Zona friki
No, parece que la Iglesia de la Cienciología no ha comprado a los Teleñecos
El otro día, mientras me tomaba mi café matutino mirando el móvil, me encontré con un titular que casi me tira de la silla. Decía algo así como: “La Iglesia de la Cienciología no ha comprado Jim Henson Company”. ¿Qué? ¿Cómo que no? ¿Había rumores de que lo iban a hacer? Mis neuronas empezaron a correr como locas: ¿la Cienciología y los Teleñecos juntos? ¿Qué sería lo próximo? ¿La rana Gustavo reclutando a seguidores mientras salta entre naves espaciales?
La noticia aparece en Variety, que tras el impactante arranque aclara que esta semana se había rumoreado que la organización quería comprar el estudio de LaBrea donde se han rodado las peripecias de Los Teleñecos durante décadas. Pero qué susto, durante unos segundos me imaginaba que la Rana Gustavo se convertía en el nuevo representante en Hollywood de Iglesia de la Cienciología. ¿Tú también? Nooooooo.
La gente le diría: “¡Pero si tú eres una rana, Gustavo!” El anfibio respondería: “¿Y qué? Tom Cruise también es bajito y míralo, está en todas las películas de acción”.
Y así, movido por una mezcla de curiosidad y espíritu aventurero, Gustavo se presentaría en el centro de la Cienciología, con toda la dignidad que puede tener una rana famosa. Lo recibirían como si fuera el elegido verde del universo: “Bienvenido, Gustavo. ¿Estás listo para alcanzar tu máximo potencial?”. Y Gustavo, con su habitual serenidad, respondería: “¿Máximo potencial? Si eso incluye dejar de lidiar con Miss Piggy y sus dramas, entonces apúntenme ahora mismo.”
Claro, lo primero que le habrían hecho sería el famoso test de personalidad. Porque, ya saben, nadie entra en la Cienciología sin pasar por una buena sesión de preguntas existenciales. Y aquí es donde me lo imagino, todo serio, escuchando preguntas del tipo: “¿Te sientes incomprendido?” A lo que él, con su mejor croar, diría: “Soy una rana que ha pasado la vida siendo incomprendida por una cerdita. ¿Qué crees?”. Y luego, la clásica: “¿Te molesta que en Latinoamérica te llamen René en lugar de Gustavo?”. Seguro que ahí habría soltado un resoplido anfibio: “No hablemos de eso, que es otro trauma que quiero superar. Y no, tempoco me llamo Gustavo, sino Kermit”.
Pero el verdadero golpe de gracia habría llegado cuando le dijeran que tenía unos niveles altísimos de thetans. Y claro, Gustavo, como buen amante de las cosas verdes y comestibles, pensaría: “¿Eso se sirve con guacamole?”. Pero no, resulta que los thetans son esas energías cósmicas que te permiten ascender espiritualmente. Todo habría cobrado sentido para él: cuanto más alto tu thetán, más lejos puedes saltar. Y si Gustavo sabe hacer algo bien, es saltar.
Lo que habría terminado de conquistar a nuestro amigo batracio sería la promesa de la inmortalidad. Sí, leyeron bien: millones de años de vida. Gustavo, con los ojos saltones llenos de emoción, habría imaginado una eternidad de charcas perfectas y moscas que evolucionan a sabores gourmet. Pero luego, como buena rana filosófica que es, vendrían las dudas existenciales: “¿De verdad quiero pasar millones de años persiguiendo moscas? ¿Qué pasa si después de los primeros mil años las moscas se ponen aburridas?”. Cosas que toda rana sabia debe considerar.
Lo que de verdad lo habría motivado a inscribirse a todos los cursos espirituales sería la promesa de superar los “traumas del pasado”. Aquí, Gustavo habría visto la luz. Porque, amigos, llevemos esto a lo personal: si has pasado años soportando los altibajos emocionales de Miss Piggy, créanme, necesitas más que un buen croar para superarlo. ¿Y qué mejor que una secta cósmica para ayudarte a procesar todo eso?
Así que ahí lo tendríamos, a Gustavo, completamente inmerso en su nuevo camino espiritual. Quizá lo veríamos más zen, con un brillo especial en los ojos, hablando de naves espaciales y saltos cuánticos como si fuera un episodio de Star Trek. Aunque sigue siendo el mismo Gustavo de siempre, está claro que ahora croa con una energía diferente, más cósmica, más elevada. Si le ven meditando en un nenúfar, no lo interrumpan: está en sintonía con el cosmos.
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