlo en esta película trepidante y muy humana. Mel Gibson y Rene Russo (Arma letal 3, En la línea de fuego) hacen una interpretaciones sobrias y magníficas, muy bien acompañadas de la banda sonora compuesta por el experto James Horner. Cine de acción de primera categoría.

6/10
Braveheart

1995 | Braveheart

Siguiendo los pasos de Kevin Costner con su Bailando con lobos, Mel Gibson también recreó un drama histórico de más de dos horas de duración, protagonizado y producido por él y con un gran despliegue de medios. Asímismo, se alzó con el oscar a la mejor película en 1995. Tras su magistral debut como realizador con El hombre sin rostro, Gibson se afianzó tras las cámaras con la recreación de la vida de William Wallace, un líder escocés del siglo XIII que encabezó la rebelión contra el rey de Inglaterra Eduardo I. Wallace consiguió la unión de todos los nobles escoceses, por lo que consiguió incluso derrotar al ejército inglés en la batalla de Stirling. Tras el asesinato de su joven esposa por los ingleses, la única motivación de Wallace es la venganza. El filme contiene grandes secuencias, no sólo las relativas a la batalla, que son las más espectaculares -cientos de extras participaron en su elaboración-, sino también en el interior de la trama, de tipo romántico, lírico e incluso humorístico, de todas las cuales el realizador consigue salir con evidente soltura. La recreación que Mel Gibson ofrece de la Edad Media es realista, y da la impresión de ser una época ruda y con evidentes signos de cambio, como la creación de las universidades, por lo que el mensaje, en el fondo, es positivo.

8/10
Maverick

1994 | Maverick

Versión para la pantalla grande de una vieja serie televisiva, a ejemplo de otros filmes como El fugitivo o La familia Adams. En esta ocasión estamos ante una parodia inteligente de un género cinematográfico: el western. Y nadie mejor que el guionista William Goldman para abordarla con ingenio. Ya acertó en el desarrollo narrativo de La princesa prometida, donde hacía reír con su tratamiento del género principesco de capa y espada. Nada que ver, por supuesto, con las ideas bufonescas de, por ejemplo, las parodias de Mel Brooks. Bret Maverick (Mel Gibson) se prepara para asistir a una gran competición de jugadores de póker. En su camino se cruza con Anabelle Bradsford (Jodie Foster), una gran jugadora a la que gusta hacerse la ingenua, y con un representante de la ley (James Garner). La trama es tan sencilla como esto, y sin embargo, el guión basado en un largo flash-back es ingenioso, las peripecias que conducen a la gran partida de cartas están bien medidas, el final que parece no tener final es un alarde que no cae por derribo... Quizá podría criticarse una excesiva presencia de Goldman. El que conozca la trayectoria del prestigioso guionista le descubrirá con facilidad en prácticamente cada gag del film. Maverick es una película ligera, de tramposos que se engañan unos a otros. Ejercicio inútil sería tratar de encontrar en ella grandes planteamientos. Es un espectáculo destinado a entretener, con las dosis adecuadas de acción, humor y romanticismo. Aunque en este último aspecto, la relación Maverick-Anabelle es frívola, hecha de chistes fáciles. A pesar de que ironiza sobre las películas del oeste ‑tópicos sobre los indios, la aparente valentía del protagonista, el modo de enfrentarse a la muerte, los típicos matones, los jugadores‑, también les rinde homenaje. Ello es evidente en una secuencia de acción muy bien rodada, tomada de La diligencia de John Ford, que combina también elementos de En busca del arca perdida de Steven Spielberg; no es una mera repetición, desde luego, y hay que reconocer su mérito a Richard Donner, un aceptable director de películas populares (Superman, Arma letal, La profecía), que aquí pone su listón personal un poco más alto. Mel Gibson está perfecto en su papel protagonista, y se le ve como pez en el agua a la hora de demostrar sus dotes cómicas. Más discutibles son los logros de Jodie Foster, demasiado marcada como actriz dramática, y que no acaba de convencer en comedia; también falta algo más de cancha a su personaje. Los demás actores están bien. Inmersos en un escenario impecablemente diseñado, destaca el gran barco donde se desarrolla la partida decisiva. Quizá éste es uno de los aspectos en que hay que felicitar a Goldman y Donner. La secuencia de la partida está perfectamente hecha. En muy pocas ocasiones el cine había logrado transmitir tan eficazmente la sensación de que uno se está jugando verdaderamente todo a una única carta.

6/10
El hombre sin rostro

1993 | The Man Without a Face

Debut en la dirección del actor Mel Gibson, que también se reserva el papel protagonista. El film adapta una novela de Isabelle Holland, que arranca con los problemas académicos y afectivos de un chaval, Chuck, al que falta la cercanía de un padre. Como Chuck desea ingresar en una academia militar, necesita ayuda extra que no puede proporcionarle la escuela. Y Justin, un hombre amargado por un suceso misterioso que le dejó desfigurado su rostro quemado, y que vive sin compañía en una casa apartada, se convertirá inesperadamente en el maestro que le da valiosas clases particulares, donde no sólo aprende la materia necesaria para el anhelado ingreso, sino que realmente descubre el valor del conocimiento y de la amistad. El enriquecimiento será mutuo, pues también Justin recupera la alegría de vivir con los progresos de su pupilo. Gibson apuntó ya en este título magníficas maneras como cineasta. El actor tuvo la inteligencia de arriesgar en la temática -no estamos ante una historia dulzona y sensiblera-, pero al tiempo se ató a una estructura dramática no muy complicada, esmerándose en la dirección de actores. Destaca el chaval que le da réplica, Nick Stahl.

7/10
Eternamente joven

1992 | Forever Young

Finales de los años 30. Daniel es un piloto de pruebas que lleva una vida feliz, tiene un buen trabajo, grandes amigos y una novia perfecta, Helen, de la que está muy enamorado. Un día, el destino hace que Helen tenga un accidente y quede en coma con lo que Daniel, desesperado, recurre a un experimento criogénico de alto secreto que le hace permanecer en estado de hibernación durante 50 años. Pasado ese tiempo, ya en 1992, dos niños descubren la cápsula que ha estado guardada en un almacén abandonado, lo que hace que Daniel se despierte en un entorno desconocido para él y sin haber envejecido nada, y su única obsesión será descubrir que ha sido de sus seres queridos y, sobre todo, de Helen. Esta tierna película romántica es un gran canto al amor. Cuenta que las cosas cambian, incluso las personas, el tiempo pasa y no se detiene pero el verdadero amor perdura con el tiempo. El reparto convence con un Mel Gibson sensible (conmovedora la escena de éste con la sal caída en el café), Jamie Lee Curtis, siempre fantástica en el papel de madre fuerte a la hora de tomar decisiones y el pequeño Elijah Wood, empezando a despuntar en Hollywood, resulta también notable.

5/10
Arma letal 3

1992 | Lethal Weapon 3

Tercera entrega de las desventuras de dos policías muy diferentes. Riggs (Mel Gibson) va a tener ocasión de conocer a una chica policía casi tan alocada y amante de la acción como él: Lorna Cole, a la que insufla carisma y encanto Rene Russo. Habrá naturalmente idilio, aunque Riggs siga amando y añorando a su querida esposa fallecida. Se añadieron efectos especiales espectaculares, como el derribo completo de un edificio de un montón de plantas (se aprovechó que ese edificio debía ser derruído). El film recaudó todavia más que sus predecesoras. Al igual que sus anteriores, vuelve a dirigir, Richard Donner.

6/10
Air America

1990 | Air America

A través de una línea aérea conocida como Air America, la CIA financia operaciones bélicas en el sudeste asiático. Para ello usa el dinero incautado a los señores de la droga. El film de Roger Spottiswoode utiliza estos datos, recogidos en un libro de Christopher Robbins, para orquestar una película de acción con abundante parafernalia de efectos especiales, espolvoreada con humor negro. Protagonizan Mel Gibson y Robert Downey Jr. la movidita trama.

4/10
Dos pájaros a tiro

1990 | Bird on a Wire

Rick Jarmin (Mel Gibson) vive una existencia muy agitada, en la que ha cometido tremendos errores. Tras haber sido testigo de un asesinato, se acogió a un programa federal que, para protegerle, le ha asignado una nueva identidad y una nueva vida. Así lleva algún tiempo, hasta que su ex novia Marianne (Goldie Hawn), empeñada en encontrarle, da con él, a pesar de todos sus esfuerzos por evitarlo. Al mismo tiempo, sus enemigos también consiguen encontrarle, por lo que inician una persecución de la que la pareja consigue escapar por los pelos. Una divertida pareja protagonista encabeza este ameno filme, mezcla de acción y humor. Mel Gibson (Arma Letal) ya era todo un experto en el género, así como Goldie Hawn (Loca evasión). Está bien realizada por John Badham (Juegos de guerra).

6/10
Hamlet (1990)

1990 | Hamlet

Ciudada y realista adaptación de la más célebre obra de Shakespeare. La duda y la venganza son los sentimientos que embargan la cabeza y el corazón del joven príncipe de Dinamarca, cuando a la muerte de su padre, su madre decide casarse con su tío Claudio. El italiano Franco Zeffirelli puso en juego toneladas de oficio para ofrecer esta nueva adaptación de la inmortal obra. Su estilo sobrio contrasta con la puesta en escena de otras versiones más modernas, como la de Branagh. Mel Gibson demostró ser un actorazo.

7/10
Arma letal 2

1989 | Lethal Weapon 2

Secuela de Arma letal que protagonizaron Mel Gibson y Danny Glover. Aunque Riggs se ha vuelto más estable, y Murtaugh parece más hecho a la acción, todavía distan de haber alcanzado la armonía absoluta como compañeros. Ello se pone de manifiesto cuando les toca proteger a Leo Getz, testigo clave en un proceso contra la mafia, y que está en el programa de protección oficial. Joe Pesci como Leo aportó un punto más de risas y disparate a la serie. El film tuvo más éxito en taquilla que su precedente.

5/10
Conexión Tequila

1988 | Tequila Sunrise

Nick y Mac han sido amigos desde el instituto y ahora sus vidas vuelven a encontrarse. Nick es un teniente de policía y debe investigar a Mac, el cual se ha dedicado al negocio de la droga y anda con la policía pisándole los talones. Cuando la guapa Jo Ann, propietaria de un restaurante italiano y amiga de Mac, aparece en escena, Nick la seducirá y, de paso, intentará sonsacarle información. Thriller algo flojito, muy por debajo del nivel de su director Robert Towne, guionista de Chinatown, Días de trueno o The Firm (La tapadera). La gran baza son tres actores protagonistas que en esos años se encontraban en alza. A pesar de todo destaca la fotografía de Conrad L. Hall, y el encanto que derrocha una Michelle Pfeiffer con mucha clase.

4/10
Arma letal

1987 | Lethal Weapon

Martin Riggs es un alocado policía, muy afligido desde que murió su esposa. Será asignado como compañero de Roger Murtaugh, un hombre con una entrañable familia, tranquilo, cuya aspiración es llegar a la jubilación sin contratiempos. Ambos forman una explosiva y complementaria pareja, que se enfrenta a un complicado caso que empezó con un aparente suicidio. La mezcla explosiva de acción y comedia fue un éxito rotundo. Había nacido una pareja con gancho: Mel Gibson y Danny Glover. El film obtuvo una nominación a los Oscar al mejor sonido.

6/10
Mad Max, más allá de la cúpula del trueno

1985 | Mad Max Beyond Thunderdome

Convertido ya en una celebridad, Mel Gibson culminó su trilogía futurista en espera de una cuarta parte que nunca acaba de concretarse. En esta ocasión Max llega a Negociudad, un lugar de trueque dominado por una Reina. Allí, es obligado a luchar a muerte con un guerrero llamado “El Maestro Golpeador”. Aunque gana la pelea, por no matar a su adversario, es abandonado en el desierto, siendo salvado por una tribu de niños que le creen un enviado por la providencia debido a una antigua leyenda. Max les liderará hacia un lugar mejor no sin antes culminar su venganza contra la Reina. La ironía se apodera de casi todo el film, rompiendo así el tono de violencia extrema de los dos anteriores títulos y desanimando a los seguidores de la serie. De hecho, hay dos gags extraídos directamente de las películas de Indiana Jones y un final simbólico similar al de El planeta de los simios sustituyendo la Estatua de la Libertad por San Francisco.

5/10
Cuando el río crece

1984 | The River

Al Este de Tennessee, una joven pareja de agricultores tiene que hacer frente a una peligrosa crecida del río que amenaza con destruir su cosecha. Tom Garvey (Mel Gibson) se ve obligado a romper una huelga de la acería del lugar, dejando a su mujer (Sissy Spacek) al frente de la granja. Al regreso del marido, se ven sometidos a una dura prueba: la que supone la ambición del terraniente que codicia sus tierras y las de sus vecinos. Tras haberse convertido en una estrella internacional con el éxito de la saga de Mad Max, el actor australiano Mel Gibson comenzaba a despuntar en el cine norteamericano. En esta ocasión comparte reparto con una gran estrella, Sissy Spacek (Carrie (1976), Desaparecido) en un espléndido melodrama que se enriquece con la música de John Williams, compositor habitual de Steven Spielberg.

6/10
Mrs. Soffel

1984 | Mrs. Soffel

Sorprendente historia basada en hechos reales, acontecidos en Estados Unidos a comienzos del siglo XX. La mujer de un funcionario de prisiones (Diane Keaton) se va a enamorar de uno de los "huéspedes" de la cárcel (Mel Gibson), hasta el punto de que prestará toda su ayuda para que éste y su hermano (Matthew Modine) puedan fugarse. Para desarrollar este trama, Gillian Armstrong juega la carta de la ambigüedad, lo que obliga a aceptar que la protagonista busque el amor en una persona tan inesperada, y la narración se despliega con suficiente inteligencia para que nos preguntemos si los hermanos están manipulando a su inesperada ayudante, o si verdaderamente existen sinceros lazos afectivos.

6/10
Motín a bordo

1984 | The Bounty

Mel Gibson emula a Clark Gable y Marlon Brando, enfrentándose al tiránico capitán Bligh. Tercera versión sobre el famoso motín a bordo de "La Bounty". Apasionantes aventuras en alta mar.

5/10
El año que vivimos peligrosamente

1982 | The Year of Living Dangerously

Guy es un periodista que se traslada hasta Indonesia como enviado especial para informar sobre los acontecimientos políticos que vive el país. Allí conocerá a Blly, un singular fotógrafo, y a Jill, una atractiva mujer que trabaja en la embajada, y con la que vivirá un apasionado romance. Gran éxito de crítica y público recibió este drama periodístico, en tiempos de conflicto y con 'affair' de fondo. La historia funcionó muy bien en pantalla, gracias en parte a que estaba protagonizada por dos actores en alza: Mel Gibson y Sigourney Weaver, los cuales vivían sus aventuras en lugares alejados de la civilización occidental. El australiano Peter Weir (Gallipoli, El Club de los Poetas Muertos) dirigió con mucho oficio la función y la pequeña Linda Hunt (Silverado, The Relic), ganó un Oscar a la mejor actriz secundaria por su sorprendente interpretación del fotógrafo Billy.

6/10
Ataque Fuerza Z

1982 | Attack Force Z

1945. Un funcionario japonés, que está de parte de los aliados, es capturado en una pequeña isla situada en el estrecho de Sambalang. Un comando de seis hombres recibirán la misión de rescatarle. Producción bélica australiana y taiwanesa en torno a la II Guerra Mundial, que narra un episodio bélico ambientado en una isla del Pacífico, con el atractivo que esto tiene. Cuenta con la presencia de un jovencísimo Mel Gibson, el mismo año que rodó El año que vivimos peligrosamente. El film entretiene e incluye secuencias de acción de bastante intensidad, así como momentos de violencia y tortura.

5/10
Gallipoli

1981 | Gallipoli

I Guerra Mundial. Dos atletas australianos marchan al frente. Alrededor de la batalla de Gallipoli, Peter Weir entrega un sólido alegato antibelicista, aprovechando de modo maestro las notas del ‘adagio’ de Albinoni. El film lanzó a la palestra a un jovencito Mel Gibson. Quién no recuerda el diálogo: "-¿Qué son tus piernas? -Muelles de acero. -¿Cómo vas a correr? -Como un leopardo".

7/10
Mad Max 2, el guerrero de la carretera

1981 | Mad Max 2: The Road Warrior

Inevitable secuela tras el éxito del original de 1979. De nuevo la acción nos traslada al futuro, donde sólo sobreviven los más fuertes, entre ellos “el loco” Max, ahora convertido en un solitario que vaga por desérticas carreteras sin ninguna esperanza. Esta vez ayudará a un grupo de personas que poseen una gran cantidad de gasolina pero que están asediados por una pandilla de salvajes. Filmada con muchos más medios que su predecesora (aunque mucho menos bestia que ésta) cuenta con algunos personajes inolvidables (como el niño con el boomerang) y otros estrafalarios (el amigo volador de Max), así como unas vertiginosas escenas de acción que culminan en la larga secuencia final cuando Max conduce un camión y es atacado por docenas de psicópatas.

6/10
Mad Max, salvajes de la autopista

1979 | Mad Max

Una de las más exitosas cintas del cine australiano, a pesar de estar contar con un bajo presupuesto y estar rodada en tan sólo catorce semanas. Además de consagrar a Mel Gibson y al director George Miller, ganó tres galardones en los Australian Film Institute correspondientes a mejor banda sonora (Brian May), montaje y sonido. Contiene excelentes persecuciones entre coches y motos, además de un latente sadismo que hizo que en España se estrenase con la clasificación S. Su argumento nos retrae a un futuro no muy lejano, donde las carreteras están siendo objeto de numerosos asaltos por parte de una pandilla de lunáticos motoristas. Para detenerlos se ha formado una patrulla especial de policías que vigilan con sus potentes automóviles y de la que Max forma parte. Éste olvidará la ley y cumplirá su venganza cuando su mujer e hijo son asesinados.

5/10
Tim

1979 | Tim

Tim es un trabajador sin demasiadas luces, algo de lo que se aprovechan las personas de su entorno. De modo muy diferente se comporta Mary, que le encomienda pequeñas chapucillas en su casa. Se inicia una amistad, pero surgen las habladurías que sugieren que Mary se está aprovechando de la inocencia de Tim. Uno de los primerísimos trabajos de Mel Gibson, rodado en Australia, y donde le da réplica Piper Laurie. Su composición de un retrasado que vive un amor inocente le valió un premio interpretativo, y demostró que el actor no sólo era un guaperas adecuado para la saga Mad Max.

5/10
Hasta el último hombre

2016 | Hacksaw Ridge

Una película asombrosa, que vuelve a demostrar que Mel Gibson es un cineasta genial, capaz de elevar una historia interesante a la categoría de obra maestra fílmica sin paliativos, verdaderamente él cumple con la regla de las 3 "E", que dice haber escuchado y tener en cuenta: un film debe ser Entretenido, debe mostrar una vertiente Educativa, y, ya es lo máximo, debe Elevar el espíritu del espectador, divisas tenidas muy en cuenta en Hasta el último hombre. Como hizo en Braveheart y en La Pasión de Cristo, parte de hechos reales, aquí con la ventaja adicional de que existen testimonios escritos y filmados de los protagonistas de su historia, de hecho la película concluye con algunos de estos últimos. El film cuenta la asombrosa historia de Desmond Doss (1919-2006), un joven de Virginia que desea servir en el ejército de su país tras el ataque japonés a Pearl Harbour, y la consiguiente declaración de guerra. Pero, objetor de conciencia y hombre de fe, cristiano adventista del séptimo día, se ha prometido en presencia de Dios no tocar un arma, él servirá como médico y pondrá los medios para salvar vidas. Semejante postura se topa con la incomprensión de compañeros y superiores, que la confunden con locura, cobardía, fanatismo o una mezcla de todo eso. Pero él se mantendrá fiel a sus convicciones y finalmente destinado en Okinawa dará prueba de un valor y entrega a los demás desarmante. El guión de esta poderosa historia lo han urdido dos hombres que ya antes han escrito historias inspiradoras con componente bélico: Robert Schenkkan en la miniserie The Pacific, con el mismo escenario de guerra, y Andrew Knight en El maestro del agua. Su libreto es sólido. En el primer tramo, componiendo el background de Desmond antes de su alistamiento, su vida alegre y sencilla, su enamoramiento, el trauma del padre veterano de la Gran Guerra, cuyas secuelas han influido en toda la familia. Luego con la peripecia de su preparación militar en un cuartel, con la incomprensión que suscita su determinación de no tocar un fusil. Y finalmente en Okinawa, la guerra pura y dura, donde su fe y la entrega incondicional en su trabajo se desvelan de modo heroico. La película de Gibson no puede ser más oportuna en un momento histórico en que un derecho que parecía pacíficamente aceptado, el de que nadie debería ser obligado a hacer algo que repugne a su conciencia, empieza a conocer trabas y a ser puesto en entredicho, porque supuestamente sería un estorbo para otros. La cuestión está muy bien desarrollada y es básica en un personaje muy bien perfilado, y al que da vida de modo maravilloso Andrew Garfield: nos creemos su entereza, donde la fe es primordial, da pruebas de humanidad, no es de piedra, tiene sentido del humor, y la subtrama romántica con una encantadora Teresa Palmer tiene la virtud de convertir en agradabilísimo lo que en diferentes manos habría sido decididamente ñoño. Las escenas bélicas están muy bien concebidas y resultan comprensibles para el espectador, a diferencia de otros filmes, donde todo es confuso, y la excusa facilona y cómoda es, "ya se sabe, la guerra es así". Así que entendemos el objetivo de una acción, el desplazamiento de los soldados, los obstáculos, el recurso a la artillería... En la línea de sus anteriores filmes, Gibson se decanta por el hiperrealismo, violencia estilizada muy bien fotografiada, pero violencia, al mostrar todo el horror de la batalla en lo referente a heridas, mutilaciones, sangre y vísceras. De este modo, por contraste, queda más subrayado el hecho asombroso de cómo se puede ser heroico en la guerra sin disparar una sola bala, y ello sin pretender negar que los otros soldados también están cumpliendo su deber luchando contra los japoneses con las armas. La partitura musical de Rupert Gregson-Williams está inspirada, y no pretende imponerse al resto de los elementos de las distintas escenas, de modo que se puede disfrutar de una interpretación, o de la belleza de algunos planos, como aquellos a que dan pie los descendimientos de los soldados y del propio Desmond desde lo alto del Hacksaw Ridge. Todo el reparto está muy bien, hemos mencionado a Garfield y Palmer, pero los padres del protagonista (Rachel Griffiths y Hugo Weaving), más los distintos soldados (Vince Vaughn, Luke Bracey, Sam Worthington...) también están interpretados con mucho talento.

10/10
Apocalypto

2006 | Apocalypto

Apasionante película de Mel Gibson, situada en la época de decadencia de la civilización maya anterior a la llegada de los españoles al nuevo mundo. La historia que se cuenta es sencilla, y si se quiere, hasta convencional. Un pueblo de indígenas vive en relativa tranquilidad, dedicados a la caza y a las ocupaciones del hogar. Entre bromas a veces crueles, el cariño de la familia, y los relatos del clan alrededor del fuego, a cargo de un venerable anciano, transcurre una existencia primitiva que tiene algo de idílico, y que en su narración se diría deudora de Bailando con lobos de Kevin Costner. Pero todo se va al traste con la llegada de un grupo guerrero, que asola la aldea y captura a un puñado de robustos varones, a los que mantiene vivos con propósitos ignotos. Uno de ellos es Garra de Jaguar, que mantiene su esperanza de huir por el recuerdo de su mujer encinta y su pequeño hijo, ocultos en un profundo hoyo del que debe rescatarles. Gibson es un cineasta poderoso, como demostró en el correcto drama El hombre sin rostro, y sobre todo en Braveheart y La Pasión de Cristo, títulos que acreditan a un maestro del cine, aunque algunos se empeñen en acallarlo, por mezquinas razones ideológicas. Aquí entrega un film de acción trepidante, de asombrosa fuerza visual y ritmo increíble, que aprovecha todas las posibilidades que ofrece una cultura misteriosa, la maya, de la que ignoramos tantas cosas, superando así el reto que no supieron afrontar filmes como Rapa Nui. Gibson asimila bien algunas influencias, las hace suyas, desde Acorralado, hasta las aventuras tintinescas de “El templo del sol”, y sabe crear situaciones límites para las que parece que no hay salida, para resolverlas de modo brillante, incluido el sobrecogedor final. Esta historia, pese a su inusitada violencia, innegable pero entendible por la trama y por las tendencias hiperrealistas dominantes en el cine actual, transmite emociones genuinas bien comprensibles por un público universal. Porque al final, Gibson, con el guión bien documentado históricamente, coescrito junto a Farhad Safinia, está hablando de las cuestiones básicas que interesan a una civilización digna de ese nombre, y que siguen siendo de rabiosa actualidad en nuestro mundo globalizado, con elementos esperanzadores, sí, pero también con otros que hablan de decadencia: familia, el valor de la vida humana, la tentación omnipresente de la corrupción, la manipulación de las masas, el afán de venganza y la obcecación, la inclinación religiosa natural del hombre… Y el miedo, el miedo que nos asalta, ante la posibilidad de dilapidar la herencia de este mundo. El talento de Gibson para contar una historia de interés para un público amplio, y que trata los grandes temas que nos ocupan a todos, es, sencillamente, asombroso. Además, sabe sacar todo su jugo a un reparto de completos desconocidos, estupendos en sus respectivos papeles, y lo que es más difícil, dotarlos de sus peculiaridades, de modo que son reconocibles para el espectador, al que afectan sus pequeños y grandes dramas personales.

10/10
La Pasión de Cristo

2004 | The Passion of the Christ

Muchas películas abordan la vida de Jesús de Nazaret, con más o menos fortuna. Todas se han enfrentado a diversos obstáculos, en cuanto a la posible acogida del público. Está el espectador cristiano, conocedor de los hechos históricos, que alimentan además su fe: público exigente, que no va a aceptar cualquier cosa a la hora de ver representado a su Señor. Luego existe un público amplio, más o menos creyente, que cree conocer el evangelio, aunque en el fondo sólo tiene una idea vaga del mismo, quizá por recuerdos de infancia. También hay que señalar al espectador agnóstico o ateo, con frecuencia reticente a un posible intento de ‘ser evangelizado’, y que no desea dedicar un minuto a algo que huela a religioso. A la dificultad de llegar a un público tan heterogéneo, se suma otra realidad: los evangelios incluyen multitud de relatos, parábolas, milagros, enseñanzas, invectivas, viajes..., en los que intervienen numerosos personajes. Dar unidad a todo, y presentarlo atractivo y creíble, no resulta sencillo. Y de pronto, llega Mel Gibson con una idea la mar de razonable, pero que nadie había acometido hasta ahora: hacer una película vibrante y minuciosa, nada relamida, que se centre en la Pasión. Pues, ¿no son a la postre los misterios pascuales los acontecimientos centrales del cristianismo? ¿Y no rememora anualmente la Iglesia en su liturgia, en una semana que llama ‘santa’, la pasión, muerte y resurrección de Jesús? Acierta Gibson al dar con el elemento aglutinador del film: Cristo ha venido al mundo movido por el amor, para redimirlo del pecado; y acepta para ello, voluntariamente, su pasión y muerte. Tiene una misión que cumplir, con un sentido; y esos sufrimientos terribles no son un fracaso: liberan, y llevan a la resurrección. A partir de ahí, puede centrarse en la narración de las últimas 12 horas de Jesús, desde que acude con sus discípulos al huerto de Getsemaní, hasta su muerte en la cruz. Una narración que se basa sobre todo en los evangelios, seguidos con fidelidad, aunque también toma elementos de revelaciones privadas a dos monjas: la beata alemana Anna Katharina Emmerich, y la venerable española María de Ágreda. El film resulta duro, muy duro. En ese sentido, la película discurre en la misma línea que otros títulos recientes, que tratan temas importantes, descritos sin falsos pudores, como Salvar al soldado Ryan (el horror de la guerra), La lista de Schindler (el holocausto), Te doy mis ojos (la violencia doméstica), Traffic (la drogadicción y el narcotráfico)… Desde que Jesús es prendido en el huerto de los olivos, es sometido a todo tipo de vejaciones. Y el guión de Gibson y Benedict Fitzgerald, no hurta los detalles que describe el evangelio: insultos, empujones, bofetadas, salivazos… Le obligan a colocarse vestiduras ridículas, le desnudan, le azotan salvajemente, le coronan de espinas... Una increíble sesión de tortura, mostrada con realismo, pero sin regodeo. “Pienso que nos hemos acostumbrado a ver preciosos crucifijos en las paredes, y hemos olvidado lo que pasó de verdad. Me refiero a que sabemos que Jesús fue azotado, que cargó con la cruz, que los clavos le traspasaron las manos y los pies, pero raramente pensamos en lo que eso significa”, comenta Gibson. Que la violencia no es recomendable para todos los públicos, es una idea que el director introduce en el film de modo ingenioso: cuando obligan a Simón el Cirineo a cargar con la cruz, pide a su hijo que vuelva a casa, que no contemple el triste espectáculo de los condenados a muerte. La película aporta desde el principio la información clave: que todo lo padece Cristo para librar al hombre del pecado. Singularmente cuando el diablo le tienta en el huerto, diciendo que no puede pretender cargar sobre sí el peso del pecado de todos los hombres. Por otro lado, a lo largo de esas horas de suplicio, se introducen con acierto flash-backs que, además de permitir respirar al espectador, ayudan a conocer el mensaje de Jesús y el sentido de su sufrimiento: vemos que es verdadero hombre, con sentido del humor, en las escenas con su madre; que acoge al pecador arrepentido, cuando se pretende lapidar a María Magdalena; que el amor se desborda en la última cena, anticipo del sacrificio de la cruz... Gran acierto de Gibson es ofrecer la mirada de la Virgen María, muy bien interpretada por Maia Morgenstern. El espectador sufre con ella los dolores del hijo. Y a la vez, participa de su serenidad, de modo que momentos como la caída con la cruz, que retrotrae al pasado, o cuando recoge con unos lienzos la sangre de la flagelación, conmueven. El director tiene una habilidad especial para humanizar su historia. Cuando Pedro niega a su maestro, la mirada que éste le dirige –maravilloso Jim Caviezel– es más expresiva que mil discursos: una mezcla de lástima y algo de socarronería, como si dijera ‘¿no te lo había dicho?’. La conversación con Pilatos, el procurador romano, no tiene desperdicio, y entiendes bien las dudas de este hombre cruel, acrecentadas por las conversaciones con su esposa. Si para un actor fue especialmente duro el rodaje, ese es Caviezel. El rodaje fue en invierno, y soportó las bajas temperaturas casi desnudo en las escenas de la cruz: “No podía aguantar más de 10 minutos, y aun así sufría muchas veces hipotermia. Los músculos te tiemblan de modo tan violento que te duele, pero no puedes pararlo”, comenta. Incluso en la flagelación, uno de los que hacía de soldado romano apuntó mal y le dio en la espalda. Explica Caviezel: “No pude ni gritar. No te sale el aire porque no puedes respirar”. La película se rodó en Italia, en el estudio 5 de Cinecittà, y en la ciudad de Mattera, el mismo lugar donde Pasolini hizo El evangelio según san Mateo. El trabajo de dirección artística y fotográfico es asombroso. Caleb Deschanel, director de fotografía, de acuerdo con Gibson, tomó como referencia pictórica la obra de Caravaggio “en lo que se refiere a los rostros que usaba en sus cuadros, a la iluminación y a la composición. (...) También me inspiré en Géricault, Rafael y otros artistas.” Atrevida resulta la escena de apertura en el huerto de los olivos, con luz azulada que imita la luna y con niebla: rodada en estudio, no se ve el fondo, y da al lugar una indefinible sensación de infinitud, como de otro mundo. Precioso resulta también el plano que sigue a la muerte de Jesús: un plano cenital del Gólgota como borroso, en que vemos caer una gota de agua, el comienzo de una lluvia, pero que cabe interpretarse como una ‘lágrima’ de Dios, que llora la muerte de su hijo. Pensaba Mel en un principio estrenar su film –rodado en las lenguas originales de la época–, sin subtítulos, confiando en la fuerza de las imágenes. Al final pesó la prudencia, y se pusieron los letreros justos. Su visionado en DVD proporciona ahora, a quien lo desee, la experiencia de ver el film desnudo, sin subtítulos, para así constatar que el impacto visual basta para seguir la historia.

9/10
Braveheart

1995 | Braveheart

Siguiendo los pasos de Kevin Costner con su Bailando con lobos, Mel Gibson también recreó un drama histórico de más de dos horas de duración, protagonizado y producido por él y con un gran despliegue de medios. Asímismo, se alzó con el oscar a la mejor película en 1995. Tras su magistral debut como realizador con El hombre sin rostro, Gibson se afianzó tras las cámaras con la recreación de la vida de William Wallace, un líder escocés del siglo XIII que encabezó la rebelión contra el rey de Inglaterra Eduardo I. Wallace consiguió la unión de todos los nobles escoceses, por lo que consiguió incluso derrotar al ejército inglés en la batalla de Stirling. Tras el asesinato de su joven esposa por los ingleses, la única motivación de Wallace es la venganza. El filme contiene grandes secuencias, no sólo las relativas a la batalla, que son las más espectaculares -cientos de extras participaron en su elaboración-, sino también en el interior de la trama, de tipo romántico, lírico e incluso humorístico, de todas las cuales el realizador consigue salir con evidente soltura. La recreación que Mel Gibson ofrece de la Edad Media es realista, y da la impresión de ser una época ruda y con evidentes signos de cambio, como la creación de las universidades, por lo que el mensaje, en el fondo, es positivo.

8/10
El hombre sin rostro

1993 | The Man Without a Face

Debut en la dirección del actor Mel Gibson, que también se reserva el papel protagonista. El film adapta una novela de Isabelle Holland, que arranca con los problemas académicos y afectivos de un chaval, Chuck, al que falta la cercanía de un padre. Como Chuck desea ingresar en una academia militar, necesita ayuda extra que no puede proporcionarle la escuela. Y Justin, un hombre amargado por un suceso misterioso que le dejó desfigurado su rostro quemado, y que vive sin compañía en una casa apartada, se convertirá inesperadamente en el maestro que le da valiosas clases particulares, donde no sólo aprende la materia necesaria para el anhelado ingreso, sino que realmente descubre el valor del conocimiento y de la amistad. El enriquecimiento será mutuo, pues también Justin recupera la alegría de vivir con los progresos de su pupilo. Gibson apuntó ya en este título magníficas maneras como cineasta. El actor tuvo la inteligencia de arriesgar en la temática -no estamos ante una historia dulzona y sensiblera-, pero al tiempo se ató a una estructura dramática no muy complicada, esmerándose en la dirección de actores. Destaca el chaval que le da réplica, Nick Stahl.

7/10
Vacaciones en el infierno

2012 | Get the Gringo

Vacaciones en el infierno supone el debut como director de Adrian Grunberg, ayudante de dirección de reconocidos títulos, entre ellos Apocalypto. El director de aquél, Mel Gibson, ejerce como productor, coguionista y actor principal. En Vacaciones en el infierno, un delincuente estadounidense es detenido por unos policías mexicanos que se quedan con el dinero del botín, y le encierran en El Pueblito, una curiosa prisión. Allí, los presos están hacinados en condiciones infrahumanas aunque los que pueden pagar gozan de diversos privilegios, pueden vivir en casas con su familia, ir de tiendas (parece una auténtica ciudad) o incluso viven a todo lujo. En su lucha por la supervivencia, el gringo entablará amistad con un niño que permanece en El Pueblito junto a su madre, que cumple condena. Por desgracia, Javi, un jefe mafioso enfermo, planea que le trasplanten el hígado del chaval para seguir con vida. Se podría decir que Mel Gibson ha apadrinado a su amigo Grunberg, pero últimamente, el nombre de la estrella más que un respaldo viene a suponer un problema, por la animadversión que parece suscitar en la industria tras sus polémicas declaraciones antisemitas y ser juzgado por maltrato. Sólo el rechazo hacia Gibson explica que este film, tras una noche de estreno en que pudo ser visto en algún cine, haya ido a parar directamente al mercado de la televisión pay-per-view, en Estados Unidos. Pero hablando de lo estrictamente cinematográfico, estamos ante un film de lo más ameno, que podría haber funcionado comercialmente. En Vacaciones en el infierno, Mel Gibson vuelve a apostar por la mezcla de humor y acción, en la línea de su gran éxito Arma letal, y se llega incluso a bromear sobre el gran Clint Eastwood cuya voz en inglés imita el protagonista bastante bien. Falta algo de convicción en alguna secuencia de acción con granadas, y quizás la trama a veces se hace un tanto predecible. Pero a Gibson le viene que ni pintado su misterioso personaje sin nombre (muy en la línea de memorables westerns), que se toma la vida con sarcasmo, en plan personaje de novela de Elmore Leonard. Se nota el toque Icon, productora del actor, en la recreación casi documental de la prisión mexicana –inspirada en una que hubo en Tijuana, donde vivían familias completas– y en que incluye muchas secuencias en español para darle más realismo, hasta el punto de que Gibson llega a expresarse en la lengua de Cervantes. Entre los secundarios, destacan los siempre sorprendentes Daniel Giménez Cacho y Peter Stormare en registros de villano.

6/10
Apocalypto

2006 | Apocalypto

Apasionante película de Mel Gibson, situada en la época de decadencia de la civilización maya anterior a la llegada de los españoles al nuevo mundo. La historia que se cuenta es sencilla, y si se quiere, hasta convencional. Un pueblo de indígenas vive en relativa tranquilidad, dedicados a la caza y a las ocupaciones del hogar. Entre bromas a veces crueles, el cariño de la familia, y los relatos del clan alrededor del fuego, a cargo de un venerable anciano, transcurre una existencia primitiva que tiene algo de idílico, y que en su narración se diría deudora de Bailando con lobos de Kevin Costner. Pero todo se va al traste con la llegada de un grupo guerrero, que asola la aldea y captura a un puñado de robustos varones, a los que mantiene vivos con propósitos ignotos. Uno de ellos es Garra de Jaguar, que mantiene su esperanza de huir por el recuerdo de su mujer encinta y su pequeño hijo, ocultos en un profundo hoyo del que debe rescatarles. Gibson es un cineasta poderoso, como demostró en el correcto drama El hombre sin rostro, y sobre todo en Braveheart y La Pasión de Cristo, títulos que acreditan a un maestro del cine, aunque algunos se empeñen en acallarlo, por mezquinas razones ideológicas. Aquí entrega un film de acción trepidante, de asombrosa fuerza visual y ritmo increíble, que aprovecha todas las posibilidades que ofrece una cultura misteriosa, la maya, de la que ignoramos tantas cosas, superando así el reto que no supieron afrontar filmes como Rapa Nui. Gibson asimila bien algunas influencias, las hace suyas, desde Acorralado, hasta las aventuras tintinescas de “El templo del sol”, y sabe crear situaciones límites para las que parece que no hay salida, para resolverlas de modo brillante, incluido el sobrecogedor final. Esta historia, pese a su inusitada violencia, innegable pero entendible por la trama y por las tendencias hiperrealistas dominantes en el cine actual, transmite emociones genuinas bien comprensibles por un público universal. Porque al final, Gibson, con el guión bien documentado históricamente, coescrito junto a Farhad Safinia, está hablando de las cuestiones básicas que interesan a una civilización digna de ese nombre, y que siguen siendo de rabiosa actualidad en nuestro mundo globalizado, con elementos esperanzadores, sí, pero también con otros que hablan de decadencia: familia, el valor de la vida humana, la tentación omnipresente de la corrupción, la manipulación de las masas, el afán de venganza y la obcecación, la inclinación religiosa natural del hombre… Y el miedo, el miedo que nos asalta, ante la posibilidad de dilapidar la herencia de este mundo. El talento de Gibson para contar una historia de interés para un público amplio, y que trata los grandes temas que nos ocupan a todos, es, sencillamente, asombroso. Además, sabe sacar todo su jugo a un reparto de completos desconocidos, estupendos en sus respectivos papeles, y lo que es más difícil, dotarlos de sus peculiaridades, de modo que son reconocibles para el espectador, al que afectan sus pequeños y grandes dramas personales.

10/10
La Pasión de Cristo

2004 | The Passion of the Christ

Muchas películas abordan la vida de Jesús de Nazaret, con más o menos fortuna. Todas se han enfrentado a diversos obstáculos, en cuanto a la posible acogida del público. Está el espectador cristiano, conocedor de los hechos históricos, que alimentan además su fe: público exigente, que no va a aceptar cualquier cosa a la hora de ver representado a su Señor. Luego existe un público amplio, más o menos creyente, que cree conocer el evangelio, aunque en el fondo sólo tiene una idea vaga del mismo, quizá por recuerdos de infancia. También hay que señalar al espectador agnóstico o ateo, con frecuencia reticente a un posible intento de ‘ser evangelizado’, y que no desea dedicar un minuto a algo que huela a religioso. A la dificultad de llegar a un público tan heterogéneo, se suma otra realidad: los evangelios incluyen multitud de relatos, parábolas, milagros, enseñanzas, invectivas, viajes..., en los que intervienen numerosos personajes. Dar unidad a todo, y presentarlo atractivo y creíble, no resulta sencillo. Y de pronto, llega Mel Gibson con una idea la mar de razonable, pero que nadie había acometido hasta ahora: hacer una película vibrante y minuciosa, nada relamida, que se centre en la Pasión. Pues, ¿no son a la postre los misterios pascuales los acontecimientos centrales del cristianismo? ¿Y no rememora anualmente la Iglesia en su liturgia, en una semana que llama ‘santa’, la pasión, muerte y resurrección de Jesús? Acierta Gibson al dar con el elemento aglutinador del film: Cristo ha venido al mundo movido por el amor, para redimirlo del pecado; y acepta para ello, voluntariamente, su pasión y muerte. Tiene una misión que cumplir, con un sentido; y esos sufrimientos terribles no son un fracaso: liberan, y llevan a la resurrección. A partir de ahí, puede centrarse en la narración de las últimas 12 horas de Jesús, desde que acude con sus discípulos al huerto de Getsemaní, hasta su muerte en la cruz. Una narración que se basa sobre todo en los evangelios, seguidos con fidelidad, aunque también toma elementos de revelaciones privadas a dos monjas: la beata alemana Anna Katharina Emmerich, y la venerable española María de Ágreda. El film resulta duro, muy duro. En ese sentido, la película discurre en la misma línea que otros títulos recientes, que tratan temas importantes, descritos sin falsos pudores, como Salvar al soldado Ryan (el horror de la guerra), La lista de Schindler (el holocausto), Te doy mis ojos (la violencia doméstica), Traffic (la drogadicción y el narcotráfico)… Desde que Jesús es prendido en el huerto de los olivos, es sometido a todo tipo de vejaciones. Y el guión de Gibson y Benedict Fitzgerald, no hurta los detalles que describe el evangelio: insultos, empujones, bofetadas, salivazos… Le obligan a colocarse vestiduras ridículas, le desnudan, le azotan salvajemente, le coronan de espinas... Una increíble sesión de tortura, mostrada con realismo, pero sin regodeo. “Pienso que nos hemos acostumbrado a ver preciosos crucifijos en las paredes, y hemos olvidado lo que pasó de verdad. Me refiero a que sabemos que Jesús fue azotado, que cargó con la cruz, que los clavos le traspasaron las manos y los pies, pero raramente pensamos en lo que eso significa”, comenta Gibson. Que la violencia no es recomendable para todos los públicos, es una idea que el director introduce en el film de modo ingenioso: cuando obligan a Simón el Cirineo a cargar con la cruz, pide a su hijo que vuelva a casa, que no contemple el triste espectáculo de los condenados a muerte. La película aporta desde el principio la información clave: que todo lo padece Cristo para librar al hombre del pecado. Singularmente cuando el diablo le tienta en el huerto, diciendo que no puede pretender cargar sobre sí el peso del pecado de todos los hombres. Por otro lado, a lo largo de esas horas de suplicio, se introducen con acierto flash-backs que, además de permitir respirar al espectador, ayudan a conocer el mensaje de Jesús y el sentido de su sufrimiento: vemos que es verdadero hombre, con sentido del humor, en las escenas con su madre; que acoge al pecador arrepentido, cuando se pretende lapidar a María Magdalena; que el amor se desborda en la última cena, anticipo del sacrificio de la cruz... Gran acierto de Gibson es ofrecer la mirada de la Virgen María, muy bien interpretada por Maia Morgenstern. El espectador sufre con ella los dolores del hijo. Y a la vez, participa de su serenidad, de modo que momentos como la caída con la cruz, que retrotrae al pasado, o cuando recoge con unos lienzos la sangre de la flagelación, conmueven. El director tiene una habilidad especial para humanizar su historia. Cuando Pedro niega a su maestro, la mirada que éste le dirige –maravilloso Jim Caviezel– es más expresiva que mil discursos: una mezcla de lástima y algo de socarronería, como si dijera ‘¿no te lo había dicho?’. La conversación con Pilatos, el procurador romano, no tiene desperdicio, y entiendes bien las dudas de este hombre cruel, acrecentadas por las conversaciones con su esposa. Si para un actor fue especialmente duro el rodaje, ese es Caviezel. El rodaje fue en invierno, y soportó las bajas temperaturas casi desnudo en las escenas de la cruz: “No podía aguantar más de 10 minutos, y aun así sufría muchas veces hipotermia. Los músculos te tiemblan de modo tan violento que te duele, pero no puedes pararlo”, comenta. Incluso en la flagelación, uno de los que hacía de soldado romano apuntó mal y le dio en la espalda. Explica Caviezel: “No pude ni gritar. No te sale el aire porque no puedes respirar”. La película se rodó en Italia, en el estudio 5 de Cinecittà, y en la ciudad de Mattera, el mismo lugar donde Pasolini hizo El evangelio según san Mateo. El trabajo de dirección artística y fotográfico es asombroso. Caleb Deschanel, director de fotografía, de acuerdo con Gibson, tomó como referencia pictórica la obra de Caravaggio “en lo que se refiere a los rostros que usaba en sus cuadros, a la iluminación y a la composición. (...) También me inspiré en Géricault, Rafael y otros artistas.” Atrevida resulta la escena de apertura en el huerto de los olivos, con luz azulada que imita la luna y con niebla: rodada en estudio, no se ve el fondo, y da al lugar una indefinible sensación de infinitud, como de otro mundo. Precioso resulta también el plano que sigue a la muerte de Jesús: un plano cenital del Gólgota como borroso, en que vemos caer una gota de agua, el comienzo de una lluvia, pero que cabe interpretarse como una ‘lágrima’ de Dios, que llora la muerte de su hijo. Pensaba Mel en un principio estrenar su film –rodado en las lenguas originales de la época–, sin subtítulos, confiando en la fuerza de las imágenes. Al final pesó la prudencia, y se pusieron los letreros justos. Su visionado en DVD proporciona ahora, a quien lo desee, la experiencia de ver el film desnudo, sin subtítulos, para así constatar que el impacto visual basta para seguir la historia.

9/10

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