Zona friki
Charlando de películas con famosos
Cuando me preguntan por qué quise ser periodista siempre respondo que iba para ingeniero de 'teleco', pero no me alcanzó la nota en Selectividad. Hoy confieso públicamente, aquí, que en realidad se trata de una pequeña broma, y ya sé que no es demasiado original, pero yo también quise realmente ejercer la profesión tras ver Todos los hombres del presidente, cuando soñaba con destapar el Watergate.
Actualmente ya ni me acuerdo de que realmente una vez me ilusionaba ejercer esta profesión, tras hablar a diario con compañeros de profesión de otras empresas, en situación extrema, tras repetidos EREs. El próximo Nixon puede estar bien tranquilo, pues en los diarios y medios escritos actuales la tendencia general (sin aludir a ningún medio concreto) es que cada vez trabajen menos personas, que tienen que rellenar cada uno medio rotativo, lo que equivale a llamar poco para contrastar datos, no salir de la redacción y básicamente escribir con otras frases lo mismo que dicen otras cabeceras o los comunicados de prensa. El periodismo de investigación ha quedado desfasado porque nadie lo puede pagar.
Así las cosas, en tiempos universitarios me encantaba tanto la profesión como para obviar lo poco rentable que resulta. Hoy ya no la adoro tanto, pues si rodaran una peli sobre los Carl Bernstein y Bob Woodward actuales, se reduciría drásticamente el número de estudiantes de las facultades de Ciencias de la Información. Mi única compañera de clase de la facultad a la que le va 'realmente' bien es a Letizia, y porque ha cambiado de profesión, con enorme fortuna.
También se ha dado la circunstancia de que yo mismo, que últimamente ejerzo más como crítico de cine y bloguero terrorista, he recuperado parcialmente mi profesión inicial, comenzando una serie de ligeros reportajes para esta web, en los que converso distendidamente de cine con personajes famosos.
Sí, ya, no destapo Watergates (si bien hoy en día en España no haría falta rascar mucho), pero he redescubierto el factor humano que hacía mi profesión tan apasionante. Así, David Meca, el hombre que nadó desde la prisión de Alcatraz hasta la bahía de San Francisco, sin protección contra los tiburones, me comenta que entre otros títulos le gusta la acuática Titanic, que habría acabado de otra forma si él pasara casualmente por allí. "Quizá yo hubiera salvado a la chica y me la habría llevado nadando hasta la costa de Halifax o incluso a Nueva York". También me ha resultado personalmente muy satisfactorio que confiara en mí –a pesar de mi apariencia de 'colgao'– el gran periodista deportivo Paco González, que a pesar de que ha transcurrido poco tiempo desde que su familia fuera acosada por unos psicópatas, se ve que sigue manteniendo la ilusión y la simpatía. Ése es el camino.
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