Zona friki
El día en el que fui a un pase de prensa y me pusieron “Tómbola”
La vida es una tómbola, tom-tom-tómbola, para los informadores cinematográficos. Un día te puede tocar una peli buena (el
La vida es una tómbola, tom-tom-tómbola, para los informadores cinematográficos. Un día te puede tocar una peli buena (el jueves fui a ver la interesante Ruby Sparks, de los autores de Pequeña Miss Sunshine) y otras veces te toca un espanto. Pero nunca había vivido una situación tan surrealista como la del viernes.
En todo el tiempo que llevo en esto me ha pasado de todo. Ya son clásicos de las conversaciones entre los veteranos del oficio recuerdos como el del día en el que pasaban a los medios Carretera perdida, del rarito David Lynch, y de repente en mitad de la película los subtítulos pasaron a ser en francés. Estaba mal una de las bobinas, claro, pero nadie se levantó a protestar porque todo el mundo pensaba que era otra de las excentricidades del director, y que era así aposta. El autor de El Blog de Hildy cuenta que durante la proyección de la infausta Teresa: el cuerpo de Cristo, la santa se vengó de que hubieran rodado semejante bodrio con un pequeño milagro haciendo llover literalmente sobre la sala, pues hubo una avería en las cañerías del local.
Pero ahora parece que las distribuidoras andan moscas porque ponemos a caldo sus productos, y han decidido contraatacar haciéndonos pequeñas faenas. Sólo eso explicaría el pequeño episodio que viví el otro día. Se puso en contacto con decine21.com una representante de una modesta distribuidora por ahora desconocida que se llama Olwyn Films para convocarnos el viernes a las 17.50 a una proyección en la Filmoteca, de esas que se hacen para que los académicos de los Goya vean lo que pueden votar este año, de El hombre de las mariposas, dirigida por Maxi Valero.
Pero observo en la programación de la Filmo que la proyección está prevista para las cinco y media, o sea a la hora en la que siempre empieza allí la primera sesión. Ante tal dilema, escribimos por mail a la distribuidora para que nos confirmen cuándo empieza. Respuesta literal: “Nosotros teníamos 17:50, pero siempre prevalece la programación propia de la sala, en este caso de la Filmoteca, 17.30”. O sea, “no nos hagas mucho caso a nosotros, fíate más de la Filmo”. Me pareció una explicación un poco caótica, casi como las de Mariano Rajoy. “Pues muy bien, si hay una filmoteca que dice que el pase es a las 17.30, caben dos posibilidades: que esa filmoteca tenga razón y mejor información que yo, lo cual es muy posible; o que no sea así, lo cual a lo mejor es posible. O no. ¿Qué más da? Si a usted le sirve de algo lo que pueda decirle, le diré que no, pero aun así puede pensar lo que estime oportuno, porque además, ¡a lo mejor acierta!”.
Total, que echo una moneda al aire y decido ir a las cinco y media. Entro con alegría pensando en las grandes sorpresas que me podía deparar El hombre de las mariposas, esperando que me reciba cordialmente alguien de la enigmática Olwyn Films. Pero sólo veo a un vetusto portero del lugar. Nadie entra a la sala. Le preguntó si han venido de la citada empresa.
—No, verá usted, es que al final no ponemos El hombre de las mariposas. La han cambiado por Tómbola.
Debí poner una cara de absoluta estupefacción.
—Lo siento, yo no me había enterado tampoco hasta que he venido aquí –me comentó el señor.
Desorientado, paso a saludar a las taquilleras, que son bien simpáticas. Así aprovecho la visita e igual me explican algo más.
—Perdón, esa Tómbola que proyectáis, ¿es la de Marisol?
—Sí, sí, la de Marisol de toda la vida. La de “la vida es una tómbola, tom-tom-tómbola”.
No entendía nada. Pensaba que uno iba a la filmo a ver películas checas con subtítulos en polaco de algún director más marciano que Lynch. No veía a los cinéfilos friqui-sesudos de allí tomando notas en la oscuridad mientras ven a la salerosa niña malagueña cantando.
—Pues no me quedo, es que Tómbola me parece que ya la he visto.
—No me extraña —apuntó la taquillera con gracia castiza—. Quien no ha visto en este país Tómbola tiene un trauma. Y quien la haya visto tiene dos traumas...
Posiblemente, todo el que me lea pensará “qué invenciones más locas tiene Juan Luis para su blog”. Pero lo cierto es que no he exagerado ni un mínimo con esta historia.
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