Zona friki
Frases de película que en realidad no se dicen jamás
Leo desde hace años el impagable blog “Traducción y doblaje”, que da mucho que pensar sobre cómo se adaptan los
Leo desde hace años el impagable blog “Traducción y doblaje”, que da mucho que pensar sobre cómo se adaptan los productos audiovisuales a nuestro idioma. Y es que los que somos muy friquis hemos pasado más tiempo interaccionando con películas y series que con personas reales. Creíamos que éramos capaces de comunicarnos con los demás, pero resulta que en la vida real, para nuestro asombro, no se habla como en el celuloide. Muchas expresiones que pensábamos que eran correctas, jamás se utilizan en el día a día.
Para que os hagáis una idea, cuando tenía 8 años estaba convencido de que la gente hablaba por la calle así:
-Oficial, ayúdeme, quedé atorado en la cajoneta del auto.
-No, amigo. Dispense, pero antes permítame echarle un vistazo a su credencial.
-Demonios, la he olvidado en mi departamento.
Lo cierto es que a esa edad veía sobre todo la serie Espacio: 1999 y dibujos animados doblados en lo que se conoce como 'español neutro'. En realidad, esta anécdota no tiene mucha importancia, porque por entonces también me extrañaba que mi madre metiera las tartas en la nevera, en lugar de ponerlas a enfriar en la ventana como todo el mundo. Pensaba que lo hacía para evitar que viniera un oso a robarla.
El caso es que el doblaje en español de España también tiene sus cosas.
Las mejores expresiones de doblajes de películas que no se usan jamás
Si tan sólo tuviera un penique. Ese "si tan sólo" viene a ser la traducción literal de "If I only...". La frase viene a decir “ojalá tuviera un penique”, o sea “desearía tener pasta” cuando el interlocutor está convencido de que nunca conseguirá que su deseo se realice.
Voy a volarle la tapa de los sesos. Francamente, me preocuparía que un amigo mío hablara así.
¡Maldita sea! Nunca he conocido a nadie que tenga por ejemplo la desgracia de que la puerta se cierre de golpe, se pille todos los dedos y diga “maldita sea”. Lo que gritaría, por decoro, prefiero no reproducirlo aquí.
Tengo una cita. Si dices eso en una peli, se interpretará que vas a tener una cena romántica con una chica. Si lo dices en la realidad, creerán que tienes una cita con el dentista. Se explica porque los traductores de películas no saben muy bien cómo traducir el tengo una “date”, que utilizan en inglés. En España se diría algo así como “he quedado con una churri”.
Muere, villano. Al parecer, villano, según el diccionario de la RAE viene a significar “oriundo de una villa”, “indigno e indecoroso” y “rústico o descortés”. El uso cinematográfico del término viene de la traducción del falso amigo “villain”, que literalmente significa “persona malvada”.
Esta noche, voy a llegar con Samantha a la tercera base. Esto está muy de moda ahora, en las telecomedias yanquis y pelis de jóvenes salidos. En España, jamás he conocido a nadie al que se le ocurriera utilizar en una conversación una metáfora beisbolística, pues además poca gente le entendería, por la nula o escasa afición en estos lares al deporte en cuestión. Eso sí, probad a utilizad algo que tenga que ver con el fútbol, tipo “esta noche tiro a puerta”, y seguro que todo el mundo lo pilla.
Eh, amigo, si yo fuera tú daría media vuelta... Jamás he escuchado a nadie que se dirija a un desconocido como “oye, amigo”. A los que sí son amigos ni yo ni nadie les decimos “hola, amigo” –en todo caso “qué pasa, colega” – , y si un desconocido nos dice “oye, amigo”, igual le respondemos con expresión seria: “yo no tengo amigos”.
Que te f**** un pez. Esta expresión siempre me ha intrigado pues, ¿acaso no es lo suficientemente rico el idioma de Cervantes y Quevedo en groserías e insultos malsonantes como para tener que inventar algunas nuevas en las traducciones del inglés, lengua mucho menos jugosa en ese sentido? En el día a día, nunca me han dicho eso de “que te f**** un pez”, a pesar de que me repiten continuamente a lo largo del día el mucho más castizo “que te den”. Aparte, la imagen que me viene a la mente cuando escucho lo del pez resulta tronchante.
Si me dispensa, señorita... Esto era de uso bastante habitual en los viejos westerns de John Ford y compañía. De hecho, lo suyo es pronunciar la frasecilla de marras mientras uno se lleva la mano al sombrero de cowboy. Yo personalmente tardé años en entender por qué mi familia me miraba de forma extraña porque cuando acababa de cenar, antes de levantarme preguntaba: ¿me dispensan?
Hola, muñeca. Ésa sí que es buena. A los hombres nos faltan pelotas para decirle eso en plan Humphrey Bogart a una española del siglo XXI. El 95 por ciento de mujeres que conozco, si escucha eso, le soltaría una tremenda bofetada a su interlocutor. El 95% restante se mondaría de la risa. Igualmente ocurre con expresiones como “oye, nena”, que se oyen mucho en el celuloide.
Jim, ¿estás bien? Suele ir después de que al tal Jim le hayan vaciado el cargador de una ametralladora, o sea siempre que ya ha quedado bastante claro que no, no está bien. Por ejemplo, si en una secuencia determinada a Tom le sale un alien que le desgarra las entrañas, impepinablemente el tipo de al lado le preguntará: “Tom, ¿estás bien?
En el día a día, pongamos que mi amigo Manolo se da un paseo por Vallecas y de repente aparece de la nada un macarra que le clava una navaja. Sería ridículo que yo me acercara al herido mientras se desangra y le dijera: “Manolo, ¿estás bien?”. Respondería (si puede) algo así como “Sí, tío, estoy igual de bien que tu puñetera madre”.
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