Análisis de guión
14) "Marte (The Martian)", de Drew Goddard
El regreso de Ridley Scott a la ciencia ficción tras sus aproximaciones de hace años, "Alien, el octavo pasajero" y "Blade Runner", y más recientemente "Prometheus", se caracteriza por el esfuerzo realista a la hora de describir los problemas que podría tener que afrontar una misión espacial tripulada a Marte.
El guión que maneja Ridley Scott en Marte (The Martian) está firmado por Drew Goddard, que adapta una novela publicada de modo seriado en internet, y luego en formato digital, por Andy Weir. Según el autor, su obra estaba cargada de elementos científicos y técnicos, y pensó que sólo interesaría a los especialistas, pero sin duda que logró eso tan difícil de la divulgación del conocimiento, pues atrajo a numerosos lectores ávidos de ciencia ficción creíble, y Hollywood detectó que ahí había material para una buena película. Para crédito de Goddard, el guionista reconoce que ya en el original la estructura estaba perfectamente trazada, y que “mi tarea consistió más que en inventar cosas, en proteger lo que ya se veía ahí”.
La trama, en principio sencilla y sostenida a través del personaje central protagonista, se ajusta como anillo al dedo a la idea tradicional de estructura de guión en tres actos, con sus correspondientes dos puntos de giro. Por supuesto, como mandan los cánones, los primeros compases deben establecer enseguida la situación: de qué trata la película, y en este caso, cómo afronta el astronauta Mark Watney el desafío de la supervivencia en condiciones extremas.
Sobreviviré
Así tenemos el detonante de la historia, perfectamente marcado: un hombre verdaderamente solo en un planeta hostil, y que a pesar de todo se haya completamente determinado a no perecer. Su planteamiento es no dejarse dominar por el pánico. Lo que debe hacer es evaluar su delicada situación, detectar los problemas que debe resolver, y mostrarse decidido y animado a la hora de darles la oportuna solución.
Mark, cuya especialidad científica es la botánica, se las ingenia para disponer en el interior de su refugio un terreno con arena marciana donde cultivar patatas, lo que le permitirá aumentar el número de soles que puede sobrevivir; los excrementos de los astronautas sellados y expulsados al exterior servirán de abono, y un ingenioso sistema le permitirá provocar la reacción química precisa para producir agua por goteo. Además, procura mantener toda la instalación y las células solares en perfecto estado para disponer de energía, y con un Rover irá planificando desplazamientos con el propósito de dar con una sonda de una expedición anterior, que de haberse desplegado correctamente habría permitido transmitir imágenes a la Tierra.
¿Me escuchan?
Por supuesto el propósito de estos movimientos es comunicar con la Tierra, algo que conforma el punto de giro que hará avanzar la trama del film hacia nuevas posibilidades. Este gozne narrativo se va disponiendo suavemente. Inicialmente, vemos las cosas desde la Tierra, donde no pasa por la cabeza de nadie la idea de que Mark pueda estar vivo, hasta se le han rendido ya las oportunas honras fúnebres.
Uno de los méritos del guión consiste en la introducción de las explicaciones técnicas y científicas con gran economía de medios, no hay grandes discursos ininteligibles atravesados de una jerga para iniciados, el espectador recibe la información justa de Mark o los profesionales de la NASA acerca de las acciones que ejecutan en cada momento.
Los problemas nunca se acaban del todo
De este modo el segundo acto avanza por la senda de la esperanza y el trabajo en equipo. Mark ha demostrado tenacidad e ingenio para sobrevivir, y aunque a nadie se le escapa que planear un rescate y llegar a tiempo parece misión cercana a lo imposible, las previsiones del astronauta cara a aguantar son optimistas, y además se espera que antes de tener la posibilidad de llevarle de vuelta a casa, se le pueda hacer llegar un acopio de provisiones. La exploración de los alrededores de su refugio continúan, y también las comunicaciones sobre el modo en que conviene ir procediendo, con instrucciones bien precisas.
Así se va perfilando poco a poco el segundo punto de giro que conduce al tercer acto, que consiste, como cabe imaginar, en el rescate de Mark. Uno de los elementos que sostiene la narración en este punto es la decisión de la NASA de comunicar a los otros astronautas de la Ares III, que se encuentran en la Estación Espacial Internacional, que su compañero Mark ha sobrevivido. Aunque la oficina de prensa de la NASA ha dado ya cuenta de tal hecho a la opinión pública, los astronautas están “en la luna”, si se nos permite la broma, y no saben nada, pues el director de la agencia espacial considera que podría afectarles negativamente tener noticia de que dejaron a Mark atrás. De todos modos, y a instancias del propio Mark, que por supuesto no culpa a sus compañeros de su partida, tendrán noticia de la buena noticia; y aunque es un golpe que les hace sentirse en parte responsables, poder tener un breve intercambio de palabras vía teclado será muy reconfortante para ambas partes.
Además este artificio de guión permite resolver el rescate de Mark implicando a las mismas personas que le abandonaron sin querer. Cuando una misión que llegue a tiempo para traer de vuelta al astronauta parece imposible, el golpe genial de un joven que ha hecho unos cálculos en los que nadie había caído plantean la opción de un rescate desde la propia Estación Espacial Internacional, lo que permitiría ganar tiempo aprovechando cierta posición ventajosa y la ayuda de los chinos. La idea parece algo descabellada, y pondría en peligro la vida de los compañeros de Mark, de modo que no reciben la correspondiente autorización del director de la NASA. Sin embargo, el jefe de la misión de la Ares III en Tierra les proporciona clandestinamente los datos necesarios para proceder a la misión de rescate, la decisión está pues en sus manos. Y por supuesto, como un solo hombre acudirán al rescate del compañero y amigo.
Abrazo más allá de las estrellas
Un epílogo, con Mark ya felizmente en la Tierra, y en su primer día de trabajo normal, incide nuevamente en la idea de la resolución de los problemas, cuando da una clase magistral a una nueva promoción de astronautas que escuchan con admiración sus palabras.
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